Continúo el relato de la tercera escapada del año, realizada a Mallorca del 9 al 18 de abril, que dejaba la pasada semana tras visitar la localidad de Santa Margalida. El 12 de abril, domingo, como se encuentra a tan sólo 5,5 km del hotel y las previsiones meteorológicas no eran buenas, decidimos desplazarnos a Alcudia, preciosa población rodeada por una muralla, junto a la que existe un amplio aparcamiento. No obstante, nos desplazamos en autobús (3 € el billete que baja a 1,80 € si se paga con tarjeta de crédito). El autobús deja frente a la iglesia de Sant Jaume, que estaba cerrada. Bordeamos la muralla hasta Porta del Moll, para luego recorrer el Carrer Major, la calle más comercial, en la que se encuentra el Ayuntamiento y, a unos pasos, Can Torró (siglo XVI). Caminamos hasta la Porta de Mallorca y luego recorrimos el tramo se muralla que nos faltaba.

El otro motivo para acercarnos a Alcudia es que los domingos y también los martes, se celebra, uno de los mercadillos más grandes y populares de Mallorca, que ocupa el passeig de l’Historiador Pere Ventalyol y el de la Mare de Deu de la Victoria. Es un buen lugar para comprar productos locales, artesanía, ropa y calzado. En uno de los puestos de fruta venden zumo de naranja hecho al momento. En el primero de los paseos citados, frente a la parada del autobús, se encuentra la Oficina de Turismo de Alcudia.

Como la previsión de lluvia incluía el lunes por la mañana, el 13 de abril nos desplazamos a un lugar en el que la lluvia no afecta, las Coves del Drac, distantes 49,3 km del hotel. Se trata de un conjunto de cuatro grandes cuevas situadas cerca de la población de Porto Cristo, cuyo interior se pude recorrer cada hora, entrando con un enorme grupo de 500 personas. Tras contemplar las estalactitas y estalagmitas, la visita concluye con un concierto de 10 minutos junto a uno de los mayores lagos subterráneos del mundo, que luego se puede atravesar en barca. Lo que no cuentan es que para salir hay que subir 114 escaleras. Precio: 18,50 € (online), 19,50 € (taquilla). https://www.cuevasdeldrach.com/

A tan solo 600 metros de las Coves del Drac tenemos la siguiente cita, la Torre del Serral dels Falcons, una torre de planta circular, construida en 1577, que formaba parte de la red de torres costeras que alertaban de la presencia de piratas en la costa. Lo curioso es que la puerta de acceso la tiene a unos 4 metros de altura. Esta torre debe de ser importante, pues cuando estábamos junto a ella llegó un autobús repleto de turistas. Desde sus proximidades contemplamos el Far d’es Morro de Sa Carabassa, dirigiéndonos a continuación a comer al Port de Cala Bona, cosa que hicimos en el restaurante italiano Paparazzi, tras contemplar la escultura “Sa dona de Cala Bona”, inaugurada en mayo de 2022 y dedicada a Magdalena Rigo, la primera mujer bombero de Europa.

Tras la comida y recorrer 15 km nos detuvimos para fotografiar el Castell de Capdepera, una fortaleza amurallada construida en el siglo XIV en la cima del Puig de Capdepera. No subimos al castillo cuya entrada cuesta 3 €. De regreso al hotel nos detuvimos 9 km más tarde en Artà, pueblo tradicional mallorquín sobre el que se alza la fortaleza y el Santuari de Sant Salvador (abre de 8 a 18 h), construido en el siglo XIV. Desde él se tiene una espectacular vista de Artà. Tiene carretera de acceso, y 180 escaleras si quieres subir caminando desde el pueblo.

Poco antes llegar al Santuari de Sant Salvador, en la entrada de Artà nos acercamos a un lugar del que no había oído hablar, el poblado talayótico de Ses Païses, datado en el año 850 aC. Situado en un encinar, el poblado tiene forma elíptica, con 13.500 m² de extensión y un perímetro de la muralla de 374 metros. Se trata de uno de los asentamientos más extensos y mejor conservados de Mallorca. Contó con 59 viviendas, estimándose que estuvo habitado por unas 325 personas. Nos pareció un poco flojo comparado con los que vimos en Menorca y la entrada cara, 4 €. Teníamos 30 km para regresar al hotel, dando por concluida la quinta jornada en Mallorca.

Nuestro destino principal para el 14 de abril fue Sóller, distante 64 km del hotel y uno de los pueblos de interior más bonitos de Mallorca. Cuenta con un interesante casco antiguo situado en torno a la Plaza de la Constitución, a la que se asoman el Banc de Sóller (actual Santander), el Ayuntamiento y la iglesia de San Bartolomé, que cuenta con una de las fachadas más notables del modernismo mallorquín, obra del arquitecto Joan Rubió i Bellver, discípulo de Antoni Gaudí. La entrada cuesta 2 €. En el centro de la plaza hay una fuente forrada con naranjas y limones. En la Plaça d’Espanya se encuentra la Oficina de Turismo, que abre de lunes a viernes de 10 a 16:30 h y los sábados de 9:15 a 13 h. Junto a ella sale el tranvía que se dirige al Port de Sóller. Resulta difícil aparcar en Sóller, pues el centro es zona de bajas emisiones y los aparcamientos están reservados a residentes (zona verde), así que hay quee dejar el coche en la periferia.

La siguiente cita la tuvimos en un lugar del que no había oído hablar hasta hace poco y que forma parte de los pueblos más bonitos de España. Situado a tan solo 4 km de Sóller en plena sierra Tramuntana, se trata de Fornalutx, que cuenta con pintorescas calles como el Carrer del Metge Mayol, el de l’Esglesia y el de Sant Sebastià, destacando también la iglesia de la Nativitat de la Mare de Déu y el Ayuntamiento, que ocupa el antiguo casal de Can Arbona, con su gran torre defensiva del siglo XIV. Todavía no lo he dicho, pero Mallorca nos ha resultado muy cara. En Fornalutx comimos en un lugar muy básico, el Corella Cafe por 46 € los dos: sendos sandwichs de sobrassada y vegetal a 13 € cada uno, dos copas de Cambuix rosado a 8,50 € cada una y un botellín de agua, a 3 €. Precios para alemanes.

Tras la comida nos dirigimos a tomar el café y a dar un paseo al Port de Sóller, distante 7,5 km. Se trata de un pueblo costero que se ha puesto de moda por el pintoresco tranvía que lo une a Sóller y que ya cogimos hace 25 años. Ahora cuesta 20 € ida y vuelta. Nos acercamos a los puertos deportivo y pesquero, que convierte a este pueblo en un buen lugar para comer pescado y marisco. Finalizadas las visitas tuvimos 68 km para regresar al hotel en Platja de Muro, dando por concluida la sexta jornada en la isla.

Todavía nos quedaban cuatro días para recorrer Mallorca, pero de ello espero hablar en una próxima entrega. La escapada continúa.