Esteban responde a Iglesias

20161031_esteban

Y lo hizo de un modo que éste era capaz de entender: por medio de las redes sociales. El diputado del PNV lanzó un tuit con un enlace a su página de Facebook, en la que explicaba, como conocedor del tema, qué significa la Cruz de San Andrés en el nacionalismo vasco, y cómo la alusión de Pablo Iglesias a la Cruz de Borgoña, monárquica, era errónea. Básicamente, la primera la adopta el nacionalismo por la batalla en el día del santo, siempre de color verde (la carlista y monárquica es roja).

Pero a Pablo nada le fastidia un tuit

Antes de la explicación de Esteban, Iglesias se había anticipado y se había dado la razón por si acaso, cogiendo fotos en color sepia de la Fundación Sabino Arana y diciendo lo que ya había dicho. Después de la aclaración del diputado del PNV… Iglesias no dijo nada. ¡Cómo iba a reconocer su error! ¡Pero si él nunca se equivoca! Quien se atreve a explicarnos el presente como si fuéramos tontos, ¿por qué no iba a explicarnos también el pasado a los vascos?

La bandera de Chimo Bayo

No me cae mal Chimo Bayo, un tipo que supo brillar en una época y un territorio de oscuridad. El paso del tiempo, además, le ha presentado como un tipo capaz de reconocer sus excesos, con ganas de poner en valor sus éxitos (y hace bien), y sobre todo capaz de evolucionar. Pero de ahí a colocarle como un referente cultural, y que “la ruta del bakalao” quiera presentarse como cultura, me parece un exceso. Curiosamente, durante una entrevista para la promoción de su libro, pide una nueva bandera para España: una metáfora de estos días.

¿Y ahora, qué?

En el PSOE tienen que empezar a ver la luz después de unas semanas tan trágicas. Es importante que lo haga, por fin, pero también es importante saber quién será el que levante la persiana que acabe con la oscuridad. Me sorprendo con algunos nombres: Borrell, Patxi López… Parece que la propuesta de Luis Arroyo en InfoLIbre de un nombre alternativo a los de Pedro Sánchez o Susana Díaz es la más plausible hoy, pero para al Congreso definitivo apostaría por ellos.

La primera, de cerveza

Lo confieso: he estado tentado a intentar hacer algún chiste con el hecho de que el primer envío que ha hecho un camión robotizado, es decir, sin conductor, sea de cerveza. Pero lo cierto es que me ha dado pena: es una lástima que otras marcas y, sobre todo, algunas ONG no hayan estado más atentas para ubicar su mensaje en ese medio porque esos 160 kilómetros sin conductor y esas 51.000 latas de cerveza son el primero paso de una larga carrera.

Todo vale para el convento

20161002_convento

En Podemos tienen claro que la guerra abierta en el seno del PSOE les tiene que beneficiar. Como sea. Lo que no han calculado bien es que esta sed de sangre no les reporta nada bueno. Pero eso da igual lo importante es que del PSOE que resistió al sorpasso no queden ni las ruinas. Fueron varios los que se dieron cuenta en Twitter de cómo Carolina Bescansa y el community manager de Podemos habían sublimado la incoherencia, definiendo “el origen de la crisis del PSOE” y asegurando, solo tres minutos después, que no les corresponde “analizar las causas”. ¡Aplausos!

La curiosa empatía hacia el perdedor

Una persona muy inteligente me sorprendía la semana pasada, cuando estallaba la bomba socialista, dividiendo la guerra interna del PSOE en bandos: el de los buenos y el de los malos. “¿Y quiénes son los buenos?”, le pregunté extrañado. “Los de Pedro, ¿no?”, me respondió. Y todavía me quedé más sorprendido. Jorge Puente, uno de esos “tipos duros” de Twitter, sentenciaba el viernes: “Pedro Sánchez, que ayer era tonto, hoy os cae bien por perdedor. Eso sí que es españolazo”. Y creo que cierra el asunto mejor que nadie.

El nuevo PSOE: ni de derechas ni de izquierdas

Así será el PSOE de Susana Díaz: ni de derechas ni de izquierdas. Porque ser socialista “es luchar por la igualdad”. A quien yo vi el tuit de Susana Díaz lo tenía muy claro: “Si resucitase Pablo Iglesias, el vuestro digo, que el otro está vivo, os molía a palos a todos”. Y no le falta razón: aunque la parte más aburrida de ese debate esté superado no le toca al PSOE bajar la bandera de la izquierda, no por lo menos en este momento. Y si lo hace, además para permitir que el PP siga gobernando España sin igualdad, no puede airearlo de esa manera.

Lapitz, para quitarse el sombrero

Cuando Patxi López alcanzó la lehendakaritza aupado por Antonio Basagoiti, y Alberto Surio llegó a la dirección general de EITB, Xabier Lapitz tuvo que abandonar Radio Euskadi pese a ser el líder de su franja. Esta semana, cuando el PSOE ha estallado en mil pedazos, el periodista escribía esto en su muro de Facebook: “Hoy toca respeto y ánimo a la militancia socialista que hace uno días pegaba carteles, participaba en mesas, contaba votos… Gentes de un partido centenario que se encuentran con esto”. No hace falta añadir nada más.

Pues yo sí me lo esperaba

Vamos dejando hueco a otras historias, que bastantes son en el PSOE para ocuparse de sus asuntos (y estarán deseando que les dejemos hacerlo con tranquilidad). Así que les hablo de fútbol, pero de su peor cara: en Inglaterra ha estallado un escándalo porque los entrenadores se dejaban comprar por los agentes de jugadores, y hacían fichajes por interés económico propio, y no por el del equipo o el club. Yo me lo esperaba, sinceramente, en la inglesa pero también en otras ligas. En el fútbol, lo peor es el negocio y lo mejor sigue siendo el deporte.

Pongamos que hablo de Madrid

2016-09-15_181424

Les voy a contar una historia de un amigo, experto en el manejo de las redes sociales (en Euskadi, nos conocemos casi todos). Es un tipo listo, o eso parece cuando hablas con él, sobre todo de estas cosas. Su vida personal se sostiene milagrosamente, pero todos los que nos dedicamos a la comunicación en Internet dejamos ese flanco un poco descuidado. Somos irremediablemente frikis. Con todo, el mayor defecto de mi amigo es, seguramente, que no es un buen vendedor: hace muchas cosas, no las hace mal, pero siempre da la sensación de que alguien se ha comido su queso.

Pegado a su Mac, mi amigo se dedica a la comunicación política en Internet, en Madrid. Hace unos meses, en la anterior campaña, la de la repetición de las generales, cometió un error. Estaba cansado, con la sensación de haberse pasado seis meses trabajando sin parar. Mi amigo, como casi todos los que se dedican a la comunicación política, ha fracasado: no ha conseguido trasladar a la ciudadanía el valor de su trabajo, ni el de los diputados honrados (por supuesto que los hay sinvergüenzas, todos lo sabemos). Como cronista de la actualidad política, me incluyo en este “repaso”: no hemos sabido trasladar el mito del líder, no hemos sabido hacer visible ese halo, no hemos sabido vestir a los reyes que, aun con un montón de trajes encima, hoy se sienten desnudos.

Mi amigo lleva trabajando en comunicación política on-line antes de que existiera “la nueva política”. De hecho, durante una fase muy breve, la nueva política eran ellos, los de Twitter y los de Facebook, los de Linkedin y Last FM (¡menudo dinosaurio es mi amigo!). Luego llegaron Pablo Iglesias y “la casta”, y todo cambió. Sobre todo en Madrid. Y a la segunda, después de aguantar el tirón en las apoteósicas europeas y las fulgurantes municipales y autonómicas, para Podemos, se equivocó. Su error fue básico: hizo una tontería por culpa de un tonto y, claro, el tonto le ganó a tonto. Si les cuento la tontería descubrirán quién es mi amigo, porque su error fue trending topic. Y ya saben que un periodista nunca revela sus fuentes ni deja pasar una bandeja de croquetas gratis.

Pero mi amigo aprendió una lección (y hasta aquí quería conducirles yo): no sobrevalorar al rival. Cuando me dijo esto, en el bar del Congreso, tomando dos gintónics que nos costaron medio céntimo de euro, los dos, le interrumpí: “Será ‘no subestimar’, ¿no, viejo amigo?”. “No, Iker –me respondió–, lo que he aprendido es que no hay que sobrevalorarles”. Mi amigo se dio cuenta durante aquella difícil mañana, mientras no dejaban de aparecer nuevas notificaciones con replies con vejaciones hacia él y retuits a esas vejaciones, que un amateur puede dar una lección a un profesional excepcionalmente, pero no en todo momento y en todas las materias. Que “especialmente los de Podemos, Iker –continuó–, a los de Ciudadanos se les ve venir desde la derecha y con el brazo derecho en alto –mi amigo es rojo, muy rojo–, se comportan en Internet como no quisiera que se comportara ninguno de los míos”. Según él, la comunicación de los canales oficiales es bastante tradicional y sorprendentemente pobre (la cuenta verificada de Podemos Euskadi le da la razón), y son los ‘soldados’ –él usó esa palabra– las que meten el ruido y actúan acatando órdenes masivas en momentos concretos, logrando trending topics e intentando amedrentar a políticos y trabajadores, “pero no piensan, Iker, ¡joder, no piensan! ¿Te das cuenta de lo que te estoy diciendo?”. Y ahí, según mi amigo, está su mayor debilidad: “Piensan tan poco que no se dan cuenta de que esa carencia acabará con ellos. Y lo hará, Iker, lo hará. Podemos se diluirá como un azucarillo. Y yo seguiré aquí”.

Sé que a mi amigo no va a gustarle esta columna.

La respuesta era Facebook

2016-09-10_143539

He colaborado con Begoña Beristain en Onda Vasca durante seis años y medio. Primero por la tarde, después por la mañana. Primero en la pequeña emisora de la calle Cristo, que también tenía su encanto, más tarde en la más moderna de Aita Lojendio. Primero con una sección de tecnología y entrevistas, después con una tertulia sobre Internet y redes sociales, y finalmente con una versión radiofónica del Bogando por la red. Esta temporada, los cambios en la programación de la emisora y en la vital del que les escribe, ha hecho que, de inicio, no podamos continuar con nuestro idilio en los micrófonos. Mientras duró, en Navidad intentábamos montar un gran encuentro con todos los contertulios y colaboradores de ese año, y jugábamos a hacer predicciones en las que, a la pregunta de qué herramienta no acabará el año que iba a empezar, respondí en varias ocasiones: “Facebook”. Cansado de hacer el ridículo, acepté que “Facebook” era la respuesta a otra cuestión: la de Mark Zuckerberg es la red social con más penetración y capilaridad en Euskadi, en España y puede que en el mundo. Al final, dejé de buscar la piedra azul para tropezar con ella como un mal actor. Reconozco desde aquí que Igor San Román lo vio claro antes que muchos (incluido yo, claro): Facebook es “la gran red social” y cualquier trabajo de marketing on-line empieza por ahí.

Y por fin, les hablo de política: después del inútil 26-J nos sorprendimos con un reportaje en El Mundo sobre cómo en el PP explicaban la mejora de sus resultados, en parte, con un trabajo específico en Facebook firmado por una importante empresa estadounidense. Mucho más discretamente, el PSOE también realizó un trabajo en redes sociales digitales, sobre todo en Facebook, para alcanzar los nichos que disputaba con Podemos y asegurárselos.

Los nuevos partidos que apostaron por Twitter encontraron justo lo que ofrece Twitter: un fogonazo de fama y una caída lenta pero irremediable. Los viejos que apostaron por Facebook, los del bipartidismo, siguen apostados en la alternancia. En Euskadi los patrones son similares: Bildu apostó por Twitter cuando nació sumando a todos los que se veían fuera de la moqueta, y el PNV se mantuvo en Facebook y en el liderazgo del país.

Pero Arnaldo Otegi es toda una estrella en Facebook con más de 70.000 seguidores. Sin embargo, consigue impacto en los medios gracias a Twitter donde, curiosamente, solo tiene unos “pocos” más: 76.000. Que tenga una cifra similar en ambas redes es significativo (la izquierda tradicional, como la derecha tradicional, sí responde a los toques de corneta), y el porcentaje de seguidores de fuera de Euskadi, seguramente, sea el mayor junto con el de Alfonso Alonso. El del PP mantiene la página en Facebook que usaba como ministro (lo que explica sus 9.000 seguidores). Idoia Mendia tiene casi 5.000: muy buena cifra para ella. Iñigo Urkullu, con su Facebook de reciente creación por la campaña, 800 (casi 10.000 tiene en el oficial como lehendakari), y la meliflua Pili Zabala, menos de 700, a los que habla de Pablo Iglesias. Cada loco, con su tema.

«Instagram va a pasar»

2016-09-09_145128

La cita no es mía. Lo dijo en Bilbao una de las personas que más mando en plaza tienen en Facebook a nivel mundial, en una reunión cerrada que pudimos mantener. Ya han pasado casi cuatro años de aquella afirmación hecha con contundencia por Miss Facebook: entonces, su empresa acababa de comprar Instagram por una milmillonada (literalmente), y todos sabíamos que la aplicación de fotografía tenía un enorme potencial y que la de Mark Zuckerberg es una empresa experta en sacar rendimiento de la comunicación on-line. Hoy, Instagram es una de las tres grandes aplicaciones y nadie lo discute: Instagram “está pasando”.

Y en esta campaña, por supuesto, Instagram está muy presente aunque no lo note usted, acostumbrado a estas alturas a manejarse con soltura en Facebook y Twitter. Pero es que usted lee el periódico. Y aquí, sí, los caminos se separan: quienes miran Instagram compulsivamente no ojean relajadamente el papel entintado con un café. No por el momento.

¿Para qué sirve Instagram? Para subir fotos. ¿Y para eso no están Facebook y Twitter? Sí, pero en Instagram puedes poner un filtro (lo que me parece la sublimación de la metáfora política). ¿Y eso no puedes hacerlo también en Facebook y Twitter? Sí, gracias a Instagram. Y en Instagram, además, lo haces mejor.

Hablando de hacerlo mejor que otros: ningún partido vasco usa bien Instagram. Tenía que decirlo. En mi opinión, no lo usa bien ni Barack Obama. Así soy yo de exigente. Aunque los gestores de la identidad digital del presidente estadounidenses son los que más se acercan a la perfección: casi no se dejan llevar por la tentación de fotografiar “lo que ve el político”. Pero sí que hay alguna foto de esas que muestran el punto de vista del titular de la cuenta. Un error.

En Instagram lo que más nos gusta es la comida grasa, pero lo que mejor funciona es la dieta. Y lo que peor, las ensaladas. Me explico. Instagram está lleno de fotos de comida, sobre todo, hamburguesas. Pero los “instagramers” con más seguidores y mejor valorados son los más lineales, los que machacan su mejor idea. Y el mayor error es tener una cuenta como una ensaladilla rusa, en la que lo mismo pones una foto de ti sacada con un equipo profesional de 6.000 euros, que una castaña que has sacado sin luz con tu smartphone. Todo bañado en mayonesa.

El fotógrafo de Obama, Pete Souza, tiene un Instagram para hacerle un marco, con las fotos que saca con su móvil de los actos. Es mejor que el Instagram del propio Obama. ¿Y en Euskadi? EAJ-PNV ha empezado a usar las “stories”, la última funcionalidad de la herramienta: vídeos cortos que se ven solo durante 24 horas. En Bildu son un poco caóticos (solo un poco más que los demás). El PP parece que exhibe fotos “birladas” de sitios de terceros. Y Podemos merece una línea aparte: ¿cuál es su última foto en Instagram, de hace seis semanas? De Pablo Iglesias con el Rey de España. Gracias, Internet.