La sexta escapada del año la realizamos los días 3 y 4 de agosto a un destino bastante cercano, Burgos, una preciosa ciudad que hacía años que no visitaba. Para pasar la única noche de esta escapada elegimos el Hotel Crisol Mesón del Cid ***, situado en la calle Fernán González, 64, en plena zona peatonal, por lo que conviene reservar el garaje que tienen a unos pasos del hotel. En pleno mes de agosto y la víspera del final de etapa de la Vuelta a Burgos, el hotel no resultó barato, pero desde la habitación veía la Catedral. Fue un capricho.

En esta escapada quedamos con nuestros amigos de Rivas Vaciamadrid y lo hicimos a 10 km de Burgos y 174 de Leioa, en el Monasterio de San Pedro de Cardeña, pues a las 12:15 h tenía lugar la última visita guiada de la mañana, en teoría al precio de 2,50 €, aunque el monje nos pidió la voluntad. No conocía este monasterio, pero su visita merece realmente la pena. La iglesia conventual data del siglo XVI y, anexa a ella, está la Capilla del Cid que cuenta con un retablo barroco realizado por Fray Pedro Martínez en 1738. En el centro están los sarcófagos del Cid y de su esposa Doña Jimena. Destacan también la capilla absidial del Evangelio y el claustro de los Mártires.

Concluida la visita, sin tiempo que perder para que no nos cerraran, nos desplazamos 8 km hasta la Cartuja de Miraflores, situada a unos 3 km de Burgos, que abre de 10:15 a 15 y de 16 a 18 h, costando la entrada 5 €. Joya del arte gótico, forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO asociado a los Caminos de Santiago de Compostela. En su interior destaca la iglesia y, sobre todo, el retablo mayor y el sepulcro de Juan II e Isabel de Portugal. El retablo, realizado entre 1496 y 1499, fue tallado en madera por Gil de Siloé y policromado y dorado por Diego de la Cruz, con oro que procedía de los primeros envíos desde América. Mención especial merece el sepulcro del infante Alfonso de Castilla, hermano de Isabel la Católica. Tras la visita nos desplazamos al cercano restaurante La Fragua de Fuente Prior, donde comimos, muy bien por cierto y a buen precio, sendas raciones de morcilla de Burgos, chorizo a la sidra y unas ricas croquetas.

Después del mencionado picoteo nos dirigimos al Hotel para dejar el equipaje en la habitación y descansar un poco, pues a las 16:30 h tenía previsto iniciar la Ruta de los Mercaderes, en la que se visitan tres iglesias al precio de 7 €. La primera la tenemos al lado del hotel. Se trata de San Nicolás de Bari, que abre de 11:30 a 19 h. En el tímpano de la portada principal se encuentra una imagen de San Nicolás, flanqueada por las de San Sebastián y San Vitores. El elemento más relevante de la iglesia es su monumental retablo mayor, de comienzos del siglo XVI, junto al que se encuentran los sepulcros de Gonzalo y Alfonso Polanco, “patrocinadores” de esta obra. También pudimos ver otros sepulcros y un sencillo Museo de Tapices.

A tan solo 180 metros tuvimos la segunda cita. Se trata de la iglesia de San Esteban, en la que destaca la portada principal, con el tímpano dedicado a Cristo y al martirio del santo titular, de los siglos XIII-XIV. Destaca también el rosetón, que conserva restaurado parte de los vitrales del siglo XVI. obra de Sebastián de Vallejo y Lázaro de Aranda. En el interior guarda importantes muestras de arte funerario medieval y renacentista, destacando los enterramientos de influyentes familias de mercaderes y nobleza local, como los sepulcros de la familia Arlanzón y el de Urraca López de Haro, junto al que me fotografío.

La iglesia de San Esteban abre de 10 a 14 y de 17 a 20 h y es también escenario del Museo del Retablo, guardando 30 de estos importantes mobiliarios litúrgicos, de los que os muestro unos cuantos, comenzando con el retablo de San José, del siglo XVIII, procedente de Cortiguera y el retablo mayor de San Esteban, realizado entre los siglos XVIII y XIX. También los de San Millán de la Cogolla, San Lorenzo (s XVI), del Salvador (s XVI), Santa Ana (s XVIII), Virgen con el Niño (s XIII), San Martín (s XVI) y San Joaquín y Santa Ana, además del cuadro Última Cena (s XV).

Para no empacharos de iglesias, hago una pausa para mostraros lo que he visto en la calle en nuestra ruta entre los tres templos, comenzando con la plaza Santa María, situada junto a la Catedral, el monumento en recuerdo del Año Jacobeo 2021, la calle Pozo Seco, un pequeño descanso frente a San Esteban, la fuente y el arco de San Esteban, el arco de San Gil y dos murales, el “Mímesis, seres y lugares”, que vimos al principio y el de “La Conquista de Burgos” en la calle Alvar Fañez.

Tras caminar casi 400 metros pasando junto a los arcos anteriormente citados, finalmente llegamos a la tercera iglesia, la de de San Gil Abad, motivo de nuestra prisa pues abre de 11:30 a 19 h, cerrándose el acceso media hora antes. Este templo gótico, tal como lo contemplamos, data de finales del siglo XIV y forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, asociado a los Caminos de Santiago. Su interior es como un museo, pero quiero reseñar cuatro temas principales, el Altar Mayor que tiene baldaquino y retablo barrocos del siglo XVII, la Capilla del Santísimo Cristo de las Santas Gotas, la Capilla de los Reyes Magos, con su notable retablo, probable obra de Gil de Siloé y a su pie los sepulcros de Fernando Castro de la Hoz y Juana García de Castro y, finalmente, la Capilla de la Natividad, considerada la joya de la corona, capilla funeraria de Juan de Castro e Inés de Lerma, que cuenta con un. magnífico retablo dedicado a la Natividad de María, atribuido a Felipe de Vigarny.

Concluidas las visitas deambulamos por el centro de Burgos, contemplando en primer lugar dos grupos escultóricos, los niños (danzantes) y sus maestros (tetines), que forman parte de la tradición burgalesa y “Mujer con paraguas”. Pasamos luego ante el edificio civil más notable de Burgos, la Casa del Cordón o Palacio de los Condestables, originario del siglo XV. Enseguida llegamos al Teatro Principal, junto al que se encuentra uno de los emblemas de la ciudad, el Monumento al Cid Campeador, situado cerca del puente de San Pablo, sobre el río Arlanzón. Hemos llegado al Espolón, el paseo arbolado y ajardinado más céntrico y popular. Nos fotografiamos con “La Castañera” y nos tomamos un vino a unos pasos del Arco de Santa María, otro de los monumentos más emblemáticos de la ciudad. Originario del siglo XI, su aspecto actual se debe a la reforma que tuvo lugar en la primera mitad del siglo XVI.

Comenzó luego la parte más complicada de esta escapada, encontrar un restaurante para cenar, misión casi imposible pues, a pesar de ser lunes, todos los bares estaban abarrotados. Pasamos por la Plaza Mayor, donde se encuentra el Ayuntamiento, fotografío “Al Herrero” y caminamos por la calle San Lorenzo con rumbo a la calle Avellanos en busca de La Boca del Lobo, restaurante que nos habían recomendado pero que tenía una hora de espera, así que al final optamos por picar algo, gracias a que se libró una mesa, en una terraza de la plaza Huerto del Rey, cerca de la Fuente de la Flora. Estamos a tan solo 400 metros del hotel, iniciando el regreso fotografiando al “Cid hincado de hinojos”, obra de Óscar Martín, para finalmente deleitarnos contemplando iluminada la majestuosa fachada de la Catedral de Santa María.

Hemos dejado para el día siguiente dos importantes vistas, la Catedral de Santa María y el Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas, de las que espero hablar en una próxima entrega.