Solo es una buena noticia

El avance en la vacunación solo es una buena noticia. Pero está claro que hay muchos que no lo celebran y que el tiempo que no dedican a la alegría o la emoción lo dedican a buscar un elemento de crítica alternativo. Si la vacunación avanza encontrarán o se aferrarán a una mala noticia que lo desluzca. Es triste pero es cierto: hay políticos y partidos que basan su acción en la desgracia y las malas noticias, y hay usuarios de redes sociales incapaces de empatizar para bien y que invierten su tiempo en añadir, compartir o copiar y pegar criticas de argumentario. Para todos ellos, dos cosas: la vacuna y mi desprecio.

Esta, también

La de la posible liberalización de las patentes de las vacunas también es una buena noticia, sin duda, pero creo que el enfoque maniqueo no ayuda al debate que se abre ni a la negociación para lograrla: el beneficio no será inmediato, sino a medio o largo plazo. Y quien lo impulsa, EE.UU., no tiene nada de ejemplar: no ha compartido su producción de vacunas con el mundo y si impulsa esta solución es para evitar que se introduzcan nuevas cepas en su país, con la vacunación muy avanzada. El hilo en Twitter de Nacho Alarcón es breve pero muy interesante y certero con los temas que toca y lo que explica.

Vacunas para promover el turismo

El ejemplo más elocuente de que EE.UU. no es ese país altruista que promueve la liberación de las vacunas por bondad es el nuevo reclamo turístico de New York: “Comenzará a ofrecer vacunas contra la Covid-19 a los turistas a través de puntos de vacunación en lugares emblemáticos como Times Square” (Xataka). ¿Para eso guardaba tantas vacunas el país? Puede. ¿Compartir esas vacunas con el resto del mundo y no solo con quien puede pagarse un vuelo y un hotel tendría más impacto directo que las famosas patentes? Más de un año de pandemia y los periodistas nos dejamos llevar por titulares como si nada.

Más dilemas

Oceanía está controlando bien la pandemia… De momento. Cada vez que hemos hablado de un país o región que contenía los contagios hemos acabado hablando de que después se veía golpeado duramente por el coronavirus. Pero el continente insular parece que se mantiene alejado y a salvo, ayudado por medidas drásticas que, al ser siempre localizadas, puede permitirse tomar sin paralizar el país por completo. Ahora ha anunciado dureza con los viajeros que lleguen desde la India. ¿Es lo correcto? ¿Estaríamos dispuestos a hacerlo aquí? ¿Aprobaríamos que lo hicieran con los que llegan de Euskadi?

A partir de hoy

Me parece una irresponsabilidad que el gobierno español no haya ampliado el estado de alarma y que, desde hoy, estemos en manos de criterios judiciales particulares. Y me parece sorprendente la cantidad de gente que me ha expresado su deseo de volver hoy a la “normalidad”… Como si la pandemia no siguiera haciéndonos enfermar, llevándonos a los hospitales, ingresándonos en las UCI, intubándonos e incluso matándonos en soledad. La Voz de Galicia (porque de todo no tiene culpa Urkullu) hacía un “llamamiento a la responsabilidad ante el fin del estado de alarma”. Más que responsabilidad: cordura.

Schwarzenegger marca el camino

Arnold Schwarzenegger ya se ha vacunado: en su coche y en un estadio, a la americana. Lo ha hecho porque tiene más de 70 años y le ha tocado. Además, ha decidido recibir su inmunidad contra el coronavirus dando ejemplo: se ha grabado, lo ha tuiteado e incluso ha tomado prestada una frase de Terminator muy adecuada, dadas las circunstancias: “Acompáñame si quieres sobrevivir”. Cada vez son menos los que tienen dudas sobre la conveniencia de la vacuna, y esta es una magnífica noticia, gracias a prescriptores como Schwarzenegger y a la acción de los políticos en Euskadi y España. Y ya.

“Cerdas”

Es lógico que en los sistemas de representación vasco y español, en el que se votan listas, se cuelen algunos especímenes que salgan rana. En la siguiente convocatoria electoral, si esos batracios siguen estando en las papeletas cada uno es libre de reelegirlos o no. Concreto: muchos no conocíamos a Rocío de Meer, aunque cualquier que fuera en las listas de Vox era potencialmente un animalillo verde. Hoy sabemos que se trata de una diputada que llama “cerdas” en un tuit a Irene Montero y Cristina Fallarás por una reflexión sobre que la menstruación o el parto pueden seguir siendo tabú.

Esta vez importa el cómo

Ya no nos importa el qué, algo hemos avanzado: nadie duda de que Juan Carlos I se benefició de su puesto de jefe de Estado, recibió generosos regalos, ocultó su capital y no pagó impuestos, usó testaferros o pantallas para moverlo, ni de que se lo gastaba con alegría y con amigas en lo peor de la anterior crisis económica. Ahora importa el cómo: Nicolás Murga, coronel retirado del ejército del Aire, ha sido llamado a declarar porque era el titular de la cuenta corriente oculta en la que el empresario mexicano Allen Sanginés-Krause ingresaba el dinero que se gastaban los descendientes del emérito.

Donde las dan…

En Podemos no pueden pensar que solo ellos van a lanzar golpes en el gobierno de coalición. No es lo normal, desde luego, pero esta pelea interna no la empezó el PSOE. Y en un combate las dos partes salen heridas, por mucho que Iglesias se ponga parches preventivos en LaSexta. Después de varios puñetazos de los de Podemos, es ahora a la parte morada del gobierno española a la que le toca encajar: “El PSOE presenta unilateralmente la ley de Igualdad de Trato sin Unidas Podemos y a espaldas de Igualdad”. Este es el elocuente titular en el digital promovido en las redes de los de Iglesias, Montero y Echenique.

¿Ya tenemos presidente?

A mí tampoco me caía bien Trump y yo también creía que un cambio en la Casa Blanca era necesario, pero me sorprende la cobertura mediática que ha tenido, a tantos kilómetros como estamos, la llegada de Biden, supongo que por los vínculos económicos y afectivos que hay entre EE.UU. y Euskadi, básicamente. Más allá de hecho noticioso y la información espectacularizada, el demócrata ya manda, y no ha tardado ni un segundo: “El nuevo presidente de EEUU ha firmado hasta 17 órdenes ejecutivas de su Gobierno horas después de acceder al cargo”, leemos en República.com con alivio.

Feminismo. O no

Hace unos días escribía sobre los despidos en Podemos y sobre que no era una cuestión de formas, pese a lo que pudiera parecer, sino de fondo. Y la audiencia provincial de Madrid parece que lo ratifica cuando “concluye que no hay pruebas contra el que fuera abogado del partido de los delitos por los que fue expulsado de la formación”. Ojo, que el delito es este: “Podemos se inventó un caso de acoso sexual y laboral para despedir a José Manuel Calvente”. La resolución judicial debería de hacer temblar la sede de Podemos y hasta el gobierno español, en el que hay una ministra de Igualdad del partido de Pablo.

Las cosas del comer

Cuando más sé de Pablo Iglesias menos fiable me parece. Y de Pedro Sánchez solo me fiaría porque sé que es un superviviente y que a su lado, en un naufragio, siempre aparecería un tablón al que agarrarse. Pero ahí están, dirigiendo un país porque la alternativa es aún peor. Entre ellos, el de la confianza también parece un tema delicado: “Sánchez premia a Montero y castiga a Iglesias en el plan de gestión de los fondos europeos”, titulan en La Política Online, donde también explican que la gestión de esos fondos se hará entre gobiernos… Y no en sede parlamentaria como pretenden los del “todo mal” en la CAV.

La pandemia es cosa de todas y todos

Una pandemia mundial nos afecta y nos responsabiliza a todos. Por eso es una pandemia. A todos: a los que mantenemos el trabajo, a los que lo pierden, a los que tienen que negociar condiciones, a los que tienen que tomar decisiones y a los que les da todo igual y solo quieren salir de fiesta. Pero creo que solo una minoría está siendo verdaderamente responsable ante la situación: “Dos de cada tres españoles reclaman medidas más duras”, titulan en La Información. Y donde pone “españoles” podemos leer con total tranquilidad “vascos” que, cuando las restricciones aumentan, también aumentan sus quejas.

Uno que es responsable

Joe Biden será un presidente de EE.UU. al uso: participará en guerras, tomará decisiones neoliberales, será duro con los inmigrantes latinoamericanos (que no sean venezolanos o cubanos) y, por supuesto, tendrá que afrontar tiroteos y enfrentamientos raciales. Y con todo mejorará el histrionismo de Trump. Antes de dormir en la Casa Blanca, Biden se ha puesto la vacuna contra el coronavirus afirmando que “no hay nada de qué preocuparse” (República.com). De momento, empieza haciendo lo que es necesario. En Euskadi, seguro, veremos una foto similar con Urkullu.

Tenemos que volver a ser nosotros mismos

“Si no se consigue la inmunidad de rebaño no será por falta de borregos”, tuitea C-5. La frase tiene su gracia pero también guarda una de esas verdades molestas: esta pandemia nos ha aborregado. Durante el confinamiento se nos llenó WhatsApp de mensajes que intentaban manipularnos, y desde el verano se nos ha llenado la televisión y el periódico de voces que nos infantilizan y tutelan. Lo peor es que muchos se han dejado y, en efecto, están aborregados, quejándose a la vez de la relajación y la dureza de las medidas y señalando a políticos por no hacerlo a sí mismos en la terraza del bar.

Sí, necesitamos buenas noticias

Ya sé que Pfizer es un laboratorio privado que va a forrarse con la vacuna del coronavirus, ya sé que el anuncio tuvo tanto de buena noticia como de puesta a la venta, ya sé que Cuba, Rusia y China también tienen a punto su propia vacuna (y me parece de risa que alguien se lo esté tomando en serio), ya sé que esta vacuna solo es un paso más, no el último. Ya sé todo esto y alguna cosa más. Y precisamente por eso puedo mandar con alegría a la mierda a quienes se han mostrado agoreros y cenizos ante la posibilidad de que podamos “tener una vida normal a mediados del próximo año”. Así de claro.

No nacimos ayer

Hasta que el periodista Roberto García tuiteó que “poco se habla del fiasco de Radar Covid” no me di cuenta del tiempo que llevaba sin pensar en la app que, sí, tengo en el móvil pero ya no miro. Una aplicación que iba a cambiarlo todo de tal manera que perder el tiempo traduciéndola para quienes viven en euskera o catalán era casi condenar a muerte a estos hablantes y sus convecinos. Bueno, pues ya está hecho todo el esfuerzo y, ahora, ¿qué? ¿Cuántas chorradas nos han intentado colocar desde ese centralismo rancio pese a los ordenadores y las horas de programación?

¿Un líder?

El regreso de Evo Morales a Bolivia y de su partido, al gobierno, me parecen dos noticias estupendas. De esas que me reconcilian con el mundo porque algunas sociedades son capaces de superar golpes de estado ridículos y de reforzar su democracia. Escribo esto después de haber escrito tiempo atrás que no me gustan Morales ni su populismo. Un populismo que hemos podido ver esta semana y que en digitales que se tienen por progresistas, como Púbico, describen así pese a la pandemia: “Evo Morales cierra su triunfal gira de regreso a Bolivia con un espectacular baño de masas: reúne a un millón de personas”.

La política importa… Y emociona

No quiero terminar la semana sin traer el vídeo en Facebook de Kamala Harris en el que se ve a la próxima vicepresidenta de EE.UU. telefonear a Joe Biden y decirle: “Lo hicimos”. La política importa, que intervengan en ella Biden y Harris es diferente a que lo hagan Trump y Trump. Y la política también emociona, por cierto: los pocos segundos del vídeo ponen a la piel de gallina a cualquiera con la sensibilidad suficiente para distinguir a un fascista de una demócrata (aunque sea de derechas y neoliberal). Los populistas nos han arrebatado esa posibilidad de emocionarnos con lo bueno. Recuperémosla.

Twitter, no tanto

Del mismo modo que en EE.UU. van cerrando los últimos recuentos, nosotros tenemos que ir pasando página de la campaña. Ahora toca ver cómo Trump se rebela ante el relevo, pero solo es su último show. Antes de que empiece, un párrafo sobre las elecciones en las que el ganador decidió salir del barro de Twitter y ese paso importa más de lo que parece. El populismo se ha agarrado a esta red social desde Trump a Abascal pasando por la izquierda abertzale. Y tan importante es ser consciente de ello como saber que hay que plantar cara en otros espacios. Biden ha sido sabio, pero no el primero ni el último.

Lo que vemos todos

En el PP pueden intentar vendernos la burra que quieran y como quieran, pero todos vemos que si la tienen es porque la han trincado de un modo u otro. Me da igual lo digno que se ponga Rajoy, que Casado insista en el nuevo PP o Iturgaiz quiera que parezca que él nunca estuvo ahí. El titular de Eldiario.es gana para abrir esta columna por descriptivo: “El Tribunal Supremo confirma la existencia de una financiación irregular en el PP durante dos décadas”. La ratificación de la sentencia, además, es solo el primer peldaño de la escalera judicial que les queda por subir a los del PP, que ya no dan lecciones a nadie de nada.

No, la politización no empieza ahora

Las críticas a la propuesta de PSOE y Podemos de rebajar a mayoría absoluta la suma necesaria para elegir a los jueces del más alto tribunal son legítimas… Y lógicas. Como tuiteaba Jorge Bustos: ver a Lastra y a Echenique haciendo una propuesta así hace que rechinen los dientes de cualquiera. Pero no se puede culpabilizar a estos partidos de politizar la justicia porque lo está de antes: PSOE y PP ya se repartían el pastel poniéndose de acuerdo excepcionalmente para lograrlo y los jueces, lo vemos casi a diario, ya vienen politizados de casa. La mayoría, además, de portales de la acera derecha… O más allá.

¿Motivos para la huelga?

Quien lea esta columna habitualmente ya sabe que me he posicionado a favor de casi todos los gobiernos desde que se desató la pandemia. Bastante difícil es la gestión de todo esto como para intentar hacer electoralismo. Precisamente por eso los gobiernos que hacen electoralismo son los peores actores en esta tragedia, como el de la Comunidad de Madrid. Por desgracia, el del Estado entra cada vez más a ese juego irresponsable, como el de Andalucía, que es el que menos pruebas hace porque, según el consejero, es donde menos incidencia hay. Pero ahí, UGT y CC.OO. no hacen huelga. Ni seguidismo.

Patinazo de Trump

Al principio, pensaba que se trataba de un “fake” o una cuenta falsa en Twitter, de esas que parece que hacen gracia pero no. Pero rápidamente comprobé que se trataba de la cuenta real, la del presidente de EE.UU. y su equipo. Trump tuiteaba un montaje cutre en el que se ve un supuesto geriátrico con los residentes en silla de ruedas y, en el centro de la foto, la cara de Joe Biden mal pegada, junto al lema: “Biden for resident”. Lo que sería un error de la campaña, de cualquier campaña, con Trump y con los votantes estadounidenses nunca se sabe. Pero sí sabemos de qué madera está hecho Trump a sus 74 años.

¡Qué cara más dura!

Podría entender que Apple apuesta por los cargadores inalámbricos y por eso saca de la caja de su nuevo iPhone el cargador tradicional. Pero la excusa del “cuidado del medio ambiente” para justificar que un teléfono de 850 € se venda sin cargador ni auriculares no hay por dónde cogerla. Porque no, no se pueden reutilizar los de los modelos viejos (salvo los del inmediatamente más antiguo), así que el impacto de producción y envío del complemento desde el otro lado del mundo es el mismo. Lo malo, como tuiteaba Urtzi Jauregibeitia, es que el resto de marcas copiarán este “ahorro”.