El pasado

Al final, el Sinn Féin puede haberse salido con la suya porque no queda muy claro si el borrado que han hecho en su página web ha sido selectivo o generalizado, pero nadie duda (básicamente, porque lo ha reconocido una de sus portavoces) de que ha sido real y que el partido político ha eliminado unas cuantas referencias pasadas a Rusia y la OTAN que en este extraño presente podrían no resultar muy adecuadas. Y si no les preocupa lo que dijeron sobre estos temas en concreto sí parece que les preocupa lo que han dicho sobre estos y otros, en general. Pero el pasado sigue ahí aunque lo borren de su web, como el de todos los partidos.

No aprendemos

Vladímir Putin no va a parar. No va a hacerlo en Ucrania en breve pese a que a veces lo parezca (estoy seguro de que solo es una maniobra de distracción mientras sigue bombardeando el país). Y no va a hacerlo en Europa: “Rusia también advierte a Bosnia sobre un posible ingreso en la OTAN: ‘Responderemos’” (El Independiente). ¿Debe la comunidad internacional esperar a esa respuesta para dar la suya? ¿Seguiremos comprando el gas y el petróleo rusos entre una invasión y otra? ¿Los partidos políticos con remilgos hacia Rusia (ellos sabrán por qué) van a mirar a otro lado una vez más? Pues es Rusia, precisamente, la que está legitimando la OTAN.

“Disruptivo” como sinónimo de algo peor

La OTAN parecía innecesaria… Hasta que Vladímir Putin invadió Ucrania, amenazó al resto del mundo con usar su arsenal nuclear e intentó involucrar a China después del apoyo de Irán. Estamos despertando del sueño antibelicista a bombazos y quien no quiera verlo tiene un problema añadido al que tenemos como civilización. Desde estas certezas cada vez llevo peor que me recomienden lecturas como la entrevista a Lanxin Xiang en La Vanguardia, que es muy disruptiva, es cierto, pero no para bien: cualquier leve justificación de la masacre iniciada por Putin me parece reprobable, y cualquier aplauso, despreciable.

No hay que irse lejos

Hablamos mucho de los ataques a los Derechos Humanos que estamos viendo en Ucrania, a unas pocas horas de avión. Pero también podemos asistir a cómo se pisotean consensos básicos a poco más de media hora de vuelo: “Feijóo recula tras negar que la violencia vicaria sea violencia machista” (El Periódico de España). Lo del nuevo líder del PP va a ser un caso de estudio: ni siquiera ha sido designado como presidente y ya está tomando decisiones erróneas por no querer separarse de la extrema derecha (a la que, de hecho, ha metido en un gobierno). Está claro que Galiza no está en el foco informativo.

Una competición adulterada

Es domingo, día de fútbol, aunque con los horarios tragicómicos que impone la Liga apenas se note ya. Da igual: nosotros hablamos de ello aunque solo sea para no olvidar un tema que saltó a principios de la semana para que quedase eclipsado por la Champions, la Europa League y la jornada del fin de semana: “Lo del límite salarial del Barça es para que no jueguen la siguiente temporada de La Liga. Es escandaloso lo adulterada que esta la competición. Es imposible que un equipo pueda jugar en condiciones de igualdad”, tuiteaban desde una cuenta que homenajea a Pichichi, y ha sido el mejor resumen que he encontrado.

Esto va de informar pase lo que pase

El momento en el que, en pleno directo desde Kiev, Óscar Mijallo se pone el chaleco antibalas de manos de Hugo Úbeda-Romero y Miguel de la Fuente, mientras suenan las sirenas avisando de un ataque, y pide tranquilidad a Xabier Fortes, al que explica que ellos no van a acudir a un refugio porque su trabajo es buscar dónde caerán los misiles, pone la piel de gallina. Y tiene que servir para recordarnos a todas y todos los compañeros que nada, absolutamente nada debe limitar el derecho a la información. Y quien lo cercene, con el argumento que sea, no está nunca a favor del periodismo ni de informar.

Es Klopp y somos todos

El fútbol me apasiona porque muchas veces sirve para explicarnos: la respuesta de Jürgen Klopp a un periodista británico sobre la posible venta del Chelsea, hasta ahora en manos de un oligarca ruso afincado en Londres, no va solo de fútbol. El entrenador alemán recuerda al periodista que todos sabíamos lo que pasaba, de dónde viene el dinero, quién lo posee y qué hace con él. Y nos vale para hablar de fútbol y de clubes manejados por turbios millonarios, pero también para hablar de lo que cedemos cuando compramos a China, a Rusia, a Arabia Saudí, en un modelo consumista innecesario e injustificable.

Pues Valtònyc tiene razón

No me gusta Valtònyc ni me gustan sus letras, de la misma manera que no me gusta que le hayan condenado por sus provocaciones, ni que estas hayan sido jaleadas por líderes políticos que ahora abrazan un pacifismo onírico, ni que haya sido elevado, casi, a la categoría de mártir por la libertad de expresión. Pero este tuit me ha parecido claramente acertado: “A algunos nos persiguen en España y nos acogen por toda Europa. A otras les expulsan de Europa y gozan de impunidad en España”. El rapero se refiere a cómo Alemania no ha permitido la entrada al país de Isabel Peralta, española y neonazi declarada.

Una invasión, una ocupación

Tengo mis dudas sobre que sea legal requisar esos yates que resultan indignantes por ostentosos y que son sustraídos a los oligarcas rusos por ser rusos y oligarcas. No sé de qué se les puede acusar salvo de haberse enriquecido por nuestra comodidad y de gastarse cantidades indecentes en un barco de recreo. Y nada de eso me parece ilegal. Tampoco es legal ocupar las casas de las familiares directas de Vladímir Putin (su hija y su exmujer, por lo que parece) en Iparralde, pero sí parece justo en este momento que nos toca vivir, tiempos de guerra, con todas sus consecuencias, y como defensa propia vasca, básicamente.

Ojalá

Pablo Iglesias dice muchas cosas a lo largo de la semana entre su colaboración en la SER, las páginas web en las que escribe, su programa en Público y Twitter, y en algunas ocasiones está verdaderamente desacertado, como cuando puso de ejemplo pacifista a la hinchada del Estrella Roja. Pero en otras ocasiones debo sumarme a sus palabras: “Hermann Tertsch ha sido condenado por llamar asesino a mi padre. Hizo lo mismo que Cayetana Álvarez de Toledo. Ojalá se siga haciendo justicia con estos cobardes que, para hacerme daño a mí y a mi partido, atacaron a mi familia”. En la vuelta a la mesura, precisamente, todos tenemos algo que decir.

No huele nada bien

Lo que publican en InfoLibre sobre la gestión de la Comunidad de Madrid de los contratos durante la pandemia no huele nada bien: “Los 38,7 millones de los contratos de Madrid con datos falsos tenían como destino el paraíso fiscal de Panamá. (…) Cada documento llevaba dos firmas: la del empresario venezolano Roger Swidorowicz y la del entonces director general de Proceso Integrado de Salud, Manuel de la Puente. (…) Las adjudicaciones a Sigma Dental Inc. aparecieron en el Portal de Contratación como si fuesen para una SL española y se le adjuntó un NIF falso pero casi idéntico al de una sociedad homónima de Granada”.

¿Ni un número era real?

Los casi 40 millones de euros que han podido acabar durante la pandemia en un paraíso fiscal y el NIF falso suponen un escándalo, pero me temo que me sorprenderé con resignación cuando confirmemos que no pasará nada en lo político y que si rueda alguna cabeza será de turco. Por la misma magia negra, o azul, tampoco tendrá consecuencias que hayamos validado las sospechas que teníamos: “El Gobierno de Ayuso dejó de notificar al Centro Nacional de Epidemiología más de 55.000 infecciones detectadas a través de los test de farmacia” (Cadena SER). Y eso sin contar los contactos estrechos sobre los que, directamente, no intervinieron.

No está bien

Definitivamente, en el PP pasa algo: el modo en el que pueden caminar sin mojarse debajo de un aguacero no es normal. Y tampoco lo son estas declaraciones de Cuca Gamarra sobre el ministerio español de Igualdad: “Podría desaparecer y no pasaría nada en España, creo que iríamos a mejor” (El Huffington Post). Sus intentos de despreciar una labor imprescindible como la concienciación, vía ministerio, son absolutamente condenables. Ninguna estrategia política puede pasar por encima de los consensos más básicos y de las políticas más necesarias. Ninguna. Que la elegida para decir semejante barbaridad sea una mujer solo agrava el insulto a la inteligencia.

Rusia sigue golpeando

No quiero que la invasión de Rusia sobre Ucrania sea el tema principal de la columna todos los días, pero me niego a dejarlo de lado. Simplemente, no puedo. Las noticias que leemos desde el primer ataque me preocupan y me inquietan: nada va a parar a Putin, eso es seguro. Lo que no sabemos es cuándo ni con qué se dará satisfecho él. Kiev está siendo sometida a base de misiles mientras una parte del arco político local se enreda en su falso pacifismo (lo que estamos oyendo de quienes justificaron asesinatos selectivos en Euskadi da arcadas, sin eufemismos) y en su afición por lo ruso compartida con la extrema derecha.

China decide

Quienes andan haciendo malabares argumentativos para solidarizarse con Ucrania sin meterse con Rusia van a tenerlo aún más complicado para justificar la posible colaboración de China con Putin. Pero en engordar a la dictadura oriental han colaborado también los más liberales, que han descubierto tarde que en los precios bajos iba incluida, también la dependencia del conocido como “gigante asiático”. No soy optimista: la pandemia no ha provocado ningún cambio en el abastecimiento mundial ni en nuestros hábitos particulares y la guerra no acabará tampoco con el cinismo necesario para blanquear a dictadores.

Yo, también

No me escondo: yo también me siento “preocupado y pesimista”, como Macron, por las consecuencias que pueda tener la invasión rusa sobre Ucrania. No me fío ni un pelo de Vladímir Putin, al que puede que nada disuada de usar el botón nuclear, ni siquiera el papel de gran consumidor de sus recursos naturales que han jugado los países de Europa. ¿Qué le impide acabar con todos nosotros? ¿Qué le impide masacrar a la población ucraniana? ¿Qué le impide ampliar su radio de destrucción al resto del mundo? El presidente francés insiste y alerta: tenemos que prepararnos “para todas las posibilidades. También las peores”.

Es así de fácil

Si sobrevivimos a la amenaza nuclear que nos atemoriza como la espada de Damocles, tenemos que abordar rápidamente las cuestiones que plantea Natalia Fabra en Twitter: “¿Hasta cuándo va a consentir la Comisión Europea que los consumidores europeos se empobrezcan a favor de las grandes energéticas?”. Sé perfectamente que los problemas complejos no tienen respuestas sencillas, pero también sé que este no es, precisamente, un problema complejo: el sistema de tarificación encarece la factura más que la falta de suministro, y eso es solo fruto de una decisión revocable.

Es una mala idea

Dejar de financiar la invasión rusa activando la compra de recursos energéticos a otras dictaduras o democracias que rozan lo bananero no me parece una buena idea. Para empezar, porque como principal agente desestabilizador mundial del siglo XXI, es posible que Putin ya haya negociado antes e incluso es posible que el gas y el petróleo que acabemos usando sea ruso pero vendido por venezolanos, iraníes o saudíes que podrán seguir manteniendo su reserva mientras hacen negocio. Pare terminar porque esta es una guerra de la democracia contra sus enemigos, y es imposible librarla si dependemos de los segundos por turnos.

Podrían taparse un poquito

Todos los sindicatos van a beneficiarse de la subida que acaba de aprobar el gobierno español para sufragar sus actividades: “Pasan de 13.883.890 euros a 17 millones. Esta cantidad supera ya a la que el Gobierno concedía antes de la última crisis económica, cuando el montante llegó a rozar los 15,8 millones de euros” (El Independiente). El incremento coincide también con incrementos en el precio de la luz y el combustible que el ejecutivo español (el competente) tiene la obligación de abordar. Si no lo hace y no hay contestación sindical cuando caen los millones podremos hablar, hoy también, de arbitrariedad en la actividad sindical.

No puedo estar más de acuerdo

Esto de Eldiario.es tiene unos días pero me parece que no va a perder su vigencia en varios años: “No tienes ‘síndrome de la cabaña’, es que no quieres volver a la vida de mierda. El enésimo intento por patologizar todo lo que nos pasa: presentar como problema psicológico nuestras pocas ganas de recuperar las vidas ansiosas e hiperproductivas de antes del coronavirus”. Es cierto: no echamos de menos todo lo que sucedía antes de la pandemia y hemos descubierto que el teletrabajo y la educación presencial conjugan muy bien. Por si fuera poco, sufrimos la gran incertidumbre de la guerra. Igual, simplemente, me gusta mi “cabaña”.

Un país solidario

“Euskadi se prepara para recibir 3.000 ucranianos: vivienda, ayuda económica y sanidad”. Esta noticia en El Independiente reconforta: Euskadi sigue siendo ese país solidario cuya ciudadanía sabe, porque así se lo transmitieron quienes lo sufrieron, lo que es despedirse de tus seres queridos por una guerra. Por eso es importante saber de dónde venimos y qué nos pasó, porque ese sufrimiento que nos contaron nos impulsa hoy institucionalmente pero también lo hace a todas esas personas que han cargado una furgoneta y han ido a buscar a algún refugiado sin saber muy bien qué pasará ni que les importe.

Un partido filofascista

El partido político que abre las puertas de un gobierno a la extrema derecha es un partido filofascista por definición y sin perjuicio porque ya lo hubiera demostrado antes. Y es deber de todos los que lo contamos señalarlo, recordarlo y asegurarnos de que se fijará en su historia. Así lo quiere, por ejemplo, Donald Tusk, que “ha reprochado al PP haber pactado con Vox y ha tildado de ‘triste sorpresa’ el acuerdo” (El Nacional). El presidente del Partido Popular Europeo podía haberse callado, haber apelado a que eso son cosas de política interna, pero no lo ha hecho: se ha expresado como solo podía hacerlo, con desagrado.

Un ejército criminal

Domingo. Hace siete días, Irene Montero pronunció eso de “la diplomacia de precisión”, y seguimos esperando qué quiso decir y, sobre todo, cómo se implementa. Porque la necesitamos para que el ejército ruso deje de martillear a la población ucraniana y para que alguien ponga en marcha el sistema de refrigeración en Chernóbil que impide que la radiación se expanda por Europa. También ha fracasado esta semana la diplomacia de Macron y la reunión entre los ministros de Exteriores ucraniano y ruso en Turquía. ¿Qué podemos hacer? ¿Qué claves ofrece esa diplomacia de precisión que al resto del mundo se nos escapan?

Una persona inmoral

No me cabe duda de que en la defensa de Ucrania están participando también esos “batallones” neonazis de los que hablábamos cuando no imaginábamos la invasión rusa. Es la guerra. De la misma manera, me importa poco (aunque me lo esperaba porque Salvini solo se acerca a los que son como él) que quien puso colorado al líder de la extrema derecha italiana sea miembro de un partido parecido. Me quedo con el mal momento del ultra populista que tuvo que ver cómo el alcalde de Przemyśl, del Kukiz’15, según Jon Baldwin, le recordaba su apoyo a Putin cuando Salvini fue a sacarse una puta foto en la frontera polaca.

Un gran dilema

Cuando no hay una guerra en medio, me gustan los grandes dilemas porque desnudan la realidad. Y el fútbol europeo ahora mismo tiene uno gordo: “La UEFA abre expediente disciplinario a Al-Khelaifi y Leonardo por su bronca en el Bernabéu” (El Confidencial). Vale, pero, ¿hasta dónde va a llegar? El catarí es dueño del PSG y de Bein Sports, y contrario (de momento y sobre todo por lo segundo) a la Superliga. ¿De verdad va a sancionarle? ¿De verdad va a dejarle salir impune (como suelen hacerlo los jeques y emires) después de su comportamiento violento y excesivo? Y Leonardo, haciendo de secuaz bien pagado, ¿qué?