Qué hostia, Pablo, qué hostia

Si en Euskadi les ha ido mal en Galiza no les ha podido ir peor: Podemos se ha llevado el gran golpe político de la jornada electoral del domingo. Con Pablo Iglesias en una vicepresidencia, con 4 ministras y ministros, incluido el secretario general de IU, con todos los disidentes fuera de la cúpula del partido… Y así les ha ido. El propio Iglesias ha reconocido en Twitter que “toca hacer una profunda autocrítica y aprender de los errores que sin duda hemos cometido”. Pero la autocrítica hay que hacerla, no vale con anunciarla. Ese es el gran paso que tiene que dar Podemos. El problema es que nadie se lo cree. Y por algo será.

Pues Errejón tiene razón…

Íñigo Errejón ya se ha apuntado a hacerles la “autocrítica” a los de Podemos. No ha sido el único: Ramón Espinar también ha señalado la “expulsión sistemática” del “talento” como mal endémico del partido. Desde luego, si se refiere a su persona, Espinar igual también tiene que revisar algo sobre sí mismo. Pero, bueno, allá cada cual. Vuelvo a Errejón, que acusa a Iglesias de haber acabado con Podemos y haberlo convertida en IU pero cambiando las siglas. No le falta razón al fundador del partido morado: el camino de Podemos parece escrito desde hace mucho tiempo y algunos están leyendo el guión en voz alta.

¿“Satisfecha”? ¿En serio?

El descenso de Podemos lo ha capitalizado Bildu con holgura. El exiguo escaño extra del PSE es, claramente, un mal resultado. Los socialistas vascos apostaron por sacar perfil de gobierno, pero del gobierno español: el éxito y la gestión que vendieron fueron las de Sánchez… Y parece que la ciudadanía vasca no las ha comprado. En el PSE también tienen que reflexionar. Odón Elorza invitaba a hacerlo sobre su papel en el gobierno vasco de coalición (como si el discreto resultado no fuese culpa del de Madrid). Allá cada cual. Pero Idoia Mendia igual no puede intentar proyectar satisfacción… A menos que esté pensando en otra suma.

La suma y la resta

El bloque español, al que estoy dedicando esta columna, tiene que hacer una reflexión, en general, sobre su presencia en Euskadi: no dejan de caer sus apoyos y, además, aparece la radicalización en forma de escaño para Vox. Para mí, la importante es la siguiente suma… Y resta: el bloque del Gobierno Vasco (PNV + PSE) suma cuatro escaños. El bloque del Gobierno Español (PSOE + Podemos) pierde, justamente, cuatro escaños. Seguimos con las matemáticas: puede que Mendia desee que el CERA (que ya quitó un diputado al PNV para dárselo a los de Casado) no dé el último escaño de Bildu al PP para negociar con el PNV.

Mensaje del PP para el PP

Parece que Pablo Casado tuvo que transigir en Galiza pero pudo teledirigir en la CAV. Y el resultado salta a la vista: el moderado y el que esconde la marca del PP revalida su mayoría absoluta… Y el que defiende el mensaje tradicional del PP reforzado por un grupo de jóvenes más rancios que los predecesores de sus predecesores se hace la zancadilla y facilita la entrada de Vox. El PP se ha mandado a sí mismo un mensaje. Ahora solo tienen que leerlo. Pero está claro, a la vista de los resultados, que la ciudadanía vasca ya no espera nada del PP. La gallega, sin embargo, sí de Feijóo, que no es lo mismo.

La escalada de Urkullu

La columna del día después de las elecciones siempre es complicada porque la tengo que escribir y enviar antes de conocer los resultados, y porque, aunque esperase, las redes sociales de los partidos suelen estar bastante paradas. Así que aprovecharé este espacio para hacer eso que realmente es “lo mío”: echar un vistazo a las campañas. Empiezo por Iñigo Urkullu, que, fiel a su estilo, ha ido de menos a más: el lehendakari siempre crece en campaña. Este año, además, ha estado mucho más suelto en debates o entrevistas y, digan lo que digan, es el que más ha arriesgado explicando lo que ha hecho y va a hacer en la situación más difícil.

La que no ha arriesgado

La que no ha arriesgado ni medio milímetro (ni tiene por qué hacerlo) es Maddalen Iriarte. La apuesta por la periodista no ha supuesto un impulso a la comunicación del partido. Al contrario: la marca “Bildu” ha tirado más que la candidata. Y por si acaso, no han salido de su guion. El problema es que Bildu se empeña en caer en contradicciones: hay mochilas que sacuden pero no acaban de sacárselas, así que, lo único que queda, es la imagen de un mensaje extraño. Por ejemplo, cuando Bildu habla de Derechos Humanos, o cuando quiere templarse mientras Ernai se mantiene radicalizada.

Una campaña es algo difícil

Hacer una campaña es difícil, y ser candidata a lehendakari lo es aún más. Tengo la sensación de que el nuevo equipo de Podemos Euskadi y la propia Miren Gorrotxategi lo han descubierto sobre la marcha, cuando acabó el confinamiento y tuvieron que hacer algo más que mandar vídeos al Teleberri. La campaña de Gorrotxategi ha sido la peor desde el planteamiento del tripartito al color de las traseras, con varios vídeos que han saltado de WhatsApp en WhatsApp por errores de bulto en algún mitin o el debate en ETB2. Y Pablo Iglesias, que venía a Euskadi como la estrella del rock salvadora (un detalle un pelín machista), no ha funcionado.

España y la experiencia

Otra que no ha arriesgado en las formas es Idoia Mendia. La campaña del PSE ha sido correcta, sin estridencias. Tenían que marcar perfil institucional contra Podemos y Bildu, y lo han hecho. Incluso por exceso: más que de su experiencia en el Gobierno Vasco han hablado de los logros de Pedro Sánchez. Y en eso sí han arriesgado: hoy sabemos si la apuesta ha sido ganadora o, como parece a la hora que escribo esta columna, Sánchez empieza a provocar ciertos recelos, sobre todo desde que suena, como un ruido de fondo, que convocará elecciones generales tan pronto como pueda y los sondeos le favorezcan.

Iturgaiz ha hecho su campaña

Iturgaiz ha hecho su campaña y la ha hecho bien. No me cabe duda. Lo que está en juego es si el planteamiento del PP era el correcto, si esa campaña que Iturgaiz posibilita les ha servido para evitar fuga de voto a Vox o a posiciones más moderadas. La apuesta por volver al pasado, por ETA, por mirar a España más que a Euskadi, por personajes que han vivido de la victimización propia o ajena… No es la campaña que necesitaba una sociedad empeñada en mirar al futuro, como demostraban los sondeos y, espero, a la hora a la que escribo esta columna, hayan ratificado los resultados electorales.

«Hachaculebras»

Arnaldo Otegi ha visto una culebra en la carretera, ha grabado un vídeo y lo ha subido a Twitter junto con esta exclamación: “Euskal Herria!”. Luego, lo ha borrado. Puede que Otegi crea que Euskal Herria se arrastra o puede que haya visto una culebra y se haya acordado del hacha. Yo, automáticamente, he recordado la época en la que, en Portugalete, a las cuadrillas que frecuentaban la Herriko y luego participaban en disturbios con la Ertzaintza, les llamábamos “hachaculebras”. Algunos se tomaron el chiste en serio y hasta cumplieron condena. Hoy, Otegi, hace tuits. No sé si avanzamos a vamos hacia atrás.

Y las pintadas siguen

Mientras Arnaldo Otegi jugaba a sugerir algo en Twitter, algo que puede ser muy grave, el PNV denunciaba pintadas en los batzokis de Lemoiz y Arrigorriaga. Solo unas horas antes, a Idoia Mendia le llamaban “asesina” quienes habían pintado la Casa del Pueblo de Astrabudua. Mucho se ha hablado de las dos Españas, pero las dos Euskadis también tiene su recorrido: está la de los que pintan, señalan y defienden a asesinos junto a los que graban culebras, y está la de los que llevan toda la puta vida señalados, limpiando pintadas y siendo asesinados. Lecciones, como chistes, las justas si vienen de algunos.

Está claro lo que hemos hecho mal

Estoy de acuerdo con el tuit de Elías Gómez: “Algo hemos debido de hacer muy mal para que haya que explicar por qué ser antifascista es la única opción éticamente aceptable”. Pero yo tengo muy claro qué hemos hecho mal: dejar que quienes no son antifascistas (los que graban culebras y se niegan a rechazar el acoso sistemático) se declaren así, y llamar “facha” a cualquiera que pensara de manera diferente (sobre todo esto lo hacen los que van de “antifa” pero son “fa”). Hoy estamos pagando esa benevolencia con el lenguaje de cuando pensábamos que nunca volverían los de las camisas pardas. Pues bien, han vuelto.

Antifascistas y pacifistas

Ruffles, un auténtico tuitstar (más de 135.000 seguidores a base de tuits únicamente), lanzaba un mensaje interesante: “Os parecerá descabellado, pero se puede estar en contra de la brutalidad policial, y a la vez criticar que la peña reviente y prenda fuego a todo lo que pille a su paso”. Yo añado que los mayores antifascistas que he conocido son, a la vez, pacifistas. También quienes empuñaron las armas en la guerra (porque conocieron la crueldad) contra el franquismo y el fascismo. Pero hemos dejado que los vándalos y antisistema, y sus versiones locales en Euskadi, se declaren “antifa”. Y así de mal nos va.

Sobre “el tema”

Sobre el “off the record” de ETB filtrado por Abc, me ha parecido especialmente destacable este hilo de Miquel Roig en Twitter: “No entiendo muy bien las polémicas con Irene Montero. Ni la del contenido: que el coronavirus redujo la asistencia al 8-M me parece una obviedad. Ni la del ‘off the record’. ¿Cuántas noticias se han escrito con micros abiertos o brutos de entrevistas?”. “A lo que voy es que, como norma general y sin fundamentalismos: (1) el off se pide expresamente, (2) ciñe al periodista al que se lo piden y (3) si el periodista comparte con otro periodista debe avisar del off (y este respetarlo)”.

Si va de esto, que lo digan

Insisto desde hace semanas en que el personaje más siniestro de la actual política vasca es Pablo Iglesias, capaz de regalar el oído de Aitor Esteban en Madrid y de espolear a Miren Gorrotxategi contra el PNV en la CAV. Pero tampoco resultan fiables a estas alturas los líderes del PSOE para lograr una estabilidad política. Los de Bildu, directamente, nunca lo fueron. Si el acuerdo a tres de Madrid, que veremos cómo termina, es el comienzo de una nueva mayoría en Gasteiz, que lo digan, que vayan de frente. Porque la ciudadanía vasca, si algo ha demostrado, es que repele los acuerdos ocultos y sibilinos.

Y que se lo digan a Mendia, claro

Tengo pocas dudas de que Bildu y Podemos van a intentar que haya un gobierno vasco sin el PNV, y de que, para lograrlo, van a tentar a Idoia Mendia con la Lehendakaritza. A la misma a la que, ni 24 horas antes del anuncio del acuerdo, los de siempre habían atacado su domicilio. Según El Independiente, ella asegura de que se enteró del pacto por la prensa. Con esa noticia, sus palabras de la mañana, pidiendo más contundencia a Bildu, quedaron neutralizadas (por decir algo amable) por el PSOE. Espero que no se esté enterando por esta columna de que Bildu y Podemos pueden convertirla en lehendakari.

Todo pasa por Calviño

También tengo claro que lo que pase con la reforma laboral lo decidirá Nadia Calviño o lo decidirá alguien cuando la ministra no esté en el gobierno. La mujer fuerte en el plano económico, financiero y en las relaciones con Europa no va a permitir que, con su nombre, se dé un paso en falso. Calviño no necesita el puesto ni que su reputación se vea comprometida por cinco abstenciones. La política de verdad la hacen las personas como ella, así tiene que ser, y Calviño lo sabe, por eso prepara la primera encrucijada: con sus normas o con Bildu. La segunda la tendrá Bildu: o su acuerdo cepillado o la nada.

El plan del PSOE para replegarse

El PSOE ha detonado su último barril de confianza. Ya nadie se fía de ellos. Ni siquiera Bildu, que apela a lo firmado porque ve comprometido lo pactado. En estas circunstancias, el PSOE está preparando un plan para replegarse que pasa por periodistas y medios afines, la UGT, que “asegura que el acuerdo con Bildu no viene a facilitar el desarrollo de las negociaciones” (El Plural) y hasta la propia firmante (“No se puede hacer una derogación íntegra de la reforma laboral”, ha dicho Adriana Lastra después de la rúbrica, según Público) que, si es necesario, será el chivo expiatorio de lo que se venderá como un error.

La ración de tuits

Como siempre, la mayoría de opiniones que pudimos leer en Twitter eran una mierda. Pero algunas me parecieron especialmente acertadas. Cristina Pardo anduvo muy fina con su comentario: “De noche, todos los pactos son pardos”. César Calderón era más práctico: “El roto es de los que hacen afición. Moncloa contra Ferraz. Podemos contra PSOE. Bildu contra PSOE. Arrimadas afilando puñales. PNV acariciando un gato. ERC consultando augures”. Pero el que daba en el clavo con el corolario era J. J. Schultz: “¿Cómo era aquello de que no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo?”.

Un ataque fascista

Han señalado la puerta de la casa de Idoia Mendia con pintura roja y le han dejado mensajes llamándola “asesina”. Es decir, la secretaria general de los socialistas vascos ha recibido un ataque fascista, a todas luces. Un ataque precedido de otros como la quema de un cajero o las pintadas en batzokis, casas del pueblo o una sede de Podemos. Los que decían que “solo son pintadas” o los que directamente callaban ahora saben que eran el inicio de una escalada, así que sus intentos de restar importancia a algo que ha acabado teniéndola (y puede que todavía no haya acabado) les retratan hoy más que nunca.

¿Quién les ha cebado?

Los que atacaron el domicilio familiar de Idoia Mendia no han aparecido de la nada, no son unos marcianitos que han bajado de un platillo volante. Todos sabemos de dónde vienen y a quién votarán el 12-J. Maddalen Iriarte no quería quedar como la candidata que no condenase el ataque a una “compañera”, pero ahora viene lo difícil:¿Va a hacer una campaña decidida para expulsar al fascismo de sus filas y renunciar a esos votos? ¿Por qué esta es una línea que marca la diferencia para Iriarte, porque le obliga a manifestarse o porque le parece realmente mal? ¿Y el ataque en Lakua y Olarizu de ayer? ¿Y todos los ataques previos?

No aprenden

El ataque a Idoia Mendia es una fascistada, igual que todos los ataques a domicilios de políticos o empresarios vascos hasta la fecha; y los escraches a los miembros del actual gobierno español están mal, igual que los escraches que hacían a miembros de otros gobiernos. Todos lo están, no solo los que tienen un tipo de objetivo político. El que no tenga claro eso, malo. Así que la amenaza velada de Pablo Iglesias, avisando de que el escrache frente a su chalet puede producirse más adelante contra Ayuso o Abascal no ayuda a resolver el problema, al contrario. Ningún ataque estuvo bien nunca.

Otra fascistada

Exactamente igual que Santiago Abascal sigue animando las manifestaciones de los pijos de derechas de Madrid, escraches incluidos, el silencio o los intentos de restar gravedad a los ataques físicos en Euskadi (quema de un cajero, pintadas en espacios públicos o privados), animan a que los fascistas de aquí acaben haciendo lo que siempre han hecho. Estamos hablado todo el rato de lo mismo: de tener claro que cada ataque cuenta pero en negativo, que debe censurarse sin dudas y atajarse controlando en vez de cebar, de no jugar a medias tintas o a no tener nada que ver con la violencia.

El odio se alimenta

El odio se trabaja. Se puede trabajar en el sentido adecuado, que es reduciéndolo, o en el equivocado, que es generando más. Durante esta crisis sanitaria y económica, ya lo he escrito varias veces, unos cuantos han aprovechado el confinamiento para generar cabreo. Cuanto más cabreo, mejor. Y algunos de esos enfados se han convertido en odio, sobre todo en aquellos acostumbrados (y animados) a odiar. En la desescalada estamos recogiendo, aquí y allí, los frutos de ese confinamiento perverso. Antonio de la Torre lo expresaba gráficamente: “Madre mía, cuanto odio hay en Twitter últimamente. Qué barbaridad”.