Procedente de El Ferrol, sobre las 13:40 h llegaba a Getxo el primer crucero de la temporada, el Hamburg, de 144 metros de eslora y 22 de manga. Tiene capacidad para 420 pasajeros y lleva bandera de Bahamas. Está previsto que zarpe a las 12 de la noche.
Este año está previsto que lleguen a la terminal de cruceros de Getxo un total de 47 barcos. En lo que queda de mes de abril se espera la llegada de otros 5 cruceros. El día 18 le toca el turno al Midnatsol, barco polar de Hurtigruten (136 metros de eslora). El día 24 llegarán dos barcos, el enorme Britannia (330 metro de eslora) y el lujoso Le Champlain (132 m). El día 25 se espera la llegada del Marina (240 m), concluyendo el mes el día 27 con el Crown Princess, otro gran crucero de 289 metros de eslora.
El pasado lunes a mediodía quedamos con unos amigos de Madrid en un hotel situado en medio de la nada, cerca de Castejón, para darles a conocer un poco del sur de Navarra. Nada más dejar el equipaje nos dirigimos a nuestro principal objetivo, las Bardenas. En el centro de información cogimos un mapa en el que nos indicaron que podíamos recorrer los 34 km de pista que circunvalan el campo de tiro. Bordeamos los montes Ralla, Rallón y Pisquerra y como no se puede abandonar la pista, hicimos un alto para sacar unas fotos y observar las piruetas del los aviones militares, en este caso sin bombas, que compiten en el espacio aéreo con las rapaces. Más adelante volvimos a parar en los dos únicos lugares en los que se puede caminar un poco, el cabezo de Castildetierra, emblema del Parque Natural, y la laguna de las Cortinas.
Pasamos la tarde en las Bardenas y, de regreso al hotel, nos detuvimos en Arguedas para tomar unos claretillos. Caminando por el pueblo fuimos descubriendo sus curiosas pinturas murales y la iglesia de San Esteban.
Martes, 9 de abril. Comenzamos la segunda jornada en la laguna de Pitillas. Dejamos el coche en el observatorio y centro de interpretación y caminamos primero hacia un lado y luego hacia el otro, pudiendo observar una gran variedad y cantidad de aves. Lástima que para las fotos quedaban un poco lejos, debido al carrizo que bordea la laguna.
La siguiente cita la tenemos en San Martín de Unx. Hacía muchos años que no pasábamos por esta zona, coincidiendo la última vez con la romería que se realiza desde Tafalla hasta el Santuario de Ujué, con los romeros portando cruces. Por cierto en el pueblo están mosqueados con que hayan puesto las elecciones el día 28 de abril, fecha en la que tiene lugar este año la romería. Dejamos el coche junto a la iglesia gótica de Santa María, no pudiendo contemplar la imagen de Sta Mª del Pópulo por estar cerrada. Subimos a la parte alta donde se encuentra la iglesia románica de San Martín de Tours y nos sucede lo mismo, privándonos de ver su hermosa cripta.
Muy cerca tenemos la encantadora localidad de Ujué-Uxue, de la que sobresale la inmensa mole del Santuario Fortaleza de Santa María. Por fin encontramos un templo abierto, pudiendo deambular tanto por el exterior como por el interior, donde destaca el púlpito barroco y la hermosa imagen de la Virgen. Se ha echado la hora de comer y, siguiendo la tradición, degustamos las migas del pastor que preparan en el Mesón Las Torres.
Hemos dejado para la tarde la visita al otro plato fuerte de la “escapada”, el castillo de Olite-Erriberri (Entrada: 3,50 €). Es una gozada recorrer esta Palacio Real, al que dedicamos una hora. Eso sí, hay que estar un poco en forma para subir y bajar tantas escaleras para disfutar de las vistas desde las diferentes torres. Por entrar casi de forma precipitada nos hemos quedado sin ver el interior de la iglesia gótica de Santa María la Real, en la que destaca su retablo renacentista, pues por la tarde solo abren de 16 a 17 h, mientras que el castillo no lo cierran hasta las 7 de la tarde. Vemos también el Parador, el Ayuntamiento y la Torre del Chapitel.
Antes de regresar al hotel nos dirigimos a Corella, Hemos estado toda la tarde sorteando las tormentas pero aquí nos pillan de lleno, así que nos conformamos con ver la Casa de los Virto de Vera y la torre de la iglesia del Rosario, con arco iris incluido. Hemos venido a comprar buñuelos de Corella pero en los dos sitios en que los venden solo abren por la mañana, así que nos vamos con fardelejos de Arnedo.
El miércoles abandonamos el hotel y nos dirigimos a Ablitas, para caminar unos 4 km bordeando la laguna de Lor, que por cierto está desbordada debido a las intensas lluvias des estos días. Aquí no tenemos suerte con las aves, pues solo vemos una pareja de patos. Hay varios pescadores que intentan pescar enormes carpas. Un pote en Cascante y nos dirigimos a Tudela. Como los accesos están cerrados, nos desavían por la A68 hasta la salida próxima al Hiper de Eroski, donde Mariluz y Pedro, nuestros amigos de Rivas Vaciamadrid, aprovechan para comprar unos souvenirs de Euskal Herria: queso del Roncal, dos ristras de txistorra de Arbizu, cuatro manojos de espárragos blancos, dos tarros de alcachofas y uno de pencas de acelgas, dos botellas de leche de oveja y cuajo para hacer cuajadas y un par de botellas de clarete navarro.
En Tudela dejamos el coche cerca del puente sobre el río Ebro, desde el que se tiene una magnífica vista del centro histórico que ahora nos disponemos a recorrer, destacando la iglesia románica de la Magdalena, la Catedral y la Casa del Almirante. Llama nuestra atención las enormes pinturas murales. Nuestro destino es la coqueta plaza de los Fueros, donde comemos un bocadillo y cada uno para su casa. Es un hermoso final para una escapada de la que tanto hemos disfrutado.
INFO: En esta escapada hemos tenido como campamento base el Hotel elVILLA CASTEJON ***, situado en el km 83,4 de la carretera N-232, entre Tudelka y Castejón (www.elvillacastejon.com). El precio de la habitación doble es de 49 € (63 € con desayuno buffet). Cuenta por un espectacular buffet al precio de 15 € (bebidas aparte), con gran variedad de platos de ensalada, pasta y embutidos. También hay muchas verduras, pescados y mariscos que te cocinan al momento a la plancha. Las carnes, salchichas, chorizo, morcilla y txistorra también las hacen al momento a la parrilla. Merece la pena.
Estamos en la tercera isla más grande de Australia. Por su situación al sur de la ciudad de Adelaida, las noches y las mañanas son muy frías y la sensación térmica mucho peor, debido al intenso viento, como se puede comprobar en esta imagen del paseo costero de Kingscote, la capital de la isla.
Tras la paliza que nos pegamos ayer, hoy hemos tomado la decisión de disfrutar de Isla Canguro con más calma así que, como nuestro hotel está muy bien ubicado cerca de la costa, tras caminar por el paseo costero, nos acercamos a una pequeña playa para contemplar estos cisnes negros.
En la misma playa de Kingscote, junto a los cisnes hay también un buen grupo de pelícanos.
Isla Canguro tiene 540 km de costa. Tal como comenté en mi anterior entrada, es lo que más nos ha gustado, así que cogemos el coche y nos dirigimos casi hasta donde dejamos la costa el día anterior. La primera parada es en Vivonne Bay, votada como la mejor playa de Australia debido a la claridad del agua, la privacidad y la limpieza. Aquí vemos otra cosa tradicional en Australia, la afición al surf.
La siguiente parada la tenemos muy cerca, en Little Sahara, espectaculares dunas de arena blanca rodeadas de arbustos que me recuerdan a la Duna de Pilat, cerca de Arcachon. Aunque cuesta un poco de esfuerzo trepar por la arena, merece la pena subir a la cima de una de las dunas para contemplar el paisaje. También me entretuve viendo cómo se lanzaban en trineo desde lo alto, eso sí, los pilotos con casco.
Hemos dejado para el final la atracción más popular de la isla, Seal Bay Conservation Park, famosa por sus leones marinos. Tiene su propio centro de visitantes y hay que pagar entrada, pero no tiene restaurante y es la hora de comer. Nos arrepentimos de no haber comprado nada para el mediodía, pues luego tenemos que recorrer media isla para comer una triste hamburguesa en un parque de aves rapaces.
Hay una entrada que cuesta el doble que permite acceder a la playa con un guía, pero nos conformamos con ver los leones marinos desde las pasarelas, pues están muy cerca. Dicen que la colonia de Seal Bay de leones marinos australianos, supone casi el 10% de su población. Es una especie amenazada. Para nosotros el viaje casi ha concluido, pues a las 18:00 tenemos que devolver el coche y a las 19:30 coger el ferry. Aprovechamos para comer algo en un restaurante italiano, cerca del puerto, pues hoy no toca cenar, ya que hasta las 22:30 no llegaremos a Adelaida.
INFO: En Isla Canguro os recomiendo pernoctar en el Aurora Ozone Hotel, en Kingscote (www.ozonehotelki.com.au). Está muy bien situado y en su restaurante cenamos la mejor comida de la isla.
Como ha regresado el invierno, es un buen momento para quedarse en el pueblo y visitar, en Kultur Leioa, la exposición “Samurais”, en la que nos acercan un trocito de un país, Japón, que me encantó cuando lo visité. En esta ocasión no tenemos que viajar tan lejos.
Se trata de una completa visión de una de las épocas más interesantes del medievo, a través de filosofía, forma de vida, enseñanzas, indumentaria, armaduras y objetos personales, con fotografías de finales de la segunda mitad siglo XIX, figuras y paneles explicativos.
La exposición permanecerá abierta hasta el domingo 7 de abril, con el siguiente horario: jueves y viernes, de 10:00 a 20:00 h. Sábado y domingo, de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 h.
Pese a llevar poco más de 30 horas en Australia y estar con el jet lag, nos ha tocado madrugar, pues teníamos que estar a las 06:15 en la estación de autobuses de Adelaida para canjear el billete sacado por Internet. A las 06:45 sale el autobús de SeaLink a Cape Jervis, que enlaza con el ferry que lleva a Penneshaw. Unos 45 minutos de travesía y para las 09:45 estamos en Isla Canguro.
Nos ha costado mucho reservar coche para recorrer la isla, pues en los buscadores habituales no había, pero finalmente lo conseguimos en Hertz. A las 10 de la mañana estábamos con el coche dispuestos a pasar dos intensos días en Kangaroo Island. Lo primero que hacemos es dirigirnos al centro de la isla, al Kangaroo Island Wildlife Park. Queremos ver koalas, pues no tenemos claro que vayamos a verlos en libertad, cosa que sucedió tres días después.
Si algo abunda en el Kangaroo Island Wildlife Park son los canguros, de todas formas y tamaños, aunque ya habíamos visto un par de ellos desde el autobús. Con la entrada te dan una bolsita con una especie de bolitas, para alimentarlos. Resulta curioso con qué cuidado comen de tu mano.
También nos detuvimos con los emúes (izda), que vimos al cabo de tres días en libertad, y con los curiosos casuarius (dcha), que no encontramos en libertad en ningún sitio.
Pasamos unas 3 horas en el Kangaroo Island Wildlife Park, para amortizar los 25 dólares australianos (algo más de 15 euros) que habíamos pagado por la entrada y disfrutar de las 150 especies de fauna nativa australiana y 600 animales con que cuenta: koalas, pingüinos, canguros, wallabies, dingos, echidnas, serpientes, cocodrilos, reptiles y aves. Si algo llamó nuestra atención fue un canguro blanco con su cría. Aprovechamos para comer un bocadillo en el pequeño bar con que cuenta.
Por la tarde comenzamos a recorrer la costa, que es lo que más nos ha gustado de la isla. Accedemos al Flinders Chase National Park para dirigirnos a nuestra primera cita, Remarkable Rocks, un conjunto de rocas de granito con formas curiosas.
Continuamos la ruta hacia el faro de Cape du Couedic Hike, construido entre 1906 y 1909 y situado encima de nuestro siguiente destino, Admiral’s Arch, un magnífico arco natural esculpido por el mar.
En la zona de Admiral’s Arch pudimos disfrutar de la presencia en las rocas de un buen grupo de focas neozelandesas, algunas con sus crías.
Estamos en el otro extremo de la isla y tenemos que regresar al hotel, situado en Kingscote, la capital de la isla. Hemos apurado el día a tope y tenemos por delante 115 km, así que tenemos que darnos prisa pues es peligroso conducir de noche, sobre todo por los canguros. En nuestro viaje por Australia hemos visto más canguros muertos en las cunetas de las carreteras, que vivos. Eso si, nos detenemos un momento para fotografiar a estos dos canguros muy cerca de la carretera.
INFO: Una buena forma de llegar a Kangaroo Island desde Adelaida es con la compañía SeaLink (www.sealink.com.au). El autobús sale a las 06:45 y enlaza con el ferry de las 09:00. Para el regreso, el ferry sale de la isla a las 19:30 y enlaza con el autobús de las 20:30, llegando a Adelaida sobre las 22:30. Por ello, en Adelaida nos alojamos en The Franklin Hotel (www.thefranklinhotel.com.au), ubicado frente a la estación de autobuses.
Me alegro de haber llegado por mar a La Valeta (Valletta), pues así he podido contemplar su impresionante fachada marítima, que encierra un conjunto monumental declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1980.
Nada más salir del barco nos encontramos con la muralla, así que hay que salvar un importante desnivel para llegar al centro histórico. Pronto descubrimos que un ascensor nos lleva a los Barrakka Gardens, desde donde se tiene una impresionante vista del puerto. Nuestro primer destino está a unos pocos pasos. Se trata de la Castille Place, rodeada de monumentales edificios y esculturas.
Estamos ante el Albergue de Castilla (Auberge de Castille), construido en la década de 1740 en estilo barroco y considerado probablemente el mejor edificio de Malta. En la actualidad alberga la oficina del primer ministro. El origen de su nombre se remonta a 1574, cuando en este lugar, el más alto de la ciudad, se encontraba el castillo que ocupaban los caballeros de Castilla, León y Portugal, unos de los más poderosos de la orden de San Juan, que se encargaban de vigilar la fortificación de la ciudad.
El recorrido monumental se limita a un par de calles bastante largas, en las que podemos contemplar numerosas iglesias y edificios construidos a partir del siglo XVI, durante la época de los Caballeros Hospitalarios. Los hay barrocos, renacentistas y neoclásicos. Puestos a seleccionar uno, me quedo con la Casa Rocca Piccola, que nos muestra cómo vivieron las familias nobles de la isla de Malta en el pasado. Aunque estamos en marzo hace calor, así que nos detenemos en una terraza para refrescarnos un poco.
En el centro de la ciudad se encuentra el Palacio del Gran Maestre, actual sede del Parlamento. Cuenta también con un museo que destaca por su colección de armas, provenientes de las diferentes nacionalidades de los caballeros de la Orden de Malta. Aquí se realiza el cambio de guardia. Estamos viendo que en esta ciudad todo es muy “british”. Prueba de ello son las cabinas de teléfonos y los buzones.
Nos habría gustado visitar el Museo Nacional de Arqueología para ver la escultura que muestra una mujer durmiendo, de unos 3000 años de antigüedad, pero está cerrado al público por la celebración de un evento, así que entramos a la Concatedral de San Juan, construida por los Caballeros de Malta en la segunda mitad del siglo XVI. Pese a que hay que pagar la entrada, su interior está abarrotado. Destacan sus numerosas y recargadas capillas.
Tras seguir callejeando un buen rato y un tanto empachados de edificios históricos, concluimos nuestro recorrido donde los habíamos comenzado, en Valletta Waterfront, una zona de este puerto natural, considerado uno de los más bellos del mundo, que ha sido restaurada contando con varias tiendas, bares y restaurantes. Es un buen momento tomar algo en una de sus terrazas.
Ha llegado la hora de partir. Desde nuestro barco contemplamos la curiosa forma de abandonar el puerto, pasando entre dos faros.
INFO: La forma más rápida de llegar a Malta desde Bilbao es con la compañía Volotea, que tiene un vuelo los miércoles de menos de tres horas de duración. Ese mismo día se puede llegar también con Vueling, pero hay que cambiar de avión en Barcelona.
En mis viajes a Italia había circunvalado varias veces la ciudad de Génova, la sexta más poblada del país, pero nunca había entrado en ella, así que creo que ya había llegado la hora, máxime cuando desde 2006 las Strade Nuove y el sistema de los Palazzi dei Rolli del centro histórico, forman parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. El casco antiguo está lleno de sabor tradicional, como sucede con este comercio de antigüedades.
La Porta dei Vacca nos da acceso al casco antiguo. Enseguida nos encontramos ante la gran mole de la iglesia de Annunziata del Vastato, pero no hemos venido a iglesias pues en Italia tienen la colección completa, así que nos dirigimos a la Galleria Garibaldi, como aquí llaman a un túnel que nos conduce a una de las zonas más interesantes, Via Garibaldi, a la que a mediados del siglo XVI se trasladó la nobleza genovesa, por lo que está llena de mansiones y palacios, como el Blanco, el Tursi, sede del Ayuntamiento o el que aparece en la imagen, el Rojo (Palazzo Rosso). Impresiona contemplar sus monumentales fachadas y los patios interiores.
La siguiente cita la tenemos en uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad y su centro neurálgico, la enorme piazza de Ferrari, a la que se asoman lugares tan conocidos como el Palazzo Ducale o el Teatro Carlo Felice, sede de la Ópera, que tiene delante el monumento a Giuseppe Garibaldi.
Ha llegado la hora de tomar algo y lo hacemos en el entorno del lugar que más me ha gustado de la ciudad, la piazza San Mateo, un sitio lleno de sabor ubicado en torno a la pequeña iglesia del mismo nombre, que fue construida entre los siglos XII y XIII por la familia Doria, a la que pertenecieron las casas que rodean la plaza. Muy cerca se encuentra la coqueta iglesia de Santa María delle Vigne.
Seguimos callejeando por un laberinto de estrechas calles hasta llegar a la Catedral, dedicada a San Lorenzo, que fue reconstruida entre los siglos XI y XIII. Destaca su monumental fachada, que cuenta con tres portales góticos con franjas de mármol blanco y negro, adornados con esculturas.
más importante del Mediterráneo junto al de Marsella. A modo de despedida contemplamos uno de los edificios más monumentales de la ciudad, el Palazzo San Giorgio, con sus fachadas profusamente pintadas, sede de la Autoridad Portuaria.
Ha llegado la hora de asomarse a la fachada marítima de Génova y qué mejor lugar para hacerlo que el Porto Antico, el Abandoibarra genovés, pues la zona ha sido completamente rehabilitada, como podéis ver en la imagen, con la enorme escultura Bigo en primer plano, teniendo como telón de fondo el Acuario y la Biosfera.
No podemos concluir la visita a la ciudad sin visitar su principal atracción turística, el Acuario, que presume de ser el mayor de Europa (https://www.acquariodigenova.it/). Cuenta con 71 tanques con más de 12.000 animales de 400 especies. La entrada cuesta 18 €, pero nos ofertan la Senior, aunque no lo somos, que vale 4 € menos.
Se ha echado la hora de comer, así que como en el Porto Antico hay muchos bares y restaurantes, qué mejor lugar para concluir la visita a Génova que disfrutar de un buen plato de pasta en una terraza cerca del mar. Estamos en marzo y al sol hace calor. Muy cerca tenemos el Galeón (en la imagen) y un poco más adelante el Galata Museo del Mare y el Sumergible Nazario Sauro.
INFO. Génova dista 1.200 km de Leioa, así que se puede ir en coche o, mucho más rápido, en avión. Lufthansa cuenta con tres enlaces diarios entre Bilbao y Génova, vía Munich. Vueling con uno diario vía Barcelona.
Suelo comentar que en mi caminar por el entorno de la playa de Ereaga, el paisaje cambia casi cada día. Como podéis comprobar, el final del invierno y el comienzo de la primavera nos ha traído bajamares vivas y unos preciosos reflejos en el agua. En esta imagen vemos la playa de Ereaga, el Serentes y el Puerto Viejo, a la derecha.
En esta imagen, tomada desde el muelle de Areeta, vemos el Serantes, el puerto deportivo, el faro de Arriluze y las villas de Ereaga.
Hasta la garceta se refleja en el agua.
Desde esta mañana y hasta el domingo por la tarde permanecerá amarrado en la terminal de cruceros de Getxo, el portaviones Juan Carlos I, buque insignia de la armada española, cuya visita ha levantado polémica ya que la Junta de portavoces del Ayuntamiento de Getxo ha acordado mostrar su disconformidad con la presencia de buques de guerra en el municipio. Pese a ello, gran cantidad de personas han acudido a verlo esta mañana y no quiero ni pensar lo que será el fin de semana, pues hay sendas jornadas de puertas abiertas para visitarlo y una concentración de protesta convocada por Ongi Etorri Errefuxiatuak para el sábado a las 11 de la mañana.
La propuesta de hoy tiene como objetivo pasar un fin de semana o un puente en ambas vertientes de los Pirineos, combinando la práctica del esquí de fondo en la estación de Nistos, con la visita a las iglesias románicas de La Vall de Boi, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Vielha puede ser un buen lugar para alojarse, por su amplia oferta hotelera y por encontrase entre ambos destinos.
Vista de los Pirineos desde Nistos
Nistos es una encantadora estación de esquí de fondo, situada entre los 1600 y 1800 metros de altitud, en el departamento francés de Hautes-Pyrénées. Es una buen lugar para los principiantes de esta modalidad deportiva por la ausencia de grandes desniveles, pero ante todo es un fenomenal balcón sobre los Pirineos centrales, pues mientras esquiamos podemos contemplar cumbres de la talla del Aneto, Maladeta o el Pic du Midi de Bigorre.
La estación de Nistos cuenta con 43 km de pistas para la práctica del esquí de fondo (una verde, 2 azules, 4 rojas y una negra) y 12 km practicables con raquetas. Dista 366 km de Leioa, siguiendo la ruta: Donostia-Baiona-Pau-Autopista A64 salida 16 en Lannemezan-Arreau. Continuar por RD 939 hacia La Barthe-de-Neste. Se llega en unas 4 horas.
Nuestro siguiente destino se encuentra a 138 km de Nistos, en La Vall de Boí, así que tenemos que cruzar la muga y dirigirnos a Velha, en el Val d’Aran, que abandonaremos cruzando el túnel de Vielha. La primera cita la tenemos en Erill la Vall, donde se encuentra Centro del Románico del Valle de Bohí, punto en el que podemos coger información sobre las iglesias a visitar, que forman parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.
Hay que seleccionar las iglesias que vamos a visitar, pero ya que estamos en Erill la Vall nos acercamos en primer lugar a la de Santa Eulàlia, que cuenta con un campanario ejemplo de la arquitectura lombarda del valle de Bohí. Tiene seis pisos y una altura de 23 metros.
Nos dirigimos ahora a la iglesia de Sant Joan de Boí, que cuenta con un campanario lombardo y un notable conjunto de pinturas del siglo XII, destacando las que representan a diversos animales fabulosos. Lo que hay aquí son unas reproducciones, pues las originales se encuentran en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC).
La más emblemática de todas las iglesias es la de Sant Climent de Taúl, que fue consagrada en 1123, destacando su torre campanario de seis pisos. Su interior contaba con varios frescos de autor desconocido, siendo el más importante el Pantócrator, uno de los máximos exponentes del arte románico en Catalunya. Aquí podemos ver una reproducción, pues el original también está en el MNAC.
Nos dirigimos ahora a la iglesia de Sant Feliú de Barruera, que aparece por primera vez documentada a finales del siglo XIII. Llama la atención su torre campanario, que se aparta del modelo seguido en las iglesias que ya hemos visitado.
Hemos seleccionado iglesias situadas en diferentes zonas, para disfrutar también del magnífico decorado que las rodea, esas montañas cubiertas de nieve. Hemos dejado para el final dos iglesias más sencillas, Nativitat de Durro, documentada desde el siglo XI, y L’Assumpció del Coll, que data de mediados del siglo XIII.
INFO: Nistos: http://www.nistos-ski.fr/. Boí: https://www.vallboi.cat/es. Podemos prorrogar la estancia en la cercana estación de esquí alpino (https://www.boitaullresort.com/), que cuenta con 45 km de pistas situadas entre los 2020 y los 2751 metros de altitud.
El pasado viernes comencé el día con mal cuerpo. No me podía creer que hubieran asesinado de forma tan vil a 50 personas en una ciudad tan tranquila como es Christchurch, en la que estuve hace 5 meses. Si en una ciudad se respira tranquilidad y seguridad, es en esta. Sirva esta entrada como condolencia a los habitantes de Christchurch y a todo el pueblo neozelandés, abierto y plural donde los haya, que tan bien nos acogió el pasado mes de octubre. Pretendo con ello mostraros los aspectos positivos de esta encantadora ciudad.
Procedentes de Rotorua, en la isla Norte de Nueva Zelanda, el pasado 13 de octubre llegábamos a Christchurch en este pequeño ATR 72 de la compañía Air New Zealand Link, tras un vuelo de poco más de hora y media, en el que disfrutamos de un paisaje espectacular. Con una población de unos 375.000 habitantes, Christchurch es la tercera ciudad de Nueva Zelanda y la más poblada de la isla sur.
Christchurch ha sufrido recientemente dos grandes terremotos. El primero el 4 de septiembre de 2010, de 7,1 grados, no causó muertes, pero originó destrozos en el centro de la ciudad. El segundo, de 6,3 grados, sacudió la ciudad el 22 de febrero de 2011 a la hora de mayor actividad, causando la muerte de 181 personas y provocando el derrumbe de altos edificios e iglesias, incluida la propia Catedral, cercana a nuestro hotel, que es lo primero que fuimos a ver. Aunque la ciudad se ha reconstruido a marchas forzadas, todavía son muy evidentes los efectos de este terremoto.
Tras comer en un restaurante de comida rápida, nos dedicamos a callejear por el centro, resultando muy pintoresco el nuevo tranvía turístico, que recorre todo el centro histórico realizando 17 paradas en las que puedes subir y bajar cuando quieras. También llamó nuestra atención la cantidad de pinturas murales que hay en diferentes lugares.
Las distancias son cortas y preferimos seguir callejeando sin utilizar el tranvía. Pasamos por New Regent street, una coqueta calle con tiendas y restaurantes ubicados en edificios de estilo colonial, atravesamos un parque y llegamos a la siguiente cita, la Catedral provisional, construida con materiales reciclados por el arquitecto japonés Shigeru Ban.
Deshacemos el camino andado, regresamos a las ruinas de la Catedral, cruzamos el río Avon y recorremos Worcester Boulevard, la calle más interesante por la categoría de los edificios que a ella se asoman, aunque algunos todavía siguen en ruinas. Esta calle finaliza en la Rolleston, teniendo frente a nosotros el Canterbury Museum.
Antes nos habíamos detenido en el edificio más vanguardista de la ciudad, la Christchurch Art Gallery. Allí hay unos indicadores que señalan la distancia a otras pinacotecas. De esta forma nos damos cuenta de lo lejos que estamos de casa. Nunca había viajado a un destino tan lejano. Para mí suponía el país 107 diferente.
El entorno de la Art Gallery resulta muy agradable, destacando la escultura de un toro subido en un piano y la de una mano ubicada en la azotea del edificio.
Junto al Canterbury Museum se encuentra el Christchurch Botanic Gardens, de 30 hectáreas de extensión. Probablemente es el mejor jardín botánico que jamás haya visto. Si algo llamó sobre todo mi atención son sus enormes árboles. Después de haber estado en este lugar tan agradable y relajante, quien me iba a decir que el pasado 15 de marzo se iba a producir el terrible atentado que tantas víctimas costó en la Mezquita Masjid Al Noor, que está a un paso.
Con las últimas luces del día concluimos la visita a la ciudad en el Christchurch Botanic Gardens, surcado por el río Avon, en el que vimos varios tipos de aves. Llamó mi atención que, coincidiendo con el ocaso, los patos se acomodaban para pasar la noche. Además de grandes árboles, en este precioso jardín botánico hay una gran cantidad y variedad de flores, invernaderos y plantas acuáticas.
Christchurch es una ciudad con mucho ambiente, sobre todo cuando empieza a atardecer, concentrándose el personal en sus numerosos bares y restaurantes. Nosotros optamos por cenar cordero en un abarrotado pub.
INFO: La mejor conexión para llegar a Christchurch desde Madrid la oferta la excelente compañía Emirates, volando con el cómodo Airbus A380-800, de dos pisos. Hay que cambiar de avión en Dubai y realizar una escala técnica en Sydney. Me sorprendió ver un avión de Emirates en el aeropuerto de una localidad de este tamaño. Para dormir os recomiendo el Hotel Ibis Christchurch, magníficamente situado cerca de todo, pues pudimos recorrer toda la ciudad caminando.
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