Humanidad y política

Aunque Olentzero nos haya traído ya los regalos buenos, los Reyes siempre acuden al rescate con lo imprescindible: ropa interior, pijamas, alguna camisa para el trabajo… Así que la carta para sus únicas majestades que reconozco desde que tengo uso de razón será breve y apuntará a lo esencial. Empiezo por humanidad y política, los dos elementos básicos necesarios que darán respuesta a esta noticia: “Canarias y País Vasco urgen a Sánchez a aplicar su propuesta de reparto de menas antes de tres meses” (Vozpópuli). Lo del medio llamando “menas” a niñas y niños solos merece, cuando menos, carbón.

Menos partidismo

Otro esencial para la carta a los Reyes Magos, entre los calzoncillos y un cinturón, es que las y los ministros hagan menos partidismo: “Torres cree que Clavijo ataca injustamente al Gobierno sobre el reparto de menores migrantes para no enfadar a su socio, el PP”, leo en 20 Minutos, el mismo medio en el que ofrecen esta noticia: “Clavijo arremete contra el PP por ‘bloquear’ con ‘excusas’ el reparto de menores y exige al Gobierno un decreto”. Es evidente que Ángel Víctor Torres no ha leído ese segundo contenido, o que le da igual: lo innegable es que ha ejercido más como diputado socialista que como ministro español de Política Territorial.

No hacer caso a las malas personas

Sirve como propósito de año nuevo y como deseo básico que pedir a los Reyes Magos: dejar de hacer caso a las malas personas y a los idiotas. Como a veces resultan indistinguibles, les meto en el mismo saco y hago solo un viaje. Me centro: “Hazte Oír denunciará a Lalachus y a David Broncano por un presunto delito de ofensas religiosas durante las campanadas de TVE” (Público). El motivo es que la humorista mostró “una estampa de la vaquilla del Grand Prix inspirada en el Sagrado Corazón de Jesús”. Madre del amor hermoso. Ya hay que ser mentecato para que eso te ofenda y anuncies que lo vas a denunciar.

Menos redes sociales

¿Qué hago yo viendo a un tipo freír una pizza congelada? ¿Cómo he perdido dos minutos de mi vida con una tía que me enseña el interior de su furgoneta camperizada si no pienso subirme a una? Todas y todos nos hemos hecho estas preguntas, así que otro básico que pido a los reyes es perder menos tiempo mirando redes sociales. Pero dedicarle un rato largo a las plataformas tiene peores consecuencias: “El algoritmo alimenta la guerra de sexos y la burbuja de género” (EPE). Además, nos discriminamos: “TikTok es reino de las chicas, YouTube Shorts, de los chicos… y los Reels de Instagram, de los ‘boomers’”.

¿Cómo de mal estarán las cuentas del Barça?

Pase lo que pase con Dani Olmo, el daño ya está hecho: los jugadores que estén pensando en fichar por el Barça tendrán más dudas antes de hacerlo. Si finalmente el jugador no puede jugar con su club la segunda parte de la liga, las consecuencias solo serán peores, es evidente, pero después de leer las noticias sobre todo este lío las pregunta que me surgen son: ¿cómo de mal estarán las cuentas del Barça? ¿Qué “palanca” imposible estaría intentando colocar para que esta vez no colase? Ese es el fondo de la cuestión, más incluso que lo que pueda hacer el jugador (libre de irse) o las instituciones.

“Los vascos”

A las vascas y a los vascos nos gusta parecer siempre pobres (y no lo somos), y nos gusta parecer siempre progres: “Los vascos ven más a David Broncano; los murcianos prefieren a Pablo Motos” (El Independiente). Entiendo que en el titular también entran las vascas y las murcianas. No solo pasa en la CAV: Pablo Motos obtiene sus peores resultados en Cataluña (7,9%) y Nafarroa (9,8%). Otro dato significativo: “El espectador promedio del programa de David Broncano es el de un hombre de 49 años, mientras que el de Motos, el de una mujer de 57”. Con todo, El Hormiguero sólo ha perdido una décima de una temporada a otra.

Felipe de Borbón: “¡Mecachis!”

Evidentemente, me he inventado el titular. No sé si Felipe VI dijo eso cuando se enteró de la audiencia que obtuvo su mensaje: desastrosa. De hecho, no consta que sepa el dato ni que le importe. Según El Confidencial Digital, “la Casa del Rey está ‘descontenta’”. Se ve que “descontenta” es la manera que tienen de decir en palacio: “Una hostia como un piano”. Y siguen los eufemismos: “No obstante, comentan que entienden la desconfianza de los españoles y por eso quieren trabajar para ayudar en todo lo que sea posible como Institución”. “Desconfianza” también es su manera de decir que, cada vez más, nos sobran.

Su labor

“Facebook e Instagram restringen las noticias que los periodistas palestinos publican desde Gaza”. Lo dice la BBC, que ha hecho “un análisis exhaustivo de los datos”. El medio británico ha detectado que la interacción con los canales palestinos de información es mucho más baja, ante contenidos análogos, que la de otros medios fuera de Palestina. Estas cifras confirman lo que aseguran periodistas palestinos: “La interacción quedó completamente restringida y nuestras publicaciones dejaron de llegarle a la gente”. Por supuesto, Meta dice: “Cualquier insinuación de que ha suprimido deliberadamente ciertas voces es ‘inequívocamente falsa’”.

“Botín no sufre”

No es verdad que los medios solo demos malas noticias: “Ana Botín no sufre la bajada de tipos: gana 18 millones en Bolsa en su 10 aniversario al frente del Santander” (Economía Digital). Ya tenemos una cosa menos de la que preocuparnos. Un beneficio merecido porque “Santander encamina resultados récord pese a los recortes de tipos”. Esto viene a confirmar dos cosas: la habilidad de la banquera para sobreponerse a lo que venga (con ideas geniales como el “aumento del 5% en las comisiones”), y que lo de que la banca siempre gana, que decíamos cuando jugábamos al Monopoly, nunca ha dejado de ser verdad.

¿La solución no es que haya más médicos y médicas?

Faltan médicas y médicos pero “no hay que permitir la creación de más facultades”. Lo dice Miguel Hernández, vicepresidente de la Conferencia nacional de decanos y decanas de facultades de Medicina de España, y lo recogen en Vozpópuli. Hernández está seguro de que “no tiene sentido incrementar el número de facultades de Medicina”, aunque la empleabilidad en el sector sea del 100%, los gobiernos no encuentren profesionales para contratar y acaben cayendo en una guerra de sueldos y condiciones favorables para que abandonen una sanidad y vayan a otra. Como en el caso de Ana Botín, ya no sé qué pensar, la verdad.

Somos porque fuimos

El gobierno español no ha sido generoso: ha tardado décadas en devolver al PNV su sede de París, en la que se estableció el gobierno vasco en el exilio hasta la entrada de los nazis. Es alucinante que los diferentes gobiernos del PSOE y el PP hayan dado por buena la entrega del edificio al franquismo sin preguntarse a quién pertenecía antes del expolio. Pero, oye, España es así, ya lo dice la coletilla. Por fin, se reconoce la propiedad: el partido de Ortuzar y Pradales, del lehendakari Agirre entonces, volverá a ser el legítimo dueño del palacete porque lo pagó y lo cedió. Y este no es un tema de partido, sino de justicia. Por lo tanto, global.

Feliz Navidad

“Rusia lanzó más de 70 misiles y más de 100 drones explosivos contra Ucrania en la mañana del miércoles 25 de diciembre, dirigidos contra su sistema energético” (France 24). Es decir, la mañana de Navidad y, lo que es más importante: en pleno invierno. Drones que un país lanza sobre otro por el morro y con el amparo de esos nostálgicos que no distinguen entre un ruso y un fascista. Un ataque directo sobre la población civil que nada tiene que ver con objetivos militares o la falsa lucha contra el fascismo y la extrema derecha. Una agresión injustificable que ya solo disculpan o callan las y los más tontos.

Tiempo de paz

Es posible condenar los ataques rusos sobre Ucrania y, al mismo tiempo, condenar los ataques israelíes sobre todos los países en los que está matando. Ayer fueron cinco periodistas. Según Público, en total, por orden del gobierno ultra y asesino de Netanyahu el ejército ha acabado con la vida de 201 profesionales de la información. Por suerte, es evidente que no podrán hacer lo que quiera sin la vergüenza y el odio del mundo civilizado: seguimos conociendo sus crímenes gracias a las y los periodistas. Por desgracia, es evidente que sí pueden cometerlos con impunidad y seguir descorazonando al planeta.

Tiempo de amor

Benjamín Netanyahu y sus ministros ultras hacen lo que les da la gana, y parece que podrán hacerlo aún con más libertad cuando Donald Trump llegue a la Casa Blanca. La influencia del republicano en el mundo es incuestionable, pero su principal alfil demuestra que quiere más: “Elon Musk se lanza a apoyar a la extrema derecha en Europa” (El Diario). Ya conocemos su receta: dinero para adquirir plataformas en las que extender los marcos y los bulos que necesitan esos ultras, a los que todos identificamos con sencillez, para crecer. El primer objetivo del multimillonario es que la extrema derecha alemana llegue al poder.

Dejémonos de chorradas

La Casa Real española es muy cara y aporta muy poco. Yo lo tengo claro: no tenemos tiempo ni dinero para gastarlo en gilipolleces. Y no soy el único: “El de este año fue el tercer discurso de nochebuena con menos audiencia desde 1992” (El Independiente). Vamos, que no estamos para chorradas, para mensajes a las y los políticos en su conjunto, sin señalar claramente a quienes sí usan los bulos y el ruido, ni para ver a un señor sentado y con traje decir lo importante que es la solidaridad. ¿La suya? ¿Con quién? No me cabe duda: todas las tonterías que permitimos benefician a los malos. Es hora de que los buenos digamos: “Hasta aquí”.

Vinieron a elevar el nivel

Quien explica que el PNV vota en contra del gravamen a las eléctricas sin aclarar que su objetivo es convertirlo en un impuesto que gestionen las diputaciones y el gobierno foral, y con seguridad jurídica, le compra el argumentario a Bildu, de modo consciente o ignorante. Esto es así y así de claro. Por lo que quienes vinieron a elevar el nivel de la política en Euskadi, del primero (salvo Pello Otxandiano, el santo) al último (qué sé yo, Joseba Permach, por ejemplo) están mintiendo y están difundiendo esa mentira entre sus colaboradoras y colaboradores habituales (y necesarios). Quien la reproduce es porque quiere.

Vinieron a hacer nueva política

Ione Belarra recurre al insulto y la provocación a Aitor Esteban porque no tiene otros recursos. Esto también es así. Y así les fue: su campaña para elegir a nuestras parlamentarias y parlamentarios se basó en ridiculizar y señalar al PNV, y se saldó con cero representantes. Aún así, insisten: su objetivo es el PNV, que ha explicado lo que quiere (un impuesto con garantías y con respeto al autogobierno). Pero eso en Podemos, el partido de la nueva política, el del grito en el cielo, el del victimismo recurrente, no importa. La verdad, de nuevo, es lo de menos. Lo de más es el tuit, como bien saben Musk, Matute y Belarra.

No son las ayudas

La política en la que la verdad no vale nada, como en las redes sociales, es reflejo de esta sociedad que se desvaloriza. Todo está conectado: desde las mentiras de políticas y políticos que solo se preocupan de seguir pisando moqueta a la baja natalidad. Cerca y lejos: “Japón está desesperado por reactivar su natalidad, así que en Tokio han tenido una idea: guarderías gratis” (Xataka). Lo cierto es que nunca hubo más ayudas, allí y aquí, y menos natalidad. Porque no va de eso, sino de un cambio social profundo que mueva a las personas a desterrar los bulos y a pensar menos en sí mismas.

Tiene razón Turull

Sé que he sido duro con Carles Puigdemont en esta columna. Pero es algo personal: no le perdono, como no se lo perdonaré a Rufián, el modo en el que deslegitimaron la mediación del lehendakari Urkullu por motivos diferentes pero igualmente egoístas. Pero en Junts hay gente valiosa, como Jordi Turull, que en su entrevista a El Diario ha dicho cosas muy interesantes, como la que han elevado al titular: el chantaje de Sánchez (o él, o el PP con Vox) no debe condicionar las negociaciones. También confirma que no han hablado de presupuestos aún, o que Sánchez ha hecho suyo el argumentario de la justicia respecto a la amnistía.

Catalanofobia

De la tele de Broncano, ese que hace en cada programa una exaltación de la españolidad y al que la audiencia de Euskadi respalda, es también el que dijo que no entendía catalán “gracias a Dios” (El Nacional) durante una rueda de prensa del entrenador del Espanyol, Manolo González. Tiendo a excusar a las y los compañeros, y en general a las personas, que a veces nos equivocamos cuando intentamos mantener diálogos y ser rápidos en las respuestas, pero esa coletilla deja ver un preocupante desprecio, cuando no odio, a lo que se desconoce, y es, una vez más, reflejo de la sociedad que estamos construyendo.

Los hoteles siempre fueron parte de la solución

Airbnb es uno de nuestros mayores problemas como sociedad y todos los pasos que pueda dar para prohibirlo los daré. De hecho, el problema del excesivo turismo lo ha agravado (si no generado, directamente) esta plataforma de mierda: “Turistificación en el verano de 2024: solo una de cada tres noches que un turista pasó en España durmió en alojamientos regulados”, leemos en Público donde también, por fin, ponen en valor a los hoteles. Porque estos, objeto de las críticas de los borregos del “tourists go home” hace unos años, permiten controlar el flujo de visitantes a las ciudades y son hoy, como siempre fueron, parte de la solución.

Y los millonarios, parte del problema

No es nuevo pero sí es más grave: las y los ultrarricos son el mayor problema de nuestra sociedad y, como tal, debemos abordarlo y ser muy agresivos para acabar con él. Vamos a encontrar ejemplos de su maldad en todos los rincones que miremos: “El Washington Post y Twitter o cómo los multimillonarios están jodiéndolo todo” (Jot Down). Ángel L. Fernández Recuero se centra en cómo “el Washington Post bajo Bezos se ha convertido en un espejo de nuestra era: brillante, veloz y superficial” con “titulares sensacionalistas y piezas diseñadas no para informar, sino para alimentar la máquina del clic”.

Más

Javier Milei siempre podrá decir que Elon Musk le copió: el dueño de X, SpaceX y Tesla, y futuro alto cargo de la administración Trump, “prevé miles de despidos y de dimisiones de funcionarios” (El Economista). En el fondo, va a hacer lo único que sabe: “Elon Musk compró Twitter por 41.800 millones de euros, despidió al 80% de la plantilla y 2 años después sigue presumiendo de ello” (3D Juegos). Lo cierto es que X funciona peor técnicamente y da más asco. Cualquier usuaria o usuario se ha dado cuenta de ello. Sin embargo, para Musk su labor ha sido exitosa porque él se mueve en otros parámetros.

Queremos ser como ellos

Somos idiotas y por eso ellos, los ultrarricos, están ganando. No tengo dudas al respecto. Tampoco las tengo de que entre los idiotas, la inmensa mayoría, algunos destacan por doblemente gilipollas: “EEUU, España o Reino Unido recomiendan no viajar allí, pero el turismo ha encontrado un nuevo destino de aventura: Irak” (Xataka). Algunos deciden gastar un buen montón de dinero, como si fueran Musk, Trump, Bezos o los tres juntos, en jugarse la vida. ¿Qué puede salir mal? Estoy seguro, además, de que el resurgimiento (porque tampoco es nuevo) del turismo de conflicto tiene que ver con la crisis de confianza hacia las y los informadores.

¿Y si asfaltamos Internet?

La siniestralidad en la carretera se reduce con multas, campañas de concienciación y, por supuesto, inversión en carreteras y autopistas. Con intervención sobre el terreno, vamos. Eso lo tenemos todas y todos claro, ¿no? Pues lo mismo sucede en Internet: “España prohibirá las redes sociales a menores de 16 años: ‘Se falsearán más todavía las edades’”, resumen en el titular en EPE. Pero la intervención no debe de ser la prohibición (¿cuántos menores de 14 años tienen acceso a Instagram o TikTok?), sino la regulación de la gran red. ¿Será difícil? Por supuesto. Pero sin duda es más necesario que difícil.