Lo que molesta a Trump

Lo que molesta a Donald Trump beneficia al resto de la humanidad. Le molestan la universidad y los museos, que ha atacado. Le molesta la sostenibilidad del planeta, que le impide hacer los negocios que quiere hacer. Y le molestan las televisiones que no le aplauden acríticamente como NBC y ABC, a las que “presiona para que se retiren las licencias” por “sesgadas y mentirosas” (Público). No le resultan ni sesgados ni mentirosos los comunicadores de extrema derecha que montan plataformas (muy rentables económicamente, por cierto) para difundir sus mierdas fascistas, esas en las que se muestra tan cómodo Trump.

¡Claro!

Pedro Sánchez, por ejemplo, ha intentado molestar a Trump pero no lo ha logrado. No forma parte del catálogo de enemigos cuidadosamente elegidos del republicano. Más bien, al contrario: “Las refinerías españolas han incrementado progresivamente la compra de crudo y gas natural norteamericano, en gran parte debido al bloqueo internacional impuesto a Rusia tras su invasión de Ucrania” (Vozpópuli). Y ahora, con el discutible acuerdo que ha hecho la UE, las importaciones irán a más desde EE.UU., que ya es el mayor proveedor de crudo en España pese al postureo de Sánchez (apaciguado rápidamente) y la izquierda en general.

Dos noticias que se entienden mejor juntas

Quienes vamos a los campos a ver fútbol y animar a nuestros equipos tenemos que sufrir horarios asquerosos por culpa de la televisión que, según nos dicen, pagan la fiesta. ¿A qué precio? Según El Independiente, esta temporada será más cara. No solo eso: “Hasta el año pasado, el fútbol había duplicado prácticamente su precio en la última década”. La fiesta, en realidad, la pagan los de casa, los de cerca, los de siempre. Aún así, seguimos asistiendo a abusos: “La UEFA adelanta el horario de la final de Champions League para ganar audiencia en Asia y EE.UU.” (2 Playbook). Si abusan en algo tan poco vital es porque nos dejamos.

No nos dejemos

Propongo empezar por el fútbol: no nos dejemos, modifiquemos lo que no nos gusta, aprendamos a plantar cara en lo relevante, eso que Antonio Agredano ha detectado bien en The Objective. “Empieza el curso político con la amenaza de la desafección. Aquello que sucede a la indignación. Aquello que abona el populismo”. Y alerta de “esa tentación de pasar de todo. De cerrar definitivamente las redes sociales. De no ver noticias, de no escuchar los monólogos radiofónicos de la mañana, de ignorar. La tentación de romper, de estirar, de probar, de agarrarse a voces subterráneas, de gritar más que hablar”.

Lo han logrado

No les conozco de nada, no sé qué han hecho hasta ahora, no sé de dónde vienen (de Donostia, sí), pero su aventura me ha resultado una de las más frescas de este verano: Gorka Lasa e Ibai Martín han viajado desde la capital de Gipuzkoa hasta París en patinete (cada uno, en el suyo, claro), y han documentado su periplo mostrando la solidaridad de mucha gente con la cultura urbana como elemento común e Instagram como el cable que les conecta. Para mí, “el poder de las redes” (esa horterada) es justo lo que nos han mostrado entre rimas más o menos acertadas y acampadas imposibles (para mí, que soy un viejo).

Gobernar bien es muy difícil

Hace años ya, cuando yo empezaba, Emilio Olabarria me dijo: “Gobernar es fácil, gobernar bien es muy difícil”. Esta verdad ha vuelto a mi cabeza después de leer el titular en Vozpópuli: “La deuda pública sube como no lo hacía desde el covid: 70.000 millones en lo que va de año”. Según algunos cálculos, esto supone que España, solo a los intereses de esa deuda y solo en 2025, destinará más de 40.000 millones de euros. Dicen los que saben (como Olabarria), que un poco de deuda pública no está mal, pero si la deuda alcanza el 100% del PIB igual los sucesivos gobiernos de España no están gobernando bien.

¿Cómo pagamos?

No me explico cómo algunos argumentos políticos macroeconómicos siguen funcionando: por supuesto que la deuda hay que pagarla y si es excesiva lastra, por supuesto que los impuestos sostienen el estado del bienestar y, por supuesto, si recaudas menos tendrás peores servicios públicos. Pues bien, en Valencia, “el Consell admite que con el cambio fiscal los contribuyentes ‘ricos’ se ahorrarán 61 millones” (La Vanguardia). Doy por hecho que el equipo económico de Carlos Mazón conoce estos rudimentos contables, así que si el PP valenciano decide prescindir de 61 millones de euros de quien más tiene, lo hace por política. Su política.

Luego se endeudan

¿Cómo resuelven la derecha y la ultraderecha españolas la falta de recursos? Así: “Vox dispara la deuda pública de los municipios de las Baleares. Los ayuntamientos donde la formación de extrema derecha cogobierna con el PP acaparan casi toda la subida del endeudamiento municipal” (Diario de Mallorca). Qué fantasía: la deuda pública une a la izquierda con la derecha, y a quienes están en sus respectivos márgenes. En el centro, me temo, como el jamón del sándwich, queda la responsabilidad de explicar que pagar es importante, que la solidaridad es necesaria y que los impuestos (especialmente, los de las empresas) permiten la fiesta.

Realismo y sostenibilidad

Hoy va de batallitas: recuerdo mi sorpresa cuando un compañero me adelantó en Estrasburgo que el sistema público francés no dejaba de incrementar su riesgo porque el gobierno iba invirtiendo en empresas y sectores que podían cerrar o caer, como respuesta a las protestas, y el globo, hinchadísimo, estaba a punto de explotar. Y pum: “Llegan los recortes a Francia: la incapacidad de contener el déficit tiene la culpa”. Según El Blog Salmón (en un artículo extrañamente tendencioso), “en 2023, las subvenciones a empresas ascendieron a 211.000 millones de euros” y eso que “Francia ostenta la mayor presión fiscal de Europa”.

En resumen

No lo digo yo, lo ha escrito Nieves Concostrina en Bluesky: “Las autonomías del PP venden a sus votantes bajadas de impuestos, los votantes egoístas y simplones pican, los servicios públicos de emergencias quedan al mínimo, vienen danas e incendios, y piden socorro al gobierno central. Estoy de los ciudadanos ignorantes hasta la peineta”. Sin embargo, me atreveré a completar su queja (que comparto, claro): también es egoísta y simplón reclamar gasto público como si el dinero de todas y todos fuera infinito, y exigir que el estado intervenga despreciando a la empresa privada, que es la que más impuestos paga.

¿Quién recuerda a ETA?

No son pocas ni pocos, del entorno de la izquierda abertzale y de otros, las y los que piden que dejemos de relacionar a quienes apoyan a ETA con ETA, argumentando que la ciudadanía vasca ha pasado página. Yo no estoy tan seguro de que las y los vascos quieran olvidar su pasado por mucho que duela al mirarlo de frente, pero de lo que no tengo duda es que de ETA habla mucho más la izquierda abertzale que el resto: “Covite denuncia que 26 actos de apoyo a presos de ETA durante este verano han sido patrocinados por Bildu” (El Independiente). En total, ya van “135 actos de apoyo a los presos de ETA durante las fiestas”.

No soy optimista

Me hago mayor y me duele Euskadi: el número de personas capaces de justificar o perdonar un fascismo que ha vivido me entristece. Por desgracia, en todas las sociedades hay comportamientos inexplicables, como (salvando distancias) el “espectáculo de fuegos artificiales en Jaraíz de la Vera” junto a “uno de los incendios en activo” (Huffington Post) en Cáceres. Un vídeo, ampliamente difundido en redes sociales y WhatsApp, muestra la cercanía de los fuegos artificiales al real. Las respuestas han sido también muchas y no todas calmadas. Y eso, respuestas ante lo evidente, es lo que necesitamos. Pero no soy optimista.

No lo entiendo

El de las y los políticos que inflan sus currículums ha sido uno de los temas del verano. Yo no lo entiendo. En 2025 si algo tenemos claro es que el currículum académico importa poco (salvo para el acceso a algunas plazas funcionariales). Me explico: doy valor a los estudios, pero sé que no son exigibles y menos en política, como recuerdan en El Blog Salmón. “Para ser político no hace falta estudiar Ciencias Políticas y a veces, directamente nada. Mentir en el CV es casi lo de menos”. Noelia Núñez ha hecho un ridículo evitable pero ha generado un efecto cascada muy interesante de “corrección” de titulaciones obtenidas (o no) por otros representantes.

¿Quién es turista?

Yo soy turista, no voy de “viajero” por el mundo ni doy la tabarra con que intento integrarme en las ciudades que visito con pantalones cortos y gafas de sol. Sin embargo, a veces me parece que soy el único turista: “¿Quién se beneficia del turismo en verano? Así impacta su masificación en trabajadores y medioambiente”, denuncian en Público, y en las txosnas de Bilbao vemos a comparseros con la piel tostada por el sol servirnos cañas entre carteles contra el turismo en la ciudad. Algunos están en su prime de cinismo e hipocresía. Por supuesto que debemos cambiar el modelo, pero cuando viajamos, no cuando volvemos.

¿Qué pasará?

No soy taurino, de hecho, me gustaría que no existiese un espectáculo basado en que una persona se juegue la vida y en que un animal precioso sufra hasta morir. Pero reconozco que asisto al fogonazo (veremos si es una luz duradera o no) de “el morantismo”, como lo definen en Vozpópuli, con cierta curiosidad, entre otros motivos porque Morante de la Puebla es de mi edad pero encarna, flípolo, el clasicismo en el toreo (que ya es decir). Pero sobre todo porque ese clasicismo (flípolo más) ha conectado con una generación de aficionados jóvenes, sí, pero con una estética viejuna que me genera una mezcla de fascinación y pasmo.

La obsesión del PP… con el PNV

No hay medio próximo al PP, en papel, en radio, en televisión o digital, en el que no escriban o hablen del PNV. Primero, la moción de censura de Rajoy, después, la investidura que Feijóo acordó con Abascal y en la que, por motivos obvios, Ortuzar y Esteban no entraron, son dos momentos que en el PP y su entorno guardan con rencor. Pero realmente nadie puede apelar al “doble rasero” (El Debate) porque las situaciones son diferentes: Rajoy se enfrentaba a sentencias (el PNV aguantó todas las investigaciones previas). Pero sobre todo, por supuesto, por los acuerdos del PNV en Euskadi con el PSE. No es el PNV al que hay que exigir acciones.

¿Y qué hace Bildu?

Del mismo modo que no es al PNV al que hay que exigirle acción y decisiones cuando el PSOE está enfrentándose a informaciones vergonzantes y, sobre todo, muy graves, nadie puede exigir nada a Bildu aunque forme parte del bloque de investidura, aunque las principales negociaciones con el PSOE hayan sido secretas (la operación Asirón y la gestión de las y los presos de ETA), ni aunque haya sido, con diferencia, el partido que más fácil se lo ha puesto a Sánchez en el Congreso. Pero si leo que “ERC y BNG piden la comparecencia de Sánchez para que dé explicaciones” (El Imparcial), es lógico que me pregunte: ¿por qué no se suma Bildu?

Lo que hace el PP

Es el PP el que debe llevar la iniciativa en este momento, lo tiene que hacer porque el sábado pasado convocó una manifestación con mitin en Madrid para asegurar que era urgente que Pedro Sánchez saliese del gobierno. Con todo, creo que Núñez Feijóo está haciendo algo inteligente por primera vez: dejar que el PSOE se cueza en su propio caldo. Y justo cuando acaba de acertar, va el líder del PP y nos recuerda lo evidente: “Feijóo rechaza ‘cordones sanitarios’ a Vox” (Vozpópuli). Es decir: vía moción de censura, vía elecciones, su opción es aislarse con la extrema derecha. Si esa es su decisión que sea coherente con ella.

Y lo que hace Israel

Mientras miramos a Irán con preocupación, “la guerra de Israel contra Irán no detiene su genocidio en Gaza. Otros 44 palestinos asesinados en las últimas 24 horas”. Lo escribe Javier Espinosa en Bluesky. Y hace bien en recordarnos que el ejército de Netanyahu, por lo menos de momento, tiene capacidad para golpear a Alí Jamenei, mantener una presión intolerable en Cisjordania y seguir machacando a la población de Gaza. Lo que estamos viendo, lo que están permitiendo los líderes del mundo, empezando por Trump, es insostenible y vergonzosa. Por lo menos tenemos que asegurarnos de que la historia les condene.

¡Cómo no vamos a pitar!

Me sorprendió la pitada al Barça en el último partido en San Mamés, lo confieso. Así de cándido soy. Me limité a levantarme sin aplaudir, que era mi plan desde el principio. Ahora creo que pitaría: Enric Masip intentando chulearnos, Mundo Deportivo asegurando que Nico Williams, Luis Díaz, Marcus Rashford e Ivan Perisic, están “locos por el Barça”, y Sport contando que el pequeño de los Williams “está dispuesto a rebajarse el sueldo” (Fichajes.com). Si no saben dejarnos en paz tendremos que aprender a defendernos. También Nico debería atajar todos estos rumores para mantener el afecto a la familia que tenemos en Bilbao.

Otra vez

Leo en El Huffington Post esto: “Sí, otra vez: un agitador ultra revienta la rueda de prensa de Sumar en el Congreso de los Diputados”. Y pienso: otra vez… se les ha colado. Porque para estar en una rueda de prensa, lo primero, hay que acreditarse. Y para acreditarse hay que dirigirse a la mesa del Congreso. Ahí pueden pasar dos cosas (sigo pensando): o se les cuela un tío que se hace llamar “Adrián Rescue You” y que trabaja para “Informa Radio”, que en quince segundos descubres en Google que forma parte del grupo mediático Javier Negre, o quieren que se les cuele. Y no sé qué me parece peor, la verdad.

Si les dejamos entrar…

La politóloga Anna López lo deja claro en Público, en una interesante entrevista: “Los ultras no están a las puertas del poder, están dentro, marcando el rumbo”. Esto pasa porque les dejamos entrar, porque acceden a la sala de prensa del Congreso con una acreditación (tal vez porque el gobierno español prefiere chocar con Vox que con el PP). Pero también pasa porque la ciudadanía, también la vasca, parece que no tiene ningún problema en llevar a las y los fascistas a las instituciones. Y eso requiere cierto examen de conciencia social. ¿Cómo nos hemos dejado contagiar por la amnesia si esta no es contagiosa?

El otro relato

Los populistas de base fascista tienen claro su discurso contra la inmigración en España. Los populistas de base fascista en Euskadi no la han explicado todavía. Seguiremos esperando. Pero la realidad es esta: “Cuatro de cada cinco nuevos autónomos en España es extranjero” (Vozpópuli). Este tipo de noticias nos ayudan a centrar el tema: quienes vienen a trabajar necesitan una oportunidad fuera de sus países de origen y quienes les recibimos necesitamos su capacidad, su talento, su valor y sus cotizaciones. Las y los que hablan en euskera desde que nacieron quieren ser funcionarios. Ya vemos quién monta las empresas.

Este es el futuro

Más nos vale que vengan, que les integremos y que trabajen, porque eso en El Blog Salmón me parece muy certero: “Dinamarca sube la edad de jubilación a los 70. España: este es el futuro”. También en Euskadi, me temo. Es la manera que el país del norte, que suele ponerse de ejemplo por su buen nivel de vida (y con motivos), se enfrenta a “el desafío que enfrentan los países europeos ante el envejecimiento de la población y la sostenibilidad del sistema de pensiones”. El debate es este, evidentemente: “Aumentar la edad de jubilación es, políticamente, una solución más viable que reducir las pensiones”.

Ideaza

El mundial de clubes de fútbol es idea a la altura de la de la liga de naciones de selecciones. Ocupan un espacio que nadie reclamaba y reparten un dinero que solo quieren los grandes clubes para seguir distanciándose del resto. Permitir que esto suceda, como hace la FIFA, es un despropósito. La vaca no da para más y la superliga europea con la que asustan a las organizaciones tradicionales para que sigan sacando millones de la chistera, no veo cómo podría ser más rentable con datos como este que aportan en La Vanguardia: “La FIFA rebaja un 84% los precios de las entradas del Mundial de Clubes por la escasa demanda”.