Aprovechemos el descanso

Escribo esta columna sin saber el resultado de anoche y sin saber, evidentemente, si Pedro Sánchez ha convocado una rueda de prensa de urgencia para anunciar unas nuevas elecciones generales después de valorar los resultados. Así que aprovecho esta ventanita de ignorancia para escribir de otros temas: no me parece un escándalo, ni siquiera me parece caro que el gobierno de la comunidad de Madrid se haya gastado 650.000 € desde 2019 en publicidad on-line por medio de influencers (El Plural). De hecho, creo que el experimento es muy valioso para otros territorios y que estos melones los tiene que abrir quien puede. Y Madrid puede.

Como si no costara

Uno que sabe de política española mucho más que yo y mucho más que casi nadie me dijo la semana pasada, cuando todavía estábamos de campaña, que podíamos vivir tranquilos hasta otoño porque Pedro Sánchez no iba a convocar elecciones antes. Que podíamos contaminar lo que no debíamos y gastarnos lo que no teníamos sin pensar. Y no exageraba: “Hoteles y restaurantes anticipan un verano de récord: el 25% de españoles aumentará su gasto en viajes” (Vozpópuli). Por supuesto que gastamos y consumismos recursos por encima de nuestras posibilidades, porque somos una banda de hipócritas. Y Pedro Sánchez lo sabe.

Cuba, Rusia y lo que caiga en el vaso

Como ya no estamos de campaña y ya no parece que tengo un objetivo electoral puedo decir con total libertad que ya hay que ser hipócrita para mostrar repulsa hacia Netanyahu (algo que cualquier ciudadana y ciudadano de bien debe hacer) y no hacerlo hacia Putin (algo que cualquier ciudadana y ciudadano de bien debe hacer). Y de la misma manera: ya hay que ser hipócrita y colaboracionista para empatizar con la población de Gaza y no hacerlo con la de Cuba. El gobierno caribeño “confirma la llegada en una semana de tres barcos y un submarino nuclear rusos” (Infobae). Sin armamento, se apresuran a aclarar. Y sin vergüenza, también.

Fachas y ultrarricos

Llevo años diciendo que el mayor problema que tenemos como civilización son los ultrarricos (hombres, en su mayor parte) y que nuestras posibilidades de sobrevivir aumentarán en la medida en la que seamos capaces de librarnos de ellos. Y lo siento, pero el tiempo solo me da la razón: el modo en el que Elon Musk (que nunca ha escondido su simpatía hacia Trump) se está acercando a gobiernos de ultras, como el de Milei, para acceder con más facilidad a recursos naturales, solo es la confirmación de que esos ultrarricos son un peligro real al que debemos enfrentarnos y ante el que solo podemos vencer. Nos va la supervivencia en ello.

Escribir como Boyero

Ha pasado la campaña y llega el momento de las confesiones: soy un cronista frustrado y un editor insatisfecho. En ambos casos lo que yo quería haber hecho es escribir como Carlos Boyero: lo que me diese la gana, fiel a mi criterio y, sobre todo, escribirlo de puta madre. El personaje que se nos está revelando ahora por medio de sus memorias que comentan varios digitales, como Público, desconocido para quienes solo leíamos al crítico desacomplejado, no resulta tan atractivo. Y Boyero abre así nuevos dilemas: ¿tiene que gustarte el autor? ¿Es preciso tener “una vida de placeres, baches y excesos” para atesorar criterio, estilo y arte?

Yo voy a votar teniendo en cuenta esto

Yo hoy voy a votar teniendo en cuenta quién me ha dicho la verdad y quién no lo ha hecho. Teniendo en cuenta quién ha sido coherente y quién está pegando volantazos. Teniendo en cuenta quién es capaz de tener una visión global y de largo recorrido y quién ve solo lo que le dicen sin explicarnos quién se lo dice. La alta velocidad ferroviaria que en Europa se utiliza y, además, se fomenta, es uno de los ejemplos más valiosos que tenemos de pragmatismo vasco, de interés español en función de necesidades políticas, de prácticas electoralistas sin vergüenza, y lo será de cambio de opinión histórico en la izquierda abertzale.

Esto, también

Hace unos días Alberto Elías tuiteaba esto: “Me niego a que haya que resignarse y aceptar que sea legal colar anuncios así en campaña y que no pase nada. En serio, ¿se nos está yendo la puta cabeza?”. Lo hacía sobre un pantallazo pegado a un anuncio de Vox: “Más muros y menos moros. Lo que Vox quiere para Europa”. El mensaje es absolutamente cavernícola, y con él conseguirán votos, que es lo más alucinante. Pero solo es un poco menos sorprendente que, como bien denuncia el usuario de X, alguna plataforma digital haya admitido que puede ganar dinero difundiendo semejante montón de mierda racista.

Y esto

Las y los que han estado en contra de la alta velocidad ferroviaria en Euskadi tampoco han estado nunca a favor del proyecto europeo (si van a Bruselas es por el dinero y los contactos, no a trabajar por su país), como la extrema derecha. Sin embargo, como recuerda Enrico Letta, hoy nadie habla de “exit” y todos se arriman al proyecto europeo. Creo que el expolítico italiano es muy optimista en su reflexión. Yo, por si acaso, hoy voy a votar convencido de que el fascismo de allí, como el de aquí, está escondiendo su naturaleza antieuropeísta y está siendo puramente pragmático para pillar pasta y cacho. Lo que hace Alvise Pérez, vamos.

Cómo no, esto lo tengo en cuenta

Curiosamente, unas elecciones europeas que tan poco importan a la mayoría han sido las primeras en las que la inteligencia artificial ha podido intervenir. Una inteligencia artificial que, como muestra Uxioferreeiro en X, sirve para poner en boca de Pedro Piqueras y las candidatas y candidatos de los partidos españoles, palabras que nunca pronunciaron. El vídeo tiene su gracia porque cae en los tópicos de cada partido, pero es aterrador: tenemos que aprender a recelar de todo, a no creernos nada. Y la culpa la tiene el periodismo que empezó aceptando contenidos de baja calidad que ahora la inteligencia artificial replica con facilidad.

No puedo olvidar esto

Hoy votaré, sobre todo, en contra de las y los ultrarricos. De ese colectivo que, como bien exhibe Elon Musk, abraza además las ideas más ultras (salvo honrosas excepciones como Bill Gates), y que definen bastante bien en El Confidencial: esa gente que “puede desaparecer en un avión privado” y “puede permitirse una vida al margen” de la inflación o el cambio climático y que “observa la política, pero como un zoólogo”. Un colectivo al que, como bien expresan, solo podemos hacer frente de un modo colectivo (y las y los políticos tienen que hacer frente sin ambages), y para eso la redistribución de la riqueza es clave.

Reflexionemos

Lo que diferencia a una o un profesional de la comunicación política de una o un experto de plató es que en el primer grupo saben perfectamente que el indeciso no está comparando programas y revisando discursos, sino que decidirá finalmente ir a votar y a qué partido por algún estímulo imprevisible. Por si acaso hay algún raro que está repasando lo hecho por las y los eurodiputados hasta ahora, en InfoLibre han publicado esto: “Los diputados españoles de izquierdas son los más influyentes de la Eurocámara”. Entre los destacados, las vascas Izaskun Bilbao Barandica, Eider Gardiazabal e Idoia Villanueva.

Que reflexionen

Yo no sé si lo que ha hecho Begoña Gómez es legal o no. Pero sí sé que algo no ha hecho bien si ha dado pie a párrafos como este en The Objective sobre la plataforma que comercializa: “Está a su nombre y fue registrada desde una de las viviendas que comparte con Sánchez en la localidad de Pozuelo de Alarcón, pero cuya gestión está siendo pagada por la Universidad madrileña donde ella es directora de la cátedra y máster en transformación social competitiva. Un curso formativo que fue ideado por su gurú de confianza, Juan Carlos Barrabés, a quien recomendó con varias cartas para que ganara contratos públicos”.

La prensa, la primera

Me resulta desternillante que las pruebas de que, cuando menos, no ha sido decoroso ni adecuado lo que ha hecho Begoña Gómez, en una parte de la política y de la prensa sirvan para victimizar y defender tanto a ella como a Pedro Sánchez. Es evidente que el periodismo comete errores en las campañas. Otro: hablar del debate de “las europeas” en clave de política interna, sin dar valor a las candidatas o candidatos que propusieron algo. Y por supuesto, durante la legislatura: una vez más hemos llegado a esta campaña sin hacer los deberes, sin explicar la importancia de Europa, sin informar debidamente de lo que pasa en Bruselas y Estrasburgo.

¿Qué trajeron? ¿Qué han dejado?

Los microcréditos a voluntad de la ciudadanía no le han funcionado a Podemos: ha logrado captar solo 468.550 €. Su objetivo para financiar la campaña eran los 600.000. Lejos quedan los 2,8 millones de euros, que fue su techo en las generales de 2015, según El Plural. Ese mecanismo funciona cuando estás sobre la ola y todo es fácil. Cuando te has caído de la tabla y toca remar las cosas cambian. Ciudadanos desaparecerá del parlamento europeo mañana, Podemos es la tabla a la que se agarra Irene Montero. Y Sumar no ha dejado de restar. Solo queda Vox, como dicen en Vox, de aquella nueva política. ¿Qué ha aportado?

Una reflexión global

Noticias como esta de Mikel Segovia en El Independiente tienen que hacernos reflexionar pero de verdad, no solo unos segundos mirando al infinito: “Euskadi tiene diez veces más residencias de ancianos que guarderías”. Cada día que pasa estoy más convencido de que poco o nada tiene que ver la baja natalidad con las medidas de fomento: nunca hubo más y sigue descendiendo. La conciliación hoy no es más difícil que hasta ahora. Es el modelo de sociedad lo que merece una reflexión, los valores que hemos asentado, lo que hemos dado por bueno, y por supuesto nuestras contradicciones y nuestra hipocresía.

«El lujo»

Hay muchas cosas que me parecen mal en este extracto del discurso de Arkaitz Rodríguez y en el tuit de Sortu: “No nos dejamos a Josu Muguruza, Santi Brouard, Espe Arana, Jokin Etxeberria y tantos y tantos otros compatriotas a manos de los fascistas para que ahora nos permitamos el lujo de no ir a votar”. La primera, que instrumentalice el dolor por un puñado de votos. Estaba mal cuando lo hacía el PP y está mal ahora. La segunda, que el líder de Sortu, el partido mayoritario en Bildu, olvide, literalmente, a “tantos y tantos otros compatriotas” asesinados por los fascistas a los que Otxandiano no llamó terroristas. Lo del “lujo”, ya, es el remate.

“Si estás harto de la corrupción, vota al PP”

Este tuit de @eVeydeVendetta me parece brillante: “Si estás harto de la corrupción, vota al PP”. Este es el resumen del mensaje que ha puesto Cuca Gamarra en la misma red social, X (existe porque lo he comprobado), con todo su morro: “Si estás harto de la corrupción del Gobierno, del partido y del entorno familiar de Pedro Sánchez, este domingo vota PP”. El tuit-resumen me parece brillante porque deja ver la cara dura de quien, siendo del PP, habla de la posible corrupción de otros. Lo hacen en Euskadi reiteradamente (y así les va) y ahora lo hacen también en España. La corrupción es una pelotita roja para el PP. Si se mueve la vemos más.

Y la foto de Begoña, claro

Si el PSOE quiere que hablemos de Begoña Gómez lo haremos. Tendremos que hablar, entonces, de esos favores que, según cuentan, ha pedido a grandes empresas que han colaborado gratis para sus proyectos. Tendremos que hablar de cómo se presta a que el PSOE maneje su imagen ahora que la de Pedro Sánchez parece quemada. Tendremos que hablar de lo que es una victimización vergonzante, la suya. Y tendremos que hablar de cómo Begoña, Pedro y el PSOE creen que la ciudadanía es tonta y va a tragar con la historia de amor y de lawfare, lo que sea con tal de no hablar de lo que toca: Europa.

La “policrisis”

Europa ya vota: no todos los países esperan al domingo y algunas conciudadanas y conciudadanos lo están haciendo en diferentes puntos del continente que compartimos en medio de una “policrisis”. Un concepto que describen así en Euronews: “El volátil estado de cosas en la década de 2020. Un fenómeno ‘en el que crisis dispares interactúan de tal manera que el impacto global supera con creces la suma de cada una de las partes’, según el Foro Económico Mundial”. Se trata de “crisis consecutivas que han reconfigurado profundamente sus políticas, desafiado sus viejas creencias y ahondado sus temores existenciales”.

Cuánto facha, ¿no?

Sé que parezco un exagerado cuando hablo de que debemos mantener una lucha diaria contra el fascismo de aquí y el de allí, pero en solo un par de días, y solo centrándonos en Madrid, hemos leído varias noticias que nos recuerdan la cantidad de neonazis con los que conviven (en Euskadi lo hacemos con calaña similar): el asesinato de Borja Villacís y la agresión de Alberto ‘Pugilato’ González al cómico Jaime Caravaca. Raúl Díaz, guionista portugalujo y tuitero certero redondeaba así la semana: “Nostálgico soy yo, que echo de menos cuando los nazis no proclamaban sus ideas en público porque estaba mal visto”.

No merecen ni un voto vasco

El PP, por unirse a la extrema derecha sin ruborizarse en España y en Europa. Y el PSOE, porque Pedro Sánchez solo pretende entretenernos y despistarnos con el único objetivo para seguir en Moncloa. Ni uno de los dos grandes partidos españoles se merecen el voto. Lo tengo aún más claro después de la “nueva carta a la ciudadanía” del presidente, de la que hablaremos aunque no queramos en la recta final de la campaña; de la certeza clara ya de que Begoña Gómez, cuando menos, pidió favores sabiendo que podía beneficiarse de ser la cónyuge de Sánchez; y de la intervención de un sistema judicial que convive con el PP mucho más de lo soportable.

Aguantavelas y chupacirios

Los partidos en los que se divide la izquierda española tampoco merecen un solo voto vasco: vemos su soberbia injustificable en los debates y vemos lo poco que les importa todo salvo su lucha cainita. En Sumar, además, vemos su campaña horrorosa que ahora pasa por el seguidismo al Sánchez más victimista. Y hemos visto a qué va a Bruselas la izquierda vasca: Pernando Barrena solo estuvo la mitad de la legislatura como eurodiputado, hasta que cedió su escaño a la candidata del BNG y él pasó a ser su asesor. Y en todo momento trabajó para Bildu, no para Euskadi. De esto va lo del domingo, de nada más. Que no nos despisten.

En todo momento y en todo lugar

De la extrema derecha española que articula en Vox no voy a hablar. Y de Alvise Pérez ya he hablado, mucho más de lo que merece su limitadísima propuesta. Prefiero hablar de nosotras y nosotros, la prensa y la ciudadanía, que hemos comprado las mierdas fascistas sin desearlo (como compramos tantas otras mierdas): la televisión pública alemana ha preguntado “a su audiencia si le gustaría ver más jugadores blancos en la selección nacional” (Público). Este es el ejemplo de cómo todo esto empezó con programas en la televisión para paradas y parados cabreados, y ha acabado con los ultras dictando argumentarios.

Y con sexo

Mientras buscaba noticias sobre la campaña europea en Euronews (era fácil pensar que ahí encontraría alguna) me topé con esta otra: “Musk’s X actualiza su política para permitir oficialmente a los usuarios publicar contenido pornográfico”. Ojo, que el debate es interesante: en Internet hay porno. Mucho. Muchísimo. Algunas redes sociales luchan por mantenerse al margen, otras simplemente no toman una decisión (pero de facto lo acogen), y ahora X, que era de esas que dejaban hacer, ha dado un paso novedoso e interesante: acogerlo siempre que esté “distribuido de forma consentida” y “debidamente etiquetado”.

El mundo es para ellos

Uso el masculino porque es evidente que la mayoría de los chulos millonarios son hombres y que esto no puede ser una casualidad. Esta vez me refiero a Gerard Piqué y Luis Rubiales, de nuevo, que según The Objective, “negociaron con la UEFA montar una Eurocopa de clubes cuatrienal”. Por partes: es lícito que uno tenga una idea que cree magnífica y utilice sus contactos y recursos para venderla y sacar un beneficio. Está claro que estos dos personajes tienen una sed de dinero desmedida y que sus ideas no son tan buenas como rentables (para ellos, por supuesto). Necesitamos que el fútbol que beneficia a estos tipejos implosione.