Su lucha y la de todas las personas

El domingo pasado celebrábamos el Día contra la LGTBIfobia en el Deporte. Una jornada que pasó casi desapercibida. Pero gracias a Líbero, durante la semana el tema ha revivido con su duro pero necesario texto sobre Justin Fashanu, “el primer futbolista en confesar públicamente su homosexualidad”. “El delantero inglés de los años 80” “vivió tal tormento durante su carrera deportiva que decidió acabar con su vida en 1998, con 37 años”. “‘Ser negro ya era difícil y si a ello le sumas ser gay era aún más’, confesó en un reportaje televisivo su hermano John”. Hoy su lucha “sirve como ejemplo”, pero para todas y todos.

La gran noticia

En este domingo lluvioso que aprovecho para hacer un repaso semanal no podía dejar de comentar la noticia de “el tercer caso del mundo que se cura de VIH” (República). Ya sé que se trata de personas concretas con una casuística específica, pero si se confirma que hay una manera de curar del SIDA podemos estar ante procesos y medicamentos que, poco a poco, vayan lográndolo con más facilidad. La mayoría de los que tenemos más de cuarenta tenemos grabadas imágenes y momentos relacionados con esta enfermedad, y nos acordamos de la marginación que sufrían quienes la padecían. Hoy el escenario es otro y es el mejor.

¡Venga ya!

Hay quien cifra en 20 millones lo que ha cobrado el príncipe Harry por sus memorias. En Informalia hablan de que Iñaki Urdangarín podría haber sido tentado con 10 veces menos por hacer lo propio. Poco dinero para lo que puede destapar (si cuenta la verdad) pero suficiente para rehacer su vida: eso es lo que han debido de pensar en la Casa Real, que ya se ha puesto manos a la obra para neutralizarlo, y para ello, van a “pagar una pensión a Iñaki Urdangarin si quiere que guarde silencio y renuncie a escribir un libro por el que le han ofrecido dos millones de euros”. Pero, ¿con el dinero de quién comprarán ese mutismo?

Otro

Elon Musk tuvo la idea y la puso en marcha y, por lo que parece, Mark Zuckerberg va a copiarla y ganar aún más dinero (me sorprendería que no fuese así): pagar por las cuentas verificadas es una fuente de ingresos novedosa que las redes sociales ya están poniendo en marcha, y realmente cambia el juego. Las y los usuarios no pagábamos por los servicios porque nosotros éramos el producto que las empresas vendían: targets autosegmentados a los que colocar publicidad aceptada a cambio de mantener unas conexiones personales virtuales. Ahora, además, vamos a pagar por hacerlo. O lo harán las marcas, en primera instancia.

Una estupenda paradoja

Ya había leído algo sobre los libros que se venden en Amazon escritos gracias a (o “por”, directamente) ChatGPT cuando di con este post en Microsiervos: “La paradoja de la revista de relatos de ciencia ficción que ha decidido no recibir más abrumada por los generados mediante IA”. ¡Qué gran dilema! Una revista en la que los autores habrán reflexionado tanto sobre la inteligencia artificial se ve obligada a gestionar textos que pueden haber sido creados por esa tecnología. ¿Por qué? ¿No se trata, precisamente, de eso, de suspender la realidad por un rato y dejarse llevar por relatos en los que la tecnología también es protagonista?

Musk se ríe de todos y todas

Creo que el titular y el subtítulo de El Plural son bastante significativos: “Twitter suspende las cuentas de periodistas estadounidenses que cubren a Elon Musk. El dueño de la red social se jactó después de la cancelación y publicó una encuesta preguntando a los usuarios si les levantaba el veto”. El amo de Twitter se ríe de todo el mundo y no tiene respeto por nada ni hacia nadie. Me parece una consecuencia lógica a venir de alta cuna, ganar más dinero que nadie y escuchar a millones de personas diciéndote que eres el más listo, el más ocurrente y el más gracioso de este planeta.

No solo la prensa

Twitter es su juguete y Elon Musk juega con él como le da la gana: no solo ha baneado de la red social a los periodistas que le siguen y le critican o la cuenta que mostraba qué vuelos hacía su jet privado, también ha cerrado la cuenta de Mastodon, el sitio en el que pueden refugiarse muchos que no puedan vivir sin la dopamina que genera Twitter, y ha hecho que los links a esta web, competencia directa, no se puedan ver bien en la red del pajarito. La pregunta que yo no dejo de hacerme es: ¿por qué seguimos en Twitter si sabemos que no representa al mundo y está manejado por un vanidoso histriónico?

No solo los baneos

No solo los baneos me parecen notorios: “Musk disuelve el consejo asesor contra los discursos de odio de Twitter” (Ara), formado por “por un centenar de miembros de la sociedad civil que asesoraba a la compañía contra los discursos de odio, la explotación infantil o la prevención del suicidio”. Recientemente, también “el jefe de seguridad de la empresa, Yoel Roth, ha tenido que marcharse de su casa después de haber recibido amenazas y ataques personales, entre otros por parte de Musk”. Quien diga que Twitter funciona e incluso lo hace mejor desde la llegada del multimillonario se equivoca o es una mala persona.

A Biden le importa poco

Fue bastante significativo que Trump dejara plantado a Musk, aunque creo que sus caminos convergerán. Pero también lo es que la administración Biden no esté tomando ninguna decisión o posición sobre el nuevo Twitter. Antonio Ortiz lo explica en solo dos tuits: “Twitter es solo valioso para 2 cosas: que periodistas y otras figuras influyentes vendan su burra, que activistas presionen a esas figuras ‘de la élite’. Yo añadiría que todo lo de Musk y Twitter es ya un coñazo sideral. Biden (y su equipo) parecen haber concluido que todo el rato que pasamos aquí apretando los puñitos tampoco tiene muchas consecuencias en el mundo real”.

Casi ninguna sorpresa

Twitter no está entre las diez webs más vistas del Mundo. En el listado, que recopilan en Trecebits, sí aparecen viejas conocidas como Google (1), YouTube (2) y Facebook (3), donde cada vez resulta más extemporáneo publicar algo pero sus usuarias y usuarios siguen curioseando. Baidu (4) ya no está sola: otros gigantes chinos con apenas repercusión fuera del país le acompañan, como Qq.com (7), que es su competencia directa, y Taobao (8) o Tmall (9), de compra-venta de productos. También sobreviven webs que llevan muchos años con nosotros como Wikipedia (5), Yahoo (6) y Amazon (10).

La economía virtual

Las y los inversores sabían que las grandes tecnológicas no iban a tener un crecimiento sostenido durante toda la vida. También lo sabía Jeff Bezos. Y lo sabían los responsables directos de las contrataciones. Ahora, llega otra riada de despidos, esta vez, en Amazon: hasta 10.000. Porque las pérdidas no pueden asomarse en esta economía virtual que genera milmillonarios con una pasmosa facilidad, porque los beneficios récord no están para sostener puestos de trabajo ni empresas, sino para los accionistas, especialmente, para los mayoritarios. Esa es el sistema ficticio que hoy sostiene al mundo.

Indecente

Como si todas y todos menos él fuéramos tontos, para desviar la atención de los despidos, Jeff Bezos, el máximo accionista de Amazon, ha anunciado que compartirá su indecente fortuna, que podría llegar a los 124.000 millones de dólares. Tiene su guasa, o no, porque en vez de obras filantrópicas, ese dinero estaría mejor, directamente, redistribuido gracias a los empleos, por ejemplo. Tiene su guasa también que nos recuerde Bezos que ya ha donado 10.000 millones “a su fundación para la protección del medio ambiente” (República) cuando su proyecto espacial y el modelo de negocio de Amazon son altísimamente contaminante.

¡Con un par!

Tengo muy claro que esas fortunas tan grandes no las consiguen Bezos o Musk porque son los más listos, sino porque son los más indecentes. Otra muestra: “La guerra en Ucrania dispara un 52% el beneficio de las grandes energéticas hasta los 9.572 millones” (Activos). Podría entender que las empresas armamentísticas tengan enormes beneficios por una guerra, pero que lo hagan las empresas suministradoras de energía al resto del mundo es indignante. Ya que me tratan como si fuera idiota, por favor, que alguien me explique también la correlación guerra-beneficios como si no pudiera entenderla.

Tenemos la culpa por querer beber leche

Esto no lo compro, de ninguna manera: alimentar a la humanidad no es el culpable del cambio climático. Y noticias como la de El Diario, que alerta de que “15 grandes empresas de carne y leche contaminan con tanto metano como casi toda la Unión Europea”, tienen que ser explicadas con muchísimo cuidado. Porque a este paso, la leche y la carne será para las personas más ricas, y el resto nos alimentaremos con insectos y sintéticos. Tengo claro que tenemos que cambiar el modelo de consumo, pero este no puede afectar a la alimentación más básica, sino a lo que nos sobra, como cambiar de móvil.

Ni periodistas, ni viejos

Lo paso mal cuando veo a alguien hacer el ridículo. Por eso lo pasé mal cuando vi la presentación de Luis Enrique Martínez como “streamer” para el Mundial. El seleccionador español va a conectarse por las noches (veremos qué noches) a un canal en Twitch y comentará la actualidad (veremos qué actualidad), en una iniciativa pensada para atraer al público más joven, supongo, que a saber qué piensa de un señor con un trabajo de máxima exigencia disfrazado de streamer. El seleccionador no parecía disgustado con la idea que, además, le mantendrá alejado de las preguntas de las y los periodistas.

¿Y después, qué?

Ha llegado el momento que durante años temíamos: ¿qué pasará cuando Facebook primero y Twitter después caigan? ¿Qué red social vendrá a sustituirlas? ¿O no lo hará ninguna? Pues bien, la juventud tiene TikTok (lo que resulta aterrador) y las y los mayores, Instagram, además de WhastApp (que no es una red social abierta, precisamente), pero nada parece que esté preparado para ocupar el hueco de Facebook, que hemos abandonado, y Twitter, que Elon Musk está dispuesto a llevar a la quiebra. Marcos Sierra ha reflexionado en Vozpópuli sobre “el fin de Facebook y Twitter (como los conocemos)”, y todos debemos ir haciéndolo.

¿Por qué?

Los despidos en Twitter podían tener cierta lógica: el modelo de negocio no era suficiente. Twitter se ha sostenido durante años perdiendo dinero porque los inversores no dejaban de aportar y confiar en que encontrarían la manera de hacerlo tan rentable como Facebook, y Elon Musk cree que eso es imposible y que hay que recortar. Pero Meta también ha despedido al 13% de su plantilla mundial: 11.000 trabajadoras y trabajadores. ¿Por qué? Porque Facebook ha dejado de ser líder y el metaverso no despega, y en una economía virtual como la que ha enriquecido a Musk y Zuckerberg, la ruina, como el éxito, es meteórica.

Ten tu propio sitio web

He tenido una gran suerte profesional: me han dejado trabajar con confianza en un sector que he visto nacer y desarrollarse. Y como Kike García de la Riva, en este proceso también escuché a quienes recomendaban poner tu identidad digital en manos de un proveedor, en aquel caso, Facebook, ahora TikTok o Instagram. Eso es “un suicidio profesional y, como sociedad, cultural y es preocupante”, como dice el creador de El Mundo Today. Insisto: ahora es además peor porque Facebook era un gigante hambriento, pero TikTok es una plaga que devora ideas, creatividad, recursos y cerebros. Es lo peor que nos ha pasado on-line.

No solo las redes

No solo es Facebook (o Meta) y Twitter: el valor de Amazon o Netflix está cayendo porque una desviación en los consumos supone en la economía virtual actual una bajada al fondo del pozo. No creo, como sugieren en El Independiente, que se haya pinchado la burbuja tecnológica (hay mucha tecnología más allá de las grandes), pero sí espero que la economía sea un poco más razonable: ninguna empresa puede crecer hasta el infinito y las millonadas que se han llevado los Musk, Zuckerberg o Bezos son indecentes e injustificables. Esa es la burbuja que tenemos que pinchar, y cuanto antes lo hagamos, mejor.

Las barbas a remojar

Me temo que después de la caída de las empresas va a ir la de las y los influencers: si no hay plataforma en la que exhibirse, no hay quien pague por la exhibición. Es cierto que, Twitter aparte, Instagram y TikTok son las redes más importantes para estas y estos profesionales (que es lo que son), y son las redes con más presente e incluso futuro. Y también lo es que, después de la pandemia, están viviendo un momento dulce. Pero, ¿cuánto va a durar? ¿No se retrae su mercado como el de Amazon? Lo siento, no soy tan optimista como en Irene Juárez en Activos, pero su texto, con fuentes del sector e influencers, es muy interesante.

Un buen resumen

No soy nada mojigato a la hora de enfrentarme al problema de la pérdida de credibilidad de la prensa tradicional. Al contrario, creo que solo viendo el problema de frente, pero también desde todas las aristas, podremos llegar a un diagnóstico y a un plan de ejecución que, realmente, empieza por una premisa muy sencilla: rearmarse. ¿Por qué? Pues Jan Ros en Twitter ha elaborado ese diagnóstico con una sencillez y precisión notables: servir a intereses que no sean del lectorado, el clickbait, titular para Twitter, no cuestionar al poder, ayudar a difundir bulos y, especialmente, precarizar la profesión.

Una mala idea

El diagnóstico de Ros, no obstante, vale para la prensa tradicional pero también para cualquier página web y hasta para los influencers, ese colectivo tan heterogéneo pero con una actividad muy intensa desde el confinamiento. Regularizar su actividad es ya una necesidad, sobre todo para anunciantes y agencias, pero no me parece acertado esto en Vozpópuli: “Hacienda permitirá a los ‘influencers’ tributar como empresas para evitar la huida”. Es decir, una opción por la que las y los autónomos (especialmente, periodistas) eran perseguidos, ahora se elevará a legal por miedo de la fuga a Andorra. Igual sale mejor invertir en educación y valores.

La solución era la publi

Siento dar malas noticias pero me temo que en las plataformas de pago a las que estamos suscritos para ver la tele bajo demanda empezaremos a ver publicidad. Serán spots breves, colocados antes de los contenidos, puede que sean interactivos, aparecerán nuevos formatos, lo que queramos, pero el sistema de suscripción no funciona y las empresas necesitan mantenerse en beneficios aunque sea forzando la máquina. Blanco y en botella, este anuncio (precisamente) de Amazon, adelantando “nuevas formas de llegar a tu audiencia a través de puntos de contacto en streaming, partidas en directo y mucho más”.

Nos creemos ricos y no lo somos

El modelo no es sostenible, y no me refiero solo al de las plataformas que por pocos euros (y además podías compartir la sesión y el gasto) ofrecían un montón de contenidos: estamos creando un modelo de consumo que va a reventar. Preferimos pedir un libro, que viene envuelto en cartón, en vez de ir hasta la librería, donde en una caja entran varias decenas. Y en las tiendas nos hemos acostumbrado a llevarnos o pedir on-line prendas de ropa como si no costaran y, después, devolver la mayoría de ellas con un repartidor que las recoge en nuestra puerta. No necesito datos de ninguna institución para saber que eso es insostenible.

Yo también quiero verlo

Defiendo la necesidad de que cada persona aporte lo que pueda en la sostenibilidad del planeta, pero también sé que toda la basura que separe y meta en su correspondiente contenedor durante toda mi vida apenas tiene impacto si lo comparo con el que tiene la carrera espacial privada, por ejemplo. Así que me sumo a la petición de Shine McShine, por exagerada que parezca: “Quiero un Nuremberg climático. Quiero ver cómo les obligan a pagar por el daño causado con el dinero que ganaron causándolo, en lugar de ver cómo somos los ciudadanos quienes les pagan a ellos por ‘arreglarlo’ sin realmente arreglar nada”.