No, no es una perogrullada

El mensaje de la consejera Sagardui en Onda Vasca y que recogen en EITB parece sencillo porque lo es, tanto como cierto: “Las vacunas están sirviendo para que estemos mucho mejor de lo que hubiéramos estado sin las vacunas”. No se trata de una perogrullada sino de un recordatorio: las vacunas no nos hacen invulnerables, no son superescudos contra el virus. Pero la mayoría de la ciudadanía se las ha tomado así para olvidar que estamos sufriendo una pandemia mundial. Y las restricciones no son un capricho de políticos, de ninguno, sino el resultado de una relajación generalizada y equivocadamente justificada.

Más claro, imposible

Además de incentivar la vacunación, la incomodidad del Pasaporte Covid hace que recuperemos medidas que habíamos dejado de tomar. Solo por eso ya es un acierto. Pero tampoco es un escudo ni puede ser, como explica muy bien Dani Álvarez en Twitter, el método con el que conseguir la vacunación obligatoria: “¿Sí para comer en un restaurante y no para trabajar en el restaurante? La explicación es porque debe pedirse en actividades no esenciales. (…) Si se exige para trabajar en un restaurante, sería implantar de facto la vacunación obligatoria. Por eso no se exige ni para trabajar ni para el transporte público”.

Esto, también

Otro periodista que ha atinado con un sencillo tuit es Arturo Puente, a propósito del bilingüismo que ha sido atacado en el Congreso esta semana de una manera intolerable: “Donde se habla mucho piden bajarlo un poco, en defensa razonable del bilingüismo. Donde se habla medio-medio proponen hablarlo un poco menos, por educación con quien no lo sabe. Y donde no se habla casi nada dicen que hablarlo un poco es imponerlo porque ‘aquí nunca se habló’”. No se puede exponer de un modo más meridiano cómo se comporta la lengua hegemónica con la minorizada y quién es el hablante al que hay que proteger.

El chalé de Espinosa de los Monteros

Tiene razón Ian Curtis cuando pide en Menéame que, por lo menos, la prensa hable tanto del chalé de Espinosa de los Monteros como del de Pablo Iglesias. Con que dediquemos el mismo espacio y el mismo tiempo a ambos, teniendo en cuenta que el de Podemos está comprado con un crédito hipotecario como tenemos la mayoría, y que el de Vox le ha supuesto una condena por no querer pagar a quienes realizaron las obras, ya será suficiente, aunque también es cierto que “no podemos exigir ética, honestidad y coherencia a un partido votado por gente mayoritariamente amoral, ignorante y/o malvada”.

Un palacete en Portugal

No es el título de una novela pero podría: es lo que está buscando la Casa Real con la colaboración de los gobiernos español y portugués para Juan Carlos I, que se resiste: él quiere volver a donde ha vivido siempre, la Zarzuela. “El exmonarca, de hecho, habría transmitido su oposición firme a residir en un piso o chalet de jubilado”, leemos en Vozpópuli. El Emérito quiera abandonar los Emiratos Árabes pero, claro, como dice la ranchera, quiere hacer siempre lo que quiere porque sigue siendo el Rey y su palabra es la ley. Este despropósito carísimo solo es el anteúltimo episodio de quien ha contado con una sobreprotección injustificable.

Emérito busca residencia oficial

Juan Carlos I va a volver a España y va a vivir en una residencia oficial del Estado. Es decir, pagada por toda la ciudadanía. ¿Podía ser de otra manera? Por supuesto, podía buscarse un piso en Madrid o un chalet en las afueras que dinero tiene de sobra. Pero para alguien que considera que tiene un país a su disposición porque, qué demonios, por algo Franco le nombró Rey de España, lo de la residencia oficial y el personal pagado, va de suyo. Igual que el periodismo cortesano: “La decisión de Felipe VI de retirarle su asignación anual hace imposible que Juan Carlos I pueda costearse una vivienda con sus propios recursos”, explican en EPE.

El del dinero “en maletas”

Me sorprende que precisamente en El Periódico de España argumenten que Juan Carlos I carece de recursos para pagarse un piso para una persona cuando en la misma web podemos leer que “Yves Bertossa recuerda que además de los 100 millones de dólares procedentes de Arabia Saudí el monarca ocultó otras transferencias de 1,9 millones, 5 millones y 2 millones abonadas desde Bahréin y Kuwait”, dinero que se transportaba “con maletas y en aviones privados que aterrizaban en la base militar de Torrejón”. Solo en “la Fundación Lucum, creada en Panamá, Juan Carlos I ocultó hasta diciembre de 2011 más de 75 millones de euros”.

Una repatriación negociada

La estancia de Juan Carlos I en Emiratos Árabes nos ha salido por un riñón, su regreso lo vamos a costear entre todas y todos y, por supuesto, “Felipe VI ha puesto en marcha una negociación con su propio padre para pactar las condiciones del regreso” y para ello “Zarzuela ha enviado a una persona de la máxima confianza de Juan Carlos I” (Vozpópuli). Porque donde esté el cara a cara que se quite el teletrabajo, sobre todo, cuando pagamos las y los de siempre. Lo que se ríe la jefatura de Estado de la ciudadanía es incalculable, como en este episodio que protagonizan un rey que no explica el origen de cientos de millones y su heredero.

Es una víctima

Si tuviera que escribir una novela sobre un rey jubilado, exiliado y millonario que ha ocultado su fortuna en un país lleno de lujos, lo describiría en albornoz, bebiendo whisky caro, rodeado de prostitutas aburridas y jugando con una pistola con incrustaciones de oro que le regaló su anfitrión. También lo imagino enfadado, quejándose de lo ingrata que es la gente de su país, que no valora lo que hizo, y echando la culpa al presidente del gobierno y a su pusilánime familia. Así, por ejemplo: “Los amigos del Emérito señalan directamente al presidente del Gobierno: ‘Sánchez no quiere que vuelva y Felipe VI no se impone’” (también en Vozpópuli).

Acreditado pero no juzgado

Ha quedado acreditado que Juan Carlos I, en el ejercicio de su cargo como jefe de Estado español, recibió cientos de millones de euros de amigos suyos, dictadores y hombres de negocio tremendamente ricos, sin que conozcamos los motivos. Ha quedado acreditado que escondió ese dinero en paraísos fiscales, por medio de fundaciones y empresas pantalla. Ha quedado acreditado que, sin explicación alguna, cedió una parte de la gestión de ese dinero a una mujer que luego le denunció. Ha quedado acreditado que Juan Carlos I usó testaferros y que varios amigos le han pagado una regularización fiscal. Pero nada será juzgado.

Más lecciones, no, que me enamoro

Pablo Iglesias no se corta: no sabe cómo se escribe “ongi etorri” (él ha tuiteado “ogni”) pero sí se atreve a hacer afirmaciones categóricas sobre “la responsabilidad de la izquierda abertzale a la hora de dar los pasos que les corresponden para la reconciliación”. Y termina: “No reconocerlo es carecer de sentido de Estado”. Quien provocó una repetición electoral para ser vicepresidente del gobierno y solo un año después abandonó su cargo para presentarse a las elecciones de la Comunidad de Madrid no se corta en darnos lecciones sobre lo que es “el sentido de Estado”. Sería de risa si lo suyo, como lo de otros, no fuera colaboracionismo.

La vía escocesa

Lo que diga Felipe VI sobre la estabilidad de las instituciones, después de llegar a una que se mantiene en pie con la colaboración de todos los poderes del estado español, que han tapado las vergüenzas de su padre todo lo que han podido, me importa entre poco y nada. Pero sí lo hace que, en el mismo evento, “Pere Aragonès ha abogado por hacer posible que lo que se hace en Escocia sea posible en Cataluña” (Vozpópuli). Es decir: referéndum pactado entre los gobiernos. Un plan con el que no puedo estar más de acuerdo pero que supone un viraje importante para ERC y para quienes se les han arrimado.

¿Quién no lo haría?

Euskadi es un país industrial lleno de pequeños talleres con mucha importancia. No pocos se mantienen o han mantenido abiertos durante décadas y en la dirección se han sucedido padres e hijas o hijos. Que eso pase no debería escandalizarnos, aunque solo sea porque ya lo hemos visto, pero si hablamos de millonarios la cosa parece que cambia porque la tentación de hacer el chiste en Twitter siempre está ahí. Marta Ortega sucede a Pablo Isla al frente de Inditex. Pero el propio Isla que solo era de “transición”. Para él, el nombramiento de Ortega “es la culminación de mi compromiso con Inditex y con Amancio” (República.com). ¿Y qué?

El corte publicitario

Tuits como el que han difundido, a modo de respuesta a Andrés Iniesta, desde la Comisión Nacional del Mercado de Valores, son los que dan sentido al trabajo de los community managers, y no esos que intentan ser divertidos desde cuentas de multinacionales. El futbolista ha usado sus redes sociales y su nombre para dar a conocer a sus seguidoras y seguidores una empresa que opera con bitcoins, sin indicar se si trataba de publicidad (¿de verdad necesitan ese dinero?) o no, como tantos otros, como tantas otras veces. Ayer, por cierto, se celebraba el día del y la “influencer”.

Son víctimas

Las y los integrantes de la familia madrileña que están en la UCI con coronavirus y sin vacunar son víctimas, víctimas de una desinformación interesada. Como interesados son quienes hacen negocio de la no-vacunación con remedios alternativos y libros que no deberían de ser publicados por peligrosos, y quienes quieren hacer política de lo reaccionario, sea lo que sea. También son víctimas otras que han protagonizado “varios brotes de familias enteras sin vacunar” (Nius Diario). Ante la desinformación que mata, información: “El 80% de los ingresados en la UCI del Severo Ochoa son personas de mediana edad sin vacunar”.

Así son

Agentes manifestándose con la máscara de Guy Fawkes en contra de una ley que amordaza a la ciudadanía y jaleados por sindicatos policiales que nacieron al calor de Ciudadanos y engordaron con los anabolizantes de Vox (como tantas otras cosas). Sí, amigos, en estos tiempos tan extraños lo estamos viendo todo. También en Euskadi, por cierto. El genial Mauro Entrialgo lo tuiteaba así: “Es fascinante cómo los policías españoles ultras se manifiestan con caretas que representan la cara de un terrorista. La reapropiación irreflexiva de terminología y símbolos ajenos por la ultraderecha lleva a estos disparates afterpop”.

Y así hizo el día

Toni Cantó ha tenido una semana de esas que a todas y todos nos gusta tener en el trabajo: una tarea sencilla pero relevante, de las que lucen. En un tuit ha justificado su sueldo: “Cataluña: si quieres español, paga. Vaya, lo que hacen las élites nacionalistas y de izquierdas con sus hijos. Los demás, los que no se lo puedan permitir, a tragar”. Lo escribía después de la sentencia que obliga a Catalunya a formalizar una educación en castellano y de que Colau plantease que fuera la privada la que completara la oferta. ¿Serían concertados esos centros? ¿No son las élites de derechas las que eligen esos centros privados en español?

Nos lo traerán los reyes

Entre distopías materializadas a golpe de porra y tuits desde Madrid a precio de oro, menos mal que podemos contar siempre con titulares como este de Vozpópuli: “La Infanta Elena transmite al Rey el deseo del Emérito de pasar las Navidades en España”. ¿Vendrá? ¿No vendrá? Si viene, ¿dónde dormirá? ¿Celebrará la Nochebuena con sus hijos y su nuera? ¿Irá Urdangarín? ¿Y Elena de Grecia? ¿Cuántos cubatitas se tomará Froilán? ¿A qué hora empezarán a pimplar? ¿Irá el novio de Victoria Federica a conocer al abuelito? ¿Pondrá música después de cenar? ¿Qué regalos traerá? ¿Y cuánto nos costará el convite?

¿Qué sabían en Bildu?

Me sorprendió muchísimo la posición de Bildu cuando el Gobierno Vasco anunció su idea de implementar el pasaporte COVID: la defensa de los derechos de las personas no vacunadas que hizo Maddalen Iriarte me sonó muy extraña porque si algo no me esperaba era esa pesca en un caladero tan minúsculo y revuelto. Esta semana leíamos en Eldiario.es “el perfil de los no vacunados, según el CIS: jóvenes, de Vox o abstencionistas”. Voxeros aparte, que están ya radicalizados, lo de los abstencionistas no lo vi venir, pero sí lo hicieron, está claro, en de Bildu. Nadie les negará el olfato. Tampoco el mal olor.

Hoy es Black Friday

Hoy es el Black Friday, pero también puede ser el día del tocomocho: “Un estudio español revela que el precio del 73% de los productos vendidos online es incrementado antes del Black Friday para ofrecer un mayor descuento” (Cagencia.es). No solo sucede eso, que lo hemos visto casi todos: es que el Black Friday es una máquina de asfixiar al pequeño comercio. Un invento no solo americano, que eso no es malo en sí mismo, sino a la americana: las grandes empresas son las que compiten entre sí, las de las grandes cadenas de distribución que acaban con el cartón y el planeta, y lo local sufre por sumarse sin apenas retorno positivo.

«Un patrón»

“Los fiscales suizos han encontrado un patrón entre los viajes del rey emérito a países como Arabia Saudí, Dubai, Kuwait o Baréin, y los ingresos de dinero que se realizaron durante años en las cuentas que se vinculan al rey emérito en el país”. Esto sucedería nada menos que “desde hace 20 años”, y pese a que debería de ser un escándalo en sí mismo, es la investigación “que menos interesa a los fiscales españoles, ya que al tratarse de viajes oficiales en los que Juan Carlos I era la principal autoridad del estado, sería inviolable a ojos de la Justicia española”. Todos los entrecomillados son de Nius Diario.

84 millones

“Álvaro de Orleans-Borbón, primo del rey Juan Carlos I y presunto testaferro del mismo, esconde en 21 sociedades offshore un total de 84 millones en viviendas, acciones y efectivo”. Además, “es responsables de la Fundación Zagatka, donde presuntamente el rey emérito cobraba comisiones irregulares y utilizaba para pagar vuelos privados por todo el mundo. La mayoría de las firmas se encuentran en Panamá y Liechtenstein”. Según El Nacional, este pariente real, que no puede justificar varios ingresos millonarios, reside en Mónaco desde hace 40 años, así que la creación de sociedades off-shore no le redundan ningún beneficio directo.

Entonces, ¿la familia real representa al rey?

Pese a noticias como las anteriores nos da la risa cada vez que recordamos que Felipe VI aseguró que renunciaba a la herencia de Juan Carlos I (pero ahí sigue de rey, por las gónadas de su padre) o que su familia no formaba parte de la casa real española. Pese a esas afirmaciones, en ocasiones muy categóricas, en República.com nos encontramos con que “la Infanta Elena volverá a presidir un acto en representación del Rey después de dos años”. Entonces, ¿la familia del rey representa a la institución? ¿También lo hace Juan Carlos I? Y la otra hermana, Cristina, ¿esa no representa al rey?

¿Un día colorada?

Supongo que a Rocío Monasterio le disgustará especialmente ese refrán español que dice: “Mas vale ponerse una vez colorado que ciento amarillo”, por eso de que ella no quiere ser roja, pero, en resumen, es lo que le ha sucedido cuando el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha confirmado que “Monasterio no será investigada su copia del sello del Colegio de Arquitectos, ‘tan burda’ que no podía engañar”. Es decir, se ha marcado un Cristina de Borbón: antes tonta que delincuente. Lo que no dice el tribunal es si usar una fotocopia burda para colar unos planos como arquitecta puede ser una estafa, por ejemplo.

La Constitución, los chiringuitos

Entre los mencionados en el reportaje de Eldiario.es hay unos cuantos que, cuando ejercían como representantes de la ciudadanía, se quejaban de la existencia de chiringuitos y, ahora que nadie les hace caso, no dudan en montar uno: Rosa Díez, Gorka Maneiro, María San Gil, Mayor Oreja, Nicolás Redondo, Iñaki Arteta, Fernando Savater (de modo reincidente) y hasta Ainhoa Arteta, pululan por “plataformas en defensa de los valores constitucionales” como “Unión 78”,“ Foro Libertad y Alternativa”, “Movimiento Ciudadano”, “Consenso y Regeneración”, “España Juntos Sumamos” o “Libres e Iguales”.