SICILIA (2): El Casale, Enna y Siracusa

Continúo el relato del cuarto viaje del año, realizado del 10 al 20 de mayo a Sicilia, que dejaba la pasada semana tras visitar los templos de Agrigento. El principal objetivo para el día 14 consistía en visitar un lugar que ya conocíamos, pero que en nuestro anterior viaje nos impactó por ser una de esas cosas únicas en el mundo. Situada a 92 km de nuestro hotel, en las afueras de Piazza Armerina, se trata de la Villa del Casale, una villa romana que desde 1997 forma parte de la selecta lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Está tan bien conservada gracias a una capa de barro que la cubrió tras una inundación.

La Villa del Casale es famosa gracias a la excepcional colección de mosaicos que alberga en su interior, que ocupan unos 3.500 metros cuadrados, con imágenes de héroes y dioses, escenas de caza, juegos y vida cotidiana. Varias salas dan a un patio con sus pórticos cubiertos de mosaicos y una fuente en el centro. Uno de los lugares más espectaculares es el pasillo de la Gran Caza, de 71 metros de largo, con un gran mosaico con escenas de la captura de animales africanos, como rinocerontes, leones, elefantes y antílopes, y su traslado en barco a Roma. Sin embargo, quizás el mosaico más conocido es el de la sala en la que aparecen 10 muchachas en bikini, practicando diferentes pruebas deportivas.

Como se había echado la hora, nos desplazamos 8 km hasta el centro de Piazza Armerina para picar algo, cosa que hicimos en el Caffé del Centro, degustando una pequeña pizza y una especialidad muy siciliana, el arancini, unas bolas de arroz empanadas y fritas, cuyo relleno puede variar. En nuestro caso una fue de ragú y otra de queso. Son como una bomba que te deja lleno. Antes de comer dimos un corto paseo cuesta arriba hasta lo alto de la colina, donde se encuentra el Duomo, mientras contemplamos otros antiguos edificios.

Para visitar por la tarde elegimos la población de Enna, distante 31 km y erigida en lo alto de un escarpado cerro a 931 metros de altitud, sobre el que se levanta el castillo de Lombardía. Partiendo del mirador del Belvedere, la mayoría de los palacios, iglesias y el Ayuntamiento se encuentran a lo largo de una calle, adornada con cuadros. Sólo accedimos al interior de dos iglesias, la de Santa Chiara y a la más espectacular de todas, que nos encantó, el Duomo, dedicado a Maria Santissima della Visitazione, que forma parte del Patrimonio de la Humanidad UNESCO. Eso si, todos los bares estaban cerrados.

Como lo habíamos visto desde el Belvedere de Enna, nos desplazamos tan sólo 6,5 km al pueblo que teníamos en frente, también construido sobre un cerro, Calascibetta. Nada más llegar a su parte alta nos sorprendió un buen chaparrón, así que aprovechamos para tomar un café en el único lugar prácticamente llano, la plaza a la que se asoma la iglesia de María Santissima del Monte Carmelo. Como era tarde y el tiempo inseguro sólo visitamos los alrededores, donde se encuentra la Grote di Vía Carcere, antiguas cuevas excavadas en la roca, siendo una de ellas una antigua prisión. También nos acercamos hasta el Museo della 500, dedicado al pequeño Fiat, pero estaba cerrado. Todavía tuvimos por delante 89 km para regresar a nuestro hotel en Agrigento.

El 15 de mayo tuvimos unas previsiones meteorológicas espantosas que luego se cumplieron, pues nada más salir de desayunar comenzó una fuerte tormenta, con rayos, truenos y mucho viento, así que nos recluimos en la habitación hasta las 11 de la mañana, cuando dejó de llover y pudimos emprender el viaje a nuestro siguiente destino, Siracusa, distante 210 km, eligiendo para pasar las tres siguientes noches en el que luego resultaría con mucho el mejor hotel del viaje, el Mercure Siracusa Prometeo ****. Luego supimos que en Agrigento hubo inundaciones y en Siracusa había alerta naranja, por lo que cerraron la zona arqueológica que pensábamos visitar. Siracusa nos recibió con un fuerte chaparrón y las calles llenas de charcos, así que nueva espera en la habitación hasta media tarde, cuando definitivamente dejó de llover, animándonos a salir con paraguas y chubasquero hacia el centro histórico. Contemplamos el Santuario della Madonnina y pasando junto al Panteón, continuando hasta el Ponte Umberto y la Dársena, donde se encuentra la escultura de Archimede. La segunda noche descubrimos que cerca del hotel teníamos un buen restaurante, el Nabu, dejándonos asesorar por la chef, así que repetimos la noche siguiente.

Nuestro destino en Siracusa fue el centro histórico de Ortigia un lugar plagado de edificios históricos que desde el año 2005 forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, dándonos la bienvenida el antiguo templo griego dedicado al dios Apolo. De allí continuamos hacia la piazza del Duomo, a la que se asoman la Catedral barroca y tres monumentales palacios, el de Beneventano de Bosco, el del Senato, sede del Ayuntamiento y el de Arcivescovile e Ipogeo. Hicimos una pausa para tomar un café y el postre más tradicional de Sicilia, el canolo, una masa frita y crujiente rellena de ricotta, aunque el relleno puede variar. Continuamos caminando hasta el extremo de Ortigia, donde se encuentra el castello Maniace, deteniéndonos de regreso ante la impresionante fuente de Arethusa y en la piazza Archimede, donde se encuentra la preciosa Fontana di Diana. Al final no llovió y pudimos caminar algo más de 7 km.

Debido a las intensas lluvias del día anterior, el 16 de mayo tuvimos que cambiar de planes, para visitar lo que habíamos dejado pendiente, que además estaba a unos pasos de nuestro hotel. Se trata del Parque Arqueológico de Neápolis de Siracusa, que también forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Lo primero que vimos fue el Altar de Hierón, de 198 metros de longitud y 22,8 metros de anchura, construido entre el 241 y el 215 aC dedicado a Zeus Eleutherios. De allí nos trasladamos al Teatro griego, que nos decepcionó bastante, por estar las gradas preparadas para espectáculos. Sobre él se encuentran las cuevas que forman parte de la Necrópolis de Grotticelle. Antes de salir nos detuvimos en el Anfiteatro romano, excavado en la propia roca y adornado con la escultura “Ícaro blu”.

He dejado para el final lo que más me gustó del recinto arqueológico, la Oreja de Dionisio, una cueva excavada en la roca por esclavos, que sirvió como cantera para extraer piedra y como cárcel, en la que Dionisio recluía a los disidentes para poder escuchar sus planes debido a su buena acústica. En su entorno se encuentra la llamada Latomia del Paraíso, una antigua cantera. Todo este recinto está rodeado de vegetación y adornado por numerosas esculturas.

Hemos estado ya en algunos de los lugares más importantes de Sicilia, pero todavía nos quedaba mucho por recorrer, aunque de ello espero seguir hablando la próxima semana. El viaje continúa.

SICILIA (1): Los templos griegos

Con bastante retraso, inicio el relato del cuarto viaje del año, realizado del 10 al 20 de mayo, que tuvo como destino la isla de Sicilia. El comienzo fue un poco problemático pues el vuelo de Volotea con destino a Palermo salió con casi dos horas de retraso, lo que nos permitió conocer la sala VIP del aeropuerto de Bilbao gracias a la tarjeta VISA. Eso si, llegamos a Sicilia pasada la media noche. Menos mal que, pese a la hora intempestiva, nos vinieron a recoger de nuestro alojamiento, Residence Villa Rosa Dei Venti ****, con el que lo teníamos incluido en el precio. Eso si, entre pitos y flautas, pese a estar ubicado en Cinisi, a poco más de 8 km del aeropuerto, hasta la una y media de la madrugada no nos fuimos a la cama, así que no pudimos disfrutar de la coqueta habitación con terraza a la piscina, ya que a las 9 de la mañana nos tenían que devolver al aeropuerto para recoger el coche.

El 11 de mayo estábamos de nuevo en el aeropuerto para tramitar la recogida del coche que teníamos reservado con la compañía Noleggiare. Allí nos entregaron un coche enorme, un Peugeot 5008, con el que recorrimos 1.800 km por Sicilia, aunque nuestro primer destino se encontraba a tan sólo 90 km, en el noroeste de la isla, en las salinas de Nubia, cerca de Trapani. Se trataba del Relais Antiche Saline ****, un sencillo pero confortable alojamiento a 90 € la noche con desayuno, el más barato con diferencia del viaje. El trato era muy familiar, así que en cuanto llegamos nos dieron la habitación. Por la noche disfrutamos de una espectacular puesta de sol, adornada con la Torre Nubia.

El Hotel no tiene restaurante, así que nada más instalarnos en la habitación, caminamos 350 metros hasta la Salina Culcasi di Nubia con idea de comer en la Trattoria dei Sale, cosa que luego hicimos tras visitar el interesante Museo del Sale, ubicado en el antiguo molino. Luego disfruté de un espectacular plato de pasta con marisco, así que volvimos a cenar, en este caso una riquísima sepia a la parrilla. Al día siguiente por la noche volvimos a las salinas para ver la puesta de sol y luego cenar en La Torre di Nubia, ubicado a unos 2 km del hotel, junto a la torre del mismo nombre. Nos encantó el hotel y esta zona de salinas.

Tras comer y un poco de siesta, pues la noche anterior habíamos dormido poco, nos desplazamos 9 km hasta las afueras de Trapani, para coger el Funivia Trapani-Erice, un teleférico con servicio constante que enlaza estas dos poblaciones. Erice se encuentra en lo alto del Monte Giuliano a unos 751 metros. Es el pueblo que más me ha gustado de Sicilia. Está parcialmente amurallado, accediendo a su interior por la Porta Trapani, llegando enseguida al Real Duomo y Torre de Re Federico. Pasamos junto a varias iglesias y la Piazza della Logia, para luego subir hasta el Castello di Venere. No ha estado nada mal esta primera jornada y qué suerte tuvimos, pues al día siguiente Erice estuvo oculto por las nubes.

La jornada del 12 de mayo prometía ser una de las más interesantes del viaje, teniendo la primera parada en el Parque Arqueológico de Segesta, una antigua ciudad habitada por los Elimi, pobladores de esta zona antes de la llegada de los riegos. Como había 14 autobuses con escolares, tras aparcar el coche cogimos un autobús que te sube hasta una colina en la que se encuentra un espectacular teatro griego muy bien conservado, construido a finales del siglo III aC con capacidad para 3.000 personas. De nuevo junto a la entrada deambulamos por uno de los templos griegos mejor conservados, que data del siglo V aC.

Unos 35 km después, con idea de parar a comer, nos detuvimos en Gibellina, pueblo reconstruido unos 20 km más abajo del original, pues fue completamente arrasado por el terremoto de 1968. Se autoproclama como “Ciudad del Arte Contemporáneo”, por contar con numerosas esculturas de artistas de fama mundial, pero las que más nos interesaban no conseguimos dar con ellas. Parecía un pueblo fantasma, aunque encontramos un bar para poder comer tras contemplar la la Porta del Belice, más conocida como la Stella di Consagra, por el nombre de su autor, Pietro Consagra.

La tarde avanzaba cuando nos desplazamos 30 km hasta un lugar de cuyo nombre nunca me acuerdo, Selinunte. Por error pasé primero por el puerto pesquero, antes de acercarnos a nuestro destino, el Parque Arqueológico de Selinunte, el más extenso de Europa, que cuenta con restos de numerosos templos de orden dórico, repartidos a lo largo de 270 hectáreas, El más interesante y mejor conservado es el Templo E, conocido también como el Templo de Hera, aunque hay quien dice que fue dedicado a Afrodita, construido hacia mediados del siglo VI aC. Junto a él se encuentra la cantera.

Continuamos el paseo caminando hasta el Museo Baglio Florio, que exhibe objetos encontrados durante las excavaciones en el parque. Mientras esperábamos al vehículo eléctrico que nos desplazó al siguiente templo, aprovechamos para tomar un café. Nuestro destino era el segundo templo mejor conservado de Selinunte, el C, un templo griego de estilo dórico muy antiguo, construido a mediados del siglo VI aC. Aquí empezamos a ver lo caras que son las entradas en Sicilia, pues entre Segesta y Selinunte, entre los dos hemos dejado casi 80 €. Y acabamos de empezar. De aquí tuvimos casi 100 km para regresar al hotel.

El 13 de mayo tuvimos que recorrer 182 km para llegar a una nueva localidad, Agrigento, en la que pasamos dos noches en el Hotel Della Valle ****. Una vez instalados en la habitación, nos trasladamos a un lugar muy cercano y que ya visitamos en el año 2000. Se trata del Área Arqueológica del Valle de los Templos, que desde 1997 forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, por ser el conjunto de templos griegos mejor conservado del mundo, visitando en primer lugar el de Giunone o Juno, para luego desplazarnos al mejor de todos, el de la Concordia, construido en la segunda mitad del siglo V aC, delante del cual se encuentra la escultura “Ícaro caído”, obra de Igor Mitoraj.

Continuamos recorriendo el Área Arqueológica del Valle de los Templos de Agrigento pasando por la Necrópolis paleocristiana y observando el proyecto de recuperación de la Capra Girgentana. Visitamos a continuación la sala de exposiciones de Villa Aurea, bordeamos los jardines de la Kolymbethra y nos acercamos a las columnas que se conservan del Templo de Hércules o Heracles (Tempio di Ercole), para concluir nuestro recorrido contemplando el templo de los Dioscuros (Tempio di Castore e Pulluce), que data del siglo V aC. Finaliza aquí una jornada intensa, con la mañana de viaje y la tarde de templos.

Hemos estado ya en algunos de los lugares más importantes de Sicilia, pero todavía nos queda mucho por recorrer. El viaje continúa.

Por tierras de Albacete (y 2)

Continúo el relato de la escapada realizada a la provincia de Albacete del 7 al 11 de abril, que dejaba la pasada semana en Almansa. El 9 de abril iniciamos la jornada desplazándonos 55 km hasta el primero de los pueblos en los que se rodó “Amanece, que no es poco”, una película de humor absurdo dirigida y escrita por José Luis Cuerda, estrenada en enero de 1989. Se trata de Liétor un pueblo de algo más de mil habitantes en el que teníamos contratada una visita guiada, única forma de ver sus iglesias. Estamos en uno de los pueblos más bonitos de Castilla-La Mancha, siendo el que más me gustó en esta escapada. La primera cita fue en le iglesia parroquial de Santiago Apóstol, construida en el siglo XVIII, llamando la atención el trampantojo de su retablo mayor. Guarda también la sección de Etnografía del Museo parroquial, muy interesante por cierto.

Al lado tenemos la Plaza Mayor, presidida por el Ayuntamiento y la hermosa Fuente del Pilar. Comienza entonces el recorrido por las estrechas callejuelas d su casco antiguo, pasando por varios lugares que sirvieron de decorado a la mencionada película, siendo el más interesante de esta localidad la ermita de Nuestra Señora de Belén, en la que su atractivo reside en que está completamente decorada con pinturas populares, realizadas entre 1734 y 1735, con una gran variedad iconográfica.

Continuamos nuestro recorrido por Léitor, acercándonos a los miradores situados sobre un acantilado, que dominan la vega del río Mundo. Junto a uno de ellos se encuentra una de las tirolinas más grandes del Mundo, en alusión al río, que vuela a 105 metros de altura durante dos minutos. Todavía nos queda una iglesia por ver, la de San Juan de la Cruz, perteneciente al convento de los Carmelitas Descalzos, cuya cripta guarda varios cuerpos momificados. Mucho más agradable fue la última visita al antiguo lavadero, que funcionó entre los años cincuenta y ochenta del siglo pasado.

Comimos en Léitor y nos desplazamos 21 km a otro de los escenarios de la película “Amanece, que no es poco”, que cuenta con una población de 608 habitantes, Aýna, en el que llamó nuestra atención el acento sobre la y. Sin embargo poco nos dijo, pues cuando lo visitamos parecía un pueblo fantasma con los bares cerrados. Lo más interesante lo tuvimos antes de llegar, cuando nos detuvimos en dos miradores, primero en el del Diablo, desde donde se contempla todo el pueblo y, más adelante, en el Sidecar, protagonista en la citada película, como lo fue Amancio Palacios, que hizo de asesor político. Por ello, que le llamen “la Suiza manchega”, me parece un poco pretencioso.

Aunque la tarde avanzaba, pese a quedarnos lejos, 73,5 km, como estaba a tan sólo 12 km del Parador, decidimos acercarnos a Chinchilla de Monte-Aragón, localidad dominada por el símbolo de esta población, el castillo de origen árabe. Aunque ya habíamos estado en Chichilla diez años antes, no conocíamos un lugar muy pintoresco, las Casas del Agujero, cuevas-vivienda excavadas en la roca, cuyo origen se remonta al siglo XVI, cuando la población musulmana y judía fue expulsada de sus viviendas.

Ya que estábamos en Chinchilla decidimos acercarnos a tomar un vino al centro de su casco antiguo, la plaza de La Mancha o Plaza Mayor, a la que se asoman los principales edificios de esta población, como la barroca Casa Consistorial, situada junto a su antiguo acceso, el Arco de la Villa. En el otro lateral está la neoclásica Torre del Reloj y, enfrente, la iglesia arciprestal de Santa María del Salvador. Casi al lado se encuentra un imponente palacio, la Casa solar de los Núñez Cortés. De aquí regresamos al Parador.

Iniciamos el día 10 con muchos kilómetros por delante hasta Riópar, donde nos detuvimos a tomar un café en el restaurante Los Bronces, sorprendiéndonos que sobre la barra había un póster del Athletic. Nuestro destino estaba 8 km más adelante en el parking de la explanada de los Chorros, punto de partida para subir caminando durante menos de media hora por un sendero perfectamente acondicionado, hasta la base de un escarpe de unos trescientos metros de altura. En él nace el río Mundo, precipitándose el agua desde la cueva de los Chorros en forma de cascada de 86 metros de altura. Caminando otros veinte minutos llegamos al segundo mirador, desde donde se contempla de más cerca la cascada superior, que resulta impresionante cuando se produce el “reventón”, tras varios días de lluvias intensas He estado en dos ocasiones en este lugar, pero no he tenido la suerte de coincidir con ese fenómeno.

A 12 km tuvimos nuestro siguiente destino, Villaverde de Guadalimar, un pueblo del que nunca había oído hablar que cuenta con una población de tan sólo 310 habitantes pero, como estaba tan cerca, allí nos fuimos. Nuestro objetivo consistía en caminar por la Senda Encantada, un espacio cargado de historias y leyendas, de gnomos, ninfas y elfos, en el que algunos de los pinos del bosque han sido esculpidos con curiosas formas. Discurre esta ruta, de una hora de duración, en torno al arroyo de los Pajares,

Como nos pillaba de paso, 38 km más tarde nos detuvimos en Molinicos, un pueblo de 785 habitantes, que fue el tercer escenario de la película “Amanece, que no es poco” y que se encuentra bañado por el arroyo de Fuente de la Higuera. Sus casas están casi todas en cuesta, siendo prácticamente el único lugar llano la plaza que ocupan el antiguo y el nuevo Ayuntamiento. Sin embargo, lo que más llamó mi atención fueron los numerosos murales que aparecen dispersos por la población.

La tarde avanzaba, pero todavía tuvimos tiempo para desplazarnos hasta Yeste, población de 2.509 habitantes situada a 25 km de Molinicos, por una carretera que pasa junto al embalse de la Fuensanta. Su edificio más notable es el castillo, antigua fortaleza islámica del siglo XI junto a la que se encuentra la Torre del Homenaje del siglo XIV. Entre los siglos XIII y XVI sirvió de residencia de los comendadores de la Orden de Santiago. Otro edificio de interés es la iglesia gótica de la Asunción. Aquí concluyó esta ajetreada jornada, teniendo por delante 129 km para regresar al Parador.

El 11 de abril, tras visitar el Museo de la Cuchillería, del que ya os hablé, nos dispusimos a cubrir los 655 km que nos separaban de Leioa.

Os muestro a continuación otros lugares que visitamos hace 10 años. Así, el 21 de abril de 2015 estuvimos recorriendo la Hoz del Júcar, visitando los hermosos pueblos de Jonquera y Alcalá del Júcar.

Un día después, tras acercarnos al nacimiento del río Mundo, visitamos Riópar Viejo y Alcaraz.

Próximo destino: Sicilia.

Por tierras de Albacete (1)

Para la tercera escapada del año elegimos un destino que hacía 10 años que no visitábamos, la provincia de Albacete, que tiene una extensión bastante grande, 14.858 km², y una población de 389.070 habitantes, de los que casi la mitad, 174.137, viven en su capital, a la que nos desplazamos del 7 al 11 de abril, tras cubrir los 655 km que nos separaban de Leioa. Es la provincia más oriental de Castilla-La Mancha y, debido a su tamaño, no pudimos recorrerla en su totalidad, así que lo que os muestro a continuación es lo que hicimos en cinco días.

Para pasar las cuatro noches de esta escapada elegimos un alojamiento con un buena relación calidad-precio, el Parador de Albacete ****, situado en las afueras de la capital, en medio de la nada, en el km 251 de la CN-301. Las habitaciones de este confortable alojamiento se ubican en torno a un patio interior y cuentan con muebles castellanos. Dispone de amplios jardines y una piscina. El restaurante oferta gastronomía manchega, pudiendo disfrutar en la cena de un plato de migas como a mí me gustan.

El 7 de abril, tras instalarnos en el Parador y quedar con nuestros amigos madrileños, nos dirigimos al centro de Albacete, distante 5,5 km, dejando el coche en el Parking Catedral, ubicado junto al primer edificio que visitamos, la Catedral de San Juan Bautista, que se comenzó a construir en 1515, aunque se fue demoliendo según se avanzaba, datando la que ahora vemos del año 1949, cuando se concluyó en estilos neorrománico y neogótico. De su decoración interior destacan las pinturas realizadas por Casimiro Escribá, que constituyen una de las mayores obras pictóricas del mundo realizadas por un único autor, representando episodios de la Biblia.

A tan sólo 200 metros de la Catedral tuvimos la siguiente cita en una coqueta zona verde, la plaza Altozano, a la que se asoma la antigua Casa Cortés, que fue sede del Ayuntamiento. Cuenta con una fuente, numerosas flores y varias esculturas, como la reproducción de una de las más emblemáticas del arte íbero, la Bicha de Balazote. Desde 1998 está también el monumento al Cuchillero, añadiéndose en 2023 el dedicado al albaceteño José Luis Cuerda, autor y director de la película “Amanece, que no es poco”, cuyos escenarios de rodaje recorrimos en días siguientes.

Callejeamos luego por Albacete en busca de otro lugar emblemático, el Pasaje Lodares, monumental galería comercial situada entre las calles Tinte y Mayor, construida a semejanza de las galerías italianas y proyectada por el arquitecto valenciano Buenaventura Ferrando Castells en 1925. De vuelta al parking ví un par de coloristas murales y la estatua dedicada a Isabel de Portugal, señora de Albacete entre 1526 y 1539. Es una réplica de la original, que se encuentra en el Museo del Prado. De esta forma concluyó la primera jornada.

Aunque no lo visitamos hasta el día 11 por la mañana, antes de abandonar el Parador, incluyó aquí la visita que realizamos a un lugar que no hay que perderse en Albacete, el Museo de la Cuchillería, ubicado en la plaza de la Catedral en la casa de Hortelano, un palacete de principios del siglo XX. Este museo expone obras de arte únicas del mundo de la cuchillería de todos los tipos, estilos, materiales y épocas. También recrea un antiguo taller cuchillero y muestra antiguas fotografías y una buena colección de tijeras.

El día 8 de abril iniciamos a jornada desplazándonos 67 km hacia el este hasta la población de Alpera, que ronda los 2.300 habitantes y cuenta con varios atractivos en la periferia de su centro urbano, acercándonos en primer lugar al curioso Pozo de la Nieve, construcción perteneciente a la arquitectura de piedra seca para almacenar hielo. Tiene un diámetro de 17,5 metros, una profundidad de 10 y una cúpula de 7 metros de altura. Una vez en el centro visitamos la parroquia de Santa Marina, construida durante los siglos XVII y XVIII, el antiguo lavadero y el mercado. Contemplamos también el Ayuntamiento, la ermita de San Roque, los hermosos murales y las decoradas botellas de vino de la Bodega Santa Cruz, a la que luego fuimos a comprar vino, que decoran la población. Cuenta también con la Trilladora T-110, fabricada en Gasteiz en 1914.

Más lejos del centro de Alpera se encuentra su principal atractivo, que hay que visitar  con guía. Se trata de la Cueva de la Vieja, un abrigo de notables dimensiones que desde 1998 forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Cuenta con 170 imágenes, entre las que destacan 33 arqueros, 15 ciervos, 10 cabras, 5 toros y un caballo. Tras comer en un bar de la población, volvimos a las afueras para bajar la comida caminando por el Parque de la Mejorada, de 12 hectáreas de extensión y ejemplares de gran edad de pino carrasco y encinas. En una esquina del parque se encuentra el Templete de la Santa Cruz.

Tras el paseo por Alpera, de nuevo a la carretera para cubrir los 22 km que nos separaban de una población mucho mayor, Almansa, que cuenta con más de 24.000 habitantes, en la que antes destacaba una actividad venida a menos, el calzado y otros artículos de piel, pues ahora sólo hay abierto un Outlet. El gran atractivo de Almansa es su castillo, de origen almohade (siglo XII), aunque reconstruido en el siglo XIV cuando pasó a manos del infante don Juan Manuel. Dispone en su interior de un Centro de interpretación y zona arqueológica.

Una vez visitado el castillo hicimos lo propio con otros dos lugares que se encuentran casi al lado, comenzando por el Palacio de los Condes de Cirat, que data del siglo XVI y es en la actualidad la sede del Ayuntamiento. En un patio anexo encontramos la colección de esculturas modernistas de José Luis Sánchez. Al lado tenemos iglesia arciprestal de la Asunción, frente a la que se encuentra la llamada Fuente de los patos, que realmente son cisnes. El parque cercano, al que nos desplazamos para tomar un vino en una terraza, supuso el final de nuestra visita a Almansa. Por delante tuvimos 69 km para regresar al Parador.

Todavía nos quedan unos cuantos lugares por visitar en la provincia de Albacete. La escapada continúa.

Viaje a Andalucía (y 8): Marbella y Estepona

Continúo el relato del viaje realizado por tierras andaluzas del 17 al 28 de marzo, que dejaba la pasada semana tras visitar la ciudad de Málaga. El 27 de marzo iniciamos un nuevo recorrido por la costa malagueña, deteniéndonos cuando llevábamos menos de 18 km, en el municipio de Benalmádena, para visitar el exterior del castillo de Colomares (2 € los jubilados), pues no hay acceso al interior. Fue construido entre 1987 y 1994 para homenajear a Cristóbal Colón y presume de ser uno de los monumentos más famosos y hermosos de la provincia de Málaga. Cuenta con un bar en el interior del recinto.

La siguiente parada la tuvimos 37 km después en Marbella, población en la que en un anterior viaje nos gustó su casco antiguo. Dejamos el coche en el Parking APK2 Arias Maldonado, situado en la calle del mismo nombre, bastante cerca de la oficina de turismo, ubicada muy cerca junto al Paseo Marítimo, donde hicimos una pausa en la terraza de un bar. Caminamos por el paseo hasta la playa del Faro, donde se encuentra la estatua de Venus haciendo esquí acuático. Desde allí observamos al fondo la costa africana.

Enseguida abandonamos el paseo para caminar por otro lugar emblemático de Marbella, la avenida del Mar, un paseo peatonal que nos conduce al casco antiguo y que se ha convertido en un mueso al aire libre, pues su parte central la adornan un buen grupo de surrealistas esculturas de bronce obra de Salvador Dalí. Esta avenida conduce sin solución de continuidad al parque de la Alameda, un oasis en el centro de la ciudad, que cuenta con abundante arbolado, bancos decorados y una coqueta fuente central.

Cruzamos la avenida Ricardo Soriano y ya estamos en el casco antiguo, al que accedemos por la pintoresca y estrecha calle San Lázaro y nos dirigimos al centro de la parte antigua, la preciosa plaza de los Naranjos, en la que se encuentra el Ayuntamiento y la Casa del Corregidor y a la que se asoma la ermita de Santiago. De allí nos dirigimos a la iglesia de Santa María de la Encarnación, magnífico ejemplo de la arquitectura religiosa andaluza. Deambulamos luego por la parte vieja con rumbo a la calle Ancha, a cuyo final se encuentra la iglesia del Santo Cristo de la Vera Cruz. Concluido este recorrido, con todos los restaurantes abarrotados, deshacemos lo andado para comer, muy bien por cierto y con una excelente relación calidad-precio, en La Almadraba del Puerto, en la plaza de la Victoria, donde se encuentra la famosa ranita.

La siguiente cita la tuvimos a 33 km, en una localidad que no conocía, Estepona, cuyo casco antiguo es un buen ejemplo de pueblo andaluz, con casas encaladas adornadas con numerosas macetas con flores, así que deambulamos por sus calles, como el pasaje Maruja Mallo y la calle Concepción, con rumbo a un lugar icónico de Estepona, la plaza de las Flores. También nos acercamos a la iglesia de Ntra Sra de los Remedios, remodelada en 1772. Frente a ella se encuentra la estatua de uno de sus párrocos, Manuel Sánchez.

Una vez recorrido el casco antiguo, nos dedicamos a caminar por el Paseo Marítimo, que bordea la playa de Estepona y que está adornado por diferentes esculturas, siendo la que más me gustó “El viajero”, de  Juanjo San Pedro, que parece estar mirando a nuestro destino situado al final del paseo. Se trata del nuevo icono de Estepona, el Mirador del Carmen, un equipamiento cultural inaugurado en 2023, que en su planta 12 tiene el Cielo Skybar, que cuenta con una espectacular vista panorámica. Hay que pagar 3 € por utilizar el ascensor, que luego te descuentan de la consumición. De aquí regresamos al Parador, dando por concluida esta jornada.

El 28 de marzo, como no teníamos el vuelo hasta avanzada la tarde, decidimos aprovechar la mañana para una visita que teníamos pendiente y que nos encantó. el Museo del Automóvil y la Moda, situado en av de Sor Teresa Prat, 15 (entrada 4 €). Como no teníamos transporte público decidí llevar el coche, pues cuenta con un amplio aparcamiento. Lo que no sabía es que lo utilizan los vecinos de la zona, no pudiendo aparcar hasta dar tres vueltas. El museo merece realmente la pena, pues en sus trece salas pudimos contemplar casi un centenar de exclusivos vehículos restaurados y más de 200 piezas de alta costura.

A continuación nos desplazamos al centro de Málaga. Resulta difícil aparcar, así que lo hicimos en el parking más grande, el del Muelle Uno, bajo el Centre Pompidou, así que caminamos por lugares que ya conocíamos, pasando por el parque de Málaga, y la zona en la que amarran los cruceros. Teníamos un lugar pendiente de visitar, la plaza de la Merced, en la que se encuentra el obelisco en homenaje al General Torrijos, que luchó por la Constitución y fue fusilado en Málaga en 1831. Pasamos frente a la iglesia de Santiago y, como nos gustó dos días antes, volvimos a comer a la calle Granada.

No lo teníamos previsto pero, de regreso al coche, pasamos frente a un lugar del que nos habían hablado muy bien, el Museo de Málaga, que ocupa el Palacio de la Aduana, un edificio de estilo neoclásico proyectado en 1788 al estilo de los palacios renacentistas italianos, con un patio central porticado. Este museo es fruto de la unión de dos museos provinciales, el de Bellas Artes y el Arqueológico. Su tamaño es enorme, pues cuenta con más de 15.000 fondos de arqueología y unas 2.000 obras de arte desde el siglo XV al contemporáneo. Lástima de no haber dispuesto de más tiempo para disfrutarlo.

Rápidamente regresamos al Parador Málaga Golf, donde habíamos prorrogado la estancia hasta las 6 de de la tarde, así que solo nos quedó un breve tiempo para contemplar por última vez el mar Mediterráneo desde la terraza de la habitación, mientras veíamos cómo jugaban al golf en el campo que teníamos al lado. El aeropuerto lo teníamos a tan solo 5 km, así que pudimos devolver el coche antes de la hora prevista, las 18:30, y embarcar con tranquilidad pues nuestro vuelo de Volotea salía a las 20:25 h llegando al aeropuerto de Bilbao a las 10 de la noche.

De esta forma concluyó este intenso viaje por tierras andaluzas. Salimos de Bilbao el 17 de marzo con un día precioso y llegamos a Málaga cuando llovía con ganas. Cuando volvimos sucedió al revés, pues fue Loiu quien nos recibió con un buen chubasco.

Viaje a Andalucía (7): Málaga capital

Continúo el relato del viaje realizado por tierras andaluzas del 17 al 28 de marzo, que dejaba la pasada semana tras recorrer varios lugares de la provincia de Málaga. El 26 de marzo lo dedicamos a “patear” la capital malagueña. Para ello nos dirigimos al cercano Centro Comercial Plaza Mayor, donde dejamos aparcado el coche para tomar un tren de RENFE Cercanías hasta la estación Málaga Centro Alameda. Desde ella caminamos 550 metros hasta nuestro primer destino, el Mercado Central de Atarazanas, un amplio local con numerosos puestos de productos frescos y algunos de hostelería. Particularmente nos detuvimos en los de frutas, verduras y hortalizas y en los abundantes de pescado.

Salimos del mercado en busca de la Alameda Principal, por la que caminamos unos metros para llegar al monumento al Marqués de Larios, que se encuentra en la confluencia que da acceso a la emblemática calle malagueña del mismo nombre, que tenía ganas de conocer pues suele ser famosa por sus luces de Navidad. Pese a que dicen que es la quinta calle comercial más cara de España, no me dijo nada, así que la abandonamos por la calle Moreno Monroy, contemplando un curioso banco, enseguida los paneles de la “Farola de Orellana” y, más adelante, un mimo.

Pronto divisamos la torre de la Catedral de Nuestra Señora de la Encarnación, nuestro siguiente destino, aunque antes nos detuvimos ante el Palacio Episcopal, de finales del siglo XVIII, cuya elegante fachada luce con los rayos del sol. El origen de la Catedral se sitúa en 1487, aunque su construcción se alargó varios siglos. Lo primero que hicimos fue subir por una interminable escalera a lo alto de la torre campanario, de 87 metros de altura, para ver la proyección de realidad virtual, que no me dijo nada. Su interior cuenta con varias capillas, destacando la Capilla Mayor y el Coro.

A unos pasos de la Catedral, en la calle San Agustín, se encuentra nuestro siguiente destino, el Museo Picasso Málaga, cita obligada cuando se visita esta ciudad, pues responde al deseo del artista de que su obra estuviera presente en la ciudad de Málaga, en la que nació en 1881. La colección reúne 233 obras de la amplia variedad de estilos materiales y técnicas que dominó. También pudimos ver dos exposiciones temporales ya concluidas, la proyección de sombras “More Sweetly Play the Dance”, de William Kentridge y “Picasso: los cuadernos de Royan”.

Consultamos cuáles eran las mejores zonas de Málaga para picar algo, así que como se había echado la hora de comer, nos dirigimos a una de ellas pues la teníamos muy cerca. Se trata de la animada calle Granada, peatonal y con numerosos locales hosteleros. Casi en la esquina con la plaza del Carbón, degustamos un par de raciones en La Quintonería Majreta, para luego continuar nuestro recorrido, observando unos murales, hacia los Cines Albéniz, frente a los que se encentra la estatua dedicada al filósofo y poeta local Salomón Bel Gabirol. No había mucha gente en la calle pero, cuando volvimos dos días después, viernes, estaba abarrotada.

Enfrente tenemos uno de los pocos teatros romanos que han sobrevivido a los siglos, construido en el año 51 de nuestra era. Por él se accede al monumento que más me impresionó de Málaga, pues fue un grata sorpresa. Se trata de la Alcazaba, fortaleza medieval cuyos orígenes se remontan al siglo X, aunque fue ampliada durante la ocupación musulmana. Está rodeada de murallas de estilo árabe, contando con varias puertas, salas y patios con jardines y fuentes. Es como una Alhambra en pequeño. Desde lo alto se tiene unas magníficas vistas del puerto, la Catedral y la plaza de toros.

Tuvimos que caminar luego 800 metros, atravesando el parque de Málaga y la zona del Muelle Uno, para llegar a otra construcción emblemática, el Cubo, que alberga el Centre Pompidou Málaga, inaugurado el 28 de marzo de 2015 como primera sede del Centre Pompidou París en el exterior. Fue una pena pues estaban renovando las exposiciones temporales, por lo que solo pudimos contemplar la permanente, que ofrece un recorrido por el arte de los siglos XX y XXI y la exposición “Place-Ness. Habitar un lugar”, ya clausurada, con obras de gran formato.

Avanzaba la tarde cuando abandonamos el Centre Pompidou, teniendo a nuestra salida el Muelle Uno, centro comercial al aire libre inaugurado en noviembre de 2011, dentro de un plan de integración del puerto de Málaga con la ciudad. Aprovechamos para tomar un café en uno de sus bares, para luego dar un paseo por el Palmeral de las Sorpresas y el Parque de Málaga, pasando ante el edificio de la Autoridad Portuaria y enfilando la Alameda Principal para dirigirnos, tras caminar 1,5 km, a la estación Málaga Centro Alameda, donde cogimos el tren de RENFE Cercanías hasta la estación Plaza Mayor, el centro comercial situado cerca del Parador Málaga Golf.

De esta forma concluyó esta ajetreada jornada por la capital malagueña, pero todavía nos quedaban dos jornadas para seguir conociendo nuevos lugares. El viaje continúa.

Viaje a Andalucía (6): De los montes de Málaga a Mijas y Nerja

Continúo el relato del viaje realizado por tierras andaluzas del 17 al 28 de marzo, que dejaba la pasada recorriendo los 144 km que nos separaban de nuestro siguiente destino, Málaga. Nada más salir de Granada empezó a llover con fuerza, además de hacer mucho frío, pues poco antes de llegar a Málaga estuvimos a 7 grados. Para pasar las cinco últimas noches de esta escapada escogimos el Parador de Málaga Golf ****, con una excelente relación calidad-precio y muy práctico para desplazarnos por la provincia, sin sufrir los atascos de la capital, dado que se encuentra al borde de la Autovía MA-20, Málaga -Algeciras, en la salida de Coín. Cuenta con piscina exterior y salida a la playa, que estaba muy sucia por las últimas riadas tras intensas lluvias. Los amaneceres fueron extraordinarios.

Llegamos al Parador a primera hora de la tarde del 23 de marzo y, tras instalarnos en la habitación y ver que la lluvia ya había cesado, nos dirigimos en coche al cercano Paraje Natural de la Desembocadura del Guadalhorce, que cuenta con dos senderos señalizados con los nombres “Río Viejo” y “La Laguna Grande”, de unos 2 km de recorrido cada uno, que parten de un mismo punto, así que recorrimos los dos hasta los diferentes miradores acondicionados para observar aves que, por cierto, no abundaban. Lo que si que había es bastantes charcos y zonas embarradas, pues había llovido muchísimo en marzo, llegando a desbordarse el río Guadalhorce.

Como el 24 de marzo era lunes y muchos lugares cierran ese día, optamos por desplazarnos a los Montes de Málaga, para caminar por el sendero circular Contadoras-Mirador de Pocopán, de 5,38 km y un desnivel positivo de 202 metros, cuyo punto de partida se encuentra a 31 km del Parador, al que se accede por un carretera repleta de curvas. Desde lo alto se tiene una excelente panorámica de la montaña malagueña y de la capital. Pensábamos estar solos y nos encontramos con tres autobuses de niños que los llevaron al Aula de la Naturaleza de «Las Contadoras” y dos más con jóvenes que realizaron la misma ruta que nosotros. Al terminar aprovechamos para comer muy buena comida casera en el Restaurante Fuente de la Reina, ubicado junto a la monumental fuente del mismo nombre, al borde de la carretera.

Como disponíamos de toda la tarde libre, decidimos trasladarnos a una coqueta localidad que no conocía, Mijas, dejando el coche cerca de la oficina de turismo, sita en la plaza Virgen de la Peña, 2, donde nos proporcionaron un mapa, sacando las primeras fotos al emblemático burro de la localidad, en bronce, a los tiestos y a los burros-taxi. Casi al lado se encuentra un buen mirador, la ermita de la Virgen de la Peña, capilla excavada en la roca en el siglo XVII, el antiguo molino de harina y el pequeño pero curioso Museo de miniaturas Carromato de Mijas.

Nos dirigimos a continuación a la popular plaza de la Constitución, que cuenta con una fuente en el centro. Fotografío la escultura “Cuna de pastores”, bordeamos la fortaleza y subimos hasta la plaza de toros, construida en el año 1900. Casi al lado tenemos la iglesia de la Inmaculada Concepción. Luego tuvimos que bajar para callejear por el casco antiguo, disfrutando de estrechas callejuelas adornadas con macetas con flores, hasta llegar a la fotogénica calle de San Sebastián, a cuya entrada se encuentra la iglesia de la que toma el nombre, que data de finales del siglo XVII. Nuestro recorrido concluyó en un bar situado frente al Ayuntamiento.

El 25 de marzo iniciamos la jornada desplazándonos hasta Nerja, donde se encuentra la cueva más hermosa de la provincia de Málaga, para la que habíamos comprado la entrada para las 11:30 h al precio de 13,50 € los mayores de 65 años, que incluye audioguía, sala de realidad virtual y Museo de Nerja. A la entrada de la cueva hay un amplio aparcamiento de pago al precio de 0,029 €/minuto. La temperatura media en el interior de la cueva es de 19ºC, por lo que no se precisa ropa de abrigo.

Como tuvimos que esperar para acceder a la sala de realidad virtual, que merece realmente la pena, aprovechamos para recorrer el anexo Jardín Botánico, que recoge la flora y vegetación típicamente mediterránea de la zona, más en concreto del sector malacitano-almijarense, con representación entre otros lugares de los Montes de Málaga y del lugar en el que ahora nos encontramos, la Axarquía malagueña. Tuvimos la suerte de ver también una ardilla.

Nos desplazamos a continuación al centro de Nerja, deteniéndonos previamente para fotografiar el Acueducto del Águila, construido entre los años 1879 y 1880 para trasvasar el agua necesaria con destino a una fábrica de azúcar. Dejamos el coche en el Aparcamiento Balcón de Europa, ubicado en la plaza de España, bajo el Ayuntamiento y la oficina de turismo. Aprovechamos para picar algo en un bar de la plaza, para visitar a continuación el Museo de Nerja, ubicado en el otro extremo de la plaza, que recoge una buena colección de piezas arqueológicas, muy bien presentada por cierto, procedentes de la Cueva de Nerja. Nos gustó menos la modernista exposición temporal Mona Guerra, que concluyó el 12 de mayo.

Nerja es una de las localidades más turísticas de la provincia de Málaga, así que aprovechamos para “patear” su casco antiguo, comenzando por un lugar que teníamos al lado, el Balcón de Europa, un magnífico mirador sobre la costa, en el que se encuentra la estatua de Alfonso XII. Al lado está la barroca iglesia del Salvador. Continuamos callejeando hasta llegar a la plaza Cronista Pepe Pascual, para concluir nuestro recorrido fotografiando una réplica del barco de Chanquete, que nos recuerda que aquí se rodó la serie “Verano Azul”.

La tarde todavía no ha concluido, pues nos queda de visitar uno de los pueblos más bonitos de España, que presume de ser el más pintoresco de la provincia de Málaga. Se trata de Frigiliana, que cuenta con un entramado de estrechas calles empedradas con casas encaladas y adornadas con floridas macetas, pero como sucediera en Mijas, en la costa luce el sol pero en las zonas altas las montañas atrapan las nubes, pero Frigiliana nos sorprendió con un buen chaparrón, del que nos resguardamos en la oficina de turismo, sita en la cuesta del Apero, 10. Fotografío primero la plaza del Ingenio, donde se encuentra la antigua fábrica de miel de caña. Luego, bajo el paraguas, iniciamos un deslucido recorrido por la calle Real y el barrio Morisco, para concluir en una antigua bodeguilla tomando una copita de vino moscatel a 1 €.

La siguiente jornada la dedicamos a Málaga capital, pero de ello espero hablar la próxima semana. El viaje continúa.

Viaje a Andalucía (5): La Alhambra de Granada

Continúo el relato del viaje realizado por tierras andaluzas del 17 al 28 de marzo, que dejaba la pasada semana tras recorrer el Albaicín granadino. El 22 de marzo, nada más desayunar, nos dirigimos a uno de los puntos fuertes de este viaje, la Alhambra de Granada que, desde 1984, forma parte de la selecta lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. La entrada teníamos a tan solo 300 metros del hotel. Como no llovía optamos por visitar primero los hermosos Jardines del Generalife, que forman parte del palacio del mismo nombre, que fue la residencia de recreo del sultán y su familia, por estar a unos pasos de los palacios de la Alhambra. Desde los jardines se tiene una espectacular vista del Alcázar.

Lo que era la antigua ciudad nazarí de la Alhambra cuenta con amplios espacios hoy convertido en hermosos paseos con vistas que vamos recorriendo, pues aunque las previsiones climatológicas no eran buenas, seguía sin llover. Como entramos temprano, no había mucha gente, que aumenta según avanza la jornada hasta llegar a 8.500 visitantes en un solo día. Menos mal que compré las entradas por Internet con más de dos meses de antelación, pues el 22 de marzo ya no había entradas hasta finales de mayo. También nos adentramos en los baños de la mezquita.

Las entradas llevan fecha y hora, pudiendo recorrer libremente toda la Alhambra excepto los Palacios Nazaríes, en cuyo acceso nos tuvimos que presentar a las 11:30 h. La parte más exclusiva de la Alhambra está formado por tres palacios, siendo el primero el más antiguo, el de Mexuar, en cuya sala principal abundan los azulejos y celosías originales. De éste pasamos al Palacio de Comares o Diván, construido en torno al hermoso patio de los Arrayanes que, con su alberca, constituye una de las imágenes emblemáticas de la Alhambra. Aquí se encuentra el famoso Salón del Trono.

Finalmente llegamos al tercer palacio, el que nadie quiere perderse y en el que más tiempo se detienen los visitantes. Se trata del Palacio de los Leones o Harén, la zona privada del sultán Mohamed V, en la que residía con su familia y con su harén. Aquí se encuentra el famoso Patio de los Leones, la joya indiscutible y más fotografiada de la Alhambra. Es la tercera o cuarta vez que lo visito y cada vez se ve desde más lejos la fuente de los leones, pero resulta mejor para fotografiarlos sin gente.

Salimos de los Palacios Nazaríes por la zona opuesta a la que entramos, repleta de jardines, que nos da acceso al Partal, un hermoso palacio con un pórtico de cinco arcos, la Torre de las Damas y un gran estanque exterior. Construido en el siglo XIII, fue la primera residencia de los reyes nazaríes que se instalaron en la Alhambra. Contemplamos como telón de fondo el Mirador de San Nicolás, en el Albaicín, donde estuvimos la tarde anterior y continuamos caminando pasando junto a la Torre de los Picos y la iglesia de Santa María de la Encarnación.

Nuestro siguiente destino es la zona más antigua de la Alhambra, situada sobre una colina que domina la población de Granada, así que las vistas son espectaculares. Se trata de la Alcazaba, cuya función fue eminentemente militar, pues es una gran fortaleza protegida por murallas y cuatro torres defensivas. Se accede al conjunto por la Puerta del Vino, junto a la que se encuentran los baños. Al salir, como lucía un poco el sol, aprovechamos para comer un bocadillo de tortilla en el kiosko que se encuentra a los pies de las murallas.

La última visita a la Alhambra fue a la única zona de acceso gratuito, el Palacio de Carlos V, notable obra renacentista, mandada construir por el emperador Carlos V como lugar de recreo junto a la Alhambra. Sus construcción comenzó en 1527 pero no se concluyó hasta el siglo XX. En su interior alberga en la actualidad dos museos, aunque solo tuvimos tiempo de visitar el de Bellas Artes, que está muy bien por cierto, y de ver el documental “Alhambra escenario de cine”. El Museo de la Alhambra queda para otra ocasión, pues tuvimos que salir con prisa para coger el microbús que nos trasladó de nuevo al Albaicín para visitar los palacios de la Dobla de Oro que nos faltaban y que cerraban a las 17 h, pero de ello ya os hablé en la anterior entrega.

El 23 de marzo, tras desayunar cogimos de nuevo al autobús C30 que nos trasladó al centro y más en concreto a la Plaza Nueva. Desde el bus fotografié la escultura de Fray Luis de Granada, situada frente a la iglesia de  Santo Domingo. Luego nos acercamos a la Real Chancillería de Granada y a la iglesia de San Gil y Santa Ana, para más tarde bordear la Catedral y tomar sendas fotos de la estatua dedicada a Alonso Cano y del monumento al Aguador.

El día anterior compramos una entrada para tres monumentos, siendo dos de ellos la Catedral y la Capilla Real, faltándonos por visitar el Real Monasterio de San Jerónimo, cosa que pudimos hacer gracias a la amabilidad del recepcionista del Hotel Porcel Alixares, que nos permitió demorar dos horas la salida. La verdad es que mereció la pena la visita a este conjunto arquitectónico renacentista formado por un monasterio con su claustro y la iglesia, cuya obra se debe en su mayoría a Diego de Siloé. En el templo destaca la capilla mayor, que supone el punto de partida de la escultura andaluza, con la especial intervención del maestro Pablo de Rojas.

Nuestro recorrido por Granada estaba tocado a su final, así que emprendimos el regreso a la plaza de Isabel la Católica, punto de partida de nuestro autobús, aunque de camino pasamos por notables edificios, como la iglesia del Perpetuo Socorro, la Basílica de San Juan de Dios, el Colegio Mayor de San Bartolomé y Santiago y la Colegiata de los Santos Justo y Pastor, construida por los jesuitas entre 1575 y 1621. Cuando llegábamos a nuestro destino vimos como un grupo de costaleros entrenaban para llevar un paso de Semana Santa, sustituyendo las imágenes por bloques de hormigón. En esta ocasión tuvimos suerte de que estuviera a punto de salir el autobús C35, que nos dejó en la misma puerta del hotel, dando así por concluida nuestra visita a esta encantadora ciudad.

Llegamos al hotel poco antes de la hora acordada sin tener que abrir el paraguas en Granada. Recogimos el equipaje, pagamos y bajamos al aparcamiento. Nada más salir comenzó a llover con ganas. Por delante teníamos 144 km, hora y media de viaje, para llegar a nuestro siguiente destino, Málaga. El viaje continúa.

Viaje a Andalucía (4): Por el Albaicín granadino

Continúo el relato del viaje realizado por tierras andaluzas del 17 al 28 de marzo, que dejaba la pasada semana tras recorrer las sierras de Cazorla y Segura. El 21 de marzo, tras viajar 178 km llegamos a nuestro siguiente destino, Granada, donde pasamos dos noches en el Hotel Porcel Alixares ****, situado en Paseo de la Sabica, 40, a tan sólo 300 metros del acceso a la Alhambra y de la parada de los autobuses C30 y C32 que, con salidas frecuentes, conducen al centro y al Albaicín. El hotel cuenta con restaurante y aparcamiento cubierto cerrado, de pago.

Aprovechando que no llovía, tras instalarnos en el hotel, nos dirigimos directamente a la parada del autobús C32 para dirigirnos al Albaicín, bajándonos en la parada del mirador de San Nicolás. Tras caminar tan sólo unos pasos nos dirigimos a este mirador, desde el que se tiene la mejor vista de conjunto de la Alhambra de Granada, que tiene como telón de fondo los montes de Sierra Nevada. Junto al mirador, en el que había muy poca gente para lo que suele ser habitual, se encuentra la iglesia de la que toma el nombre y la Mezquita de Granada.

El pintoresco barrio del Albaicín forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, así que aprovechamos para recorrerlo y visitar varios monumentales lugares con la Dobla de Oro, adquirida conjuntamente con la entrada a la Alhambra y que incluye ocho monumentos. Como la mayoría cierra a las 17 h, esa tarde sólo pudimos visitar el Palacio de Dar al-Horra, construido en el siglo XV como residencia de la madre de Boabdil. Después nos acercamos a la iglesia de María Santísima de la Aurora y San Miguel Bajo, construida sobre una antigua mezquita, de la que solo se conserva el aljibe nazarí del siglo XIII.

De nuevo en el autobús volvemos al centro para visitar el segundo monumento, pues cerraba a las 20 h. Se trata del Corral del Carbón, una antigua alhóndiga andalusí de 1336, la única que permanece en pie en la Península Ibérica. Cuenta con una elegante fachada y un patio de tres plantas con galerías. De allí nos trasladamos al Cuarto Real de Santo Domingo, llamado Palacio de Almanzarra por los reyes musulmanes, que servía para su retiro durante los días del Ramadán. Se conserva lo más hermoso de todo, el antiguo salón de recepciones llamado Cuarto Real.

Finalmente aprovechamos la tarde, dedicándonos a continuación a callejear por el centro histórico, contemplando la estatua del insigne Yahuda Ibn Tibon y la calle Virgen del Rosario, apara a continuación dirigirnos al coqueto Ayuntamiento de Granada, situado en la plaza del Carmen, ya que se trataba del convento de Carmelitas Calzados. Destaca en él su patio interior y la estatua ubicada sobre el reloj llamada “El instante preciso”, realizada por el escultor Ramiro Megías. Las fotos las tomé dos días más tarde cuando lo visitamos con buen tiempo. Al lado tenemos la animada calle Navas, donde tomamos un vino con su tapa, para luego pasar por la plaza de Isabel la Católica, de donde sale el autobús C30 que nos condujo de regreso al hotel.

El día 22 de marzo. tras pasar la mañana en la Alhambra, de la que os hablaré en la  próxima entrega, volvimos a coger el autobús C32 al Albaicín, para continuar visitando los monumentos incluidos en la Dobla de Oro, comenzando en las Casas del Chapiz, dos viviendas moriscas del siglo XVI, que cuentan con un interesante jardín con vistas a la Alhambra y constituyen un buen ejemplo de arquitectura doméstica hispanomusulmana. La siguiente cita la tuvimos en la Casa Morisca de Horno de Oro, del siglo XVI, en la que destaca su patio, que cuenta con una alberca y está enmarcado con dos pórticos con columnas nazaríes.

Recorriendo el Albaicín nos detenemos en la placeta de la Harina para contemplar la escultura dedicada a uno de los gitanos más conocidos de finales del siglo XIX, Mariano Fernández “Chorrojumo”. También vemos la dedicada al bailaor Mario Maya Fajardo, ubicada a los pies de la Alhambra. Visitamos luego los tres monumentos que nos faltaban, los baños árabes de El Bañuelo, que datan del siglo XII, lo que queda del hospital nazarí, El Maristán de Granada, del siglo XIV y finalmente, tras evitar un buen chaparrón, la Casa Zafra, residencia de importantes aristócratas andalusíes en el siglo XIV. Mientras que los otros lugares cierran a las 17 h, por la tarde ésta abre de 17 a 20 h.

Seguimos a la carrera, así que de nuevo volvemos al autobús que nos traslada a la puerta de nuestro siguiente destino, la Catedral de la Encarnación, obra pionera de su estilo, pues está considerada como una de las construcciones renacentistas más importantes de España y, más en concreto, del herrerismo. Su construcción la inició en 1506 Enrique Egas en estilo gótico, empezando realmente las obras en 1529 de la mano de Diego de Siloé, que no las vio terminadas, pues las concluyó Alonso Cano en 1563.

Anexa a la Catedral pero con entrada diferente se encuentra otra joya granadina, la Capilla Real, construida entre 1506 y 1517 para albergar los cuerpos de los Reyes Católicos tras su fallecimiento, pues decidieron descansar para la eternidad en la bella ciudad de Granada. Levantada en estilo gótico, anterior a la Catedral, puede decirse que esta última es un anexo de la Capilla Real. Las fotos que aparecen a continuación las he obtenido de Internet, pues están prohibidas, según me dijeron por poder ser objetivo de atentado terrorista.

A la carrera conseguimos cumplir todos nuestros objetivos en Granada, pero nos pegamos una buena paliza, así que decidimos hacer una pausa para comer las famosas croquetas en Los Manueles, para luego dirigirnos de nuevo a tomar un vino a la animada calle Navas. Nada más sentarnos en la terraza comenzó el chaparrón, pero nos refugiamos bajo un toldo, antes de emprender el regreso, ya sin lluvia, en autobús al hotel. Hemos paseado todo el día el paraguas, pero no hemos tenido que abrirlo. Habréis visto que hemos utilizado muchísimo los microbuses de Alsa. Os informo que el billete ocasional cuesta 1,60 €, pero en el hotel nos aconsejaron comprar en el autobús un Credibús (2 €) y recargarlo allí mismo, en nuestro caso con 10 €, pues así el viaje cuesta 0,45 €. La misma tarjeta sirve para los dos.

Todavía me queda mucho que mostraros de Granada, principalmente su principal monumento, la Alhambra, pero ello espero hacerlo la próxima semana. El viaje continúa.

Viaje a Andalucía (3): De Córdoba a las sierras de Cazorla y Segura

Continúo el relato del viaje realizado por tierras andaluzas del 17 al 28 de marzo, que dejaba la pasada semana tras recorrer la ciudad de Córdoba. El 19 de marzo en el Hotel Eurostars Palace nos dejaron amablemente prorrogar un par de horas nuestra salida del hotel, así que pudimos acercarnos a Madinat Al-Zahra (Medina Azahara), la misteriosa ciudad que Abd-al Rahman III mandó construir a los pies de Sierra Morena, que se encuentra a unos 8 km de Córdoba y desde el año 2018 forma parte del Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Junto al aparcamiento se encuentra el museo y el auditorio en el que se proyecta el interesante audiovisual “Madinat al-Zahra la ciudad brillante”, que nosotros vimos tras la visita, pues de repente llegaron tres grandes grupos, así que nos dirigimos al aparcamiento para tomar el único medio de acceso a la antigua ciudad, un autobús que cobra 3 € ida y vuelta. La entrada es gratis, pero hace falta para tomar el autobús. Con tanta lluvia caída, Córdoba está verde.

De esta forma pudimos visitar en solitario esta antigua ciudad. La tradición indica que Abd al-Rahman III se autoproclamó califa en el año 929 y tras ocho años de reinado decidió edificar una ciudad palatina en honor a su favorita, Azahara. La ciudad se dispone en tres terrazas rodeadas por una muralla, ubicándose el Alcázar en la parte superior, no escatimando medios y materiales en su construcción, convirtiéndose en el buque insignia del Califato. La terrazas inferiores, situadas fuera de la muralla, fueron dedicadas a viviendas y a la mezquita.

Tras visitar la antigua ciudad volvimos al hotel para recoger el equipaje e iniciar la ruta a nuestro nuevo destino en la provincia de Jaén, del que nos separaban 214 km, deteniéndonos a comer un gigantesco bocadillo de chorizo nada más abandonar la autovía A-32, en la estación de servicio Euroil-La Recta, cerca de Torreperogil. Luego hicimos dos breves paradas para contemplar la población de Cazorla, con el castillo situado sobre ella, y en el mirador del Puerto de las Palomas, desde donde tuvimos una amplia panorámica de las sierras de Cazorla y Segura, con la localidad de Arroyo Frío a sus pies.

Concluyó esta jornada en el Parador de Cazorla ****, al que creo que le sobra alguna estrella, ubicado en medio de la nada, en el corazón del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas. En él pasamos dos noches disfrutando de su gastronomía y de una zona muy tranquila, tanto que animales salvajes se acercan a él, incluso saltando la valla que rodea su amplio jardín, donde se encuentra la piscina. Un día vimos, casi pegado a la valla, un enorme macho de cabra montés.

El objetivo de nuestro viaje a esta zona de la provincia de Jaén fue realizar la Ruta del Río Borosa, que al completo tiene unos 22 km entre ida y vuelta. Para ello el 20 de marzo nos desplazamos a Torre del Vinagre, distante unos 25 km del Parador, de donde sale una estrecha carretera de 1,7 km hasta el amplio aparcamiento situado al comienzo de la ruta, que en temporada alta se llena, cerrándose el acceso. La primera parte del recorrido se realiza por una amplia pista que bordea el impetuoso río, que cuenta con varios rápidos y pequeñas cascadas.

Nuestro recorrido fue mucho más corto, poco más de 9 km entre ida y vuelta, pues nos fijamos como meta la llamada Cerrada de Elías. Para ello hay que abandonar la pista para caminar por un sendero, muy bien señalizado por cierto, que discurre rodeado de vegetación y paralelo al río Borosa hasta llegar al puente de los Caracolillos, donde cruzamos el río. Enseguida el camino se estrecha entrando en la zona más hermosa de la ruta pues discurre por un angosto cañón, la Cerrada de Elías, realizando el último tramo caminando por unas pasarelas de madera, emblema de la ruta. Desde allí tuvimos que desandar el camino para regresar al punto de partida.

Concluido nuestro recorrido por la Ruta del Río Borosa, tuvimos la suerte de que se encontrara abierto el Restaurante Los Monteros, situado a un centenar de metros de la salida, donde compartimos dos platos tradicionales de la zona, Rin tan, muy bueno por cierto, y lomo en orza, bastante seco. Previamente a realizar la ruta nos adentramos en el Centro de Visitantes Torre del Vinagre, que me pareció bastante básico. Frente a él hay un jardín botánico. Después recorrimos en coche una parte del parque natural, fotografiando las cumbres con algo de nieve y una pequeña cascada.

Situado en el nordeste de la provincia de Jaén, el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas cuenta con una extensión de 214.336 ha, lo que lo convierte en el mayor espacio protegido de España y el segundo de Europa. En 1983 fue declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO. Recorriendo el parque pudimos contemplar su variada y abundante fauna, aunque no resulta fácil de fotografiar, pues en cuanto detienes el coche salen corriendo. Pese a ello primero fotografié un grupo de gamos, luego un par de ciervos que descansaban tranquilamente y, muy cerca del Parador, unos muflones, que nos dijeron que eran difíciles de ver, pero que no se asustaron cuando salí del coche. También vimos el río Guadalquivir al poco de nacer.

El 21 de marzo abandonamos el Parador de Cazorla para recorrer los 178 km que nos separaban de nuestro siguiente destino, Granada. Por una carretera plagada de curvas, conduje despacio por si veía algún otro animal y ¡premio!, pues poco antes de llegar a La Iruela apareció casi al borde de la carretera una cabra montés, que no se asustó cuando detuve el coche e incluso posó para la cámara, abandonando más tarde el lugar de forma pausada. Sobre este pueblo se alzan las ruinas de castillo que dominan los interminables campos de olivos. Como telón de fondo tuvimos la nevada Sierra Mágina.

Todavía nos quedaba mucho viaje por delante, primero Granada y luego la provincia de Málaga, pero de ello espero hablar la próxima semana. El viaje continúa.