Escapada castellana: Por tierras de Valladolid y Burgos

Hace menos de dos semanas me encontré en Leioa con mi vecino Eliseo, quien me dijo que al día siguiente marchaba “al pueblo” y que iba a ser el pregonero de la “Boda de El Empecinado”, en Castrillo de Duero. ¿Por qué no os animáis y venís? No tenía ni idea de dónde se ubica ese pueblo, así que me explicó que está a 11 km de Peñafiel, una población vallisoletana en la que he estado en varias ocasiones. Les hice la propuesta a unos amigos madrileños y también se animaron. Menos mal que el Hotel Ribera del Duero, en Peñafiel, tenía habitaciones libres. Está bien de precio, tiene un buen aire acondicionado y desayuno a 4 €. Lástima que el bar y el restaurante los tengan cerrados. Así comenzó esta imprevista e intensa escapada, que realizamos del 2 al 4 de agosto cortejando al río Duero, por tierras de viñedos y campos de girasol.

Al mediodía ya habíamos cubierto los 271 km que separan Peñafiel de Leioa. Comimos en el restaurante Molino de Palacios (nos pareció caro), un molino harinero restaurado situado a orillas del río Duratón, punto de descanso de varios patos. A media tarde, bajo un sol de justicia y 34 grados de temperatura, fuimos visitando las cuatro iglesias de la localidad: Santa María, del siglo XVI, sede del Museo Sacro, el convento de Santa Clara, del siglo XVII, convertido en Hotel de 4 estrellas, San Miguel, templo herreriano del siglo XVI, que conserva un buen conjunto de retablos barrocos procedentes de otras iglesias y, finalmente, el convento de San Pablo, edificio gótico-mudéjar del siglo XIV, que alberga la capilla funeraria plateresca de los Manuel, del siglo XVI, que merece la pena visitar.

Finalmente llegamos al lugar que más me gusta de Peñafiel, la Plaza del Coso, de origen medieval y una de las plazas mayores más antiguas de España (1433). Está rodeada por 48 edificios y adquiere especial relevancia en las fiestas de San Roque (del 14 al 18 de agosto) y en la Bajada del Ángel, el Domingo de Resurrección. Desde la plaza se tiene una buena vista del castillo. Subimos luego a la Torre del Reloj, el edificio más antiguo de la población, pues es lo único que queda de la iglesia de San Esteban, del siglo XI. Antes de ir a tomar algo a la zona de la plaza de España, vimos a los vecinos cortar la carretera N-122, exigiendo la construcción de la Autovía del Duero (A11). Para la noche Eliseo nos había preparado una sorpresa: cena en la bodega San Juan, de su amigo Carlos, a base de morcillas y chuletillas de lechazo, hechas a la parrilla con sarmiento, todo ello regado con buen vino recién sacado de la barrica. Una delicia. Nos impresionó el interior de la bodega, que llega casi hasta debajo del castillo. Menos mal que no cenamos dentro, pues hacía un frío que pelaba. Nos sorprendió el ambiente que había en la calle, pues estábamos 10 personas en la mesa y desde ella veíamos otras 7 mesas, con gente cenando frente a las bodegas. Entre pitos y flautas no nos acostamos hasta las dos y media de la madrugada.

Aunque ya lo hemos visitado en ocasiones anteriores, el sábado por la mañana subimos hasta el castillo, considerado uno de los más bellos del Estado. La fortaleza está enclavada en un alto, desde donde se domina Peñafiel y las cuencas de los ríos Duero y Duratón. Mis amigos de Rivas Vaciamadrid son aficionados al buen vino, por lo que aprovecharon para comprar en el Museo Provincial del Vino, una caja de Quelías rosé, de Bodegas Sinforiano, que ha obtenido el premio al mejor vino rosado.

La siguiente cita la tenemos a un paso de Peñafiel, en el pequeño pueblo de Curiel de Duero, que se ve de lejos, pues sobre un cerro rocoso se alza la mole de su castillo, convertido en Hotel de 4 estrellas. Antes de subir a él nos detuvimos en este coqueto pueblo, que tiene un notable núcleo histórico, en el que destacan los restos del Palacio de los Zúñiga, construido en 1410, y la iglesia gótico-mudéjar de Santa María, del siglo XV, que conserva una valiosa portada románica.

Nos desplazamos ahora a uno de los pueblos que más me gustan de la provincia de Burgos, Peñaranda de Duero, aunque como nos hemos entretenido mucho por el camino, tenemos que conformarnos con recorrerlo sin poder acceder a ninguno de sus monumentos. Antes de llegar se divisa imponente la Torre del Homenaje del castillo, construido sobre un cerro en el siglo X, aunque reformado en el XV. Me encanta su Plaza Mayor, con vistas al castillo, a la que se asoma el Palacio de los Condes de Miranda o de Avellaneda, construido en el siglo XVI, que cuenta con un elegante patio señorial con galería doble. Frente a él se alza majestuosa la iglesia de Santa Ana, comenzada en 1540, con su elegante portada barroca. Entre ambos edificios contemplamos una picota o rollo jurisdiccional, de líneas góticas. Mientras comemos en los soportales de la plaza tenemos entretenimiento, pues une enjambre de abejas se ha adueñado el acceso a la iglesia y un apicultor tiene que emplearse a fondo para trasladarlas a una colmena.

A media tarde del sábado llegamos por fin al objetivo principal de esta escapada, Castrillo de Duero, pequeño pueblo de 152 habitantes, aunque no llegan a 70 los residentes durante todo el año, del que sobresale la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, que conserva la cabecera románica del siglo XII. Acompañados de Eliseo visitamos la vivienda de uno de los vecinos, que parece un museo y el portalón de acceso a la de su familia, que será escenario de la escena de la fragua por la tarde. Castrillo de Duero es el pueblo natal de Juan Martín Díez, “El Empecinado” (1775-1825), así que también visitamos el Centro de Interpretación a él dedicado y la escultura situada frente al Ayuntamiento.

Como cada primer sábado de agosto, el día 3 a las 19:30 h dio comienzo la recreación de la “Boda de El Empecinado”, en la que participa buena parte del pueblo y de los veraneantes, aunque los “novios” son actores profesionales. Este año, mi vecino Eliseo fue el pregonero, así que fui acompañando al cortejo por todo el pueblo, bajo un sol de justicia. En diferentes lugares se recrean nueve escenas que llevan por título “Vecinas en la plaza”, “Pregón y juego de niños” “Fraguando amistades”, “Hablares de taberna”, “Hilando fino, fino”, “Sale el novio”, “Ronda a la novia”, “El casamiento” y “Festejo”. En este último se reparten viandas y limonada a los asistentes a la “boda”. La verdad es que ha merecido la pena, pese al calor que hemos pasado durante dos horas. Estamos cansados pero no llegamos al hotel de Peñafiel hasta las 00:30 h.

Hemos dejado para el domingo la visita a una población en la que hemos estado varias veces, pues queda a mitad de camino entre Bilbao y Madrid. Además, llevamos varios años acudiendo a las exposiciones de “Las Edades del Hombre”, organizadas por las diócesis de Castilla y León. Este año celebran el XXIV aniversario en Lerma, ocupando tres recintos religiosos, la ermita de la Piedad, el Monasterio de la Ascensión y la Colegiata de San Pedro. Lleva por título “Angeli”, pues en esta edición está dedicada a los ángeles, Además de poder comer cordero, en Lerma tenemos que visitar también la Puerta de la Cárcel y la Plaza Mayor, presidida por el Palacio Ducal, actual Parador de Turismo.

En Lerma tuvimos una agradable sorpresa, pues no contábamos con ella. Durante todo el fin de semana ha tenido lugar la Fiesta Barroca, una especie de mercado medieval con muchos actos paralelos, que se celebra cada dos años. El domingo a partir de las 12 del mediodía tuvo lugar el acto final, el combate de Tercios del siglo XVII, que se concentran frente al Palacio Ducal, para luego descender hasta el descampado, donde tiene lugar la gran batalla. Bajo infiltrado entre los piqueros de uno de los Tercios y me sorprende que el capitán les habla en castellano e inglés. Me comentan que hay muchos extranjeros que participan en la recreación del mayor combate nunca celebrado en el estado, pues hay más de 450 participantes de varios países. Bajo un sol de justicia presencio la batalla, en el que primero disparan los mosqueteros, luego viene el enfrentamiento de los piqueros y finalmente la pelea cuerpo a cuerpo con espadas. El descampado se va llenando de víctimas, hasta que por fin conquistan la bandera del rival. He tenido suerte, mi bando ha ganado, pero todavía tengo que subir la interminable escalera que conduce a la Plaza Mayor, beber dos claras seguidas, comida y regreso a casa. Ha resultado una escapada muy intensa y muy cansada debido al calor. Menos mal que al llegar a Leioa el termómetro marcaba 23 grados.

Memorias de un viaje por Alemania en tren (y 3)

Continúo el relato del viaje del viaje realizado en tren por Alemania durante la primera quincena de julio de 2007. La pasada semana lo dejaba en Berlín, de donde partimos a nuestro siguiente destino, Lübeck. Como teníamos que cambiar de tren en Hamburgo (Hamburg), aprovechamos para conocer un poco el centro de la ciudad, pero como bien digo solo un poco, pues llovía a cántaros y optamos por no alejarnos mucho de la estación de tren, así que nos conformamos con su vistoso Ayuntamiento, de finales del siglo XIX y la Catedral de San Pedro.

Situada en el norte de Alemania, Lübeck es una encantadora ciudad que atrae desde lejos cuando contemplamos sus siete altivas torres, fruto del esplendor alcanzado a partir del siglo XIV como capital de la Liga Hanseática. La Puerta de Holsten da acceso al casco antiguo, rodeado por una canal, que conserva interesantes edificios de ladrillo rojo y negro entre los que destacan el Ayuntamiento, la Puerta Bugtor, el Hospital del Espíritu Santo y las iglesias de Santa María y de Santa Catalina. Como se quedó una tarde espectacular, la aprovechamos para ver todo lo posible. Al día siguiente lo pasamos también en esta ciudad pero, como no dejaba de llover, nos desplazamos hasta el pequeño pueblo de Travemünde (media hora de tren), puerto de salida de los ferrrys a Suecia, Finlandia y Estonia, aunque optamos por estar a cubierto en el mercado.

Iniciamos el regreso. Las dos próximas noches las pasaremos en Dusseldorf, ciudad que prácticamente no pisaremos salvo el Ibis Duesseldorf Hauptbahnhof, que nos resulta muy cómodo por estar en la misma estación. De camino nos detenemos en Bremen, otra ciudad que nos ha encantado, conocida mundialmente por los “Músicos de Bremen”, el popular cuento de los hermanos Grimm que tiene por protagonistas a un asno, un perro, un gato y un gallo, Su rico patrimonio se sitúa en torno a la Plaza del Mercado, donde están el Ayuntamiento, uno de los más importantes ejemplos de arquitectura gótica en Europa y la gigantesca estatua de Roland, que forman parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 2004. Mención especial merece el pintoresco barrio de Schnoor, con las antiguas casas de pescadores. Hemos tenido poco más de tres horas para recorrer la ciudad (está todo muy a mano) y comer en una cervecería tradicional antes de volver al tren.

De Dusseldorf a Colonia (Köln) solo tenemos 22 minutos de tren, así que aprovechamos todo el día para “patear” esta ciudad de la que solo conocíamos la Catedral, pues en un viaje anterior, ya que teníamos que cambiar de tren en nuestro viaje de la Expo de Hannover a Paris, aprovechamos para visitar ese majestuoso templo situado al lado de la estación. En Colonia destaca su impresionante Catedral gótica, que por sí misma justificaría el viaje a esta ciudad bañada por el río Rin. El templo forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y guarda dos importantes joyas, el cofre-relicario de los Reyes Magos y el altar de los patrones de la ciudad.

Tras las intensas lluvias de días pasados, el 13 de julio regresó el verano, así que aprovechamos para pasar un día de relax en Colonia (Köln) después de tantos días de ajetreo. De esta forma pudimos caminar sin prisa por las orillas del Rin, disfrutando de las vistas sobre la Catedral, sentarnos a tomar algo en sus terrazas y visitar otros lugares de interés, como el antiguo Ayuntamiento y el conjunto de iglesias románicas, principalmente San Juan, San Gereón, San Pantaleón y Santa María del Capitolio. En Colonia se utiliza mucho la bici, así que hay que tener cuidado al cruzar los bidegorris.

El penúltimo día de viaje, camino de Stuttgart, nos detuvimos en Heidelberg, donde casi nos arrastramos por sus calles debido al intenso calor, pues la temperatura ha subido casi 20 grados en un par de días. Nada más salir de la estación nos llamó la atención la escultura “S-Printing Horse”, realizada en el año 2000 por Jürgen Goertz. Es la escultura de un caballo más grande del mundo, pues tiene 13 metros de alto, 15 de largo y un peso de 90 toneladas. Como no está el día para subir al castillo, nos dedicamos a caminar por el Puente Viejo y su principal calle, la Hauptstraße, contemplando la antigua puerta de acceso a la ciudad, la antigua Universidad, la estatua de Hércules y la Heiliggeistkirche (iglesia del Espíritu Santo), de estilo gótico tardío.

Tras instalarnos en el hotel en Stuttgart y como somos un poco masocas, en lugar de refugiarnos en el aire acondicionado del hotel, por la tarde nos metimos 45 minutos y otros tantos de vuelta en un tren-sauna para conocer el casco antiguo de Tubingen, donde estaban en fiestas, con txosnas y música en la calle, llevándonos un grato recuerdo de este país que tanto nos ha sorprendido. Jamás había oído hablar de esta población situada al sur de Stuttgart, a orillas del río Neckar, que el fin de semana del 15 de julio se encontraba en fiestas. Luego supe que, al salir indemne a los combates de la II Guerra Mundial, conserva su encanto medieval formado por estrechas callejuelas, coquetas plazas y casas con entramados de madera en sus fachadas, situadas a los pies del castillo de Hohentübingen. Destaca el edificio del Ayuntamiento, situado en la hermosa Plaza del Mercado. También son de interés la Colegiata de San Jorge y la Fuente de Neptuno. Fue la guinda de este intenso viaje realizado en tren por buena parte de Alemania. Al día siguiente, en el aeropuerto de Stuttgart tomamos el vuelo de regreso a Bilbao.

Memorias de un viaje por Alemania en tren (2)

Continúo el relato del viaje del viaje realizado en tren por Alemania durante la primera quincena de junio de 2007. La pasada semana lo dejaba en Augsburg, ciudad desde la que también nos desplazamos a Munich (München). Solo se tarda 40 minutos y hay trenes cada cuarto de hora. La capital de Baviera es ante todo conocida por su monumental Ayuntamiento nuevo (Neues Rathaus), edificio neogótico con una torre de 85 metros de altura, que preside la Marienplatz. Por cierto, parte de él estaba con andamios. El edificio fue proyectado por Georg von Hauberrisser en estilo neogótico, extendiéndose la construcción desde 1867 hasta 1908. A un paso tenemos el mercado de las flores y el Viktualienmarkt, mercado de frutas y verduras. También está la Frauenkirche, la Catedral de Nuestra Señora.

Munich (München) me ha decepcionado un poco, quizás porque el tiempo no nos acompañó durante nuestra visita. Sin embargo tiene edificios de interés, como el Teatro Nacional, la iglesia de los Teatinos y de San Cayetano (Theatinerkirche St. Kajetan), el edificio de la Logia (Feldherrnhalle), la Catedral (Frauenkirche), la Odeonsplatz y el antiguo Ayuntamiento (Altes Rathaus), aunque para el recuerdo solo quedará la imagen del nuevo Ayuntamiento y el codillo y las salchichas que comimos en la popular cervecería Donisl, ubicada nada más entrar en la calle Weinstraße, al lado mismo del monumental edificio.

Tras pasar cinco noches en Augsburg, de nuevo subimos al tren para dirigirnos hacia Leipzig, pero a la hora de viaje nos bajamos, dejamos los equipajes en la consigna de la estación y nos dispusimos a recorrer Núremberg (Nürnberg), la ciudad que más nos ha gustado de Baviera, pese a que solo disponíamos de poco más de cuatro horas antes de continuar viaje hacia Leipzig (3 horas de tren). Su casco histórico tiene un atractivo especial, al estar rodeado por una muralla medieval de más de 5 km, construida en 1325. Os dejo un resumen en imágenes, en las que destaca la Torre Spittlertor, la iglesia de San Lorenzo, la fuente de las Virtudes, el antiguo Hospicio del Espíritu Santo (Heilig-Geist-Spital) y la Nassauer Haus. Si algo llamó especialmente nuestra atención fue la fuente maravillosa (Schöner Brunnen). Se trata de una aguja gótica de 19 metros de altura, construida entre 1385 y 1396, que cuenta con 40 figuras. Durante la Segunda Guerra Mundial se salvó de los bombardeos gracias a que fue envuelta en un abrigo de hormigón. Todos los lugares citados se encuentran en la llamada milla monumental.

Hicimos dos noches en Leipzig, así que al día siguiente nos desplazamos hasta Dresde (Dresden), distante poco más de una hora de tren. La que fue conocida como “la Florencia del Norte”, fue excluida en 2009 por la UNESCO de la lista del Patrimonio de la Humanidad, por la construcción de un puente sobre el río Elba. Cuando visitamos la ciudad se notaba mucho que habíamos pasado a la antigua Alemania Oriental, pues sus edificios estaban muy negros, aunque supongo que ahora todo habrá cambiado. Sus principales monumentos se encuentran en un reducido espacio a orillas del río. Residencia de la realeza de Sajonia a finales del siglo XV, la ciudad ha sufrido varias guerras e incendios. De su rico pasado hoy podemos contemplar la iglesia luterana de Nuestra Señora (Frauenkirche), la Catedral católica (Hofkirche), la antigua residencia de los reyes de Sajonia (Dresdner Schloss), el edificio de la Ópera y el Zwinger, palacio de estilo barroco, aunque lo que más original nos pareció fue el “Desfile de los Príncipes” (Fürstenzug), un mural formado por unos 24.000 azulejos de porcelana de Meissen, situado junto a la Schlossplatz, que representa a los monarcas de la casa de Wettin entre 1123 y 1906.

Leipzig nos dio imagen de ciudad más moderna, quizás debido a los murales que la adornan, algunos cubriendo fachadas enteras o por la presencia de su edificio más alto, el City-Hochhaus, de 142 metros. De la parte monumental me quedo con los dos Ayuntamientos, el viejo y el nuevo (Altes Rathaus y Neues Rathaus) y la iglesia de San Nicolás (Nikolaikirche), uno de los lugares de donde partió en 1989 la rebelión contra el régimen comunista alemán. Mañana tenemos menos de hora y media de tren para llegar a Berlín.

Berlín es una ciudad que nos encanta y muy fácil de recorrer, pero como ya hemos estado con anterioridad solo le dedicamos algo menos de dos días. La tarjeta Berlin Welcome Card incluye transporte gratis y descuentos en muchos muesos. Una forma para desplazarse por la ciudad es utilizar el autobús nº 100, pues es casi como un autobús turístico, ya que une Alexanderplatz con Zoologischer Garten, pasando por los principales lugares de interés. En esta ocasión nos dedicamos a visitar los lugares que ya conocíamos, pero teníamos una asignatura pendiente, subir hasta la acristalada cúpula del Reichstag, diseñada por Norman Foster. Además, el Parlamento alemán está a un paso de la archiconocida Puerta de Brandemburgo (Brandenburger Tor), antigua puerta de entrada a Berlín y emblema de la ciudad.

Berlín es una de esas ciudades que resulta muy atractiva para el visitante. En la Alexanderplatz, bajo la enorme torre de la televisión visible desde casi toda la ciudad, iniciamos nuestro recorrido acercándonos al viejo Ayuntamiento (Roten Rathaus), para continuar por esa gran avenida que es la Unter den Linden, trazada en 1647 durante el reinado de Federico el Grande. Sucesivamente fuimos viendo la iglesia de Santa María (Marlenkirche) y la Catedral de Berlín (Berliner Dom), concluida en 1905, desde donde nos desviamos a la impresionante Isla de los Museos, de la que os hablo a continuación. Caminando entre palacios junto al río Spree, llegamos a la hermosa plaza Gendarmenmarkt, a la que se asoman el Konzerthaus y las catedrales alemana y francesa. De nuevo en la avenida, nos dirigimos a la Puerta de Brandemburgo y al Reichstag. Todavía nos queda por ver algún resto del antiguo muro, Postdamerpltz y los alrededores de Zoologischer Garten, donde se encuentra la iglesia Memorial Kaiser Wilhelm y, muy cerca, la escultura “Berlin”.

En Berlín recomiendo especialmente acercarse a la llamada Isla de los Museos, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en la que al menos hay que visitar dos de los museos existentes. El Museo de Pérgamo (Pergamonmuseum) es uno de los museos de arquitectura más impresionantes del mundo. Su origen se encuentra en las expediciones de los museos berlineses por Asia Menor (Antioquía), Pérgamo, Mileto, Babilonia y otras metrópolis de Mesopotamia. Sus obras más relevantes son los Altares de Zeus y de Pérgamo y la Puerta de Ishtar. El otro es el Museo Nuevo (Neues Museum), donde se exhiben las colecciones egipcias, siendo la obra más conocida el busto de la Reina Nefertiti.

Memorias de un viaje por Alemania en tren (1)

Haciendo memoria, recuerdo un viaje realizado durante la primera quincena de julio de 2007, en el que recorrimos buena parte de Alemania en tren, con Interrail, visitando sus principales ciudades y pueblos monumentales. Fueron 36 horas de viaje en todo tipo de trenes, llegando incluso a superar los 300 km/h. Las estaciones alemanas son magníficas, pues parecen centros comerciales con abundante hostelería. Además de contar con conexiones de tren constantes a numerosos lugares, se han convertido en el punto de salida de la principal arteria comercial de cada ciudad. Las 15 noches nos alojamos en hoteles Ibis, cerca de cada estación o incluso dentro de ella. Como tantas cosas habrán cambiado en el país, en este relato me centraré en contar lo que más nos gustó de cada lugar que visitamos. Trato con ello de daros ideas para realizar un viaje similar.

El 30 de junio llegamos a Stuttgart, la capital del Estado de Baden-Würtemberg. La temperatura era de 36 grados, la misma que hizo el 15 de julio cuando tomamos el vuelo de Lufthansa de regreso a Bilbao. Esto nada tuvo que ver con lo que sucedió el resto de días, en los que llovió a diario e incluso hubo jornadas en las que no se superaron los 16 grados. De hecho, en trenes, restaurantes y en las terrazas de Berlín, encendieron la calefacción. 27 minutos en tren separan el aeropuerto del centro de Stuttgart así que, una vez instalados en el hotel y como los días son largos, aprovechamos para dar una vuelta por la industrial ciudad alemana, una encantadora población en la que sus principales atractivos se concentran en dos plazas, la inmensa Schlossplatz a la que se asoma el barroco Palacio Nuevo y la coqueta Schillerplatz, rodeada por el Palacio Viejo y la Colegiata.

Stuttgart es una ciudad muy relacionada con la industria automovilística, pudiendo en sus alrededores visitar el Museo de Mercedes-Benz y el de la firma Porsche. Nosotros optamos por el primero de ellos, pues resultaba más fácil de llegar en autobús. Resultó ser una maravilla que merece la pena conocer y eso que lo tuvimos que ver deprisa, pues a mediodía salíamos para nuestro siguiente destino, Augsburgo.

Aunque nuestro destino era Augsburgo, decidimos bajar del tren a mitad de camino, en la ciudad de Ulm, a la que también volvimos otro día. Dejamos el equipaje en la consigna de la estación y directamente nos dirigimos a su principal monumento, la Catedral, edificio de arquitectura gótica que presume de tener la torre de iglesia más alta del mundo (161,53 m). También nos gustaron las casas tradicionales que se asoman al canal, el reloj astronómico del Ayuntamiento, la torre medieval y las fuentes, coronadas con curiosas esculturas, como las dedicadas a San Cristóbal y San Jorge.

Por fin, el intenso segundo día de viaje concluyó en Augsburgo (Augsburg), ciudad en la que pasamos cinco noches, usando el Ibis Hotel Augsburg Hauptbahnhof como campamento base para recorrer Baviera. El hotel está muy cerca de la estación y a un paso descubrimos un restaurante italiano, para las cenas, en el que nos sentimos casi como en casa. Augsburgo no es de las ciudades más interesantes que hemos visitado, así que me quedo con la calle Maximilianstrasse, en la que se encuentran la fuente de Hércules y la iglesia de San Ulrich y Afra. También nos gustó el Ayuntamiento, construido por Elias Holl entre 1615 y 1620 y considerado como el más importante edificio renacentista situado al norte de los Alpes. Junto a él se encuentra la Torre Perlach, desde la que se tiene una excepcional vista del casco antiguo. Sin embargo lo que más llamó nuestra atención fueron las Casas de Fugger, mandadas construir entre 1512 y 1515 por Jakob Fugger para los pobres de la ciudad.

Pensábamos alquilar un coche para desplazarnos hasta el castillo de Neuschwanstein, pero resultó fácil hacerlo en tren, pues desde Augsburgo a Füssen hay trenes cada hora que tardan 1 h 52 min. De la misma estación sale un autobús que enlaza con el tren y te lleva a las taquillas del castillo. Mandado construir por Luis II de Baviera en 1866 en estilo neoclásico, el castillo de Neuschwanstein se ha convertido en uno de los emblemas de Baviera. Es toda una fantasía de torres y muros, en perfecta armonía con las montañas y lagos de su entorno. Su interior no merece realmente la pena, pero resulta obligado ir caminando hasta Marlenbrücke, el puente que salva los 90 metros de profundidad de la garganta de Pöllat, desde el que se tiene la magnífica vista del castillo. Como solo hay unos 4 km hasta la estación, descendimos caminando y así contemplamos otro castillo en lo alto de una colina.

Al día siguiente fuimos a Rothenburg ob der Tauber, en el norte de Baviera, empleando 2 h 22 min. Es una pequeña población que, debido a su aspecto medieval, se ha convertido en una atracción turística de fama mundial. Presidida por el edificio del Ayuntamiento, la plaza del Mercado (Marktplatz) constituye el centro neurálgico de esta ciudad que se alza sobre el río Tauber y conserva intactas sus murallas de los siglos XIII-XIV, incluidas las torres defensivas, siete puertas y el impresionante baluarte Spitaltor. Presume de ser el pueblo más bonito del país, cosa que no me extraña, pues a nosotros es el que más nos ha gustado.

Por la tarde, como solo estábamos a una hora de tren, decidimos desplazarnos hasta Wurzburg, población situada todavía más al norte de Baviera, a orillas del río Main. Cuenta con un importante monumento declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, la Residencia (Würzburger Residenz), construida entre 1720 y 1744 y considerada la principal obra barroca del sur de Alemania. Para tener una hermosa vista del casco antiguo, merece la pena cruzar el río por el Puente Viejo (Alte Mainbrücke), construido entre 1473 y 1543 y adornado con estatuas en 1730. También contemplamos la Catedral de San Filian, la Marienkapelle y el castillo de Marienburg, situado en un alto. Lo malo es que todavía teníamos por delante regresar a Augsburg, aunque lo hicimos en menos de dos horas en un tren ICE. El viaje continúa.

Escapada al norte de Galicia

Esta escapada tiene como “campamento base” la localidad lucense de Viveiro, que del 11 al 14 de julio celebra la decimosegunda edición del Mercado Renacentista, versión gallega de nuestros mercados medievales. Eso si, un consejo, no se os ocurra consumir nada en el gran bar medieval que montan en la plaza. Una ración de calamares y dos Alvariños cuestan el doble que en Leioa y los calamares son incomestibles, pues están refritos.

Lo mejor de Viveiro es su privilegiada ubicación en la Mariña lucense, en torno a la playa de Covas, de 2.100 metros de longitud, que cuenta con un agradable paseo marítimo. En la parte occidental de la playa hay unas rocas conocidas como Os Castelos, así como el islote Insua, que contribuyen a embellecer el paisaje.

Merece la pena recorrer el casco antiguo de Viveiro, al que se accede por la Puerta de Carlos V, resto de la antigua muralla. Esta nos conduce a la Praza Mayor, plaza rodeada de casas con miradores, en la que se encuentra el centro del Mercado Renacentista. A un paso tenemos la iglesia de Santa María del Campo, el edificio religioso más antiguo de la ciudad. Un poco más alejada está la iglesia del convento de San Francisco, construcción del siglo XIV, junto a la que se encuentra el grupo escultórico “Los heraldos del encuentro”, que hace referencia a la Semana Santa.

Salimos de Viveiro y recorremos la costa hasta llegar a uno de los lugares que más me gustan de Galicia, el cabo de Ortegal, el segundo más septentrional de la península Ibérica, solo superado por el cabo de Estaca de Bares. Se encuentra en el término coruñés de Cariño. Si no hay niebla, merece la pena pasar un rato junto al faro y contemplar los acantilados que lo rodean.

Nos dirigimos ahora a la localidad coruñesa de San Andrés de Teixido, pero antes nos detenemos en el Miradoiro de Teixidelo. Un corto paseo nos permite llegar a un pequeño montículo situado a 337 metros sobre el nivel del mar, donde se encuentra el Cruceiro do Curutelo, desde donde tenemos una espectacular vista de la costa de A Serra da Capelada, la ensenada de San Andrés de Teixido y los acantilados del Monte Tarroiba.

Al fin llegamos a San Andrés de Teixido, situado en el municipio de Cedeira. La capilla de San Andrés es un famoso centro de peregrinación pues, según el dicho popular, “vai de morto quen non foi de vivo” (va de muerto quien no fue de vivo). Merece la pena pasar un rato en esta agradable aldea, donde aprovecharnos para tomar algo, pues ha salido uno de esos días de julio en los que hace mucho calor.

Nos detenemos a comer en la localidad coruñesa de Ortigueira, muy vinculada a la gaita gallega, motivo por el que tiene una gran escultura dedicada al gaitero. El casco urbano está ya cerrado al tráfico, pues del 11 al 14 de julio será escenario del Festival Internacional do Mundo Celta, al que acuden miles de personas.

En el mismo municipio de Ortigueira (A Coruña) y más en concreto en la parroquia de San Julián de Loiba buscamos un banco que se ha hecho famoso porque alguien realizó en él la siguiente inscripción: “The best bank of the world” o, lo que es lo mismo, “el banco más bonito del mundo”. Hoy se ha convertido en un lugar de peregrinación de turistas. La verdad es que merece la pena, pues desde él se pueden contemplar unas impresionantes vistas de la costa situada entre el cabo de Estaca de Bares y el de Ortegal.

El siguiente día comemos churrasco en el puerto del pintoresco pueblo de O Barqueiro, situado a un paso del cabo de Estaca de Bares, situado en el municipio de Mañón (A Coruña). Constituye el lugar más septentrional de la península Ibérica, por lo que está considerado el punto en el que confluyen el océano Atlántico y el mar Cantábrico. Cuenta con un faro e instalaciones militares abandonadas.

No soy de ir a la playa, por lo que todavía no os he hablado de ellas, pese a que la costa gallega cuenta con excelentes arenales. Sin salir de Viveiro podemos contar con varias playas, pero os recomiendo otras dos Si quieres paz y tranquilidad y un entorno sin urbanizar, el lugar es la playa de Arealonga, en el municipio de O Vicedo (Lugo), a 13 km de Viveiro. Tiene una longitud de 1.300 metros y una anchura que oscila entre 15 y 80 metros. En el mismo municipio, pero más urbanizada y concurrida, aunque llena de encanto, está la playa de Xilloi, de 550 metros de largo y una anchura que oscila entre 60 y 90 metros.

INFO: En esta escapada a Viveiro no hemos alojado en el Hotel Thalasso Cantábrico Las Sirenas (www.thalassocantabricolassirenas.com), moderno establecimiento de 4 estrellas situado sobre la playa de Sacido, que cuenta con piscina y un excelente restaurante con vistas al mar. Probablemente nunca he comido tan bien en Galicia. Os dejo algunos de los platos degustados.

GETXO: Salida de la Regata Costa Vasca

Esta mañana ha tenido lugar en Getxo la salida de la Regata Costa Vasca, que concluirá en Getaria, en homenaje a Juan Sebastián Elcano, superviviente del grupo de marinos que zarparon del puerto de Sevilla el 10 de agosto de 1519, consiguiendo dar la vuelta al mundo. A la regata se ha sumado el Juan Sebastián Elcano, buque escuela de la armada española, que ha completado diez vueltas al mundo.

Numerosas embarcaciones siguen al Juan Sebastián Elcano en su singladura hasta el puerto de Getaria, donde se celebrarán los actos del quinto centenario de la partida de las naves en las que iba Juan Sebastián Elcano, quien concluyó la vuelta al mundo en el año 1522.

En la regata también participa otro barco cargado de historia, el Saltillo, actual buque de la Escuela Náutica de la Universidad del País Vasco (EHU/UPV).

También hemos podido ver en la Regata Costa Vasca el Mater, un viejo atunero de Getaria restaurado y reconvertido en museo flotante, con sede en el puerto de Pasaia.

Completa el cuarteto de barcos VIP participantes en la regata el Lucretia, un emblemático velero holandés restaurado por dos jóvenes marinos gipuzkoanos.

Pero no todo va a ser barcos en el entorno de Ereaga, pues esta mañana los corredores habituales de la zona se han dado cita para realizar una carrera popular vestidos de los años ochenta.

A media mañana, la playa de Ereaga estaba ya muy concurrida de gente dispuesta a tomar el sol y darse un baño, debido al buen día que ha salido, permaneciendo ajenos a la carrera popular que se celebraba por el paseo, con los corredores vestidos de los años ochenta.

El Palio de Siena

Con una población de algo más de 50.000 habitantes, Siena es una preciosa localidad de la Toscana italiana. 2 de julio. Hace mucho calor. Hemos tenido suerte en poder aparcar el coche, así que nos disponemos a “patear” esta monumental población. Enseguida nos encontramos ante la iglesia de San Domenico, una de las más importantes de la ciudad, construida a partir del siglo XIII. A un paso tenemos uno de los rincones emblemáticos, la plaza Salimbeni, a la que se asoma el palacio del mismo nombre.

La siguiente visita resulta obligada. Se trata del Duomo, la imponente catedral de Siena, que cuenta con una espectacular fachada. El edificio fue terminado entre 1215 y 1263 por Giovanni Pisano, en estilo gótico. Si el aspecto exterior es impresionante, el interior merece mucho más la pena. Además se está muy a gusto cuando en la calle la temperatura supera ya los 30 grados.

Siena es la encarnación de la ciudad medieval por excelencia, motivo por el cual la UNESCO la incluyó en la selecta lista del Patrimonio de la Humanidad, así que, caminando bajo la sombra, seguimos recorriendo su centro histórico contemplando sus palacios, entre los que destaca el Piccolomini. También nos detenemos ante la escultura de una pantera negra, que representa a una de las 17 “contradas” o distritos en los que está dividida la ciudad.

Antes de parar para comer todavía nos queda por visitar el lugar más emblemático de Siena, la piazza del Campo. En esta monumental plaza destaca la alta torre de Mangia, perteneciente al Palazzo Pubblico (Ayuntamiento), construido entre 1297 y 1310 como sede del Gobierno de los Nueve, de la República de Siena. La torre de Mangia fue levantada entre los años 1338 y 1348 y tiene 88 metros de altura. En esta plaza ya se celebraba el mercado medieval antes del siglo XIII. Hoy será escenario del Palio.

Cuesta mucho salir de la sombreada terraza en la que hemos comido pero, aunque todavía no lo he dicho, si hoy estamos en Siena es porque hemos venido a ver el Palio, competición en la que participan las 17 parroquias de cada uno de los distritos de la ciudad, cada una con su caballo. Según avanza la tarde, en el casco antiguo se van concentrando los seguidores de cada una de ellas, luciendo vistosos trajes y estandartes.

También van apareciendo los protagonistas del Palio, los caballos. De hecho, el ganador de la carrera es el caballo, aunque llegue sin jinete, que haya realizado primero las tres vueltas a la piazza del Campo en el sentido horario. En cada uno de los dos Palios participan solo diez caballos. Aunque estas carreras se remontan al siglo XII, en su actual versión parece ser que data de 1659. Dos horas antes de comenzar la carrera, la plaza está ya abarrotada, así que optamos por regresar al hotel de Florencia y verlo en la televisión. No hay quien pare al sol, cuando a la sombra hay 35 grados.

He puesto fotos sacadas de Internet para ilustrar este último apartado. Menos mal que nos hemos ido, pues cualquiera aguanta entre ese montón de gente. Hay que estar más de tres horas para ver la carrera, que dura menos de un minuto. Además estuvo plagada de salidas nulas. Tras casi una hora de intentos, supongo que el realizador de la RAI presionó para que la salida fuera válida, pues se echaba encima el informativo de las 21 h. Al final se impuso la Contrada della Selva. Lo mejor ha sido el ambiente que ha habido durante todo el día en la ciudad.

INFO. El Palio se realiza dos veces al año. El 2 de julio se corre el Palio di Provenzano, en honor a la Virgen del mismo nombre. El 16 de agosto es el Palio dell’Assunta, en honor de la Asunción de la Virgen. Más información en https://es.wikipedia.org/wiki/Palio_de_Siena.

De viaje por los Balcanes (y 2): Albania, Montenegro, Serbia y Bulgaria.

Sexto día de viaje. Hoy tenemos 205 km, pero hemos entrado con buen pie en Albania. En nuestra opinión el agente que nos ha atendido en la frontera es el más profesional de todos. La carretera está en buen estado y la zona de montaña por la que accedemos parece revivir el inicio de la primavera, pues está muy florida. En el valle vemos varios campos de cultivo de flores. Nos habían dicho que era el segundo país más pobre de Europa, tras Moldavia, pero la carretera está llena de bares, restaurantes, hoteles y surtidores con amplias cafeterías, pese a que casi el 60% de sus habitantes son musulmanes suníes, algo que no se percibe (me recuerda a Uzbekistán). Y todas con wifi. Nos instalamos en el hotel en Tirana y directamente nos trasladamos a Durres, ciudad que nos ha decepcionado bastante, quizás por el intenso calor que hace o porque el anfiteatro romano se encuentra en bastante mal estado. Nos ha gustado más la fortaleza del siglo VI, ampliada en los siglos XIII y XIV o la sepia, el tiramisú y el vino blanco bien frío con el que nos hemos obsequiado en el Restorant Piazza.

Pasamos dos noches en Tirana, así que el séptimo día de viaje lo dedicamos en buena parte a conocer Berat, población distante un centenar de kilómetros de la capital y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, por “ser un testimonio viviente de la coexistencia de varias comunidades religiosas y culturales a lo largo de los siglos”. Lo que más nos ha gustado es la imponente fortaleza situada sobre la ciudad, que cuenta con 34 torres defensivas y en parte está habitada todavía. Menos mal que podemos subir con la furgoneta hasta la entrada, pues los constantes 33-34º empiezan a hacer mella. También nos ha gustado la zona de Mangalem, por la que Berat fue conocida como la ciudad de las mil ventanas. Las mezquitas no podemos visitarlas, pues se encuentran en restauración con la ayuda de Turquía.

El Hotel Colosseo de Tirana ha sido con diferencia el mejor del viaje, así que a media tarde nos ha costado salir de él para “patear” el centro de Tirana, una ciudad sin mucho interés monumental, pero repleta de bares. Nos centramos en la impersonal plaza Skanderberg y su entorno. En ella se encuentra la Ópera, el Museo de Historia, la mezquita Et’hem Bey, la Torre del Reloj y la estatua del héroe nacional del que toma el nombre la plaza. También nos acercamos a la Mezquita Namazgjah, situada junto al Parlamento, rodeado por una valla con concertinas. En el Parque Fan Stilian Noli se congrega el personal para echar unas partidas de juegos de mesa bajo la sombra. En Tirana es el único lugar en el que en un par de ocasiones hemos tenido problemas con el idioma. En un bar nos ayudó un niño de 8 años y en el restaurante de la cena, un cliente. La gente es muy amable. Además, como no cogían tarjeta de crédito, llamaron al restaurante de enfrente para que viniera a cobrarnos.

El octavo día tenemos 179 km de viaje, pero a los 37 nos detenemos en Krujë, capital del primer estado albanés, para visitar su castillo, testigo de la batalla de Skanderberg contra el imperio otomano. Un restaurado edificio alberga el Museo Nacional que lleva su nombre. Debe de ser un lugar muy frecuentado, pues su entorno está lleno de bares y tiendas de recuerdos. En una de ellas compramos un mantel con la ayuda de la hija de los dueños, una niña de 12 años que habla muy bien inglés. Luego nos dirigimos al bazar, otro lugar muy turístico. Nos toca ahora circular cerca de la costa. Nos resistimos a abandonar Albania, así que antes de cruzar la frontera nos detenemos a celebrar mi cumpleaños en el lujoso Compleksi Exalco-Al, ubicado en Shkoder. Al entrar en Montenegro la carretera se estrecha.

Tras instalarnos en el hotel nos disponemos a visitar Podgorica, la capital de Montenegro, una ciudad muy sosa pero con pinta de ser muy agradable para vivir, por su aspecto moderno, amplias avenidas y parques. Aquí tenemos la suerte que pese a no estar el país en la Unión Europea, su moneda es el euro. Aparcamos la furgoneta junto a su principal monumento, la moderna Catedral ortodoxa de la Resurrección de Cristo, construida en 1993, que cuenta con preciosos frescos en su interior. Como hace mucho calor, antes de sentarnos en una terraza a tomar un rosado bien fresco, optamos por caminar a la sombra de sus parques, acercándonos hasta el Millenium Bridge, que cruza el río Moraça, para luego detenernos ante la escultura Crnogorsko Oro, la más famosa del país, dedicada a la danza tradicional montenegrina que imita las águilas.

El noveno día de viaje tenemos por delante 312 km, buena parte de ellos por carreteras de montaña de Montenegro, siendo los más interesante el desfiladero del río Moraça. La frontera con Serbia es bastante tercermundista, pues no hay ni casa de cambio. Menos mal que pronto nos detenemos a comer y en el restaurante nos cambian. Estamos en zona musulmana y por primera vez en el viaje no hay ni vino ni cerveza. Tras la comida, dos lugares cercanos para visitar, ambos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, las ruinas de la ciudad medieval de Stara Ras, que no merecen la pena, y el monasterio de Sopocani, con su iglesia ortodoxa dedicada a la Santísima Trinidad. Este si merece la pena. Nos quedan por delante 66 km para llegar al ansiado destino de hoy, la estación invernal de Kopaonik, donde las temperaturas no superan estos días los 20 grados, después del calor que hemos pasado. La carretera bordea Kosovo, teniendo tan cerca este país que, según Google, el arcén de la carretera pertenece a él. Cuando llegamos al Hotel Kraljevi Cardaci ****, sufrimos una gran decepción. Dentro de la pequeña habitación hay 30,7º y todavía no ponen el aire acondicionado. Un lugar para tachar.

Décimo y último día de viaje, el más largo de todos, pues tenemos que recorrer 427 km para llegar a Sofía. Pronto hacemos una parada en el monasterio de Studenica, interesante construcción de finales del siglo XII, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Lo más interesante es la iglesia de San Nicolás, que cuenta con frescos de los siglos XII y XIII. Aunque no teníamos constancia de él, más adelante nos detenemos en otro monasterio, el de Zica, con la iglesia de la Santa Dormición, construido en el siglo XIII por el primer rey de Serbia. Nos ha gustado mucho tanto el monasterio como su entorno.

Llevamos 269 km recorridos cuando nos detenemos a comer en la tercera ciudad más grande de Serbia, Nis. No disponemos de mucho tiempo, pero deambulamos por la calle peatonal, llena de comercios y bares y, tras la comida, nos acercamos al emblema de la ciudad, la fortaleza otomana, que cuenta con una monumental puerta de acceso (Stambol Kapija). En su interior hay un gran parque y una antigua mezquita. Nos quedan 158 km para llegar a Sofía, pero desde que hemos cogido la ruta procedente de Belgrado, la carretera serbia tiene muchos tramos de autopista, aunque falta de construir el paso por un hermoso desfiladero. La parte búlgara es de carretera convencional, pero con muchos tramos de doble vía. Han sido las mejores carreteras del viaje.

Undécimo día. Da gusto no tener que madrugar ni viajar. Hay muchas cosas que ver en Sofía, pero recorremos la ciudad a pie. He seleccionado ocho lugares, de arriba abajo y de izquierda a derecha: Santa Sofía, la Sinagoga, el mercado, la mezquita de Banya Banshi, el Palacio de Justicia, la rotonda de San Jorge, la iglesia rusa y la Catedral de San Alexander Nevski, a las que abría que añadir los baños públicos, el Teatro Ivan Vazov y la Catedral Sveta Nedelya. Es domingo y, como sucediera ayer, la peatonal calle Vitosha y sus terrazas están abarrotadas de gente. Optamos por comer en el restaurante Shtastliveca. Nos ha gustado tanto que volveremos a cenar. Lástima que el restaurante Bristello, situado junto a nuestro hotel, el St George, cirre los domingos, pues no olvidará fácilmente la coliflor caramelizada con trufas y piñones y el risotto con boletus, que cené la primera noche. Para mañana tenemos un montón de horas para regresar a casa debido al colapso del aeropuerto de Frankfurt.

INFO: En Albania, 1 € = 120 lek. En Montenegro la moneda es el euro. En Serbia, 1 € = 120 dinares serbios. En julio y agosto, este blog solo se publicará los miércoles.

De viaje por los Balcanes (1): De Rila a Macedonia del Norte

El pasado 6 de junio iniciamos un nuevo viaje a los Balcanes, de doce días de duración. Todavía no había amanecido cuando embarcamos en el avión de Lufthansa rumbo a Frankfurt, un aeropuerto caótico en estos momentos, pues tuvimos que pasar más de una hora dentro del avión, sin movernos, para que nos dieran autorización para despegar hacia Sofía, la capital de Bulgaria, en cuyo aeropuerto nos encontramos con Alex, nuestro conductor del año pasado en Rumanía y ahora amigo. Como a última hora no pudo venir la pareja de amigos que siempre nos acompaña en este tipo de viajes, tuvimos la furgoneta para nosotros dos y Alex, quien nos propuso que antes de ir al hotel, ya que había mucho tráfico, realizáramos la visita prevista a la coqueta iglesia ortodoxa de Boyana, dedicada a San Nicolás y San Pantaleón, construida en el siglo XI y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Es una gozada contemplar los frescos, que datan de 1279 y están considerados el ejemplo más completo de arte medieval de Europa medieval. Además se está muy bien aquí, pues está rodeada de árboles, entre ellos algunas sequoias. Hemos comenzado el viaje con fuerza.

El segundo día tenemos casi 350 km de viaje, realizando la primera parada a los 117 km, en un lugar en el que estuve hace unos 40 años, el monasterio de Rila, declarado también por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad. Es probablemente la joya de Bulgaria, estando ubicado en un precioso lugar rodeado por las montañas más altas del país. Destaca la iglesia de la Natividad, con sus pinturas murales tanto en el interior como en el pórtico que la rodea.

En este segundo día de viaje cruzamos la frontera de Macedonia del Norte, en la que no hay nada de tráfico pese a pasar por ella la carretera que une la capital del país con Sofía. Parece que hemos llegado al tercer mundo. Menos mal que hay un pequeño bar y una casa de cambio. La carretera es espantosa y llena de baches. Menos mal que a los 10 km nos detenemos en el monasterio de Saint Joachim Osogovski, que cuenta con dos iglesias y buenas pinturas murales. Está en un lugar lleno de encanto, en un agujero rodeado de montañas. Hay un grupo de estudiantes y uno de ellos, muy amable, nos hace de improvisado guía. Este lugar parece sacado de su entorno, pues todo está muy cuidado y hasta tiene un restaurante en el que aprovechamos para comer. Eso sí, para llegar al monasterio tenemos que bajar un centenar de escaleras, que luego hay que volver a subir con el calor que hace.

105 km después estamos en Skopje, la capital y mayor ciudad de Macedonia del Norte, con unos 550.000 habitantes. La ciudad está cruzada por el río Vardar al que se asoman sus principales edificios y museos. Es todo muy moderno, con amplias plazas y una calle peatonal que sale de la plaza de Macedonia, en la que se ubican numerosas terrazas. La ciudad está completamente tomada por la policía, pues se juega el partido Macedonia del Norte-Polonia, habiendo acudido muchísimos aficionados polacos. En esta ciudad nació la madre Teresa de Calcuta, que se crió en la vecina Albania. Sobre la ciudad se encuentra Kale, una fortaleza del siglo VI. Damos un paseo antes de cenar, pero dejamos la visita de la ciudad para el día siguiente, comiendo en el barrio turco (Karsija old bazar), con un calor terrible.

Skopje está lleno de esculturas, demasiadas en mi opinión, que se encuentran en todos los lugares de la ciudad. Es muy difícil no ver alguna en todo momento. Incluso dos de los puentes que cruzan el río Vardar están rodeados de esculturas. Os dejo una pequeña muestra.

Menos mal que el tercer día de viaje dejamos para la tarde el recorrer Skopje y a las 9 de la mañana salíamos hacia el cañón de Matka, distante tan solo 15 km. Digo esto porque es un lugar de esparcimiento de los habitantes de la ciudad, que los fines de semana acuden en masa. Para llegar a él hay una estrecha carretera y un diminuto aparcamiento. Eso sí, se puede llegar en autobús urbano. En el camino vemos varias mezquitas y banderas de Albania, origen de la población asentada en esta zona. El cañón, resultado de la erosión del río Treska lo recorrimos en parte a pie y el tramo más largo en barca. Merece realmente la pena utilizar este servicio (hay muchas barcas), pues por unos 6 euros incluye también la cueva de Vreo. Junto al embarcadero hay una pequeña iglesia dedicada a San Andrés y un enorme pero abarrotado bar y restaurante.

En el cuarto día seguimos recorriendo Macedonia del Norte durante 200 km, pasando por el Parque Nacional Mavrovo, donde disfrutamos de uno de los mejores paisajes del viaje, además de alcanzar los 1700 metros de altitud. Nuestro siguiente destino es el monasterio de San Jovan Bigorski, cuyos orígenes se remontan a principios del siglo XI, aunque fue destruido por los otomanos y restaurado en 1746, donde asistimos a la boda ortodoxa de una curiosa etnia de la zona.

En Ohrid, población situada a orillas del lago del mismo nombre, pasaremos dos noches. Como lugar de estancia ha sido el mejor destino del viaje pues además de formar parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, al estar a orillas del lago y a 700 metros de altitud, la temperatura resulta mucho más agradable. El día de llegada recorremos el Old Bazar, dejando para la mañana siguiente la fortaleza de Samuel, el teatro griego, la casa de la familia Robev y las iglesias ortodoxas de Santa Sofía, San Pantaleón y San Juan en Kaneo. En las terrazas situadas a orillas del lago se está de maravilla y en el restaurante Gladiator se cena muy bien.

El quinto día de viaje toca bordear el lago Ohrid durante 30 km hasta llegar a un paso de la frontera de Albania, donde sen encuentra el monasterio de San Naum, cuyos orígenes se remontan al siglo X. La parte central del complejo la ocupa la iglesia de los Santos Arcángeles, cuyos frescos del siglo XVIII están considerados entre los mejores de la pintura religiosa de los Balcanes. Todo el recinto está muy cuidado y cuenta con varios restaurantes y la posibilidad de realizar excursiones en barca. Nos ha gustado Macedonia del Norte y además es un país muy barato. Veremos que nos depara en nuestro siguiente destino, Albania.

INFO: Lufthansa ofrece una buena conexión entre Bilbao y Sofía, vía Frankfurt, pero dado el caos existente en este aeropuerto, con constantes retrasos, y la dureza del control de seguridad, calcular un tiempo de escala de dos horas. En hoteles y restaurantes pagamos con tarjeta de crédito, pero hay que llevar moneda local que obtuvimos en casas de cambio. En Bulgaria, en el aeropuerto, 1 € = 1,96 lev (el cambio es fijo). En Macedonia del Norte, en la frontera, 1 € = 61 dinar macedonio (denar).

Estados Unidos y Canadá (y 2): La Rocosas canadienses

Este viaje no tiene tregua. Tras recorrer el parque de Yellowstone, nuestra siguiente cita son los de las Rocosas canadienses, así que devolvemos el coche en el aeropuerto de Salt Lake City para coger el vuelo de las 11:00 a Calgary (2 h). Cogemos otro coche dispuestos a recorrer los 431 km que nos separan de Jasper, donde pasaremos las dos próximas noches. La carretera es todo un espectáculo, pues atraviesa las Rocosas cubiertas de nieve. Como vamos bien de tiempo y el día está espectacular, en el Banff National Park hacemos la primera parada en un sitio de ensueño, el Bow lake, situado a 1920 metros de altitud, rodeado de montañas nevadas y con bloques de hielo en su aguas. Más adelante, en el Jasper National Park, nos detenemos ante el Glaciar Athabasca y en el Campo de Hielo. Poco después, aunque fuera entre matojos, tuvimos ocasión de ver un grizly y, al llegar a Jasper, un wapití o ciervo canadiense. No está mal para ser el primer día.

Dedicamos el segundo día en las Rocosas a recorrer el Jasper National Park que, como los otros de la zona, forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Es el parque más septentrional de las Montañas Rocosas y está conformado por glaciares, lagos, cascadas y montañas. Pronto tenemos que detenernos porque un enorme muflón camina por el centro de la carretera. Visitamos luego el Maligne Canyon, uno de los desfiladeros más espectaculares de las Rocosas, con escarpadas paredes y pequeñas cascadas. También nos acercamos a tres lagos, Pyramid lake, Medicine lake y Maligne lake, de 22 km de longitud, magnífico ejemplo alpino, navegable en pequeñas barcas. También vemos osos negros. La cosa no puede ir mejor, pues en Yellowstone no vimos ni uno.

Hoy toca desplazarnos a Banff, donde pasaremos tres noches, pero nos equivocamos y circulamos en dirección contraria. Nos damos cuenta al ver que dejábamos el estado de Alberta y entramos en el de British Columbia. Antes de darnos la vuelta aprovechamos para echar un vistazo al Mount Robson Park que, curiosamente, lleva el nombre de nuestro hotel en Jasper. Regresamos a este parque y nos dirigimos a Athabasca Falls, una impresionante cascada de 23 metros de caída con aguas muy turbulentas. La fauna de hoy corresponde a sendas cabras de montaña con sus crías.

Como disponemos de dos días completos, recorreremos el Banff National Park, el más antiguo de Canadá, que tiene una extensión de 6.641 kilómetros cuadrados. También pasaremos a la vecina Bristish Columbia, para visitar dos parques más pequeños, Kootenay y Yoho. En el primero de ellos veremos algo muy difícil de contemplar, las cabras blancas, que se encuentran en escarpadas montañas. Lo que si vimos en abundancia fue osos negros. Esta época es muy buena para ello porque, como todavía hay nieve, acuden a las cunetas de la carretera para comer flores amarillas. También fuimos al Marble Canyon, excavado por el río Vermillion. De regreso al Parque Nacional de Banff vimos un enorme oso grizly, tan cerca del coche, que no nos atrevimos a abrir la ventanilla. La foto está sacada sacando el cuerpo por el lado opuesto del coche. ¡Estaba temblando!

En Yoho National Park vimos un gran wapití, que estaba tan inmóvil que parecía una escultura. También nos dirigimos a Spiral Tunnels, mirador de la vía férrea de la Canadian Pacific Railway, que atraviesa las Rocosas. Finalmente nos dirigimos a Takkakaw Falls, una impresionante cascada de 384 metros de caída. De regreso al parque de Banff fuimos a uno de los lugares más impresionantes de las Rocosas, Moraine lake, lago ubicado en el Valle de los Diez Picos. Estamos a 1884 metros de altitud. Es una lástima que el tiempo no acompañe, algo que parece habitual a mediados de junio, pues suele amanecer un día radiante, pero luego se va torciendo y acaba lloviendo. Concluimos la jornada en el Lake Louise, rodeado de montañas y glaciares, pero mucho menos salvaje y turístico.

Seguimos recorriendo el Banff Nacional Park, pasando por lugares con mucha nieve, mientras disfrutamos de la presencia de varios wapitís o enormes ciervos, a los que uno puede acercarse con precaución. De nuevo en Yoho NP, nos acercamos a Emerald lake, el más grande de los 61 lagos y lagunas existentes en este parque. También visitamos Natural Bridge, creado por las corrientes del río Kicking Horse para abrirse paso a través de la roca. El área que rodea el puente natural tiene hermosas vistas del río y de las montañas.

Nuestro viaje por las Rocosas canadienses está a punto de concluir, pero todavía vimos cabras salvajes y enormes wapitís. Siguiendo en el Banff NP nos dirigimos al Banff Springs Hotel, muy cerca del cual se encuentra Bow Falls, cascada en el río del mismo nombre, con solo 9 metros de caída pero 30 de anchura. De aquí nos dirigimos al Johnston Canyon, hermoso cañón que se recorre por una pasarela voladiza, desde la que se contempla un par de cascadas. Ya solo nos queda por ver Minnewanka lake, lago glaciar de 28 km de largo. Los cuatro parques nacionales visitados, Jasper, Banff, Kootenay y Yoho, forman parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Nos han encantado las Rocosas. El viaje está llegando a su final. Tenemos 129 km hasta nuestro próximo destino, la ciudad de Calgary.

Por fin un día de tranquilidad, pues tenemos toda la jornada para visitar Calgary, sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1988 y ciudad más poblada de Alberta, aunque no su capital. Es también la tercera de Canadá, tras Toronto y Vancouver. Lo primero que hacemos es subir a la Calgary Tower, de 191 metros, para contemplar desde las alturas la ciudad. Callejeamos un poco contemplando varias esculturas urbanas y, como las ciudades no nos dicen gran cosa, nos dirigimos a pasar el resto del día al Heritage Park Historical Village, que nos permite conocer cómo fue antiguamente la vida en el oeste, con ferrocarril incluido. Aquí está también el Museo Gasoline Alley, que cuenta con una buena colección de vehículos de época y objetos relacionados con el petróleo y el gas. Mañana iniciamos el regreso a casa. A las 10:15 sale nuestro avión que, tras casi 4 horas de vuelo, nos dejará en Toronto.

Como la legislación canadiense permite demorar la escala 24 h, aprovechamos la parada en Toronto para coger un coche de alquiler y desplazarnos a Niagara Falls, distante 126 km. Además nos damos el capricho del viaje, alojarnos en el Oakes Hotel Overlooking the Falls, desde el que tenemos una espectacular vista de las cataratas, que tienen una altura de unos 56 metros y una anchura máxima de 671. Por la tarde vemos las situadas cerca del hotel y la iluminación nocturna del gran salto. Al día siguiente pasamos también al lado norteamericano. Una gozada el espectáculo de agua que son las cataratas pese a que, para no perder la costumbre, tenemos que recorrer con rapidez, pues por la tarde tenemos que regresar al aeropuerto de Toronto para coger el vuelo de las 18:50 a París (7 horas de vuelo) y, tras dos horas de escala, el de regreso a Bilbao. Ha sido un viaje espectacular.

INFO: Por poco más de los que cuesta un billete de ida y vuelta, sacamos todos los vuelos con Delta. Fueron los siguientes: Bilbao – París (Air France) – Salt Lake City (Delta) – Calgary (Delta Skywest) – Toronto (Westjet) – París (Air France) – Bilbao (Air France).