Rutas por los bosques de laurisilva de La Palma

Cambiamos de archipiélago y de isla. De Balares a Canarias y de Menorca a La Palma. En nuestro anterior viaje a esa isla la lluvia se adueñó del norte durante toda nuestra estancia, así que nos quedamos con ganas de recorrer los bosques de laurisilva, que se dan en regiones de clima templado húmedo y cálido, ocupando casi el 25% de la superficie de la isla de La Palma. En nuestro último viaje, el pasado mes de febrero, disfrutamos de una semana de buen tiempo, así que aprovechamos para visitar dos lugares. Eso si, había en ellos rutas cerradas pues la semana anterior había llovido mucho. Nuestra primera cita fue en el centro de interpretación de los Tilos o los Tiles, pues utilizan ambos nombres. Estamos en el municipio de San Andrés y Sauces.

El bosque de los Tiles se encuentra en el norte de la isla, formando parte del Parque Natural de Las Nieves y de la Reserva de la Biosfera de La Palma. Las rutas que llevan a la cascada y a los Nacientes de Marcos y Cordero se encontraban cerradas, así que no nos quedó otra alternativa que el sencillo pero interesante sendero autoguiado que lleva al Mirador del Espigón Atravesado, de 5 km de recorrido (ida y vuelta). Pronto pasamos un túnel que sirvió para la explotación forestal de la finca, hasta que fue comprada por el Estado. Enseguida vemos cómo el agua ha ido tallando el barranco.

Continua nuestro paseo por el bosque de laurisilva de los Tilos o los Tiles, como se tendría que llamar, pues lo más representativo de este lugar es el til (ocotea foetens), un árbol esbelto que puede alcanzar los 30 metros de altura. Estamos en uno de los bosques de laurisilva más importantes del archipiélago canario, del que ya disfrutamos en menor medida en la isla de La Gomera. En nuestro recorrido observamos una pequeña edificación, que guardaba el motor que daba servicio a la mina de agua anexa.

Nuestro recorrido está llegando a su final. Llegamos a una especie de collado en el que el camino continúa hacia los Nacientes de Marcos y Cordero pero que, por razones de seguridad, debido a las lluvias caídas, permanece cerrado. Nos queda la última subida hasta el Mirador del Espigón Atravesado, que se realiza por un estrecho sendero con varios tramos de escalones tallados en la roca. Un lugar precioso. El regreso hasta el centro de interpretación se realiza por la misma ruta de subida, aunque en el collado me entretengo fotografiando a un simpático pinzón que no se asusta. Me da que en este lugar la gente come el bocata y el ave se acerca en busca de comida.

9 km antes de llegar al centro de interpretación de los Tilos, al borde de la carretera LP-1 tenemos nuestra siguiente cita, el Cubo de la Galga, así llamado por encontrarse cerca de esta localidad perteneciente al municipio de Puntallana. Dejamos el coche en el aparcamiento situado junto al punto de información ambiental y nos disponemos a realizar la única ruta abierta tras las intensas lluvias, el sendero autoguiado “El esplendor de la laurisilva”, de tan sólo 4 km entre ida y vuelta y balizado con unos postes numerados, como sucediera en la ruta anterior. Al principio la ruta está asfaltada, pero pronto se convierte en una pista.

Seguimos en el Parque Natural de Las Nieves, que forma parte de la Reserva de la Biosfera de La Palma. Caminamos por uno de los más hermosos bosques de laurisilva, destacando en la vegetación el gigantesco árbol de nombre barbusano, que alcanza unos 25 metros de altura y es muy apreciado por su madera rojiza, por lo que antiguamente recibía el nombre popular de ébano de Canarias. Según avanzamos por el barranco, la humedad va en aumento, pasando bajo un canal de agua para regadío.

El Cubo de La Galga es una de las mejores muestras de la laurisilva de Canarias y uno de los bosques mejor conservados. En el interior del barranco se conserva una variada vegetación en forma helechos, fayas, viñátigos, laureles, acebitos, además del mejor grupo de tiles de La Palma. Como estamos en una isla joven, la erosión sigue modelando el paisaje, pudiendo contemplar al borde del camino una roca en precario equilibrio.

Continuamos la ruta disfrutando del esplendor de los tiles, con sus altos troncos característicos de los bosques de laurisilva. Estos árboles proporcionan una zona sombría que impiden la formación de arbustos bajo ellos, creciendo tan sólo helechos. Caminado por el fondo del barranco observamos la aparición de varias piedras, que forman un lecho rocoso fruto del arrastre de materiales por las torrenteras procedentes de las zonas altas.

La Palma cuenta con varios senderos autoguiados como los aquí descritos, pudiendo descargarlos en pdf en este enlace: https://www.senderosdelapalma.es/senderos/lista-de-senderos/senderos-autoguiados/

Un recorrido por la Menorca Talayótica

La isla de Menorca cuenta con muchos atractivos además de sus paradisíacas calas que se asoman a un mar Mediterráneo de agua color azul turquesa. El pasado mes de mayo tuve ocasión de conocer otro de sus atractivos, al que dedicamos una jornada y media. Se trata de los restos arqueológicos de las primeras comunidades que habitaron la isla, conocidos por el nombre de Menorca Talayótica, que aspira a formar parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Esta cultura se diferencia de otras contemporáneas del Mediterráneo occidental por la existencia de un elemento exclusivo de Menorca, la taula.

La primera cita la tuvimos en el monumento funerario más conocido de Menorca, que es del que más me acuerdo de la anterior visita a la isla hace veintiún años. Se trata de la Naveta des Tudons, una tumba construida con la llamada técnica ciclópea o, lo que es lo mismo, utilizando piedras de dimensiones medianas encajadas en seco. Su origen parece remontarse al siglo IX aC. Por motivos de seguridad, no se puede ni entrar ni subir a la naveta, así llamada por recordar a una nave invertida.

Nos desplazamos a continuación al poblado talayótico de Torre d’en Galmés, el más grande de Menorca, pues cuenta con una extensión de 66.240 m², remontándose su origen al periodo naviforme (1700-1400 aC). En lo alto de una colina descubrimos tres talayots, especie de torres de poca altura, y el recinto de la taula central, en la que se realizaban los rituales. En la vertiente sur de la colina se encuentran las primitivas casas, de forma circular. Antes de la visita accedimos al único centro de visitantes des estos poblados.

La siguiente visita la realizamos al poblado talayótico de Torralba d’en Salort, cuyo origen es de la misma época que el anterior. Destacan dos talayots, el recinto de la taula, una sala hipóstila, algunas cuevas y los restos de las viviendas. Destinado al culto y originario del siglo IV aC, la taula y su recinto forman uno de los ejemplares más bellos y monumentales de la isla. La T propiamente dicha de la taula está formada por dos grandes bloques de piedra, alcanzando una altura que ronda los cuatro metros. Todavía no lo he comentado, pero la lluvia nos estuvo acechando en las dos últimas visitas.

Después de una ligera comida en Es Casino de Sant Climent y tras visitar la preciosa población costera de Binibeca Vell, nos dirigimos al poblado talayótico de Talatí de Dalt, uno de los poblados prehistóricos más notables de la isla. Destaca por su curiosidad el recinto de la taula, ya que una columna y su capitel se apoyan sobre el lateral de la T central, probablemente porque cayeron de forma accidental. Destacan también el talayot de planta elíptica y el conjunto de casas del poblado. En las cuatro visitas tuvimos que pagar una entrada, lo que indica que son las más interesantes.

Nos gustó lo que vimos de la cultura talayótica, así que decidimos dedicar otra mañana a continuar con otras tres visitas, menos relevantes que las de la primera jornada, pero que también merecen la pena. La primera de ellas, la Necrópolis de Cala Morell, nos gustó mucho por su ubicación junto a la costa norte de Ciutadela y por su originalidad y belleza, tratándose de un conjunto de catorce cuevas excavadas en la roca, que forman uno de los mayores y más espectaculares cementerios prehistóricos de la isla.

La siguiente cita la tuvimos en Torretrencada, poblado talayótico de los años 1000 a 700 aC, aunque fue utilizado hasta la conquista romana. Cuenta con un talayot, varias cuevas funerarias abiertas en el subsuelo y sepulturas excavadas en la roca, estas últimas en la época alto-medieval. Por su originalidad destaca la taula, una de las más hermosas de la isla, que cuenta con una columna de refuerzo en la parte posterior. Destinada a la celebración de los rituales, data de la época post-talayótica (650-123 aC).

Concluimos nuestro “recorrido talayótico” en el poblado de Torrellafuda, ubicado en un hermoso emplazamiento. En la cota más alta de la colina se encuentra el talayot circular que preside el recinto que estuvo rodeado por una muralla. Estamos en la zona más antigua (1000-700 aC). De la época post-talayótica (650-123 aC) es el recinto de taula, que está cubierto por las encinas, entre las que se distribuyen diferentes restos arqueológicos.

Descansando a la sombra de las encinas, las vacas se han adueñado de este recinto arqueológico, en el que finalizamos nuestro recorrido.

Parque Nacional Talampaya (Argentina)

En nuestro primer viaje por esta parte del mundo recorrimos la Patagonia argentina y chilena, además de Iguazú. En el segundo, el NOA argentino (Salta y Jujuy), además del chileno Desierto de Atacama, dejando para el tercero, la argentina región de Cuyo, Santiago de Chile y Rapa Nui, la isla de Pascua. Realizado del 1 al 19 de octubre de 2019, fue nuestro último gran viaje antes de la pandemia. El principal objetivo en el lado argentino fue recorrer sus parques nacionales, centrándonos en esta ocasión en el de Talampaya, ubicado en el centro oeste de la provincia de La Rioja, que en el año 2000 pasó a formar parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO junto al Parque Provincial Ischigualasto, del que hablaré en otra ocasión.

Para conocer esta zona nos alojamos tres noches en el Hotel El Chiflon Posta Pueblo, situado en el km 73 de la Ruta 150, en el municipio de Paganzo, limítrofe con la provincia de San Juan. La verdad es que fue un acierto, pues fue un confortable alojamiento situado en el Parque provincial El Chiflón (La Rioja), así que no nos resultó extraño que una tarde, cuando tomábamos un vino en la terraza de la habitación, se acercara un pequeño zorro en busca de comida. Una de las noches encargamos un cabrito para cenar, aquí llamado chivito, en el cercano Comedor Ruta 150, en el que también venden gasolina, pues no hay surtidores en la zona.

Dedicamos una jornada completa a conocer el Parque Nacional Talampaya, cosa que no se puede hacer con el vehículo propio, teniendo que contratar los servicios en cada uno de los dos centros de información existentes. Dedicamos la mañana a recorrer el Cañón Arco Iris a bordo de una furgoneta, circulando por el cauce seco de un río, convertido en una especie de arenal de playa. Pronto tuvimos la suerte de contemplar un grupo de guanacos.

El topónimo Talampaya parece significar en lengua diaguita algo así como río seco de tala, en referencia a la especie vegetal local del mismo nombre. Pronto comenzamos a contemplar los tonos rojos, ocres, rosas y grises que caracterizan este Parque Nacional. Cuando salimos a caminar hay que hacerlo con precaución, llevando un calzado adecuado y mirando donde se pisa, pues en la zona hay serpientes como la yarará ñata, yarará chica, yarará grande, coral y cascabel.

Nuestro recorrido concluye en el Cañón Arco Iris, por donde efectuamos el más largo recorrido a pie, caminando hasta la llamada Ciudad Perdida, mientras disfrutamos de las tierras coloradas, de las curiosas formaciones rocosas y de las escarpadas paredes. De nuevo en la furgoneta regresamos al punto de partida para desplazarnos con nuestro coche hasta la siguiente cita, el Cañón de Talampaya.

Cambiamos de lugar pero sin salir del parque. Nos dirigimos ahora al centro de visitantes más grande de los dos, el del Cañón de Talampaya, donde contratamos la excursión para la tarde, para así poder comer en su restaurante, un lujo en esta zona tan despoblada. Este segundo recorrido lo efectuamos en un camión todo terreno carrozado como autobús, con el que efectuamos varias paradas.

El Cañón de Talampaya es mucho más espectacular que el Arco Iris, que recorrimos por la mañana. La primera parada la tenemos en una zona muy original, debido a los petroglifos labrados en la roca. Estamos en Puerta Talamapaya, donde a lo largo de 400 metros contemplamos el arte rupestre de los pueblos originarios de la zona.

La siguiente parada la efectuamos en el lugar más espectacular del Parque Nacional Talampaya. Se trata de la zona conocida como la Catedral gótica, debido a las curiosas formaciones rocosas del enorme acantilado. Aunque brevemente, observamos como se asoma al valle un grupo de guanacos. También vemos como el cóndor pasa, algo que nos hace mucha ilusión.

Seguimos recorriendo el Parque Nacional Talampaya, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Nuestro circuito concluye en el lugar más hermoso de todos, pues ante nosotros tenemos la curiosa formación rocosa conocida como “el Monje”. Desde aquí efectuaos un pequeño recorrido a pie hasta el Cañón de Shimpa. La excursión de la tarde nos ha encantado. Ha sido un día para no olvidar.

Todavía pasamos otro día completo en la zona, que dedicamos a recorrer los Parques Provinciales de El Chiflón e Ischigualasto, pero de ellos hablaré en otra ocasión.

MATARRAÑA / MATARRANYA (Teruel): La Toscana aragonesa

Del 26 al 29 de octubre, justo antes de que cambiaran la hora y desapareciera la tarde, hemos realizado la séptima y supongo que última escapada del año con destino Aragón, teniendo como objetivo la llamada Toscana aragonesa que no es otra cosa que la comarca turolense de Matarraña / Matarranya. Es una zona bastante montañosa situada en las estribaciones del sistema Ibérico y limítrofe con las provincias de Tarragona y Castellón, en la que se habla catalán. Toma el nombre del río Matarraña que la atraviesa, contando con pueblos con aire medieval y renacentista, teniendo como capital administrativa a la población de Valderrobres, cuya población ronda los 2.500 habitantes, aproximadamente el 30% del total de los 18 municipios de la comarca.

Distante 426 km de Leioa, el Parador de Alcañiz fue nuestro campamento base para esta escapada, alojándonos tres noches en ese monumental edificio que en los siglos XII-XIII fue el castillo-convento de los Calatravos. Antes de llegar nos detuvimos en el monumento al Tambor, instrumento emblemático de Teruel, dedicando parte de la tarde a una visita guiada, muy buena por cierto, que comenzó disfrutando de la pintura mural gótica de la Torre del Homenaje del castillo, para continuar por uno de los secretos de Alcañiz, una red de pasadizos subterráneos, concluyendo en la plaza de España, presidida por la excolegiata barroca de Santa María la Mayor y el conjunto que forman la Lonja gótica, de finales del siglo XIV, y la renacentista Casa Consistorial, edificada en 1570. Un buen comienzo de la escapada.

Dedicamos los dos días siguientes a la comarca de Matarraña / Matarranya, comenzando la jornada del 27 de octubre con uno de los puntos fuertes de esta escapada, desplazándonos al pueblo de Beceite, en cuyas proximidades se encuentra la Ruta del Parrizal/Parrissal un precioso recorrido al que se accede desde el parking nº 3. En total son unos 4 km de ida y otros tantos de vuelta, realizando los primeros 800 metros por una pista, deteniéndonos para contemplar las pinturas rupestres de la Fenellassa (3500 aC). Luego comienza el recorrido remontando el curso del río Matarraña, caminando con frecuencia por pasarelas de madera muy bien instaladas. Tras una buena subida por un sendero, se llega al tramo final, los majestuosos “Estrets del Parrissal” (Estrechos del Parrizal), un cañón de unos 200 m de longitud y paredes de 60 metros de altura que se recorre por una nueva ruta de pasarelas. Para acceder a esta lugar hay que pagar 5 € por persona a través de la web https://entradasbeceite.arteyocio.com/ruta-del-parrizal/. Hay cupos.

Tras tomar algo en el kiosoko del aparcamiento del Parrissal, como se había echado la hora de comer decidimos hacerlo en la capital de la comarca, Valderrobres, “uno de los pueblos más bonitos de España”. Antes de acceder a él vemos que destaca desde lejos el conjunto formado por el castillo y la iglesia de Santa María la Mayor. Tras comer unos robellones en el restaurante Salt, cruzamos el río Matarraña por el puente de Hierro, caminando por el casco antiguo hasta el puente de Piedra. Antes de cruzarlo nos encontramos con el Ayuntamiento y la puerta de San Roque. Tras el paseo monumental nos dirigimos al cercano Salt de la Portellada, una cascada de unos 20 metros de altura, sin una gota de agua, aunque el desplome del terreno merece la pena.

Concluimos la jornada en una pueblo mucho más pequeño, de unos 450 habitantes, pero mucho más “toscano”, La Fresneda, pues desde la lejanía se contempla en lo alto de la colina la iglesia de Santa María la Mayor y, sobre ella, las ruinas del castillo. Caminando por el pueblo vamos descubriendo su conjunto monumental, deteniéndonos ante el Convent de Mínimos, la Font de la Figa, la capilla de Ntra Sra del Pilar y, ya en la porticada calle Mayor, ante la antigua cárcel. Nos sentamos a tomar un café en la terraza del bar de la Plaza, situado en la Plaza Mayor frente al Ayuntamiento, edificio de estilo gótico-renacentista con una lonja de grandes dimensiones. En el techo de algunos soportales que se asoman a la calle Mayor vemos unas escaleras de madera, que nos indican que se utilizaban para varear las olivas. Con las últimas luces del día regresamos al Parador de Alcañiz, tras recorrer unos 110 km. Nos está gustando Matarraña.

28 de octubre. Ha vuelto a tocar madrugar, pues a las 9 de la mañana nos viene a buscar el guía con el que estuvimos recorriendo Alcañiz. Antes de desplazarnos a Matarraña vamos a visitar con él el Abrigo de Val del Charco del Agua Amarga, situado a unos 18 km y casi media hora de viaje por una polvorienta pista de tierra. De la mano de Eduardo (creo que era su nombre), un excelente profesional, vamos descubriendo las pinturas rupestres de uno de los cuatro yacimientos más importantes de Aragón, incluido dentro del arte rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica, que forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Nos ha parecido un visita muy interesante, siendo el precio hasta 5 personas de 40€/grupo. A partir de 6 personas, 7€/persona. Es imprescindible concertar previamente las visitas en los teléfonos 693 861 136 / 665 585 555.

La primera cita de la jornada en Matarraña la tenemos en un pueblo de 555 habitantes que no tenía claro si iba a visitar y que me ha encantado. Se trata de Cretas, que conserva de maravilla un aire medieval y renacentista, a modo de museo al aire libre. Accedemos al casco antiguo pasando junto al cementerio medieval, de donde nos dirigimos a la iglesia de la Asunción, para continuar hasta la Plaza Mayor, presidida por la picota, a la que se asoma la Casa Consistorial. También hay que ver la Casa Turull y, junto a ella, el monumental portal-capilla de San Antonio de Padua, concluyendo la visita con unas compras en el horno de leña Llerda.

En Matarraña/Matarranya hay más cosas de interés que los pueblos, así que camino de Calaceite nos detenemos en la interesante ruta de los túmulos funerarios iberos. En tan sólo 1,5 km de pista podemos contemplar los de Mas de Toribio, siendo el más interesante el I por estar parcialmente reconstruido, y de Vinya d’en Valle. Más adelante, justo a la entrada de Calaceite, un desvío nos conduce al interesante poblado ibero de San Antonio, de los siglos V a III aC. Muy cerca, al final de un vía crucis tenemos la ermita de San Cristóbal, desde donde se contempla nuestro siguiente destino.

Al llegar a Calaceite vemos que se ha echado la hora de comer, optando por un rico bocadillo de txistorra en el restaurante del Hotel Los Cazadores, situado junto a la estación de servicio. Con el desayuno que nos metemos en el Parador, procuramos que las comidas sean rápidas y ligeras. Dejamos allí el coche y subimos la cuesta que nos conduce al casco antiguo de “uno de los pueblos más bonitos de España”. Con casi un millar de habitantes, es uno de los conjuntos urbanos mejor conservados del Matarraña, deteniéndonos a contemplar la airosa torre de la iglesia de la Asunción, el conjunto monumental de la Plaza Mayor, con el Ayuntamiento y la Lonja, y el portal y capilla de la Virgen del Pilar.

Concluimos nuestro recorrido por Matarraña/Matarranya en el pueblo más pequeño de cuantos visitamos, pues Ráfales sólo cuenta con 144 habitantes. Pese a ser el menos monumental de todos, está lleno de encanto por su peculiar arquitectura. La iglesia de la Asunción nos da la bienvenida a nuestro recorrido urbano que continuó por la plaza Mayor, el Ayuntamiento y las diferentes arcadas y portales abiertos en la antigua muralla, caso de los de San Roque, de la Villa y de Boira, despidiéndonos el pequeño Monumento a las Comarcas, de José Miguel Abril. 36 km después estábamos de nuevo en el Parador, listos para la cena.

El 29 de octubre, nuestros amigos madrileños y nosotros teníamos que pasar por Zaragoza, así que optamos por despedirnos tras comer en la capital aragonesa, no saliendo de la plaza del Pilar, en las que había unas competiciones de baloncesto delante del Ayuntamiento. Dejamos el coche allí mismo, en el parking Indigo y nos acercamos al precioso edificio de la Lonja para visitar la exposición “Zuloaga, Goya y Aragón. La fuerza del carácter”, que permanecerá abierta hasta el 8 de enero. No se puede tomar fotos de las obras expuestas así que las he obtenido de Internet. Menos suerte tuvimos con La Seo, completamente cerrada y la Basílica de Ntra Sra del Pilar, parcialmente, por sendas bodas.

En Zaragoza concluyó esta última escapada, aunque todavía teníamos por delante 316 km para llegar a Leioa. Como es más que probable que sea la última escapada del año, este blog viajero pasará a publicarse cada dos semanas durante los próximos tres meses, más o menos.

Escapada británica (y 5): Un día en Londres

Concluyo el relato del viaje realizado del 7 al 17 de septiembre pasado por Inglaterra y Gales, que dejaba la pasada semana en Cardiff. Ni Gales ni Londres eran los objetivos principales del viaje, pero una visita a la capital británica, aunque breve, no podía faltar. El 15 de septiembre salimos de Cardiff y, a la hora de viaje, nos detuvimos en Bath, de donde os hablé el pasado 4 de octubre. Comida por el camino y casi tres horas de viaje hasta el aeropuerto de Gatwick, donde devolvimos el flamante Mercedes. En taxi nos desplazamos hasta el Ibis London Sutton Point ***, confortable y nuevo hotel en el que, a buen precio, nos alojamos dos noches. A unos 150 metros teníamos un buen restaurante, el Zizzi, donde cenamos las dos veces. 150 metros más adelante se encuentra la estación de Sutton, desde la que nos desplazamos al día siguiente en el tren Southern hasta la Victoria station (media hora), donde cogimos el metro, un par de paradas, hasta South Kensington. Nada más salir a la calle nos encontramos ante el precioso edificio del Museo de Historia Natural.

Siempre que he estado en Londres, como atrapado por un resorte, he visitado el British Museum, pero el 16 de septiembre decidimos cambiar, optando por el Victoria and Albert Museum, de entrada gratuita y situado frente al de Historia Natural, ocupando otro monumental edificio. Este museo reúne un pupurri de obras europeas, hindúes, chinas, coreanas, japonesas e islámicas, de escultura, pintura, cerámica… Me gustaron algunas de sus excelentes reproducciones, como el David de Miguel Ángel, la columna de Trajano o el pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela.

De nuevo volvimos al metro, a la estación de South Kensington, para viajar en él 6 estaciones hasta la de Covent Garden. Nuestro objetivo estaba muy cerca, una pequeña y coqueta plazoleta de nombre Neal’s Yard, donde nos sentamos en una terraza para tomar un vino rosado. No es un sitio muy conocido, pero los colores de sus casas hacen de él un lugar muy original. Ha salido un día espectacular, así que el resto de Londres lo recorrimos caminando, pasando junto a monumentales edificios y adornados pubs.

Continuamos caminado hasta un lugar emblemático situado a tan sólo unos 10 minutos, Trafalgar square, plaza presidida por la conocida columna de Nelson, erigida en 1843 en memoria del almirante del mismo nombre fallecido en la batalla de Trafalgar. Construida en granito tiene 46 metros de altura. Una bonita fuente y varias estatuas de leones decoran la plaza, que está vallada debido a los actos en memoria de la reina Isabel II, fallecida el 8 de septiembre, cuya imagen pudimos contemplar en el suelo, obra de un artista callejero. Al lado se encuentra la iglesia de St Martin, viendo también los típicos taxis y autobuses londinenses.

Se nos ha hecho muy tarde para comer, máxime cuando queremos hacerlo en un lugar muy especial para nosotros que se encuentra a unos pasos de Trafalgar square. Se trata de The Sherlock Holmes Pub, situado en 10 Northumberland St, donde con mucha suerte pudimos comer pasadas las tres de la tarde, rodeados de recuerdos de Sherlock Holmes y el Dr. Watson. Este pub cuenta con una amplia carta de comidas y una gran variedad de cervezas. Prueba superada.

Tenemos a 1 km de la Abadía de Westminster, así que caminamos por las calles Whiteall y Parliament, cerradas al tráfico rodado. En el camino descubrimos interesantes estatuas, como las dedicadas a las Mujeres de la II Guerra Mundial, Field Marshall, Monty, Gandhi y Nelson Mandela, entre otras. Menos mal que ya conocemos el interior de la Abadía, pues nos tenemos que conformar con ver el exterior al estar cerrada por los preparativos del funeral de la reina. Los que si que estaban abiertos y concurridos son los pubs de la zona.

Nuestro paseo continúa acercándonos al emblemático Big Ben, nombre por el que se conoce a la gran campana del reloj situado en el Palacio de Westminster, sede del Parlamento británico y que se le asigna a la torre. Aquí optamos por no cruzar el Támesis por el Westminster bridge, pues por el otro lado del río  discurre la interminable cola para velar el féretro de la reina. Fotografiamos la estatua de una reina celta y seguimos caminando por Victoria Embakment, deteniéndonos frente a la London Eye, la noria de 120 metros de diámetro que es la atracción más popular del Reino Unido.

Enseguida vemos el grupo escultórico The Battle of Britain y seguimos caminando a orillas del Támesis, contemplando los barcos que por el navegan o están amarrados. Vemos el monumento dedicado a Samuel Plimsoll y, frente al London Memorial Garden, el grupo escultórico egipcio Cleoplatra’s Leedle, con su imponente obelisco. Debido a las obras en el Támesis, a veces tenemos que abandonar la orilla del río. En la otra orilla vemos imponentes edificios acristalados y a nuestro lado un rádar como los que nos controlaron en las carreteras durante 9 días.

La tarde avanzaba sin pausa, pero al menos querìamos llegar a un puente peatonal de acero que me gusta, el Millenium Bridge (Puente del Milenio), situado casi enfrente de la St Paul’s Catedral, en la que estuvimos en un viaje anterior. Al otro lado del Támesis tenemos The Shard, edificio de forma piramidal y revestido de cristal. Con 309,7 metros de altura es el más alto del reino Unido. Nuestro destino era el emblemático Tower Bridge, que nos conformamos con verlo en la distancia. La tarde no da para más, así que tomamos un vino en el animado The Oyster Shed, situado junto a London Bridge. De aquí al metro y luego al tren, pues tenemos una hora de viaje a nuestro hotel, aunque antes de llegar nos sentamos a cenar en el restaurante Zizzi, de Sutton.

17 de septiembre. Como nuestro vuelo no salía hasta las 15:25 y no nos daba tiempo para ir al centro, aprovechamos para conocer la zona de Sutton, en la que nos alojamos, caminando un rato por su calle central, la Hight street, repleta de comercios, un pequeño centro comercial y la iglesia. No está nada mal. Recogemos luego el equipaje y en taxi nos trasladamos al aeropuerto de Gatwick. Poco más de hora y media de vuelo y estamos en Loiu. El viaje ha concluido.

Este relato no pretende ser una guía de Londres, sino tan sólo una idea de lo que se puede hacer en una jornada. Londres, es mi capital europea favorita, pues tiene tantas cosas para ver…

Escapada británica (4): Gales

Continúo el relato del viaje realizado del 7 al 17 de septiembre pasado por Inglaterra y Gales, que dejaba hace dos semanas en Cornualles. El 12 de septiembre, tras recorrer 190 millas en algo más de tres horas de viaje, cruzamos el Canal de Bristol y nos plantamos en Cardiff, la capital de Gales (Wales en inglés y Cymru en galés). Nos instalamos en el Hotel Ibis Cardiff Gate-International Business Park **, que fue nuestro campamento base durante tres noches y, rápidamente nos desplazamos a Caerleon, distante poco más de 11 millas, en el municipio de Newport. Teníamos prisa pues a las 5 de la tarde cerraban estas ruinas romanas en las que tan sólo nos dio tiempo a ver los restos del anfiteatro y el Roman Legionary Museum, un pequeño pero interesante museo. La entrada cuesta 4,80 libras pero no nos cobraron nada, quizás porque sólo faltaba poco más de media hora para el cierre.

Ya sin prisa, nos tomamos tranquilamente una cerveza en la terraza del pub Ye Olde Bull Inn, junto al que habíamos dejado aparcado el coche, antes de desplazarnos otras 6 millas, todavía en Newport, hasta el Newport Transporter Bridge que, según cuentan, es uno de los siete puentes trasbordadores de todo el mundo que se encuentran en uso, aunque ahora no lo estaba. Obra de la ingeniería eduardina, se construyó en el año 1906 para cruzar el río Usk. El más antiguo lo tenemos muy cerca, entre Portugalete y Areeta-Getxo. Es el Puente Bizkaia, construido en 1893. Es el cuarto de este tipo que conocemos, tras haber visto el de Rochefort (Francia) y el argentino del barrio porteño de La Boca. De esta forma concluyó esta larga jornada que comenzó en Newquay (Cornualles).

13 de septiembre. Fue el día más lluvioso del viaje, pues prácticamente no paró en toda la jornada, así que cambiamos el plan y, en lugar de recorrer algo de Gales, optamos por quedarnos todo el día en su capital, Cardiff o Caerdydd, si usamos su denominación galesa, pues teníamos posibilidad de pasar ratos a cubierto. Como cuando salimos del taxi no llovía, aprovechamos para recorrer el pequeño pero coqueto parque de Alexandra Gardens, donde se encuentra el monumento nacional galés de la guerra. Estamos en una zona en la que abundan las estatuas y dos monumentales edificios, el Ayuntamiento y el Crown Court o Tribunal de la Corona.

Enseguida empezó a llover, así que optamos por la visita más importante que teníamos dentro del plan B, el National Museum Cardiff, uno de los emblemas de la ciudad y el único museo en el Reino Unido en su gama de muestras de artes y ciencia. Particularmente me gustó el amplio espacio dedicado a la ciencia y la zoología, donde vimos una roca lunar, un mamut, dinosaurios, un tiburón ballena, el esqueleto de una ballena jorobada y la tortuga laúd más grande del mundo. En la sección de arte, destacar la escultura “El beso”, de Rodin y el lienzo “La Parisienne”, de Renoir. La entrada es gratis, algo de agradecer cuando todo es tan caro.

De nuevo cesó la lluvia y seguimos caminando entre jardines hasta llegar al emblema de la ciudad, el castillo, cuyo interior no pensábamos visitar pero sí sus jardines. pero ni lo uno ni lo otro, conformándonos con ver el dragón a lo lejos. Hacía cinco días que murió la reina y es lo único que encontramos cerrado en el viaje, probablemente porque en un par de días se esperaba la visita del rey Carlos III. Al mal tiempo, buena cara, así que optamos por tomar un vino en la terraza de un bar de la Hight Street Arcade, una hermosa galería cubierta. De allí nos dirigimos a otro lugar cerrado, el mercado central. Tras la visita comimos en su piso superior, obsequiándonos con unos huevos fritos con patatas.

Entre chaparrón y chaparrón tuvimos que caminar durante casi 2,5 km hasta el Abandoibarra de Cardiff, la Bahía, que aspira a convertirse en el epicentro turístico de la ciudad, concentrando modernistas edificios  como el Wales Millenium Centre, un palacio de congresos al que llaman el armadillo, el The Senedd, la sede del Parlamento galés, y la noria. Tomamos un café, abrimos el paraguas y seguimos hasta la Norwegian Church Arts Centre, una pequeña iglesia anglicana. También hay.y varias esculturas: la figura de Roald Dahl, el Mariner Memorial, World Armoni Peace, Memorial to Captain Scout y la dedicada al Minero de carbón. De allí volvimos al Centro del Milenio, cerca del cual hay una parada de taxis para regresar al hotel.

Qué bien hicimos con cambiar el plan, pues el 14 de septiembre amaneció radiante, el mejor de todas las vacaciones, así que volvimos al plan previsto para el día anterior, con dos importantes lugares para visitar, estando el primero a tan sólo 20 minutos del hotel. Se trata del castillo de Caerphilly (Caerphilly castle), situado en el pueblo del mismo nombre, donde me entretengo fotografiando algunas esculturas antes de acceder a su interior, rodeado por un foso que es el hogar de patos, fochas y un buen grupo de gansos y de cisnes.

El castillo de Caerphilly es una fortificación normanda, siendo el mayor de Gales y el segundo más grande del Reino Unido tras el castillo de Windsor. En su mayor parte fue construido entre los años 1268 y 1271, estando rodeado por varios lagos artificiales que lo protegen a modo de fosos. Las mejores imágenes son las de los reflejos del castillo en el agua. No obstante, merece la pena pagar las 10,10 libras que cuesta la entrada, para acceder a su interior y así contemplar los dragones y el gigante que sujeta las ruinas de una torre.

Gales cuanta con cuatro castillos eduardinos que forman parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, pero nos quedaban muy lejos, en el norte, pero el de Caerphilly ha merecido la pena. Tuvimos más de hora y media de viaje para llegar a nuestro siguiente destino, Tenby, que presume de ser el pueblo más bonito de Gales, cosa que no me extraña, pues las pasamos canutas para encontrar un restaurante en el que poder comer, pues todos estaban a tope y el aparcar en el centro era misión imposible. Lo primero que vimos fueron las murallas.

Al visitar Tenby por la tarde tuvimos la suerte de coincidir con la bajamar, cuando la belleza de esta localidad se engrandece, al quedar al descubierto sus casi 4 km de playas, que hacen que el puerto quede en el interior de ellas y los barcos varados en la arena. Lo mismo sucede con la St Catherine’s island, que pierde su insularidad y aparece unida a la playa. También nos gustó el pequeño castillo situado sobre la colina, el kiosko, el edificio de la estación de los botes salvavidas y las casas de colores. Vamos, una preciosidad de pueblo. Ha resultado un día espectacular, máxime con lo luminoso que ha estado.

Todavía nos quedaban 100 millas, unas dos horas de viaje, para regresar al hotel en Cardiff, pero esta breve escapada por Gales realmente concluyó en Tenby. Al día siguiente salimos hacia Londres. El viaje continúa.

Parque de la Naturaleza de Cabárceno (Cantabria)

Para no salir empachados de tanto “british”, hago un alto en el camino en el relato del viaje por Inglaterra y Gales, para desplazarnos a un lugar que tengo a una hora de coche de casa, en la vecina Cantabria. Se trata del Parque de la Naturaleza de Cabárceno, que acoge a más de un centenar de especies animales de los cinco continentes que viven en régimen de semilibertad, distribuidos en recintos de grandes superficies. Se trata de un paraje kárstico, con una extensión de 750 hectáreas, de una antigua explotación minera a cielo abierto. Hasta el 6 de noviembre el precio de la entrada es de 32€, aunque es mejor consultar horarios y precios en la web https://parquedecabarceno.com/inicio, de donde he obtenido la información de este relato.

El parque cuenta con más de 20 km de carreteras por las que acercarse a los diferentes espacios que ocupan los animales. Debe de haber autobuses que los recorren, pero cuando estuvimos, el 3 de octubre, no los había. Como hacía once años que no visitaba el parque, la novedad fue las dos líneas de telecabinas que lo surcan, con salida de los parking de elefantes y rinocerontes. Lo malo que ahora no paran en su recorrido que, sumando los dos, ronda los 50 minutos. A través del cristal tomé las fotos que aparecen a continuación, aunque se obtienen mejor desde tierra. Eso si, pude fotografiar dos leonas que luego no hubo forma de ver y una buena imagen de la manada de cobos de leche, pues en la zona de elefantes la telecabina va muy baja. Un detalle importante, en la telecabina es obligatorio el uso de la mascarilla, por ser un transporte público.

El recinto de los elefantes consta de 20 hectáreas y está situado junto al pueblo que da su nombre al parque, Cabárceno, así que es el primero que visitamos nada más descender del telecabina. Es también uno de los mejores lugares para contemplar a los animales, pues en él no hay karst. En este recinto los elefantes conviven pacíficamente  con los búfalos de agua y los cobos de leche. De estos últimos, desde el aire vimos un gran grupo, pero ahora sólo tenemos a la vista un ejemplar.

Cogemos el coche y nos volvemos a detener en otro recinto muy extenso y llano. Se trata de una gran pradera de la que sobresalen las cabezas de las jirafas, que conviven con el ave más grande del mundo, el avestruz. Varios de estos ejemplares se acercan a la valla como si los visitantes les dieran comida. Hay una especie más en este recinto, que vive mucho más independiente, el eland, que es el antílope de mayor tamaño del mundo, pudiendo los machos alcanzar los 900 kg de peso, aunque lo que llama mi atención es ver a una hembra amamantando a sus dos crías bastante “creciditas”.

De camino al segundo telecabina nos detenemos en los recintos de otros dos grandes herbívoros, siendo el primero el hipopótamo, a los que vemos por casualidad cuando salen del lago Sexta, que ocupa 2 de las 4,5 hectáreas de las que disponen. En el lago disfrutamos también de la presencia, en perfecta formación, de once patos y una pata. La siguiente cita es ante otro gigantesco animal, contando con la presencia de varios rinocerontes, que enseguida se tumban en el suelo.

Tras el segundo viaje en la telecabina, volvemos al coche, pasamos por la zona de los rinocerontes y nos adentramos en el espacio de la fauna ibérica, la que cuenta con más libertad en el parque, motivo por el que el 3 de octubre estaba prohibido salir del coche, pues los cérvidos estaban en celo. Es la época de la berrea. No obstante, debido a su proximidad, desde la ventanilla del coche podemos fotografiar ciervos, gamos y muflones, algunos con buena cornamenta.

A continuación nos dirigimos a las zonas en las que, por seguridad, se encuentran los animales más difíciles de ver de cerca, máxime al mediodía cuando se encuentran en zonas sombreadas o se recluyen en los recintos cerrados. Tenemos suerte con los guepardos y algo menos con el tigre, uno en libertad y otro enjaulado. A los leones da pena verlos, pues los contemplamos entre rejas. Menos mal que desde la telecabina vimos dos leonas al aire libre.

La siguiente cita la tenemos ante uno de los animales que más me gustan, los gorilas, que son los primates más grandes que existen en el planeta. En Cabárceno los hay desde el año 2007. En nuestra anterior visita, hace once años, los pudimos ver en semilibertad, pero en esta ocasión las fotos que veis a continuación están tomadas a través de un cristal. Eso si, estaban muy cerca, pero daba pena verlos recluidos, aunque ignoro si era por decisión propia, pues tienen libertad de escoger donde se sitúan.

Eran ya más de las 14:30 h cuando decidimos hacer un alto en el camino para comer, así que, como lo permiten, abandonamos por unos metros el parque para sentarnos en la terraza del restaurante Los Renos, donde comimos probablemente mejor y más barato que en el interior. Luego continuamos recorriendo diferentes zonas del parque. Muchos animales estaban “de lunes”, pues se encontraban ocultos, quizás descansando, caso de los lobos, así que nos conformamos con ver algunos que estaban haciendo una guardia solitaria, caso de la cebra, el oryx del Cabo, el bisonte europeo, dos cobos de agua y sendos grupos de camellos y watusis, el más numeroso, que es un ganado de grandes cuernos originario de África oriental.

Para verlos con tranquilidad, dejamos para el final la visita el animal que disfruta del mayor espacio del parque, cerca de 33 hectáreas. Se trata del oso pardo, del que existe un numeroso grupo que deambulan por una zona escarpada y otra más llana que cuenta con una pequeña charca. En ocasiones se pegan mucho a la parte inferior del foso en el que se encuentran, haciendo que su visión sea muy vertical. Comparten aparcamiento con la otra parte el espacio dedicado a jirafas, avestruces y eland.

Cabárceno no es un zoo, así que cuando vayas puede que veas otros animales y dejes de ver algunos de los que hemos visto, pero así es este parque de la naturaleza que además es un poco laberíntico. Eso sí, ten presente que en una jornada es imposible disfrutar de todo.

Escapada británica (3): Cornualles (y 2)

Continúo el relato del viaje realizado del 7 al 17 de septiembre pasado por Inglaterra y Gales, que dejaba la pasada semana en Truro. El 10 de septiembre era el día de mejor previsión meteorológica, así que lo dedicamos a recorrer el sur de Cornualles, pues es la zona que más nos atraía. Iniciamos la jornada deteniéndonos en St Ives, uno de los principales puertos de Cornualles y uno de los que más me ha gustado, remontándose su construcción a los años 1767 a 1770. En nuestra visita contemplamos las casas que se asoman al puerto y sus dos iglesias, entre las que destaca la dedicada a su patrona, Santa La.

Como hemos visto St Ives con bajamar nos desplazamos de inmediato a uno de los lugares cuya visita resulta obligada en Cornualles, St Michael’s Mount, que nos recuerda a su hermana normanda Mont Saint-Michel. Se trata de una isla mareal situada a 366 metros de la población de Marazion, a la que está unida durante la marea baja por una calzada de granito. El interior de la isla en nada se parece a la localidad francesa pues, aunque está coronada por un castillo y una capilla que data del siglo XII, sólo cuenta con un pequeño puerto y las viviendas de su 30 habitantes, que se toman fiesta el sábado no permitiendo el acceso a su interior, así que nos quedamos con las ganas.

Comemos en Marazion y continuamos el viaje hasta nuestro siguiente destino, The Minack Theatre, unas gradas construidas sobre el acantilado. El trayecto es penoso por una estrechísima carretera en la que cruzarse con otro vehículo resulta imposible. Cuando llegamos no nos dejan ni aparcar, pues no tenemos entrada para un espectáculo vespertino, así que, frustrados, nos dirigimos a Mousehole, otro de los pueblos que más me ha gustado, de que Dylan Thomas dijo que es “el pueblo más bonito de Inglaterra”. Llamó nuestra atención una especie de pequeña trainera.

Dejamos de visitar pueblos por hoy y nos dirigimos al Land’s End, un pequeño parque de atracciones situado en el “Finisterre” inglés, su punto más occidental, situado en la península de Penwith. Frente a la costa se encuentran los islotes de Longships. Aprovechamos para estirar las piernas caminando brevemente sobre el borde de sus hermosos acantilados, mientras contemplamos los islotes. Sobre uno de ellos hay un grupo de cormoranes.

Estamos a una hora del hotel, casi el tiempo que falta para que empiece a anochecer, así que decidimos concluir la jornada en Pendeen Lighthouse, un faro ubicado a un par de kilómetros de Penden, en el oeste de Cornualles. La torre, de 17 metros de altura, los edificios y el muro que los rodea fueron construidos por Arthur Carkeek de Redruth. Cuenta con un edificio anexo en el que se ubicaban las cuatro viviendas de los cuidadores del faro, hasta que se automatizó en el año 1995.

El 11 de septiembre iniciamos la jornada en el penúltimo de los pueblos costeros que visitamos en Cornualles, Mevagissey, que ha sido el escenario de una película que recientemente he visto en televisión. Particularmente es uno de los que más me ha gustado, deteniéndonos sobre todo en su curiosa zona portuaria, que cuenta con numerosos pesqueros y dos puertos, uno interior, de origen medieval y otro exterior, que protege al anterior, datando sus muelles del siglo XVIII.

A partir de aquí comenzó a llover con intensidad, así que eliminamos otras visitas que teníamos previstas y nos dirigimos directamente a un lugar que se convirtió en uno de los puntos fuertes de este viaje. Se trata del parque The Eden Project, un gigantesco invernadero construido sobre el cráter que dejó una antigua mina de arcilla. A resguardo de la lluvia, pudimos cerrar los paraguas y disfrutar de la vegetación de diferentes lugares del planeta, todo ello hermosamente ambientado. La única pega es el precio de la entrada, £32.50, por lo que entre las dos parejas dejamos 150,80 €, a lo que hay que añadir la comida que allí realizamos. Tal como estaba el día, fue la mejor opción para esta jornada.

Concluimos nuestro recorrido en un lugar que teníamos marcado en rojo, Polperro, Porthpyra en córnico, un encantador pueblo de poco más de 1.500 habitantes, considerado uno de los más hermosos de Cornualles. Menos mal que dejó de llover, pues tuvimos que dejar el coche a la entrada del pueblo, teniendo que caminar un rato entre hermosas casas antes de llegar a su coqueto puerto. Como la tarde avanzaba ya no había turistas. Nuestra visita concluyó tomando unas cervezas y unas sidras en uno de los pubs más antiguos de Cornualles, The Blue Peter Inn, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI y ocupa una vivienda entera. Fue un magnífico final a nuestro viaje por Cornualles, convirtiendo esta jornada en la más atractiva de las cinco que allí pasamos.

Todavía tuvimos casi una hora de viaje para regresar a Newquay, nuestro campamento base durante las cinco primeras noches. Aún nos quedaban por delante otras tres en Cardiff (Gales) y dos en Londres, pero de ello os hablaré más adelante. El viaje continúa.

Escapada británica (2): Cornualles (1)

Continúo el relato del viaje realizado del 7 al 17 de septiembre pasado por Inglaterra y Gales. La primera noche en Gran Bretaña la realizamos en Cornualles, que era el principal objetivo de este viaje, pues aquí pasamos 4 días completos. Cornualles es también conocido por su versión inglesa, Cornwall, o como se llama en córnico, Kernow. Esta lengua está emparentada con el galés y el bretón, todas ellas celtas. Sus costas están bañadas por el mar Celta, al norte y oeste y por el canal de la Mancha al sur. En el extremo sudoeste de este condado inglés se encuentra el Penn a Wlas, Land’s End, en inglés, emparentado con el Fisterra gallego y el Finistère francés. Con nuestro flamante coche, tomando como punto de partida la población de Newquay, recorrimos unas cuantas millas por este territorio.

El Hotel The Glendeveor ***, de Newquay, fue nuestro campamento base durante cinco noches para recorrer Cornualles. Newquay es una turística población de más de 20.000 habitantes, capital del surf, que cuenta con una amplia oferta de hoteles  y restaurantes. Aquí tuvimos por primera vez algo que luego sería habitual, el típico desayuno inglés a base de alubias, huevos revueltos, salchichas y bacón. Enfrente del hotel se encuentra la iglesia The Parish Church of St Michael the Archangel, aunque lo que más nos agradó de esta población, que casi no visitamos por falta de tiempo, fue su fachada costera, con los acantilados que separan un grupo de buenas playas y The Island, un afloramiento rocoso habitado, unido a tierra firme por un puente.

Las previsiones anunciaban lluvia para todos los días, por lo que fuimos modificando nuestro programa para adaptarlo a la climatología, dedicando el día 8 a recorrer el norte del territorio, comenzando en el pequeño pueblo de Boscastle, que cuenta con un coqueto puerto que aprovecha una ensenada natural protegida por dos muros de piedra, construidos en 1584 por Sir Richard Grenville. Este pueblo se dio a conocer el 16 de agosto de 2004, fecha en la que sufrió un dramática inundación que no causó ninguna víctima humana. En Boscastle entramos por primera vez en un pub y que existía un buen aparcamiento, con parquímetro, como luego sucedería en todos.

La siguiente cita la tuvimos en un pequeño pueblo de nombre Tintagel, lugar emblemático de Cornualles, pues según la leyenda aquí nació en el siglo VI el rey Arturo. Esto hace que las ruinas de un castillo del siglo XIII, al que se accede por un moderno puente, congreguen a multitud de visitantes dispuestos a pagar £16.00 (casi 19€), por ver cuatro piedras. Si no quieres aflojar la pasta, puedes coger el coche y dirigirte al Camelot Castle, desde el que se tiene una preciosa vista del conjunto, cosa que hicimos, obsequiándonos por mucho menos dinero con una botella de vino rosado fresquito para los cuatro.

Continuamos la jornada dirigiéndonos a Port Isaac, un pequeño pueblo de poco más de 700 habitantes. Aprovechando que no llovía, en un banco del aparcamiento aprovechamos para comer el bocadillo. De repente un chaparrón que enseguida paró, pero que sería lo habitual durante todo el día. Por un camino emprendido descendimos hasta el pequeño puerto, que está rodeado de coquetas casas y varios restaurantes. En uno de nos tomamos un café y, antes de volver al coche, los más ricos pasteles del viaje.

Seguimos recorriendo la costa, siendo nuestro siguiente destino la localidad de Padstow, que cuenta con una población de algo más de dos mil habitantes y está ubicada en el único estuario fluvial de la costa norte de Cornualles. Es conocida por sus ricos fish and chips, de los que no disfrutamos pues ya habíamos comido. Como en los pueblos anteriores nos dedicamos a contemplar las casas de su fachada costera, siendo lo más interesante su amplio puerto, que, por la tarde, cuenta con una luz especial.

A partir de Port Isaac y especialmente en Padstow el tiempo mejoró considerablemente, disfrutando de momentos de sol, por lo que concluimos la jornada en el lugar en el que pensábamos haberla iniciado, Carnewas at Bedruthan, unos espectaculares acantilados sobre los que caminamos brevemente por un sendero acondicionado, ya que la tarde avanzaba inexorablemente y no quería arriesgar a tener que conducir de noche. Eso sí, el aparcamiento también es de pago.

9 de septiembre. Pensábamos ir al sur, pero como las previsiones no son muy buenas, optamos por el sudeste de Cornualles, siendo nuestra primera cita en Falmouth, una población de unos 22.000 habitantes, que cuenta con una calle repleta de comercios. Situada en la desembocadura del río Fal, para nosotros su principal atracción, como en todas las poblaciones costeras, es su puerto, que presume de formar junto con Carrick Roads, el puerto natural más grande de Europa occidental y el tercero del mundo. La bandera inglesa se encuentra a media asta por la reina Isabel II, fallecida el día anterior.

Al final el día ha quedado precioso, así que nos animamos a visitar el Trelissick Garden, situado en Feock y propiedad del National Trust, cuyo acceso resulta bastante caro, £13,00 por persona, a los que hay que añadir £5,00 del parking. Se trata de un enorme jardín con abundantes y flores y plantas, bastantes de ellas exóticas. En la parte superior de la ladera, asomándose al estuario del río Fal, se encuentra la mansión neoclásica de la propiedad, que data de 1755. Merece la pena la visita de este encantador lugar que cuenta con dos bares y un área de pic nic, donde por segunda y última vez comimos de bocadillo.

Aunque el día sigue frecuentemente soleado, por si llovía, en el plan de hoy teníamos recorrer la capital de Cornualles, Truro, dejando el coche aparcado muy cerca de su centro urbano, que se articula en torno al Hall for Cornwall, construido en 1846, como complejo municipal que albergaba el ayuntamiento y distintas dependencias, siendo ahora el lugar de artes en vivo más grande de Cornwall. A su entrada se encuentra la escultura de bronce de un baterista de Tim Shaw. Sin embargo, lo que más nos sorprendió fue su monumental Catedral, que data de finales del siglo XIX. En su interior había un libro de firmas de condolencia por la reina Isabel II, fallecida el día anterior.

Llevamos dos jornadas completas y nos está gustando Cornualles, donde todavía pasamos los dos próximos días. El viaje continúa.

Escapada británica (1): Stonehenge y Bath

Del 7 al 17 de septiembre hemos realizado la sexta escapada del año, con destino a Inglaterra y Gales. Como el día 8 falleció la reina Isabel II, casi toda nuestra estancia ha coincidido con el luto oficial, que no ha afectado en nada a nuestro proyecto de viaje. Vueling enlaza tres veces al día el aeropuerto de Bilbao con el londinense de Gatwick, con un buen precio y una excelente puntualidad, estando el avión en el aire tan sólo hora y media. En el aeropuerto cambiamos el coche que teníamos reservado por un Mercedes de cambio automático que me facilitara un poco la conducción. En él viajamos con otra pareja de amigos.

Me daba un poco de pereza este viaje, por tener que llevar pasaporte, cambiar libras y conducir por la izquierda, cosa que hice durante un montón de millas que, traducidas a kilómetros, se convirtieron en 2.000. Una cosa buena que tienen Inglaterra y Gales es que las autopistas son gratuitas. Eso sí, en cuanto abandonas las rutas principales, las carreteras son penosas. Por contra hay muchos aparcamientos, pero hay que pagar en casi todos. Nuestro coche era de gasoil, cuyo precio era unos 20 céntimos de libra más caro que la gasolina, oscilando entre 1,82 y 1,87 libras el litro (más de 2,10 €). Nuestro plan consistía en pasar 5 noches en Newquay (Cornualles), 3 en Cardiff (Gales) y 2 en Londres y así lo hicimos.

Con el cambio de hora, a las 8 de la mañana ya estábamos en el aeropuerto londinense de Gatwick y una hora después, tras desayunar, nos poníamos en marcha. Hasta Newquay teníamos 267 millas y unas 4 horas y media de viaje, así que, cuando llevábamos un tercio de viaje, teníamos prevista una parada en esa maravilla que es Stonehenge, que no visitaba desde el año 2009. Se trata de un monumento megalítico tipo crómlech, construido entre el 3100 aC y el 2000 aC, situado cerca de Salisbury, que desde 1986 forma parte del Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Stonehenge está ahora muy cambiado, ya que han construido un enorme centro de visitantes en el que luego malcomimos. En contra de lo que había leído, no tuvimos que reservar la entrada con antelación, bastando con pasar por taquilla y abonar las 17 libras que cuesta la entrada (unos 20 €), que incluye el autobús que te traslada hasta el monumento megalítico situado a 1,5 km, rodeado por un foso y praderas en las que pastan ovejas y vacas. Junto a la entrada hay unas réplicas de unas chozas, que evocan cómo vivían hace 4.500 años en esta zona de Inglaterra.

Nos quedaban por delante tres horas para llegar a Newquay, donde pasamos 5 noches para recorrer Cornualles. De allí nos trasladamos a Cardiff, la capital de Gales, donde pasamos otras 3 noches. Volveré más adelante a hablar de estos lugares, pero abro un paréntesis y me traslado al 15 de septiembre cuando, camino de Londres, hicimos un alto en el camino, al igual que en Stonehenge, para dedicar unas dos horas y media a “picotear” a Bath, ciudad situada a 21km al SE de Bristol y a una hora de viaje desde Cardiff. Desde 1987 forma parte del Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, siendo uno de sus principales monumentos la Abadía, que tan sólo nos dio tiempo a ver por fuera, contemplando también la Fuente de Rebeca, situada junto a ella.

El objetivo principalmente de nuestra parada en Bath consistía en visitar la joya de la ciudad, las termas romanas, situadas junto a la Abadía. Se encuentran bajo el nivel de la calle, accediendo a ellas por un elegante edificio. Como en casi todos los lugares, la visita no resulta nada barata, pues la entrada cuesta 23 libras (más de 25 €), precio que asciende a £25,50 los fines de semana. Los descuentos para mayores de 65 años suelen ser tan sólo testimoniales (en este caso una libra). El precio incluye una audioguía en castellano. El recinto cuenta también con un pequeño pero interesante museo.

Como Bath no era más que un complemento del viaje, nos dispusimos de mucho tiempo para visitar esta encantadora ciudad, a la que pensamos volver en tren desde Londres, pues se puede llegar en menos de hora y media, la mitad que en coche. Cuenta la ciudad con monumentales edificios georgianos, como el que alberga las termas y los ocupados por museos. Nos llamó la atención contemplar mujeres vestidas con trajes de época en varios lugares, supongo que a sueldo de las autoridades turísticas.

Bath ocupa un precioso emplazamiento en un meandro del río Avon y cuenta con numerosos parques como los Parade Gardens, donde concluimos la visita a la ciudad gracias a las indicaciones de Karmele, pues en caso contrario nos habríamos perdido contemplar el monumental puente Pulteney, diseñado por Robert Adam y finalizado en 1773, que es uno de los cinco puentes habitados existentes en el mundo. En el canalizado río pudimos ver un cisne. La sorpresa la tuvimos al llegar a casa, cuando mi mujer se dio cuenta de que la imagen del cuadro que realizó en punto de cruz hace muchos años, cosa que ignoraba, corresponde a este puente.

Llegamos justo a las 5 de la tarde al aeropuerto de Gatwick, hora en la que teníamos que devolver el coche, pues para Londres no lo necesitábamos. Teníamos por delante 46,5 horas hasta tomar el vuelo de regreso a Bilbao, en una ciudad que se preparaba para el funeral de la reina Isabel II, pero eso es otra historia. La próxima semana espero hablar de Cornualles, el principal objetivo de este viaje.