Diez días en Mallorca (y 3)

Concluyo el relato de la tercera escapada del año, realizada a Mallorca del 9 al 18 de abril, que dejaba la pasada semana tras visitar la localidad de Port de Sóller. El 15 de abril, nos desplazamos a Palma de Mallorca, distante 59 km, dejando el coche en el enorme Aparcament Parc de la Mar, situado frente a la curiosa Catedral de Santa María, construida en 1229 en estilo gótico levantino, que impresiona por sus enormes dimensiones y por tener el mayor rosetón de estilo gótico del mundo (13 metros de diámetro). El claustro, que más parece un patio, se construyó a principios del siglo XVIII, al igual que la sala capitular. La visita a la Catedral cuesta 9 € (mayores de 65 años: 7 €), pudiendo realizarse de lunes a viernes de 10 a 17:15 h y los sábados de 10 a 14:15 horas.

Al lado de la Catedral tenemos el Palacio Real de la Almudaina, residencia de verano de la familia real española, bajo el que se encuentran los jardines del s’Hort del Rei, A continuación visitamos los Baños Árabes (Banys Àrabs), pagando 3,50 € para acceder a su interior, dirigiéndonos a continuación la Sa Llotja, joya de la arquitectura gótica del siglo XV, que abre de 10:30 a 13:30 y de 17:30 a 22 h, con acceso gratuito. Hicimos luego un rápido recorrido cuesta arriba por el casco antiguo, pasando por la plaza del Cort, a la que se asoma el Ayuntamiento (s XVII), para luego pasar por la Basílica de Sant Miquel, que presume de ser la iglesia más antigua de Palma y la Plaza Mayor (Plaça Major).

Nuestro destino estaba muy cerca, en el Mercat de l’Olivar. Antes de llegar vimos una escultura viviente y la Dona de Palma, de Rosa Serra. En el exterior del mercado se encuentra la escultura de mármol “El darrer vestit a l’ampla” (El último traje ancho), creada en 1951 por el escultor mallorquín Tomàs Vila Mayol. Representa a un payés mayor vestido con la indumentaria tradicional del siglo XVIII. Construido en 1951 con arquitectura mediterránea y remodelado en 2003, el Mercat de l’Olivar comparte los puestos de un mercado tradicional, con una amplia oferta gastronómica. Nos detuvimos ante todo en los puestos más numerosos, los de pescado. Concluida la visita comimos una pizza en el Café Mool, en la misma Plaça de l’Olivar.

Caminando en descenso por el centro histórico regresamos al Aparcament Parc de la Mar, donde cogimos el coche para cubrir los algo más de 4 km que nos separaban del Castillo de Bellver, construido a principios del siglo XIV sobre una colina, a 112 metros de altitud, disfrutando de una amplia vista de la fachada marítima de Palma de Mallorca. Se trata de una fortificación de estilo gótico, que destaca por su planta circular con tres torres adosadas y una torre homenaje, también circular. Abre de martes a sábado de 10 a 19 h y los domingos y festivos de 10 a 15 h. La entrada cuesta 4 € (mayores de 65 años: 2 €). De aquí regresamos al hotel, dando por concluida la jornada.

La jornada del 16 de abril la dedicamos a recorrer la costa Sureste de Mallorca, disfrutando de hermosos paisajes, realizando la primera parada, tras recorrer algo más de 70 km, cerca de Santanyí, en el Mirador de la preciosa Cala s’Almunia. He dicho parar pues solo pude hacerlo unos momentos en un par de lugares para fotografiar la abrupta costa, pues fue imposible aparcar dado la cantidad de coches que había. Si que pude hacerlo 15,5 km después en el Far de Cap Salines, situado en el punto más meridional de la isla de Mallorca. Luego paramos a tomar algo en Ses Salines, que los jueves de de 9 a 13 h celebra el mercadillo de frutas, verduras, textil y flores.

A 6 km de Ses Salines estaba el lugar que habíamos escogido para comer, Colonia de Sant Jordi, un lugar que nos encantó por su tranquilidad, del que salen las excursiones a la isla de Cabrera, visible durante toda la jornada. Aparcamos el coche cerca del Faro de sa Puntassa y caminamos casi 1 km hasta la zona del puerto y la playa para comer en el Restaurante Marisol, muy bien por cierto, donde compartimos una riquísima y abundante ensalada y una ración se sepia. Tras la comida continuamos nuestro recorrido deteniéndonos 4 km después en las Salines des Trenc, para concluir la ruta 27 km más tarde en Cap Blanc, donde disfrutamos de otro espectacular acantilado, el faro y la torre vigía. Por delante nos quedaban 86 km para regresar al hotel y dar por concluida la jornada, sin bicis, ni atascos.

El 17 de abril iniciamos la jornada desplazándonos a un lugar muy cercano, situado a 3,5 km de Puerto de Alcudia, Alcanada, una playa de cantos rodados accesible para perros. Rodeada de pinos, cuenta con sendero muy frecuentado por la población local, por el que dimos un agradable paseo mientras contemplamos el faro de Illa d’Alcanada. De regreso a Puerto de Alcudia, nos detuvimos en Maristany,  un área de especial protección para las aves y, más tarde, en Llac Gran, un sistema de lagos y canales artificiales, ideal para la `práctica del remo.

La siguiente cita la tuvimos a poco más de 25 km del hotel en Colònia de Sant Pere, otro lugar tranquilo perteneciente al municipio de Artá, en el que dimos un agradable paseo por el Passeig de la Mar, en el que se encuentra la escultura dedicada a la Dona d’Artá. También contemplamos un antiguo búnker y, como telón de fondo, las dos Torres de Senyals Costaneres de Son Viulí, construcciones militares del siglo XX que servían tanto para maniobras como para marcadores de distancias para la marina de guerra.

Regresamos a comer al hotel y, tras la comida, me desplacé 9 km hasta un lugar en el que ya estuvimos, pero que no pude ver con tranquilidad, Can Picafort, complejo turístico perteneciente al municipio de Santa Margalida, que cuenta con un buen paseo marítimo. Caminando por él fui descubriendo los vistosos grupos escultóricos del artista de Pollença Joan Bennàssar, además de dos Torres de Enfilación. Concluida la visita regresé al Hotel, pues a las 18 h tenía que devolver el coche.

El 18 de abril, como no íbamos a ir al aeropuerto hasta media tarde, nos dirigimos a la vecina Alcúdia, donde habíamos dejado una visita pendiente, la ciudad romana de Pollentia, fundada por el cónsul Quinto Cecilio Metelo en el año 123 aC. Lo más interesante son las áreas de la Portezuela, el Foro, y, especialmente, el Teatro. Los horarios de visita son un poco curiosos: lunes de 9 a 15 h, martes a jueves de 9 a 19 h, viernes y sábados de 9 a 13 h y domingos de 9 a 15 h, cerrando los festivos. La entrada cuesta 4 € (mayores de 65 años: 2,50 €). Como ya no teníamos coche, regresamos a Platja de Muro en autobús.

Sobre las 17 h tuvimos el traslado al aeropuerto internacional Son Sant Joan, de Palma de Mallorca, donde tomamos el vuelo VY3933, de Vueling, con salida a las 20:20 y llegada prevista al aeropuerto de Bilbao a las 21:54 h, muy puntual por cierto, aunque el vuelo dura solo una hora y diez minutos. En el aeropuerto compramos un par de ensaimadas, producto muy tradicional en Mallorca y contemplamos la escultura “Mujer recostada”, obra de Fernando Botero (1992).

De esta forma concluyó nuestra estancia de diez días en la isla de Mallorca.

Diez días en Mallorca (2)

Continúo el relato de la tercera escapada del año, realizada a Mallorca del 9 al 18 de abril, que dejaba la pasada semana tras visitar la localidad de Santa Margalida. El 12 de abril, domingo, como se encuentra a tan sólo 5,5 km del hotel y las previsiones meteorológicas no eran buenas, decidimos desplazarnos a Alcudia, preciosa población rodeada por una muralla, junto a la que existe un amplio aparcamiento. No obstante, nos desplazamos en autobús (3 € el billete que baja a 1,80 € si se paga con tarjeta de crédito). El autobús deja frente a la iglesia de Sant Jaume, que estaba cerrada. Bordeamos la muralla hasta Porta del Moll, para luego recorrer el Carrer Major, la calle más comercial, en la que se encuentra el Ayuntamiento y, a unos pasos, Can Torró (siglo XVI). Caminamos hasta la Porta de Mallorca y luego recorrimos el tramo se muralla que nos faltaba.

El otro motivo para acercarnos a Alcudia es que los domingos y también los martes, se celebra, uno de los mercadillos más grandes y populares de Mallorca, que ocupa el passeig de l’Historiador Pere Ventalyol y el de la Mare de Deu de la Victoria. Es un buen lugar para comprar productos locales, artesanía, ropa y calzado. En uno de los puestos de fruta venden zumo de naranja hecho al momento. En el primero de los paseos citados, frente a la parada del autobús, se encuentra la Oficina de Turismo de Alcudia.

Como la previsión de lluvia incluía el lunes por la mañana, el 13 de abril nos desplazamos a un lugar en el que la lluvia no afecta, las Coves del Drac, distantes 49,3 km del hotel. Se trata de un conjunto de cuatro grandes cuevas situadas cerca de la población de Porto Cristo, cuyo interior se pude recorrer cada hora, entrando con un enorme grupo de 500 personas. Tras contemplar las estalactitas y estalagmitas, la visita concluye con un concierto de 10 minutos junto a uno de los mayores lagos subterráneos del mundo, que luego se puede atravesar en barca. Lo que no cuentan es que para salir hay que subir 114 escaleras. Precio: 18,50 € (online), 19,50 € (taquilla). https://www.cuevasdeldrach.com/

A tan solo 600 metros de las Coves del Drac tenemos la siguiente cita, la Torre del Serral dels Falcons, una torre de planta circular, construida en 1577, que formaba parte de la red de torres costeras que alertaban de la presencia de piratas en la costa. Lo curioso es que la puerta de acceso la tiene a unos 4 metros de altura. Esta torre debe de ser importante, pues cuando estábamos junto a ella llegó un autobús repleto de turistas. Desde sus proximidades contemplamos el Far d’es Morro de Sa Carabassa, dirigiéndonos a continuación a comer al Port de Cala Bona, cosa que hicimos en el restaurante italiano Paparazzi, tras contemplar la escultura “Sa dona de Cala Bona”, inaugurada en mayo de 2022 y dedicada a Magdalena Rigo, la primera mujer bombero de Europa.

Tras la comida y recorrer 15 km nos detuvimos para fotografiar el Castell de Capdepera, una fortaleza amurallada construida en el siglo XIV en la cima del Puig de Capdepera. No subimos al castillo cuya entrada cuesta 3 €. De regreso al hotel nos detuvimos 9 km más tarde en Artà, pueblo tradicional mallorquín sobre el que se alza la fortaleza y el Santuari de Sant Salvador (abre de 8 a 18 h), construido en el siglo XIV. Desde él se tiene una espectacular vista de Artà. Tiene carretera de acceso, y 180 escaleras si quieres subir caminando desde el pueblo.

Poco antes llegar al Santuari de Sant Salvador, en la entrada de Artà nos acercamos a un lugar del que no había oído hablar, el poblado talayótico de Ses Païses, datado en el año 850 aC. Situado en un encinar, el poblado tiene forma elíptica, con 13.500 m² de extensión y un perímetro de la muralla de 374 metros. Se trata de uno de los asentamientos más extensos y mejor conservados de Mallorca. Contó con 59 viviendas, estimándose que estuvo habitado por unas 325 personas. Nos pareció un poco flojo comparado con los que vimos en Menorca y la entrada cara, 4 €. Teníamos 30 km para regresar al hotel, dando por concluida la quinta jornada en Mallorca.

Nuestro destino principal para el 14 de abril fue Sóller, distante 64 km del hotel y uno de los pueblos de interior más bonitos de Mallorca. Cuenta con un interesante casco antiguo situado en torno a la Plaza de la Constitución, a la que se asoman el Banc de Sóller (actual Santander), el Ayuntamiento y la iglesia de San Bartolomé, que cuenta con una de las fachadas más notables del modernismo mallorquín, obra del arquitecto Joan Rubió i Bellver, discípulo de Antoni Gaudí. La entrada cuesta 2 €. En el centro de la plaza hay una fuente forrada con naranjas y limones. En la Plaça d’Espanya se encuentra la Oficina de Turismo, que abre de lunes a viernes de 10 a 16:30 h y los sábados de 9:15 a 13 h. Junto a ella sale el tranvía que se dirige al Port de Sóller. Resulta difícil aparcar en Sóller, pues el centro es zona de bajas emisiones y los aparcamientos están reservados a residentes (zona verde), así que hay quee dejar el coche en la periferia.

La siguiente cita la tuvimos en un lugar del que no había oído hablar hasta hace poco y que forma parte de los pueblos más bonitos de España. Situado a tan solo 4 km de Sóller en plena sierra Tramuntana, se trata de Fornalutx, que cuenta con pintorescas calles como el Carrer del Metge Mayol, el de l’Esglesia y el de Sant Sebastià, destacando también la iglesia de la Nativitat de la Mare de Déu y el Ayuntamiento, que ocupa el antiguo casal de Can Arbona, con su gran torre defensiva del siglo XIV. Todavía no lo he dicho, pero Mallorca nos ha resultado muy cara. En Fornalutx comimos en un lugar muy básico, el Corella Cafe por 46 € los dos: sendos sandwichs de sobrassada y vegetal a 13 € cada uno, dos copas de Cambuix rosado a 8,50 € cada una y un botellín de agua, a 3 €. Precios para alemanes.

Tras la comida nos dirigimos a tomar el café y a dar un paseo al Port de Sóller, distante 7,5 km. Se trata de un pueblo costero que se ha puesto de moda por el pintoresco tranvía que lo une a Sóller y que ya cogimos hace 25 años. Ahora cuesta 20 € ida y vuelta. Nos acercamos a los puertos deportivo y pesquero, que convierte a este pueblo en un buen lugar para comer pescado y marisco. Finalizadas las visitas tuvimos 68 km para regresar al hotel en Platja de Muro, dando por concluida la sexta jornada en la isla.

Todavía nos quedaban cuatro días para recorrer Mallorca, pero de ello espero hablar en una próxima entrega. La escapada continúa.

Diez días en Mallorca (1)

Realizada del 9 al 18 de abril a través de Mundicolor, la tercera escapada del año tuvo como destino la isla de Mallorca. El vuelo de Vueling salió del aeropuerto de Loiu el día 9 a las 8:50 h, llegando al de Palama de Mallorca poco después de las 10, antes de la hora prevista, sucediendo lo mismo en el vuelo de regreso. Para pasar las nueve noches de esta escapada elegimos el Hotel Aluasun Continental Park ****, situado en la calle Iola, 4 de Platja de Muro. La zona no nos atrajo mucho, pero tiene la playa muy cerca, cosa que no solemos frecuentar y más cerca aún la parada de los autobuses a Alcudia, Can Picafort y Palma.

Tras comer, instalarnos en la habitación y una breve siesta, salimos a comprar agua y a contemplar nuestro entorno playero, la platja de Muro, que tiene casi 6 km de longitud, arena blanca, dunas y agua de color turquesa, lo que la convierte en una de las mejores de la isla. Luego tuvimos que caminar unos 600 metros para llegar a la oficina de Clickrent, donde tenía reservado el coche, situada bajo el hotel Ivory Playa. Como llegamos antes de la hora dimos un agradable paseo bordeando Platja d’Alcúdia por la zona de las dunas, cosa que no es posible por las proximidades de nuestro hotel.

El 10 de abril realizamos la primera excursión, teniendo como destino Cap de Formentor, ubicado al final de una península de 20 km de longitud y situado a 31 km del hotel. Breve parada en la playa de Pollença y la siguiente en el Mirador del Colomer, donde ya llevábamos un rato “sufriendo” a los numerosos ciclistas que invaden la estrecha carretera. Menos mal que tuve la suerte de que me entregaran un Renault Symbioz, con mucho reprís para los adelantamientos. Nos habían dicho que hay muchas cabras, pero aquí vimos a la única. La carretera cuenta con espectaculares paisajes, en forma de altos acantilados, la Cala Figuera y el Cap de Catalunya, pero no puede llegar al faro, dándome la vuelta unos 300 metros antes de llegar debido al descomunal atasco. Esto hizo que modificáramos futuros planes. Del 15 de mayo al 18 de octubre, la circulación por esta carretera está restringida de 10 a 22 h.

Un poco desilusionados con nuestro debut, nos dispusimos a desandar lo andado y dirigirnos a la localidad de Pollença, distante 23 km, dirigiéndonos en primer lugar a la Oficina de información turística, sita en la Plaça Major, 17, que abre de lunes a sábado de 9 a 16 h, donde nos recomendaros visitar el claustro barroco del convento de Santo Domingo, que cerraba a las 13:30, al que se accede por el coqueto Museu de Pollença, al que también realizamos una breve visita. La entrada es gratuita. No tuvimos la misma suerte con la iglesia de la Mare de Déu dels Àngels, que se asoma a la Plaça Major, pues estaba cerrada. Así que aprovechamos para comer en uno de los restaurantesde la plaza. Antes de marchar nos acercamos hasta el busto de la pedagoga Clara Hammerl, desde donde se contempla El Calvari, al que no llegamos, pues nos parecían muchas las 365 escaleras de acceso.

Estábamos a tan solo 13 km del hotel pero, como todavía era temprano, nos dirigimos al Parque Natural de s’Albufera de Mallorca, cuyo acceso teníamos a menos de 2 km del hotel. Para llegar lo mejor es poner en Google Maps: Aparcament Parc de s’Albufera, desde donde hay que caminar unos 1.200 m, pasando por el puente de los Ingleses para llegar al Centro de información de Sa Roca y al Centro de interpretación de Can Bateman. Lo malo es que cierran a las 16 h y el parque a las 18 h, no entendiendo la existencia de un horario tan limitado. De esa zona salen tres rutas para recorrer el mayor humedal de Baleares (2.036,23 ha), Eso si, pudimos ver más variedad y cantidad de aves de las que pensábamos e incluso un flamenco.

Iniciamos la jornada del 11 de abril cubriendo los 64 km que nos separaban de Valldemossa, esta vez por buena carretera. Esta población está situada en la Sierra de Tramuntana, en un valle rodeado de montañas, presumiendo de ser es uno de los pueblos más bonitos de Mallorca. Nos dirigimos en primer lugar a la Real Cartuja, de la que hablo a continuación. Enfrente se encuentran el Museo Frédéric Chopin, la iglesia de la Cartuja y los Jardines del Rey Juan Carlos I. En el lado opuesto tenemos el Mirador de Miranda des Lledoners, que ofrece las mejores vistas de Valldemossa, de la que sobresale la Iglesia de Sant Bartomeu, del siglo XIII, a la que luego nos acercamos. A Valldemossa se le considera el lugar donde nació la tradicional “merienda mallorquina”, la famosa coca de patata, que se elabora a base de huevos, harina, azúcar, manteca y patatas. La Oficina Municipal de Turismo de Valldemossa, sita en avenida de Palma, 7, estaba cerrada, pues solo abre de lunes a viernes de 10 a 18 horas.

La Real Cartuja es la construcción más notable del patrimonio de Valldemossa. Se trata de un palacio del siglo XIV rodeado por un espectacular entorno natural. La Cartoixa de Valldemossa, como se dice en mallorquín, se construyó por orden del rey Jaime I de Mallorca, habiendo alojado a lo largo de su historia a numerosos personajes célebres. Tras escuchar una interpretación de Chopin al piano, accedimos al interior del que fue residencia durante tres meses del músico. La Cartuja abre de lunes a viernes de 10 al 17 h y los sábados hasta las 16 h. La entrada cuesta 12,50 €, 10 € los mayores de 65 años. No resulta fácil aparcar en Valldemossa, pese a que todos los aparcamientos son de pago (zona azul).

Nuestra ruta continuó siguiendo la carretera costera, repleta de curvas, a lo largo de 43 km hasta Andratx, contemplando impresionantes acantilados y la Torre de Es Verger, en Banyalbufar. Se trata de una torre de vigilancia y señalización costera, levantada en 1579. Nuestro destino en Andratx era la oficina de turismo, ubicada en el Ayuntamiento, que ocupa el castillo de Son Mas, pero estaba cerrada pues solo abre de lunes a viernes de 8 a 15 h. En la policía municipal amablemente nos recomendaron que fuéramos a Port d’Andratx, donde aprovechamos  para comer en el restaurante italiano Buon Appetito, situado frente a los barcos de pesca. Tras la comida nos desplazamos al final de la zona portuaria, donde se encuentra el Far d’Andratx.

Teníamos por delante 84 km para regresar al hotel, ya por buenas carreteras, cuando ya bastante cerca vimos en un alto una torre de vigilancia y un molino. No sabíamos donde nos encontrábamos pero intentamos sin éxito llegar a ellos, pues están en una zona cercada de difícil acceso. Por el GPS supimos que estábamos en Santa Margalida, que toma el nombre de la iglesia del pueblo, a la que llegamos. Tuvimos la suerte de coincidir con el sacristán, quien amablemente nos encendió las luces de todas las capillas. Luego, en la plaza del pueblo vimos el monumento dedicado a Santa Catalina Thomas “La Beata”, nacida en Valldemossa, que es la primera santa nativa de Baleares. Breve parada en Can Picafort, que pertenece al mismo municipio y a donde volví casi al final del viaje, y regreso al hotel.

De esta forma concluyó la tercera jornada de nuestro viaje por Mallorca, isla en la que todos los carteles están solo en mallorquín. Todavía nos quedaban siete días por delante, pero de ello espero hablar en próximas jornadas.