Básicamente

Enrique Dans lo escribe así de claro: “El problema no es que los adolescentes entren: es que la máquina exista”. “La pregunta, por tanto, no es si debemos expulsar a los menores de unas plataformas tóxicas. La pregunta es por qué seguimos permitiendo que existan plataformas tóxicas para cualquiera, menor o mayor”. Y hace bien Dans en incluir el matiz: las “plataformas que no deberían poder operar” como lo hacen “ni para un niño de trece años, ni para un adulto de cuarenta, ni para un jubilado de setenta”. De un modo gráfico: “No hay que levantar una valla más alta alrededor de los niños: hay que apagar la máquina de espiar”.

Necesitamos desconectar

Son muchos los ejercicios de desconexión digital que estamos viendo, como el de Marc Pigem, que en mi opinión tiene tufo a influencer wannabe de esa desconexión. Pero aunque solo sea por querer prescribir me parece bien que se extienda la idea real de que pasamos demasiado tiempo mirando la pantalla del móvil: reels de mierda que secuestran nuestra atención y acaban mostrándonos la vida como quiere la extrema derecha que la veamos. Yo mismo he hecho la misma investigación que Pigem: ¿cómo puede convivir mi smartphone con un móvil “simple” (sin Internet, como los que usábamos antes)? Con una SIM Dual o clonada. Es posible.

Esto también importa

“Sony acaba de dar un paso histórico en la historia de los videojuegos: se acaba el formato físico a partir de 2028 para nuevos juegos lanzados en las consolas PlayStation” (Xataka). ¿Qué supone eso? Una conexión permanente a Internet.  También va a suponer que se acabó prestarlos o comprarlos de segunda mano. Y supone el final de una parte de la industria: la tienda. Sony pretende liquidar la conversación y el descubrimiento de títulos menores. Para lograrlo dispondrá de catálogos exclusivamente on-line en el que las grandes firmas pagarán por los puestos destacados para promocionar sus descargas.

Y más calentamiento global

Un camión que lleva una caja a una tienda a la que después nos acercaremos andando o en metro a comprar es infinitamente más sostenible que pedir un videojuego (o unos calzoncillos) a Amazon, o descargarlo después de consultar un catálogo on-line. Sí, el consumo de recursos debe de importarnos también cuando tomamos decisiones porque el Ártico se derrite de una manera nunca vista hasta el momento por culpa del calentamiento global. Por suerte, según Econoticias, están probando una forma de contenerlo: “Bombear agua de mar sobre el hielo del Ártico en pleno invierno”. Parece que funciona, pero es literalmente un parche.

Programas de humor

Reconozco que esto me ha sorprendido muchísimo: “Los jueces condenan a Atresmedia a pagar 50.000 euros a la socorrista del ‘la he liado parda’” (Vertele). Me ha sorprendido, insisto, porque yo mismo he utilizado un fotograma de su intervención en algunas presentaciones, para recordar que los accidentes simplemente suceden. “Ser viral ha derivado en ansiedad y bajas médicas” y “‘el daño moral, desde luego, es grave’, reconocen los jueces”. La clave del caso está en que “ella nunca dio ‘su consentimiento’ para que las imágenes de su entrevista fueran usadas ‘para otros fines’, en este caso en programas de humor”.

Con esta gente convivimos

Me ha sorprendido la publicación en Instagram del gaztetxe de Arrasate, con un “agur eta ohore” a Jesús Mari Zabarte, el miembro de ETA que pasó treinta años en la cárcel por diecisiete asesinatos y, cuando salió, concedió una entrevista a El Mundo en la que afirmó que él “ejecutó” a sus víctimas, entre ellas, un niño de trece años. Zabarte, o Garratz, como le llaman quienes le admiran, al parecer, ha recibido otros reconocimientos on-line, como en la página en Facebook llamada Garraxika, en Insurgente o en Resumen Latinoamericano, donde le aclaman como “histórico militante revolucionario”. Con esta gente convivimos.

Más fascistas

Asesinar a alguien porque piensa diferente y llamarlo “ejecución” es lo que hacen los fascistas. Y quien tiene como referencia a estos fascistas o los justifican, de la manera que sea, son igual de fascistas. Tan fascistas como estos: “Democracia Nacional pone en la diana a conocidos periodistas y políticos”. Periodistas como Danilo Albin, Miquel Ramos, Jesús Cintora, Javier Ruiz y Sarah Santaolalla; políticos como Pedro Sánchez, Grande-Marlaska, Gabriel Rufián o Irene Montero; y otros como José Cobo y Antonio Garamendi, aparecen en un folleto ultraderechista como objetivos: “Frente a la anti-España, ¡responde! Por un verano nacional”.

Imprime camisetas con la cara de Franco pero solo por las risas

Ya sé que Hugo López quiere, sobre todo, casito, y que por eso ha llamado “feas” y “jabalíes” a las chicas vascas. También ha mostrado abiertamente su fobia al abertzalismo. Y para terminar (y por esto le traigo a la columna), pretende vendernos camisetas con fotos de Francisco Franco de joven militar y de viejo dictador con la frase “feminismo es igualdad” y la palabra “Charo”, el nombre despectivo con el que, desde el ranciocinio (no le falta ninguna ene), se refieren a las mujeres de izquierdas. Todavía no sé si lo hace por las risas, por el business o por ideología, pero que lo haga le define. Y si lo hace en Instagram, además, nos apela.

Al final, todos tiran de impuestos y democracia

Después de hablar de fascistas y fachas wannabe, esto en el Excelsior mexicano me parece aún más valioso: “Una de las mayores exponentes del movimiento que respalda al presidente Donald Trump, la excongresista Marjorie Taylor Greene, informó que viajó a México en busca de una terapia con células madre que no habría podido costear en Estados Unidos”. Ella misma lo contó así en X: “Tengo 52 años y no tengo seguro médico. Los costos de la atención médica están por las nubes, y cada vez más estadounidenses se van de EE.UU. para recibir tratamientos de turismo médico que no pueden costear en su país”.

Leamos a Israel Merino

Debajo de tanta basura, Israel Merino ilumina el camino correcto, el de las buenas personas que no quieren ser fascistas: “Entre la hija del dueño de Wallmart, que navega con un yate auxiliar donde el servicio prepara paellas que luego llevan en helicóptero al suyo, de más de trescientos millones, y yo, que no compro pescado de proximidad, nos estamos cargando el planeta”. Así resume en Bluesky su columna en El Plural, “destruiré el planeta por comer sepia”, en el que explica “la falsa idea de que todos contaminamos igual sirve para diluir las enormes diferencias de responsabilidad entre ricos y pobres”.

Pero, ¿de qué van?

La inacción de la EHU, la innecesaria rigurosidad de la persona correctora y los intereses de quienes quieren atacar y salir a defender el euskera como si solo lo hicieran ellas y ellos, están ahí. Pero la evolución de las denuncias, las justificaciones y los motivos me están empujando a pensar que los ceros puestos en el examen de euskera de la PAU (que la segunda corrección no ha convertido en aprobados) son merecidos. ¿Qué es eso de que no les tengan en cuenta las notas de la selectividad, o que una abogada pretenda que la universidad solo tenga en cuenta las de bachiller de su cliente que, en ningún caso, habría llegado al aprobado?

Igual se refugia en la sede del PP

Este titular en el Huffington Post no necesita ningún añadido: “Vito Quiles llama ‘cacería judicial’ a lo que son causas abiertas por cosas como humillar a una persona con discapacidad o mentir sobre un funcionario de Hacienda”. Como mucho, sumo un poco de contexto: “A Quiles fue a buscarle la Policía porque no se presentó a dos citaciones judiciales para comparecer en el marco de una denuncia por un presunto delito contra el honor”. ¿Dónde se esconderá de la justicia el provocador? Igual en la sede del PP, el mismo partido que le contrató para el cierre de las elecciones en Aragón. Vaya proveedores se busca Núñez Feijóo.

¿Pero cuánto ha facturado?

“19.000 € de impuestos de golpe. Así es muy difícil prosperar”, se queja la actriz Elisa Mouliaá, que por desgracia para ella se ha hecho más famosa por su denuncia a Iñigo Errejón que por su trabajo. Sin embargo, mal no le ha ido si tiene que pagar 19.000 pavazos como autónoma. “Quizá es hora de abrir un debate serio sobre la presión fiscal a las rentas medias y a los pequeños empresarios. Que nadie tenga que elegir entre cumplir con Hacienda y poder ahorrar para el futuro de sus hijos”, concluye. Y yo flipo, claro, porque según la propia Mouliaá, ella era de izquierdas y, por lo tanto, sabe lo que significa que todas y todos aportemos.

Que lo sepa

Que lo sepa Elisa Mouliaá, que lo sepan todos los que dudan de pagar impuestos, y que lo sepamos también todas y todos los que lo hacemos sin dudarlo: “El español promedio recibe del Estado 140.000 euros más de lo que aporta mediante impuestos” (El Plural). Más me preocupa este otro dato: “El 41% de los españoles son contribuyentes netos, mientras que el resto son receptores”. Lo que yo tengo claro después de leer la pieza es que, además de por las aportaciones a la seguridad social, necesitamos a las empresas para que con sus impuestos cubran todo lo que no generamos como trabajadoras y trabajadores.

Bueno, es RTVE

“IU pide explicaciones a la dirección de RTVE tras emitir por tercera vez un mapa de Marruecos con los territorios saharauis incorporados”, leo en Público y pienso: “Bueno, es RTVE”. Como vasco conozco de primerísima mano la labor uniformizadora de la radiotelevisión pública española, negando las diferentes nacionalidades del estado y asrrinconando en lo folclórico culturas propias como la vasca. No exagero en absoluto. Como investigador sé, además, que es los entes de radiodifusión públicos son muy útiles en esa asimilación, empezando por la admiradísima BBC y siguiendo por France Télévisions, tan jacobina como cabe esperar.

¿Quién marca el paso de la izquierda abertzale?

Según la cuenta Estepan Lauaxeta en X, el parlamentario vasco Ikoitz Arrese, de EH Bildu, se encuentra detrás de la cuenta Malcom Ixa, en la misma red. Una cuenta que señala a políticos del PNV, lamenta muertes de asesinos de ETA y, en resumen, genera los bulos que la izquierda abertzale necesita mientras Otegi y Otxandiano hablan de subir el nivel. Lauaxeta se basa en la coincidencia, palabra por palabra, de dos tuits, en euskera y castellano. Yo no sé si los ha escrito la misma persona, a mí lo que me preocupa es saber si quien intoxica marca el paso.

Lo que nos deben

Como en el caso de Ikoitz Arrese y Malcom Ixa, es importante conocer quién: ¿quién nos debe más de 500 millones de euros? Hablo del listado de las y los mayores deudores a las haciendas de la CAV que han publicado en Gananzia. Son más de 500 millones, pero esa es la cantidad a la que he llegado contando de cabeza solo las primeras líneas, en menos de un minuto. ¿Qué se podría construir con ese dinero? La Subfluvial nos podría salir gratis, por ejemplo. ¿Cuántos meses o años de sueldos de trabajadores públicos podríamos pagar?

Que no se repita

No podemos evitar que Donald Trump haya ganado mil millones de dólares con las criptomonedas después de cambiar la legislación y de montar su propia empresa (con su propio nombre, incluso). No podemos esperar que alguien denuncie, investigue y juzgue algo que vemos todas y todos: que se ha beneficiado de su puesto para hacerse aún más rico. Lo que podemos hacer es evitar que esta mierda se repita, que personajes como él, Musk o Bezos dejen de apropiarse del mundo. Y en eso tenemos que afanarnos. Nuestra supervivencia va en ello.

Correcto

Cualquier decisión que Europa tome para cambiar las tendencias de consumo actuales será una buena decisión. Estamos gastando e importando por encima de nuestras posibilidades, a todas luces, y poco me parece pagar tres euros por las mierdas que importamos hasta nuestros domicilios desde China. Ojo: en China hacen cosas estupendas, también en Europa, y podemos compararlas y comprarlas en tiendas de las de toda la vida. No necesitamos la mayoría de chorradas que nos traen como si fuéramos ricos.

Larga vida al periodismo

No haber prestigiado a las y los periodistas durante décadas es uno de los mayores lastres que nos hemos puesto como sociedad (empezando, muchas veces, por la misma profesión). No lo digo como periodista, lo hago como observador. Sin embargo, el periodismo parece que tiene cierto futuro: en Linkedin han publicado el ranking de los puestos más demandados en el sector deportivo, y entre los más pedidos son los de director de comunicación (el más reclamado, de hecho), responsable de patrocinio o de eventos.

¿Otro hecho aislado?

“La Universidad Complutense de Madrid ha sancionado al profesor y cofundador de Podemos, Juan Carlos Monedero, con un año de suspensión de funciones tras considerar acreditada la comisión de una ‘falta muy grave’ por acoso sexista a varias alumnas” (El Plural). Que sepamos, no les ha metido mano, pero sí ha sido un baboso. No tanto como Íñigo Errejón, al parecer. Y para completar el triángulo machirulo, pero de izquierdas, podemos recordar ese “la azotaría hasta que sangrase” que Pablo Iglesias dedicó a Mariló Montero en un chat privado con los anteriores y que alguien filtró. No son hechos aislados: es una forma de pensar compartida.

El papelón de Ione Belarra

Irene Montero es la madre de los hijos de Pablo Iglesias, y pase lo que pase en Podemos, el mejor escaño siempre está reservado para ella. Las preguntas por lo tanto se las tenemos que hacer a la, nominalmente, secretaria general de Podemos, Ione Belarra. ¿Qué hace allí? ¿Ante quién responde? ¿Por qué continúa? ¿Le compensa poner la cara por un proyecto completamente a la deriva y menguante porque se devora a sí mismo a cambio de “un trabajo cuqui tras haber envenenado nuestra sociedad con sus hipérboles y su ira”, como escribía Antonio Agredano en The Objective? “Deja ya de salvarnos”, le pide el escritor.

Sus amigos rusos

Precisamente de Ione Belarra e Irene Montero recordamos chorradas magníficas tras la invasión rusa sobre Ucrania, como si el Kremlin de Vladímir Putin fuera el órgano de gobierno de una sistema socialista e igualitario. Pues bien, ni lo era, ni lo fue nunca, ni lo será mientras aquellos a los que defendían sigan mandando con puño de hierro y difundiendo ideas retrógradas: “Un tribunal de Rusia condena al propietario de un bar por organizar eventos del movimiento LGBTI” (Europa Press, en su web). Organizar estos eventos es delito porque “el movimiento LGBTI había sido reconocido como una organización extremista en Rusia”.

Otro amigo

Vamos con otro amigo, pero esta vez de Juan Carlos I, uno del que desconocemos su nombre pero ha dicho: “Don Juan Carlos necesita tres millones de euros para vivir por muchas invitaciones que reciba. Su día a día no es como parece”. Lo cuenta Paloma Barrientos en Vanitatis, como si tuviera que darnos pena. “La cuestión no es que tenga amigos que le van a recibir con los brazos abiertos, pero no para pagar el continuo movimiento del avión privado”. Está carísimo el queroseno. Lo que sugiere la pieza es que esos tres millones anuales se los regalan cada año los jeques, y que en España sus amigos no tienen tanto dinero (para él).

Esto me fascina

Asegura Alicia Figueroa en Linkedin que los carteles hechos con IA, aunque resulten baratos, accesibles y, aparentemente, modernos, “no están ayudando a tu marca. La están hundiendo”. Lo que me fascina es la reacción tan rápida que como seres humanos hemos tenido. Todavía no se ha acabado de extender el uso de la IA para generar esos carteles y hay muchísima gente que los descubre a diario, pero hemos generado ya un rechazo. Esa respuesta más o menos parecida pero heterogénea (no nos gustan a mucha gente que piensa diferente e incluso de diferente edad) no puede ser casual. Hay una respuesta atávica ahí escondida.