Vinieron a elevar el nivel

Quien explica que el PNV vota en contra del gravamen a las eléctricas sin aclarar que su objetivo es convertirlo en un impuesto que gestionen las diputaciones y el gobierno foral, y con seguridad jurídica, le compra el argumentario a Bildu, de modo consciente o ignorante. Esto es así y así de claro. Por lo que quienes vinieron a elevar el nivel de la política en Euskadi, del primero (salvo Pello Otxandiano, el santo) al último (qué sé yo, Joseba Permach, por ejemplo) están mintiendo y están difundiendo esa mentira entre sus colaboradoras y colaboradores habituales (y necesarios). Quien la reproduce es porque quiere.

Vinieron a hacer nueva política

Ione Belarra recurre al insulto y la provocación a Aitor Esteban porque no tiene otros recursos. Esto también es así. Y así les fue: su campaña para elegir a nuestras parlamentarias y parlamentarios se basó en ridiculizar y señalar al PNV, y se saldó con cero representantes. Aún así, insisten: su objetivo es el PNV, que ha explicado lo que quiere (un impuesto con garantías y con respeto al autogobierno). Pero eso en Podemos, el partido de la nueva política, el del grito en el cielo, el del victimismo recurrente, no importa. La verdad, de nuevo, es lo de menos. Lo de más es el tuit, como bien saben Musk, Matute y Belarra.

No son las ayudas

La política en la que la verdad no vale nada, como en las redes sociales, es reflejo de esta sociedad que se desvaloriza. Todo está conectado: desde las mentiras de políticas y políticos que solo se preocupan de seguir pisando moqueta a la baja natalidad. Cerca y lejos: “Japón está desesperado por reactivar su natalidad, así que en Tokio han tenido una idea: guarderías gratis” (Xataka). Lo cierto es que nunca hubo más ayudas, allí y aquí, y menos natalidad. Porque no va de eso, sino de un cambio social profundo que mueva a las personas a desterrar los bulos y a pensar menos en sí mismas.

Tiene razón Turull

Sé que he sido duro con Carles Puigdemont en esta columna. Pero es algo personal: no le perdono, como no se lo perdonaré a Rufián, el modo en el que deslegitimaron la mediación del lehendakari Urkullu por motivos diferentes pero igualmente egoístas. Pero en Junts hay gente valiosa, como Jordi Turull, que en su entrevista a El Diario ha dicho cosas muy interesantes, como la que han elevado al titular: el chantaje de Sánchez (o él, o el PP con Vox) no debe condicionar las negociaciones. También confirma que no han hablado de presupuestos aún, o que Sánchez ha hecho suyo el argumentario de la justicia respecto a la amnistía.

Catalanofobia

De la tele de Broncano, ese que hace en cada programa una exaltación de la españolidad y al que la audiencia de Euskadi respalda, es también el que dijo que no entendía catalán “gracias a Dios” (El Nacional) durante una rueda de prensa del entrenador del Espanyol, Manolo González. Tiendo a excusar a las y los compañeros, y en general a las personas, que a veces nos equivocamos cuando intentamos mantener diálogos y ser rápidos en las respuestas, pero esa coletilla deja ver un preocupante desprecio, cuando no odio, a lo que se desconoce, y es, una vez más, reflejo de la sociedad que estamos construyendo.

Los hoteles siempre fueron parte de la solución

Airbnb es uno de nuestros mayores problemas como sociedad y todos los pasos que pueda dar para prohibirlo los daré. De hecho, el problema del excesivo turismo lo ha agravado (si no generado, directamente) esta plataforma de mierda: “Turistificación en el verano de 2024: solo una de cada tres noches que un turista pasó en España durmió en alojamientos regulados”, leemos en Público donde también, por fin, ponen en valor a los hoteles. Porque estos, objeto de las críticas de los borregos del “tourists go home” hace unos años, permiten controlar el flujo de visitantes a las ciudades y son hoy, como siempre fueron, parte de la solución.

Y los millonarios, parte del problema

No es nuevo pero sí es más grave: las y los ultrarricos son el mayor problema de nuestra sociedad y, como tal, debemos abordarlo y ser muy agresivos para acabar con él. Vamos a encontrar ejemplos de su maldad en todos los rincones que miremos: “El Washington Post y Twitter o cómo los multimillonarios están jodiéndolo todo” (Jot Down). Ángel L. Fernández Recuero se centra en cómo “el Washington Post bajo Bezos se ha convertido en un espejo de nuestra era: brillante, veloz y superficial” con “titulares sensacionalistas y piezas diseñadas no para informar, sino para alimentar la máquina del clic”.

Más

Javier Milei siempre podrá decir que Elon Musk le copió: el dueño de X, SpaceX y Tesla, y futuro alto cargo de la administración Trump, “prevé miles de despidos y de dimisiones de funcionarios” (El Economista). En el fondo, va a hacer lo único que sabe: “Elon Musk compró Twitter por 41.800 millones de euros, despidió al 80% de la plantilla y 2 años después sigue presumiendo de ello” (3D Juegos). Lo cierto es que X funciona peor técnicamente y da más asco. Cualquier usuaria o usuario se ha dado cuenta de ello. Sin embargo, para Musk su labor ha sido exitosa porque él se mueve en otros parámetros.

Queremos ser como ellos

Somos idiotas y por eso ellos, los ultrarricos, están ganando. No tengo dudas al respecto. Tampoco las tengo de que entre los idiotas, la inmensa mayoría, algunos destacan por doblemente gilipollas: “EEUU, España o Reino Unido recomiendan no viajar allí, pero el turismo ha encontrado un nuevo destino de aventura: Irak” (Xataka). Algunos deciden gastar un buen montón de dinero, como si fueran Musk, Trump, Bezos o los tres juntos, en jugarse la vida. ¿Qué puede salir mal? Estoy seguro, además, de que el resurgimiento (porque tampoco es nuevo) del turismo de conflicto tiene que ver con la crisis de confianza hacia las y los informadores.

¿Y si asfaltamos Internet?

La siniestralidad en la carretera se reduce con multas, campañas de concienciación y, por supuesto, inversión en carreteras y autopistas. Con intervención sobre el terreno, vamos. Eso lo tenemos todas y todos claro, ¿no? Pues lo mismo sucede en Internet: “España prohibirá las redes sociales a menores de 16 años: ‘Se falsearán más todavía las edades’”, resumen en el titular en EPE. Pero la intervención no debe de ser la prohibición (¿cuántos menores de 14 años tienen acceso a Instagram o TikTok?), sino la regulación de la gran red. ¿Será difícil? Por supuesto. Pero sin duda es más necesario que difícil.

Quince años mentales

En el minuto 30, los silbidos y los “fuera” (incluido, el mío) fueron tímidos. Cuando terminó el partido, con mucha menos gente en las gradas de San Mamés, fueron bastantes más atrevidos. Lo que hizo la ICHH, que está intentando apropiarse de la grada de animación, fue el ridículo cuando no animó al equipo y cuando, con los jugadores mirando al fondo Norte, cantaron el “errepresiorik ez”. Pero hicieron algo más: despertar a esa parte de la afición cansada de su “Athletic gu gara”, que fue la que les pito. El Athletic es mucho más que quienes intentan manipular ese fondo. Y eso deberían de verlo de una vez también los jugadores.

Gana Sánchez

Pedro Sánchez está acostumbrado a ganar, pase lo que pase. En un tuit que leí (¿o tal vez fue en Bluesky?) que no he sido capaz de recordar para citarlo, lo explicaban muy bien: es capaz de hacer lo que nadie se atreve a hacer por pudor o porque, simplemente, no está bien. Y con esas maniobras sigue avanzando. Ojo, no creo que esto sea un mérito aunque a algunas y algunos se les deshagan los hielos contemplando sus obras. Y así llega al congreso del PSOE en el que, sin rival ni nadie que se atreva a alzar la voz, volverá a ganar. Un fin de semana de alborozo frente a la cámara y, aunque lo nieguen, preocupación en privado.

Lo volveremos a decir

Es preventivo, sí. Ahora que al PP en Euskadi le ha dado por ser posibilista voy yo y les pido que, cuando les dé por echar el manto de la corrupción sobre la política vasca, midan primero el que cubre al propio PP. Si en El Plural han podido hacer esta pieza: “Todas las empresas condenadas por corrupción que Mazón ha regado con contratos”, no es porque Mazón esté buscando favorecer a nadie (eso creeré hasta que se demuestre lo contrario) sino porque la corrupción fue tan sistémica allí que hoy es imposible contratar a nadie que no haya estado en el ajo. Y esto, como otras cosas, hay que repetirlo de vez en cuando para que nadie lo olvide.

Tendremos que abrir este melón aquí también

No espero mucho del gobierno español, la verdad: con el PSOE centrado en salvar a Sánchez, su mujer y su hermano, y Sumar buscando salvarse como sea, ¿quién nos va a prevenir a tiempo? En EPE leo que “Suecia y Finlandia preparan a sus ciudadanos para sobrevivir en caso de guerra”, y me aferro a la idea de que si la cosa se pone fea el lehendakari (en este caso, Pradales) habrá pensado ya en algo, como hizo el Gobierno Vasco durante la última guerra que afectó directamente a Euskadi mientras el español bastante tenía con sobrevivir. Y no he escrito las líneas anteriores de broma: la amenaza, llamada Vladímir, es real.

Cuando la batalla por la audiencia genera audiencia

David Broncano ha ganado a Pablo Motos los cuatro días en los que compiten por la audiencia. No solo eso: el miércoles le ganó cuando el de Antena 3 tuvo al campeón de motociclismo, Jorge Martín, que canceló una entrevista en La Revuelta cuando ya estaba en el camerino. Y el jueves le ganó con el propio Jorge Martín, demostrando que no es el entrevistado, sino el producto. Lo cierto es que esta guerra, que va perdiendo El Hormiguero, es estupenda para ambos: el pique por las audiencias genera conversaciones, noticias y, por supuesto, más audiencia a los dos aunque, no es menos cierto, solo puede ganar uno.

“¿Por qué no ha decidido aún La Haya sobre el arresto de Netanyahu?”

La pregunta que se hacen en EPE es absolutamente pertinente. Y más cuando leemos que “la Corte Penal Internacional lleva más de cinco meses sin procesar la petición del fiscal general. Tardó días en hacerlo sobre Vladímir Putin”. “El retraso en la decisión es totalmente anómalo”, explican en el digital, que “ha preguntado en tres ocasiones en los últimos meses a la Corte Penal Internacional, sin obtener respuesta”, y en el que no se andan con rodeos: presiones directas de EE.UU. y una dimisión “por sorpresa, alegando motivos ‘de salud’” de “una de las tres juezas del tribunal preliminar que debe tomar la decisión sobre el arresto de Netanyahu”.

Este perfil es exigible siempre

No solo no me cuesta reconocerlo, es que celebro el buen uso de las redes sociales por parte de un político, sea del partido que sea. Y después de reconocerlo, celebrarlo y traerlo a la columna junto con un parabién, me pongo exigente: “Esta crisis exigía este perfil”, dice Óscar Puente “sobre su ‘transformación’ tras la tragedia de la DANA” (La Sexta). Y vuelvo a no estar de acuerdo con el ministro: ese perfil útil, lejos de la bronca política, que muestra lo que se hace con el dinero público para bien de todas las personas, debería de ser la norma. La política del insulto y el enganche virtual por las solapas sobra en todo momento y lugar.

Y ahora, ¿qué?

“Un asesor de IU en Oviedo renuncia a sus cargos tras una denuncia anónima por un presunto abuso sexual”. “No hay ninguna denuncia presentada en los juzgados, el hombre niega los hechos y en la publicación en Instagram se le define como ‘un referente feminista’”, publican en La Voz de Asturias. Y ahora, ¿qué? Sin otra denuncia que una publicación anónima en la cuenta Denunciasasturies, que imita a la de Cristina Fallarás, ¿qué pasa con la víctima? ¿Quién la protege después de haber dado datos concretos? ¿Y con el señalado? ¿Quién investiga? Publicar una denuncia anónima no puede ser lo mismo que publicarla sin comprobar.

La guerrilla

Cada uno se conforma como puede: “Podemos ya supera en escaños a Sumar según el ElectoPanel”, titulan en Diario Red, el digital que dirige Pablo Iglesias, y aseguran: “Un total de 9 asientos en el Congreso frente a los 7 de Sumar”. Lo que me resulta más llamativo es que todos los que obtendrían Podemos y Sumar son en las mismas circunscripciones: Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia y Alicante. Ahí se juegan todas las alubias. Solo unos días antes, en The Objective publicaban: “Sumar teme que el ‘caso Errejón’ mueva el voto de las mujeres hacia Podemos”. ¿Qué mujeres? ¿Cuántas mujeres? ¿Las de dónde?

“¿Dónde están las mujeres en el prime time?”

Termino con otra pregunta pertinente que, esta vez, se hacen en El Plural: “¿Dónde están las mujeres en el prime time?”. En todos los programas en la mejor franja de las televisiones españolas (y en las vascas, me temo) ellas son, como mucho, copresentadoras, y ellos, las estrellas (Broncano, Motos, El Gran Wyoming, etc.). Y en el de La1, especialmente progre en las formas, todos los colaboradores habituales son también hombres. Muy graciosos, sí, muy rápidos, pero también muy “cipotudos”, usando la expresión que el propio Broncano, en una entrevista a Kiko Matamoros (sí, Kiko Matamoros), rescató para hacer chistes sobre sus cipotes.

Un mundo peor

La victoria de Donald Trump deja un mundo peor. Por supuesto, no valoro a sus votantes. Creo que la ciudadanía está globalmente desinformada y atiborrada de ruido y chorradas, pero de lo que estoy seguro es de que no podemos despreciar ni insultar a quien vota, aunque no me guste nada su opción. Me centro en la consecuencia global de la elección del republicano, que va a empeorar el mundo entero porque ha ganado el líder moral, pero también estratégico, de la ultraderecha en el mundo. Vienen tiempos complicados, de aferrarnos a valores democráticos y humanistas. Así que nos toca prepararnos para no rendirnos.

Un presidente condenado

El discurso neoliberal de Trump (reducir los impuestos, adelgazar el estado, permitir que los negocios crezcan sin control) seduce a la clase baja y media que desconoce que a quien beneficia realmente es a la más alta. Y esas promesas neoliberales pueden más que hechos tan llamativos como este: “Trump ya ha avisado sin tapujos de que usará sus poderes presidenciales para indultarse a sí mismo y poner fin a las investigaciones que siguen abiertas contra él. ‘Le despediría en dos segundos’, dijo hace dos semanas en referencia al fiscal especial Jack Smith, que la lidera la instrucción de los casos” (EPE).

Este da más miedo

Vienen cuatro años, por lo menos, complicados en diversas materias, como el calentamiento global. Cuando Elon Musk apoyaba a Trump no lo hacía por ideología, sino por dinero: él se va a beneficiar más que nadie (porque tiene más dinero que nadie) de las rebajas fiscales y de la libertad que tendrá para contaminar más. Su proyecto de turismo espacial privado (yo sigo pensando que busca establecer una colonia extraterrestre para ultrarricos), de alto impacto medioambiental, no va a tener límites. Por eso uno de sus primeros tuits era de uno de sus cohetes subiendo entre toneladas de humo, por eso y porque se ríe de todas y todos.

Todo lo que sube

La subida a máximos históricos del bitcoin y otras criptomonedas tras la victoria de Trump también me da mala espina (y no solo porque también beneficie directamente a Musk). No creo que sea una buena noticia que el refugio del dinero más sucio del planeta sea altamente rentable, la verdad. Las y los americanos también sabían que Trump pretende dar un impulso a estas monedas intangibles desde el estado, y por eso (no “aun así”, sino “por eso”) le votaron. Pero a mí, insisto, me preocupa, y no porque sea un pollavieja que no entiende hacia dónde va el mundo, sino porque lo tomo como otro síntoma de la dolencia que va a afectarnos.

Netanyahu y Putin también ganan

La victoria electoral de Donald Trump es también una victoria anticipada sobre el terreno de Netanyahu y de Putin. El primero sabe que va a actuar con más libertad. Libertad para seguir haciendo esto: “Israel mata a 70 palestinos en la Franja de Gaza en 24 horas” (El Periódico). Una pena que Harris no haya sido más valiente en campaña condenando la violencia sionista, estoy seguro de que le habría ido mejor. Y el segundo, Putin, también está contento con la elección de Trump, que ya ha mostrado recelo a seguir apoyando militarmente a Ucrania, justo lo que el autócrata quería. Y justo lo que ha conseguido.