La barra de la risa

Lo que tiene que ver Ernai con EH Bildu es exactamente lo mismo que tiene que ver Pello Otxandiano, que dejó su puesto en la directiva de Sortu (en la que entró el último jefe de ETA, David Pla), para ser el candidato a lehendakari de la coalición. Es así de sencillo entenderlo y es así de ridículo negarlo. ¿Y Arnaldo Otegi, que lleva unos días desaparecidos, casualmente, tiene más que ver con Ernai o con Gazte Abertzaleak (lo que queda de las juventudes de EA)? ¿En Google hay fotos de Arkaitz Rodríguez con las juventudes de Alternatiba o con las de Sortu? ¿La participación de Otxandiano en el ‘Gazteon Eskutik’, qué fue, sin querer?

“Ernai hace lo que tiene que hacer”

Tuitea Eneko Compains (¿porque en X precisamente se sienten tan bien?) que “Ernai hace lo que tiene que hacer y EH Bildu dice lo que tiene que decir”. Esto es muy sencillo: no. Ernai hace lo que quiere y tiene que ser consecuente con sus actos. Y EH Bildu dice lo que le da la gana y el resto podemos opinar que en política puedes hacer muchas cosas, pero nunca puedes tomar por tonta a la ciudadanía, que es justo lo que está haciendo la izquierda abertzale. Hablando de no tomar por tonta a la gente: no creo que esté de más reflexionar sobre el cómodo acomodo que estas opiniones encuentran en la EHU.

Buen timing o mal timing

Mientras Ernai se victimizaba y Pello Otxandiano lanzaba balones fuera, Joseba Permach (otro que ha aterrizado bien en la EHU), criticaba en X (¡cómo no!) que la UE busque alternativas al gas ruso: “Europa es un barco sin rumbo que sufre las embestidas de unos y otros, mientras carece de propósito y plan alguno. Esta decisión no hará otra cosa que lastrar, todavía más, la economía europea y la gente de a pie pagará su insensatez. ¡Europa necesita un giro de 180 grados!”. Esto lo tuiteaba justo cuando Trump, Musk y Medvédev se alineaban para atacar a Europa. Yo no sé si lo buscaba, pero clavó el momento para sumarse al antieuropeísmo.

La ignorancia

Inés Hernand es una ignorante y, por tal, una atrevida. Se atrevió a ir a la televisión, a una academia (de música), a asegurar que cuando ETA mataba la izquierda abertzale era pacifista y que también ellos tenían que llevar a los muertos en sus hombros. Del sufrimiento que ejecutaba ETA y de cómo personajes como Permach, sin ir más lejos, los justificaban, ni palabra. De cómo algunos llevamos media vida enfrentándonos a quienes como Pello Otxandiano (también, sin ir más lejos) no dicen que lo que ejerció ETA es terrorismo, ni una frase. El colaboracionismo de Hernand, aunque sea por ignorancia, se señala y se combate.

¿Qué es terrorismo?

¿Cómo de mal hemos contado la historia como para que un candidato a lehendakari que no es capaz de llamar “terrorismo” a lo que hizo ETA no dimita al día siguiente? ¿Cómo de mal hemos contado la historia que la Fundación Fernando Buesa ha hecho un vídeo de cinco minutos, con dibujitos, para explicar lo que es el terrorismo? ¿Cómo de mal hemos contado la historia que la fundación ha tenido que redifundir ese vídeo por las burradas que dijo Inés Hernand, y va la tía e intenta victimizarse? ¿Cómo de mal hemos contado la historia que también intenta victimizarse Ernai al mismo tiempo que llama a seguir con su lucha?

Los que saben

Soy un señor mayor que lee columnas en papel y en Internet. Paso de reels (todo lo que puedo) y recelo, cada vez más, de los contertulios (especialmente, cuando me toca serlo). Y tengo la típica costumbre de señor mayor de leer a quien creo que sabe de las cosas. La juventud hoy sigue otras tendencias, como la de leer a cualquiera sin preguntarse qué sabe de lo que opina. Pero me centro, que se me va el hilo, cosas de la edad: pocos vascos como César Calderón conocen la política extremeña, y él tiene claro que el PP dependerá de Vox en mayor medida que hasta ahora. Tanto viaje para nada.

Lo mal que va todo, en un titular

Como señor mayor que soy, insisto una y otra vez en mis temas y desprecio lo que no alcanzo a entender. Y sí, no entiendo el éxito de TikTok, cuyos contenidos de mierda no superan una revisión mínimamente crítica, como no entiendo que políticos y expertos en comunicación política quieran llevar el terreno de juego a ese lodazal: “TikTok como arma electoral, aunque no te garantice ganar en las urnas”, titulan en Vozpópuli, a modo de resumen, a mi entender, de todo lo que está mal. Sabemos que esa herramienta, como los reels y los shorts, es perversa, y que por si sola no sirve para el objetivo, pero hacia ella nos empujan. ¿Por qué?

Su “libertad de comunicación política”

Primero me sorprendió la noticia de que Australia había prohibido el acceso de menores de dieciséis años a las redes sociales. Bien, es posible, que cunda el ejemplo. Pero después me sorprendió más el argumento de los dos chavales de quince años que han demandado al gobierno australiano por hacer cumplir la norma. Dicen que este reglamento “es un ataque directo al derecho de los jóvenes a la libertad de comunicación política” (Infobae). Pero, ¿de qué están hablando? La comunicación política está en mil sitios, incluido Internet. En las redes sociales hay, sobre todo, desinformación e intoxicadores, en Australia y en Euskadi.

Solo un ejemplo

Solo un ejemplo que no me costó encontrar: el corresponsal en Rusia Xavier Colás se tomó la molestia de contestar a Javier Villamor en X y, así, pude ver su último intento de intoxicar a las mentes más débiles. “A Putin le preguntan sobre una presunta guerra con Europa y dice que no la quiere pero que está preparado para lo que sea (una respuesta normal que haría cualquiera con dos dedos de frente). Toda la prensa occidental dice que Putin amenaza a Europa. De verdad, hemos perdido el norte”. Y esto es lo menos indecente que le he leído. Distinguir el bien del mal es una práctica que debemos ejercitar más.

Bien por Europa

No sabemos distinguir lo que está bien de lo que está mal y, aunque lo hagamos, no actuamos en consecuencia: del “dejar hacer” se han alimentado los imperialismos, y en Europa hemos crecido pensando que siendo los mejores clientes de unos y de otros (malvados e imperialistas) nos íbamos de librar de su ira. ¡Qué equivocados estábamos! Así que cualquier intento de hacer lo correcto hay que celebrarlo: “Bruselas acorrala a Shein, Temu y AliExpress” (El Debate). ¡Bien por Europa! Pero ya hay una generación que piensa que todo tiene que ser barato y puesto en casa. A ver qué piensa cuando le toque trabajar para pagar una hipoteca.

Oigámosle

Todas y todos hemos visto a ese autónomo harto que decía en Bilbao que llevaba doce años sin ponerse malo y que tenía que facturar cuatro mil euros para ganar menos de dos mil. El cansancio de quienes trabajan por cuenta propia no puede pasar desapercibido porque, aunque no están tan bien organizados como el funcionariado y ningún sindicato les ayude (después de quince años puedo decir que ninguno lo hace), su agotamiento puede llevarles a algo excepcional: parar. Y entonces sí que nos giñamos, amiguis. A quien genera riqueza se le ayuda, a quien recauda el IVA no se le señala, a quien trabaja se le valora.

“Última hora”

Me hizo gracia el scoop de RTVE en X: “Última hora. El precio de la vivienda libre se dispara un 12,8% en el tercer trimestre, su mayor alza en 18 años”. No me hizo gracia por el contenido, por supuesto, porque es una tragedia. Me hizo gracia ese “última hora”, como si la noticia no estuviese siendo recurrente: “El precio del alquiler en España repunta un 10% interanual en noviembre, según idealista”, leía solo un par de día antes en El Economista. Hablemos claro de una vez: la ley española de Vivienda, esa de las zonas tensionadas, no funciona. Y no lo hace porque fue más electoralista que práctica, y a los números me remito.

Lo que viene

La ley española de Vivienda dio mejores resultados a quienes la aprobaron con fines electoralistas (PSOE, Sumar, Bildu y ERC que, después de aquellas elecciones la recurrió por invasión competencial, porque la cara dura es para quien se la trabaja), que a la gente que está buscando un sitio en el que vivir. Pero como funcionamos a golpe de scroll y no nos acordamos ni del reel que estábamos viendo antes, siguen intentando colocarnos mierdas como si no tuviésemos memoria: “Sánchez cuela en campaña subidas salariales a 3,3 millones de electores de las próximas autonómicas” (Vozpópuli). Y algunos picarán.

Lo que permitimos

El genocidio israelí sobre Gaza tiene que servirnos para que señalemos el conjunto de atrocidades que el gobierno ultra que lidera Netanyahu está ejecutando o permitiendo: “Israel ha creado un monstruo que no puede parar: los colonos ya atacan hasta a su ejército” (El Confidencial). El terrorismo de los fundamentalistas en Cisjordania solo ha ido a más: “Aunque los 116 puestos de avanzada que se han fundado desde entonces son ilegales, según la ley israelí, el gobierno de Benjamin Netanyahu ha permitido, incentivado e incluso financiado la construcción de este tipo de asentamientos”. Esto también lo estamos permitiendo.

Correcto

La inteligencia artificial ha sido una decepción: no nos permite hacer lo que nos prometía, ha inflado una industria de dudoso beneficio y está abrasando nuestros recursos naturales. ¿Y todo esto solo por los loles o, como decimos los viejos, para hacer chistes? Porque con la IA puedes generar, al decimoctavo intento, una secuencia de segundos medianamente divertidos para montar un vídeo en un eventito familiar o para conseguir algún retuit. Pero no sirve para nada más, de hecho, no estamos seguros para qué es útil: “El Gobierno belga prohíbe a sus empleados utilizar aplicaciones del sistema chino DeepSeek” (Swissinfo).

La ejemplaridad

Arnaldo Otegi hablando de ejemplaridad suena a Alberto Núñez Feijóo hablando de ejemplaridad. De lo suyo gastan, y seguro que en España a ambos les compran el relato, pero en Euskadi nos acordamos, en el caso del PP, de cómo está pagada su sede; y en el caso de EH Bildu, de dónde vienen muchos de sus representantes y dirigentes. Cuando Arnaldo Otegi militaba en ETA, ¿de dónde salía el dinero? ¿Y de la “caja B”, esa que servía para resistir mientras el cabeza de familia comía maco, cuándo vamos a hablar? Ahora de lo que Otegi quiere hablar es de ejemplaridad y “cero corrupción”, mirando a España, claro.

El entorno

Sigo con las comparaciones: cuando pensamos en el entorno de aquel Aznar de la mayoría absoluta, pensamos en corrupción. Cuando pensamos en aquel Podemos de Errejón, Iglesias y Monedero, pensamos en el machirulismo coral que luego hemos conocido. Y cuando pensamos en Ábalos, Koldo García, Cerdán y, ahora, Paco Salazar, pensamos que el entorno de Pedro Sánchez no puede ser un golpe de la mala suerte. Somos personas adultas y sabemos cómo funcionan los grupos humanos: alguno que siempre te pide tabaco y nunca lo compra siempre hay, pero los que buscan bronca suelen ir vestidos para la ocasión.

El estilo

Cambio de párrafo por necesidades de la maquetación, porque me toca hablar, de corrido, de otro grupo de personas que mejor si lo ves de lejos: “‘El machismo de un diputado de Ayuso frente a Más Madrid: ‘Veros así me pone, me pone, me pone mogollón’”, titulan en El Plural sobre el discurso y la actitud chulesca de Alonso Bernal, representante del PP en la asamblea de Madrid. Lo de Ayuso, evidentemente, tampoco es casual: ni la presencia inevitable de Miguel Ángel Rodríguez, ni lo de su entorno, ni lo del gestor de un hospital público que pedía alargar listas de espera para beneficiar a su empresa privada, ni lo del que se pone mogollón.

La puta guerra

Cierro el círculo: no es casual que en la España política podamos escribir varios párrafos hablando de miserias humanas que se van juntando hasta hacer montoncito y que, subiéndose en él, alcanzan el poder. Si alzamos la vista, por desgracia, lo que vemos es aún más terrible: Javier Espinosa muestra en X un misilazo sobrecogedor sobre población civil: “No es Gaza sino Ucrania pero el espíritu y el ideario que anima a los dos ejércitos agresores, el ruso y el israelí, es el mismo”, aclara con tino. Abramos los ojos, dejemos a las mentes pequeñas enredarse con las cosas menores y distingamos entre el bien y el mal, antes de que sea demasiado tarde.

“Esclavos del scroll”

Si no tuviese que mantenerlo por motivos laborales, desinstalaría Instagram. Su scroll infinito es la mayor mierda para la mente que se ha inventado, junto al de TikTok o los shorts de YouTube. Al respecto, me ha gustado esto que he encontrado en Público: “En una encuesta con más de mil personas, un 18% afirmó tener una adicción a esta red social, pero solo un 2% mostró síntomas reales”. De hecho, las “científicas hacen hincapié en la necesidad de diferencia entre hábito y adicción”. Lo que tenemos son malos hábitos que nos llevan al pozo sin fin de guano. Si nos alejamos del móvil ganamos. Realmente, es así de fácil.

Es grave

Las juventudes de EH Bildu, un partido que hace solo unos días hablaba de alternancia en el gobierno vasco, pintan, ensucian y ejercen la violencia directa (los eufemismos, para quien los quiera) sobre sedes de instituciones o partidos políticos y mobiliario urbano. ¿Por qué? Porque Ernai ha entrado en una competición con GKS en la que perdemos todas y todos. Como si las y los de GKS, además, no fuesen a votar a Bildu en las próximas elecciones, sean las que sean. Pero la tensión dentro de la izquierda abertzale está ahí, es visible y sucia (en un amplio sentido), y está cebada con la romantización de la violencia, ¡qué inmenso error!

Los otros

Los otros fascistas, los de derechas y españoles, muestran su “hartazgo” por “los ataques del PP”: “Luego nos pedirán hacer presidenta a Guardiola”, lamentan en Vozpópuli. Más allá de que me gusten tan poco como los fascistas vascos y de izquierdas, doy la razón a Vox: el PP de Núñez Feijóo tiene como mecánica la de meterse con las personas con las que luego pretende alcanzar acuerdos. Lo hace con ellos, lo hace con Junts y lo hace con el PNV (que ya le ha dicho que con Vox, ni a por euros). A esa estrategia hasta el más incapaz puede encontrarle el fallo, pero Núñez Feijóo, Tellado, Muñoz, Martínez-Almeida ni Díaz Ayuso dan con el error de base.

“El Ebitda o la vida”

Iñigo Sáenz de Ugarte clava en su titular en El Diario lo que hemos visto y oído sobre lo que pasa en la Sanidad de Madrid: “Una grabación del responsable de una de las mayores empresas privadas sanitarias de Madrid desvela las consecuencias del modelo sanitario de Ayuso. Aumentar las listas de espera puede servir para que crezcan los beneficios de los centros hospitalarios privados”. Es Pablo Gallart (que se sepa) el que pide que se alarguen esas esperas en la comunidad de Madrid, donde su empresa, Ribera Salud, gestiona hospitales públicos al mismo tiempo que su negocio privado. Ante esto no cabe mesura: con todo contra ello.

“Israel sigue quemando vivos a los palestinos”

Igual de acertado pero mucho más dramático, incluso, es el tuit de Javier Espinosa en el que este periodista (se nota el oficio) resume lo que sigue pasando: “Israel sigue quemando vivos a los palestinos en Gaza. Difícilmente veremos una mención sobre esto en la mayoría de medios occidentales”. Ante esto tampoco cabe la mesura ni lo políticamente correcto: Netanyahu, su gobierno de ultras y su ejército deshumanizado merecen todo el desprecio del mundo (literalmente) y las condenas más altas que los tribunales internacionales puedan imponer. Y los colaboracionistas de este genocidio también tienen que ser tratados como lo que son.

Trump se duerme en las reuniones de su gabinete

Si la tragedia en Gaza no fuese la que vemos, si Putin no fuese un imperialista verdaderamente peligroso, si Trump no fuese a colocar al ejército estadounidense en un territorio soberano como es Venezuela (gobernado por un incapaz que parece sacado de ‘Padre de Familia’, sí, pero soberano), sería gracioso que el risketo se durmiese en las reuniones de su gabinete. El septuagenario (el año que viene cumplirá 80) está para retirarse y jugar al golf, pero la nación fallida estadounidense lo eligió por sus chistes sobre las capacidades de Biden. Ahora él no es capaz de mantenerse despierto en una reunión de asuntos que afectan directamente a su país.