La incoherencia

Escribe Javier Salvador en Bluesky que “la incoherencia tiene patas cortas”. Se refiere a “el mismo partido que impulsa la oposición al turismo en sus campañas, participa gobernando en ferias de promoción turísticas”, en este caso, en Zumaia. Sin salir del territorio ni cambiar de partido, en Tolosa, el ayuntamiento de EH Bildu ha desalojado a un grupo de migrantes del soportal del chalet de Arkaute (no hace falta poner link porque esta noticia ha salido en el Noticias de Gipuzkoa). El corolario del mismo Salvador en su bluit (un tuit en Bluesky, para que nos entendamos) vale para ambas noticias: “El arte del camuflaje sin complejos”.

La coherencia

Leo en Euronews que “los daneses usan apps para boicotear productos de EE.UU. ante la tensión por Groenlandia” y pienso rápidamente: quiero usarlas. En concreto, se trata de NonUSA, que se ha convertido en “la aplicación más descargada del país”. Otra es Made O’Meter (ambas están disponibles también en Euskadi), que da información a la persona usuaria de qué empresa hace el producto y en qué país está. Esta “ocupa el quinto lugar en la App Store del país nórdico”. Más allá del impacto real, “estas aplicaciones pueden dar a los consumidores una sensación de control”. Y eso también importa.

La pregunta

No tengo pruebas pero tampoco dudas de que Donald Trump tiene algún tipo de demencia o síndrome. Desde esta certeza, lo que me preocupa es saber si su círculo más próximo (Vance, Rubio, Hegseth, etc.) es consciente y le sigue el juego (peligrosísimo), o no es capaz de detectarlo (no sé qué es peor). Élisabeth Roudinesco en El Grand Continent lo expresa mucho mejor que yo: “¿Por qué las estructuras políticas, institucionales y sociales permiten esta locura? ¿Por qué las instituciones estadounidenses y occidentales contribuyen a hacer realidad el delirio del presidente de los Estados Unidos?”.

La náusea

La maldad ya no es el atributo de las némesis del bueno de la película. La maldad hoy es un modo de triunfar en el mundo: Naciones Unidas cifró hace solo tres días en 477 los asesinatos cometidos por el gobierno y el ejército israelíes en Gaza solo desde el alto el fuego. En estas circunstancias y no en otras, el stand de “Israel promociona en Fitur a empresas que organizan viajes por los territorios ocupados palestinos”. No son viajes a esos asentamientos, expresamente, como podemos inferir del titular de Público, pero sí periplos que se trazan sobre territorios ocupados, reforzando esa colonización.

La financiación

“OK Diario, EsRadio, Libertad Digital, Periodista Digital o EDA TV, entre otros, han recibido millones de euros en publicidad institucional por parte del Gobierno de Ayuso desde 2021 hasta 2024”. Diario Red, que ha estado buceando en la herramienta web que ha desarrollado Marcelino Madrigal para que conozcamos cómo reparte la publicidad institucional el gobierno de la comunidad de Madrid, y este es el resultado: Jiménez Losantos ha recibido casi dos millones; Eduardo Inda, millón y medio; Periodista Digital, el de Bertrand Ndongo, más de 300.000 euros; y la EDA TV de Javier Negre y Vito Quiles ha recibido 142.000.

La izquierda caviar

Ya no hay izquierda que no sea izquierda caviar. Pueden fingir que son pobres, pueden disfrazarse de feministas, ponerse pañuelos palestinos, pueden aparentar tanto como quieran, pero para que ser aceptado en la izquierda, hoy, hay que ser privilegiado y, a poder ser, funcionario. El largo tuit de Estefanía Molina invita a que nos preguntemos: ¿quién acoge mejor a a un chico (chico, tío, hombre joven) blanco con un mal trabajo y bajo nivel educativo, la izquierda o la ultraderecha? Ahí está la clave que explica muchas cosas y que nos evitaría mucha mierda que da razones, precisamente, al chaval harto de no tener nada salvo la culpa.

El primer sector. Y los acuerdos

Apoyo al primer sector siempre porque ninguno ha sido tan maltratado, ninguno recibe peor pago por su trabajo, ninguno ha sido sometido a tantas obligaciones (la burocracia europea es una puta vergüenza, hay que decirlo más) y ninguno ha sido tan señalado por cobrar subvenciones. Y entiendo perfectamente sus recelos ante los estándares que pediremos a los productos que permite importar el acuerdo UE-Mercosur. Por otro lado, creo que Europa necesitaba ese acuerdo, que necesita demostrar que la negociación y la cesión son elementos positivos y de fuerza. Así que confieso mi dicotomía e incoherencia en este caso.

Tengo claro el modelo

La UE ya firmó, en 2017, un acuerdo con Canadá que fue saludado con manifestaciones y movilizaciones. Hoy el acuerdo sigue vigente y la relación entre nuestra Unión y aquel país es excelente (Canadá acaba de posicionarse con Europa sobre Groenlandia). De hecho, el gobierno canadiense también apuesta por la negociación y por la cesión: “Canadá da impulso a sus relaciones con China para emanciparse de Estados Unidos” (Euronews). Vuelvo a lo mío: no tengo nada claro apoyar algo que haga el primer sector alce la voz, pero sí tengo claro que el acuerdo es el modelo que debemos reconocer como nuestro y poner en valor.

¿Quién está en contra?

He dado muchas vueltas al acuerdo entre la UE y Mercosur, por eso no he escrito hasta hoy sobre el tema y he empezado por lo que tengo claro: mi apoyo al sector primario. Un sector primario al que instrumentalizan sin rubor los extremos. En Euskadi, Bildu; en España, Vox y Podemos: “La Unión Europea avanza en su autodestrucción al firmar el acuerdo con Mercosur. Se somete a los intereses de las grandes empresas y abandona las políticas contra la emergencia ambiental y la desigualdad, tras la apuesta por el rearme al servicio de EE.UU.”, afirman en Diario Red como si todos menos Pablo Iglesias fuéramos tontos.

Como si el mundo no fuese así

Me preocupa la izquierda caviar que utiliza a las y los trabajadores, que hace del populismo un modo de vida (el caviar hay que pagarlo), que impone la etiqueta “fascista” como si supiera reconocer a uno cuando lo tiene delante, y que asegura que no quiere guerras, sino escuelas, como si los demás no lo prefiriésemos. Pero el mundo es como es, y hoy es de la peor manera que yo he conocido: “La Administración Trump completó la primera venta de petróleo venezolano por 500 millones de dólares” y transfirió el dinero a varias cuentas, “la cuenta principal se encuentra en Qatar”, según el diario trumpista, Voz.us.

¿Por qué?

Leo en la cuenta en X llamada Estepan Lauaxeta que “el eurodiputado de EH Bildu Pernando Barrena defiende a la Rusia de Putin en sus iniciativas y votaciones en Bruselas. Así lo denuncia el medio especializado Brussels Watch, destacando quejas sobre su actuación en su grupo parlamentario ‘The Left’”. Siguiendo el enlace, en efecto, podemos leer que hasta en su propio grupo en el Parlamento Europeo generan suspicacias sus sucesivos posicionamientos. La pregunta clave aquí es: ¿por qué? ¿No se han dado cuenta en EH Bildu de que el Kremlin actual no conserva nada de socialista y sí tiene mucho de imperialista? ¿O se han dado cuenta?

El otro pan del sándwich

Putin ha sido el que más ha favorecido a la OTAN en los últimos años, haciéndonos hablar del tema, juntando filas y reactivando la inversión militar, y Donald Trump será quien la reviente cuando ponga tropas estadounidenses en Groenlandia. ¿Dónde deja eso a partidos de izquierdas como EH Bildu, Podemos o la purísima ERC? Al mismo tiempo, Putin amenaza la integridad de Europa y el espacio OTAN por el Este, y Trump, por el Oeste. El mismo Trump que dice que “su poder solo está limitado por su propia moralidad”, según el pantallazo que Danny Redrum lleva a Bluesky. “Mi propia mente es lo único que puede detenerme”, insiste.

El colaboracionista

Aunque sea con retraso, no voy a dejar pasar esto en El Salto: “Mark Rutte apoya una mayor presencia militar de EE.UU. en Groenlandia en pleno conflicto por su soberanía. El secretario general de la OTAN asegura que Estados Unidos debe tener mayor presencia en Groenlandia de la que tiene ahora ante la amenaza de los barcos rusos y chinos. Trump dijo en marzo que Rutte sería ‘decisivo’ para la anexión”. A falta de más pruebas, el ex primer ministro holandés (por el Partido Popular de aquel país) es un colaboracionista y como tal debemos tratarle. Por lo menos, tenemos que mantener estos mínimos consensos.

Y la mano derecha

Donald Trump no necesita más pruebas, ni que señalemos a su entorno (Vance, Rubio o Leavitt) para demostrar lo que es, lo que piensa y lo que hace. Pero siempre que tengamos oportunidad debemos recordar que un tipo como Elon Musk se ha convertido en una de las personas más ricas y poderosas del planeta porque el resto lo hemos permitido: “En vez de impedir que su IA desnude a mujeres y niñas sin su consentimiento, X lo ha convertido en una funcionalidad de pago para monetizarlo. Hay que prohibir X ya”, escribe Nico Ordozgoiti en Bluesky. Y yo estoy de acuerdo.

¿Por qué (otra vez)?

Termino como he empezado, preguntándome por qué en digitales como Diario Red o Público no encontramos en la portada la revolución social en Irán y la brutal represión del régimen. ¿Por qué Gaza, sí, e Irán, no? ¿Por qué las referencias son menores o a un par de golpes de scroll, y siempre relacionadas con la intervención de Trump, como si lo hiciese en Venezuela? Me he negado a dejarme llevar por la corriente conservadora que hacía esas denuncias en redes, y lo he comprobado con mis propios ojos: es una puñetera vergüenza el sesgo de la izquierda en función de quien manda en el país, y no de las personas que sufren.

Los medios importan

Es evidente que el gran momento que vive la extrema derecha en todo el mundo no es una suma de casualidades y que el efecto contagio tampoco explica una disposición tan bien estructurada y replicada. Hay un plan, un plan que beneficia a los ultrarricos y perjudica a la inmensa mayoría del planeta, y en el que esto que denuncia Diario Red tiene un papel: “Las siete personas más ricas del mundo se han adueñado de algún medio de comunicación global”. Hablamos de medios tradicionales (Warner, Paramount, CNN, CBS, Nickelodeon) pero también de nuevos medios (¿quién va a quedarse con la división estadounidense de TikTok?).

También forma parte del plan

Los ultrarricos compran medios tradicionales y nuevos medios y, al mismo tiempo, “Trump cumple su amenaza y reclama a la BBC hasta 5.000 millones de dólares” (El Imparcial). Esto también forma parte del plan: debilitar los medios que no pueden controlar (empezando los medios públicos) y fortalecer los que pueden comprar y convertir en sus altavoces. Tenemos que defender las otras voces: los medios públicos pero también los más pequeños y outsiders, como DEIA. No hay que ir más lejos, en el día a día podemos hacer mucho para fastidiar a quienes quieren uniformizarnos: abandonar X o leer medios que no son de grandes grupos.

A su minúscula escala

Invertir en agitación es rentable. Para ellos, claro. Y ellos son los ultrarricos y ultraderechistas. Lo hacen los que tienen miles de millones (enriquecidos por modelos de negocio que requieren de una legión de gilipollas que les admiran) y los que ejercen de ultras a una escala minúscula (comparada con los Trump, los Putin y los Musk): “Alvise Pérez habría pagado 13.140 euros a Vito Quiles en plena gira del agitador ultra por las universidades públicas” (La Sexta). Vamos, que aquella gira fue patrocinada y los que iban de antifascistas (que aprovecharon para romper algo, como siempre) fueron los extras de aquel sainete.

Que quede claro

Escribe Juan Tortosa en Público que “son cobardes y menos de los que creemos”. Sí, se refiere a quienes “hacen mucho ruido y cuentan con instrumentos potentes”. En el caso español, son las “las doscientas familias” que se ubican “en la parte de arriba de la pirámide” y “reúnen la mayor parte del dinero y el poder”. También recuerda que “esta Europa que ahora se desmorona nos ha salvado de unas cuantas arremetidas”, y manda un recado: “¿Cómo es posible que el Partido Socialista se haya empeñado en ponérselo tan sencillo a sus adversarios, en facilitarle tanto la tarea de acoso y derribo?”.

El último ingrediente

“Una docena de evaluadores de IA, trabajadores que verifican la precisión y fundamento de las respuestas de estos sistemas, dijeron a The Guardian que, tras ser conscientes de cómo funcionan los chatbots y los generadores de imágenes, así como lo erróneos que pueden ser sus resultados, han comenzado a instar a sus amigos y familiares a no usar IA generativa en absoluto”. Este párrafo en El Diario es solo un ejemplo de los que publican en su reportaje sobre cómo los expertos (desarrolladores o usuarios avanzados) no recomiendan el uso de la inteligencia artificial: “Es un ‘no’ rotundo” al último ingrediente del mix mediático ultra.

Esas juventudes de las que usted me habla…

Curiosa semana ha sido esta que empezó con Pello Otxandiano diciendo que Bildu no tiene que responder por las acciones de Ernai, y termina con Vox intentando “desligarse de la organización juvenil después de conocerse que habrían desviado fondos de las donaciones para la DANA para uso personal” (Diario Red). En ambos casos podemos tirar de ironía y cierto rajoyismo: “Esas juventudes de las que usted me habla” no les representan ahora. En el caso español, “Vox borra de su web una carta de Buxadé que ensalzaba a Revuelta y pedía donaciones por la DANA”, según el digital que dirige Pablo Iglesias.

¿Qué premio Nobel de la Paz?

Mientras Donald Trump amenaza cada día a Venezuela y su ejército asalta barcos de aquel país frente a sus costas ilegítimamente, María Corina Machado se da un baño de masas después de recibir (más bien, su hija) el premio Nobel de la paz, y se permite decir chorradas como esta: “Venezuela ya está invadida por Rusia, Hezbolá y bandas” (The Objective). No me gusta Maduro, que gobierna después de unas elecciones cuyos resultados no ha hecho públicos, pero si el objetivo del Nobel era debilitar su régimen, lo que está consiguiendo es todo lo contrario: nada bueno sale del entorno de trumpismo, y Machado está nadando en él.

El fútbol que odiamos

El fútbol es un deporte precioso que nos hace vibrar, lleno de historias apasionantes de aficiones, ciudades, equipos, jugadores o entrenadores. Un deporte perfecto si no fuera por los hooligans y quien organiza los campeonatos: Liga, RFEF, UEFA y FIFA. Lo de Infantino otorgando el “Peace Prize” de la federación internacional a Trump es un chiste. Uno de los malos. Por supuesto, es un agradecimiento por las oportunidades de negocio que el presidente de EE.UU. abre al de la FIFA, pero si lo pensamos fríamente, el modo en el que todo el mundo trata a Trump, como si fuera un niño mimado e idiota, es para echarse a reír.

Ponernos en valor

Me ha encantado este hilo en Bluesky de Elías Fraguas: “Yo lo que quiero es que vuelvan los blogs” porque “no necesito verme un vídeo de un minuto para algo que puedo leer en diez segundos”. Como él, “quiero micrositios de temas específicos” y también creo que “la gente más joven no tiene ni idea de lo que ha perdido”. Porque hubo un Internet mejor, previo a esta “mierdificación, que ahora es abiertamente fascista”, en el que leíamos, dedicábamos tiempo a buscar la mejor información, en el que todos intentábamos aportar y en el que salían adelante los proyectos con más valor. Y Fraguas ha sabido recordarlo brevemente.

Hoy se sale. O no

A finales de los 90 y en la primera década del siglo XXI no lo dudábamos: era sábado y por la noche salíamos. En mi cuadrilla éramos más de bares que de ligar, pero recuerdo reírme mucho con ella, y eso es algo que deseo que les pase a mi hija y mi hijo: que se rían hasta que les duela la tripa con sus amigas y sus amigos. Pero lo harán fuera de esos bares a los que peregrinábamos en Portugalete: “Los jóvenes se vuelven abstemios: las ventas de alcohol caen en la hostelería y se hunden un 8% en el súper” (El Economista). El ocio se ha diversificado y, ahora, ya como aita, no me parece mal.