Feliz año nuevo en Gaza

El ejército israelí ha asesinado a otras 35 personas en Gaza, según Tercera Información. El genocidio, tal y como lo definió Amnistía Internacional, continúa por orden de Benjamín Netanyahu y su gobierno de ultras. No podemos dejarlo pasar, esta no puede ser otra noticia más entre las habituales de Año Nuevo: primeros nacimientos, cómo reciben el año nuevo en la playa en Donostia y la crónica de sucesos en el mundo, cada vez más extensa. Lo de Gaza debe seguir ocupándonos y preocupándonos, porque solo así podremos diferenciarnos de los animales y de los hijos de puta.

Feliz año nuevo en Ucrania

Dos personas también han sido asesinadas en Ucrania, esta vez, por el ejército ruso. De nuevo, en el país europeo, la invasión por el morro de Putin sobre otro estado, reclama nuestra atención. En este caso, además, algunas malas personas miran para otro lado activamente cuando no justifican a Vladímir Putin. Un dictador, un asesino, un oligarca como sus amigos oligarcas, que mantiene un incomprensible magnetismo con quienes siguen viendo en Rusia algo parecido a un país comunista. 100 drones dirigidos contra la población civil en Kiev y otras ciudades no tienen nada de progresista.

Feliz año nuevo en EE.UU.

EE.UU. tiene que empezar a entender que la guerra mundial que de algún modo estamos sufriendo esta vez impacta directamente en su propio territorio: “La hipótesis de la conexión planea sobre el atentado en Nueva Orleans y la explosión en Las Vegas” (EPE). Y no son necesarios misiles, ni siquiera bombas fabricadas en casa, que pueden dejar indicios por la importación o la simple compra de materiales. En el país de Biden y Trump hay suficientes armas y, lo que es más aterrador, suficientes coches como para provocar masacres. Hoy la amenaza es el ser humano radicalizado. Y ningún país radicaliza más que EE.UU.

Feliz año nuevo a Trump

No me alegro de ningún modo, no lo celebro, no me parece justo porque creo que nadie puede elegirse como justiciero, y menos de esta manera. Que quede claro. El atentado contra el hotel de Donald Trump en Las Vegas con un Tesla, en el que el único fallecido, según La Vanguardia, es el terrorista, es significativo. Lo es porque todas y todos hemos entendido lo que pasa. Y lo que pasa es que Trump y Musk generan odio y dolor de manera directa. Un odio y un dolor en el que se han apoyado para llegar a la Casa Blanca y, así, multiplicar sus ganancias. Esa es la realidad, por eso lo hacen y no les importa lo que sufra la humanidad.

Feliz año nuevo a Musk

Del mismo modo que la presidencia de Trump va a servir a Musk para multiplicar sus ganancias, doy por hecho que su apoyo a los partidos de extrema derecha en el mundo le generarán beneficio económico directo. Esto no es por ideología, es por ambición, y que la extrema derecha posibilite a Musk la consecución de su objetivo es solo otro motivo para que la despreciemos. “El multimillonario volvió a pedir el voto para la AfD”, leemos en Deutsche Welle, donde me sorprende este paréntesis sobre la agrupación política: “Calificada parcialmente como de extrema derecha”. Uno es nazi o es antifascista, no cabe término medio.

Ojalá no fuese verdad

30 personas han muerto cada día intentando llegar a Europa desde África solo por la vía española. 10.457 seres humanos inocentes, como el día, mayores y menores de edad, que se han ahogado en las aguas del estrecho en 2024 mientras en el viejo continente (cada año, más viejo, más soberbio y más alejado de la realidad, me temo) siguen creciendo la extrema derecha, el populismo y los bulos que señalan a la población inmigrante como la causante de todos nuestros males. Qué cómodo resulta y cuánto alivio nos genera señalarles, desde nuestra casa, a golpe de puto tuit, sin arriesgar nada.

Tiene que ser una broma

Si la tragedia que sucedió ese día no fuera tan enorme, lo de la comida de Mazón sonaría a broma. Primero dijeron que el presidente de la Generalitat estaba en una reunión de trabajo mientras el nivel del agua no paraba de crecer. Después, que estaba en una comida con una periodista a la que iba a ofrecer la dirección del ente público valenciano de comunicación. Y ahora, que sí estaba ahí pero como líder del PP en la comunidad, por eso no aparece la factura por ningún lado. Lo suyo no es serio. Lo de su partido, tampoco. Por desgracia, es muy serio lo que ha pasado a todas las víctimas de aquella DANA que a Mazón le pilló sin cobertura.

No todo vale por las risas

¿Cómo resumir lo de Pedro Vallín? Empiezo por los principios: no creo que su polémico tuit (“Eres valenciano. Mete la cabeza en el wáter y tira de la cadena. Se llama ‘dana doméstica’. Lo vas a gozar”) fuese para tanto. Y aunque La Vanguardia diga que nada tiene que ver con su despido, que este haya sido inmediatamente posterior al revuelo en X resulta sospechoso. Nunca me gustó, lo confieso, su estilo de hacer periodismo, informando sobre Podemos demasiado cerca de Pablo Iglesias, ni sus larguísimas reflexiones culturales o políticas, pero me parece una mala noticia por el propio Vallín y por ver cómo la cultura de la cancelación avanza.

No es una inocentada

Lo de que Javier Tebas también sea vicepresidente de la RFEF no es una inocentada aunque lo parezca: su control sobre el fútbol español es total. ¿Qué puede salir mal? El hombre que inventó los horarios de mierda que impiden que llevemos a las y los pequeños a los campos acapara más poder. El millonario que se ha declarado abiertamente muy de derechas vence en la batalla política (que siempre ha habido y habrá) y se coloca también en el contrapeso que había encontrado el gobierno socialista: la RFEF de Luis Rubiales, al que sostuvo hasta el último beso (de eso tendremos que hablar también, ¿no?).

Es de chiste

Forman un dúo con aspecto irrisorio. No he escrito “gracioso”, ojo. Pero uno tiene más dinero que nadie y el otro, más poder que nadie: son Elon y Donald, y que su éxito no sea una broma es algo muy serio. El presidente estadounidense y su cohorte (básicamente, familia y palmeros), parecen una troupe de payasos, y no les importa, por eso sugieren cosas como esta: “Canadá, México, Groenlandia y el canal de Panamá. Estos cuatro territorios tienen en común que son estratégicos y que no están en venta, pero también que Donald Trump amenaza, más o menos irónicamente, con tomar su control” (Carles Planas en EPE).

Liberales en lo humanitario

Fueron los de Ciudadanos los que pusieron sobre el tapete político lo de “lo liberal” en España (en Madrid, Esperanza Aguirre había sido la punta de lanza de esta nueva movida). El PP lo cogió al vuelo y para cuando se merendó las naranjas ya manejaba el concepto, pero siempre en el mismo sentido: adelgazar el estado, recortar los impuestos y los presupuestos. Hasta que una riada irrumpe en tu vida y deja claro lo que supone ser liberal: “Además de liquidar la UME valenciana, Mazón redujo en 13 millones el presupuesto para Emergencias” (El Plural). Con menos dinero se hacen menos cosas, es así de sencillo.

No solo es el PP

No sé si es una característica de los partidos españoles, pero el PSOE también es profundamente incoherente: “Interior aceptó en agosto la inscripción legal del grupo nazi que alienta protestas contra Sánchez por las inundaciones” (Público). Esto es como lo de quejarse de que Vito Quiles esté en la sala de prensa del Congreso, como hace Patxi López, cuando le ha dado la acreditación la presidenta de la cámara baja, Francina Armengol. Quien toma decisiones tiene que ser consecuente con ellas: si quieres confrontar contra la extrema derecha tendrás que convivir con ella. Yo no podría, pero esa ha sido su elección, no deben quejarse.

Vaya, una “falsa denuncia”

No he hecho ni un chiste sobre lo de Errejón porque no tiene gracia. Tampoco me he alegrado, otros sí lo han hecho. Al contrario: noticias como las que está generando erosionan la confianza de la ciudadanía en la democracia y eso solo es bueno para el populismo. Pero por supuesto, he observado su caso porque resulta extraordinariamente paradigmático. Ahora nos encontramos con que el exdiputado asegura que la de Elisa Mouliaá fue una “falsa denuncia”, cuando los partidos para los que ha trabajado han asegurado (y yo también lo creo) que el porcentaje de denuncias falsas en los casos de abuso sexual es bajísimo.

¿Qué puede salir mal?

No nos confundamos: nadie que haya votado a Trump está tirándose de los pelos o rasgándose las vestiduras con nombramientos como el de Robert F. Kennedy Jr., la oveja negra de la familia, según algunas crónicas. El próximo responsable de la Sanidad en EE.UU. es antivacunas y ha difundido mierdas magufas en entrevistas serias. Pero lo peor no es esto, que una vez más valoramos con nuestro prisma europeo: en EE.UU. no existe la seguridad social como la conocemos y, con un sistema de protección tan frágil, un indocumentado como Kennedy puede provocar una catástrofe. Lo jodido es que lo han elegido para que lo haga.

Son el enemigo

¿Qué tienen en común Trump, Kennedy Jr. y Elon Musk, por ejemplo? Que son millonarios. Si no lo fueran, solo serían tres idiotas, pero como tienen mucho dinero han alcanzado el poder y, además, son peligrosos. No solo lo digo yo, también lo sugiere Ted Chiang en El Periódico: “Los multimillonarios son un peligro para la sociedad”. Por eso estoy convencido de que debemos acabar con los ultrarricos, pero no como sociedad, sino como civilización: una fiscalidad del 100% a partir de los 100 millones me parece hasta generoso. Pero el acuerdo debe de ser global y, por supuesto, forzado por la mayoría, no por ellos.

Sí, nos hemos pasado

Tengo clarísimo que nos hemos pasado con “lo políticamente correcto”, en Euskadi, especialmente, y así nos va. Los populistas han aprovechado nuestra autocensura para lanzar golpes mucho más directos. No es la inversión en redes, es el puñetero mensaje. Al respecto, Jacobo Bergareche hace una interesante reflexión en The Objective: “El imperio de la corrección política no es un fenómeno que haya contribuido a crear ciudadanos más respetuosos ni a arraigar valores cívicos”. Al contrario: votan a Trump “para poder exhibir su visión del mundo sin avergonzarse de ella ante los cultos, los educados, los sensibles”.

Un ejemplo

No quiero señalar a nadie porque realmente son muchos los que necesitan expresarse, votando a populistas, y liberarse de los corsés que les han colocado quienes les venden esa liberación. Pero si Álex Bernal ha dicho esto él es el responsable de que lo comentemos: el jugador del eldense “estalla contra la Agenda 2030 por la DANA de Valencia: ‘Están creando tormentas para engañarnos y promoviendo vacunas mortíferas’” (El Desmarque). Sí, esta es su conclusión después de ver lo que hemos visto todas y todos. Hay personas que venden estas ideas de mierda, pero lo peor es que hay otras que las compran y, además, hacen publicidad.

Más militarismo

No nací ayer: conozco los compromisos de los estados con la OTAN y que esta vuelve a presentarse ahora como una inversión práctica por culpa de sátrapas como Putin. Pero que sea consciente de lo anterior no significa que me guste la idea de que mis impuestos vayan a comprar armas, y menos, de esta manera que anuncian en EPE: “El Gobierno cuela otros 215 millones más de gasto en Defensa en el Consejo de Ministros por la DANA”. Suma y sigue: “Desde la vuelta del verano, las partidas destinadas a Defensa han sumado casi una décima del PIB de la economía española. Por encima de los 1.200 millones”.

El PP no “entrará en el barro”

Siempre podré decir que fuimos los primeros: al director de DEIA entonces, Iñigo Camino, se le ocurrió la idea de esta columna (yo solo fui el tipo al que se la encargó, todo el mérito es suyo, siempre lo he dicho), después el resto fue descubriendo una mecánica muy sencilla: peinar Internet para ofrecer una visión en tu medio. Público también lleva un porrón de años haciéndolo, y con notables aciertos, como esta semana: su repaso al portavoz del PP ha sido tan bueno como necesario. “Sémper dice que el PP no ‘entrará en el barro’ y las redes dicen basta: ‘Cuánta desvergüenza, golfería y falta de escrúpulos’”.

El sufrimiento continúa

La DANA y mi cabreo ante lo políticamente correcto me han obligado a arrinconar un tema que, vuelvo a escribirlo, no por recurrente debe convertirse en familiar. No podemos inmunizarnos contra el horror y el dolor: “Un mes de asedio hunde el norte de Gaza en una ‘hambruna inminente’” (El Independiente). Y en el Sur la situación es peor. El ejército de Israel, enviado por Netanyahu y su gobierno ultra, sigue masacrando a la población civil día tras día, noche tras noche, sin que el mundo haya encontrado aún la fórmula para detener esta carnicería. Qué asco da todo a veces.

¿Difamar?

¿Señalar al fascista, al comisario político y al lobo de piel de cordero es “difamar”? ¿Cuándo hemos normalizado esto? ¿Por qué? ¿No debería de ser una obligación llamar a las cosas por su nombre? ¿No estamos fomentando un pensamiento único y negacionista del fascismo? ¿No hemos visto durante años a los ultras llamar “fascista” a todo el mundo para escabullir su propio totalitarismo? ¿No dábamos por bueno el anonimato para denunciar abusos? ¿No hemos aprendido nada, absolutamente nada, de las respuestas a estas preguntas? Sí, me refiero a los tuits de Guillermo Quindós, decapitado por sus excesos anónimos.

¿Por qué lo ha hecho?

He buscado en Google información sobre Guillermo Quindós y he encontrado una entrevista que Txema Gutiérrez le hizo durante el confinamiento: “El bien común debe estar por encima del bien particular”, decía el catedrático. ¿Cómo alguien con esos principios, su responsabilidad en la gestión y su currículum académico se arriesga con una cuenta anónima? Porque está harto, como lo estamos muchos, de ver a los fascistas (he escrito “fascistas”, sí) pasearse como si no tuvieran que avergonzarse, porque está harto, como lo estamos muchos, de esas y esos lobos con piel de cordero que intentan colocarnos, insistentemente, en redes sociales.

¿Dónde vamos?

Me meto en el territorio de mi compañero Javi Vizcaíno obligado por este tuit ineludible de Marcelino Madrigal: “No se están tomando en serio los avisos de hacia donde va toda esta riada de odio, bulos y desinformación en la red. Y será una catástrofe más. Al tiempo”. En el caso vasco, el bulo es que el fascista no lo es. Empiezo por los principios: un candidato que no es capaz de llamar “terrorismo” a lo que hizo ETA en cualquier otro país habría dimitido al día siguiente. En Euskadi sigue pretendiendo ser lehendakari. El pensamiento único, hoy, aquí, dicta que no podemos señalar al fascista y, como siempre, seguirlo es un error.

¿Nos sorprende?

Los jóvenes estadounidenses han votado a Trump. En España hay una tendencia que empuja a los jóvenes a votar a Vox. En Euskadi no nos escapamos del populismo de base fascista: es la misma mierda pero con otro verde. Y el target es el mismo. O llamamos a las cosas por su nombre y empezamos a hablar, por fin, de fascistas (que acompañan a modo de comisarios) y colaboracionistas (que blanquean a sueldo), o nos comen los lobos como ha hecho Trump, como hace a cachitos Abascal, y como harán en Euskadi quien secuestró, quien justificó el tiro en la nuca y quien no dice que lo anterior fue terrorismo.

¿No lo preferimos?

Nada peor que un tipo equivocado que escribe mal. Por eso escojo muy bien a las y los columnistas de otra la trinchera y, aunque no estoy de acuerdo con todo lo que escribe, Juan Manuel de Prada lo hace estupendamente. Es un autor con las bases muy sólidas que no busca quedar bien, sino usar su coherencia para despertar la de los demás. ¿Se excedió con su ira hacia Sánchez tras la DANA? No lo descarto. ¿Es un negacionista? Creo que su idea de que no debemos aceptar que socialicen la culpa es muy interesante. Pero sobre todo opino que necesitamos más opiniones valientes como la suya, especialmente, entre las y los abertzales.