Política gaseosa

Dicen que estamos en los tiempos de la política líquida, pero algunos nos llevan ventaja y ya han pasado a la gaseosa, que se mantiene, se inflama y se escapa en función de las variaciones del entorno. Mientras todo esto sucede, siguen imprimiendo mis opiniones en tinta por la noche para que usted las lea al día siguiente, cuando ya han pasado otro montón de cosas. Y me gusta. Pero me la juego: de verdad que no creía que Podemos fuera a hacer frente a Iñigo Errejón y Manuela Carmena, ni mucho menos que Iglesias tomaría la decisión en unas horas. El partido morado se esfuma.

Esto va así

El tuit de Tamiroff sobre el paso que ha dado el que fuera número dos de Podemos es tan duro como cierto: “Yo a Errejón lo entiendo perfectamente. Imagina que eres candidato y tienes que tragar con las listas cremallera; y te cuelan a tres lerdos de Equo, al de los memes de IU Madrid Centro, a un primo de Echenique, al exJemad y además tienes que llevar de número tres a Espinar”. Esto es lo que pasa en los partidos de la nueva política, que no están compactados por una ideología definida, y que son de aluvión de siglas y de personas ávidas de notoriedad que no van a dejar pasar el tren.

Por si quedaban dudas

Vuelvo al principio: estaba bastante seguro de que Pablo Iglesias iba a gestionar la decisión de Errejón en vez de precipitar una suya. Por supuesto, no podían faltar en este desaguisado José Julio Rodríguez, que será el cabeza de lista de Podemos contra Errejón, ni Echenique, el político más sobrevalorado, que exige a su compañero que abandone el escaño de Diputado en el Congreso y al que desprecia con un: “Claro, de algo tiene que vivir hasta mayo”. ¡Qué ambientazo! Aunque no he acertado en el rápido desarrollo de los hechos, me arriesgo con una apuesta: Errejón acaba en el PSOE.

Menos Twitter, más política

Sobre todo hace falta más política. Política de verdad, la que se hace entre los partidos cuando tejen confianzas y afrontan negociaciones que terminarán en pactos, acuerdos, y apoyos presupuestarios y legislativos que mejorarán la vida de la ciudadanía. No necesitamos más política de instituto, de “me cambio de partido porque en el tuyo no me das la atención que merezco”, ni la política de las series de televisión estadounidense, ni mucho menos la de los memes en Twitter. Esen tiraba de ironía: “Los grandes problemas de España se solucionan con una gran variedad de hashtags”.

18 años de Wikipedia

Por supuesto, consulto la Wikipedia porque es la manera más rápida de resolver dudas sencillas, y la más fácil de empezar por algún sitio alguna investigación seria o trivial. Pero sé que esta herramienta es falible, precisamente, porque no está escrita por académicos, y que tiene un sesgo muy pronunciado (mucho más que el que puede imprimir cualquier editorial con intereses económicos) precisamente porque la hace “la gente”, pero es muy poca la que tiene la capacidad de actualizarla. Con sus muchas luces y sus importantes sombras, Wikipedia ha cumplido 18 años esta semana.

El «desagravio»

A Jorge Bustos le ha sentado fatal dirigir la sección de Opinión en El Mundo: ha pasado de ser un columnista y un cronista siempre disfrutable a ser otro tuitero desatado y apoltronado en su trono, en su caso, pegado a la derecha. En su carrera hacia ninguna parte tuiteó que “ya era hora de desagraviarlos” en referencia al aplauso que recibieron Juan Carlos I y Sofía de Grecia. Diego Barros le contestaba: “Ojalá me hubieran agraviado a mí como a ellos”. Se ha rasgado el velo pero sigue sin haber consecuencias.

“Respeto a las leyes”

Cuando Felipe VI apeló en su discurso al espíritu que, hace 40 años, permitió elaborar y aprobar una constitución en España, como buen Borbón, obvió el punto de partida: la dictadura. El actual monarca reclamaba, según El Confidencial, aquel diálogo y aquel respeto a la ley. Lo de diálogo, pase, pero si por algo se definió la Transición y la elaboración de una nueva Constitución española fue, precisamente, por romper con la legalidad vigente heredada de una dictadura. Yo sí apelo a la irreverencia de entonces para articular un texto que nos contente… O nos deje ir.

Ni siquiera en lo que es su fuerte

Podemos no solo pierde votos elección tras elección: sus dirigentes han perdido el sentido del ridículo con declaraciones (y acciones) impensables hace solo unos meses, e incluso lo que se supone que hacen bien, la imagen, lo hacen mal. El icono que usaron para reclamar una república feminista el Día de la Constitución es un logo de una base de datos barata (su uso costaba 9,50 €). Si lo han pagado y a todos les ha gustado no podemos decir nada salvo señalar el modo en el que la improvisación y el lanzamiento de temas se va instalando en una nueva política desnortada.

Las televisiones públicas no están garantizadas

Celebro que la simple sugerencia de Vox de que ellos verían bien el cierre de Canal Sur, antes incluso de que sus doce parlamentarios recojan su acta, haya servido para apretar filas entre trabajadores y sindicatos del ente y, por lo visto, entre muchos defensores del modelo de televisión pública actual (entre los que siempre me he incluido). La idea de los de Abascal y la reacción también tienen que servir como toque de atención a quienes piensan que la lluvia de millones es un derecho, y a los partidos que dicen defender los entes públicos y luego hacen casus belli.

Entrenador nuevo, victoria segura

Mientras leía ayer las crónicas del primer partido de Gaizka Garitano al frente del Athletic no podía dejar de pensar: “Espero que no hayamos malgastado la bala del cambio de técnico”. Ya saben que casi se da por hecho que tras un relevo en el banquillo viene una victoria, y defiendo permanecer en la Copa aunque solo sea por su efecto motivador en Bilbao, pero ojalá ese 4-0 lo hubiéramos celebrado contra el Girona, sinceramente. En cualquier caso, sigo pensando que nos salvamos porque hay equipo y estructura para lograrlo… Si nos lo tomamos en serio y apretamos las filas.

No entendéis nada, Ramón

Si Ramón Espinar piensa en serio que PP, Ciudadanos y Vox son los partidos de “los ricos” es evidente que no tiene ni idea de su negocio: la política. Si sabe que miente y, aun así, mantiene el tuit, nos toma por tontos. Es Podemos precisamente el partido de las clases altas, de los altos funcionarios y, como el propio Espinar, de los hijos del establishment. Se pongan como se pongan. Y quien crea como dice Espinar que a Abascal, Rivera y Casado solo les votan los señoritos andaluces se está engañando porque quiere. Pero la actualidad no está para ponerse vendas, precisamente.

Al contrario

Javier Domínguez acertaba con el inicio de su desglose de los resultados en Andalucía por municipios: “El Ejido como ejemplo, como síntoma, como indicador y como explicación”. En este pueblo, famoso por su industria agrícola y la difícil integración de la mano de obra inmigrante, ha ganado Vox al PP, el tercer partido ha sido Ciudadanos, después el PSOE y, finalmente, Podemos Andalucía (con su sopa de siglas). Al final, la ultraderecha ha vencido incluso donde saben que es imposible subsistir sin la inmigración. El bulo ha ganado al pensamiento y eso es peligrosísimo.

“Superficialidades tuiteras”

No lo digo yo, lo dice Nacho Carretero, pero me hubiera encantado sintetizarlo tan bien: “La culpa la tiene una izquierda ocupada en invertir sus energías y discursos en superficialidades tuiteras mientras unos fascistas nacionalistas llenaban de miedo y banderas a obreros que no llegan a fin de mes”. Ante la irrupción de la extrema derecha y la pérdida de relevancia de la izquierda, estos días los representantes de esta última opción se pondrán estupendos y mostrarán una indignación monumental en Twitter, pero la realidad les ha pasado por encima y siguen sin darse cuenta.

Un ejemplo

Desde que Podemos e IU anunciaron su unión en la famosa “foto de los botellines” con Pablo Iglesias y Alberto Garzón brindando con dos San Miguel en el centro de Madrid (dos hombres, ningún guiño a la periferia, lo típico de la vieja política), los resultados electorales les han dado la espalda. ¿Es por la unión o es porque Podemos nació tocando techo? Sobre todo es porque, pasada la efervescencia, ni los protagonistas del pacto ni sus equipos han sabido leer el momento político. El cartel de Teresa Rodríguez a lo Juego de Tronos no es una anécdota: es el ejemplo de que a la nada le sigue la nada.

¿Podemos permitirnos una banalidad?

Ante este panorama Tania Sánchez presentaba la nueva cuenta en Instagram de Manuela Carmena con este comentario en Twitter: “Igual esta es hoy la única buena noticia de la noche”. ¿Podemos permitirnos una banalidad así? No sé la respuesta, pero sí el hecho: la alcaldesa de Madrid se suma a la red social de moda con una foto de sí misma haciendo madalenas en su casa. ¿Era lo que tocaba? ¿La campaña en Madrid va por otro carril y por eso no importa esta coincidencia de “noticias”? ¿O la izquierda, definitivamente, ya no sabe lo que es relevante?

La categoría «popular» es un error

La Academia del Cine en EE.UU. ha claudicado a la moda y ha creado una categoría de “película popular” que votará el público en vez de los académicos. De este modo, al parecer, quieren involucrar a la juventud en la gala, que pierde audiencia, y en una industria tradicional del cine ante la nueva oferta de Netflix y similares, que ha calado entre los jóvenes. Vamos, que es como si un aitite se pone una camiseta con la cara de Luis Fonsi. Ni siquiera es una idea original: esta misma semana se han entregado los Teen Choice Awards, dirigidos al público joven sin forzar nada.

El odio va unido a la mentira

Estoy pasando ya de la fase de la sorpresa a la de la indignación: en Twitter se está generando una corriente insana de odio hacia todo lo que no sea la unidad de España basada en malinterpretar cualquier gesto. Cualquiera. Por supuesto, recurren a la mentira, como que en Euskadi no es posible elegir el idioma en el que quieres que estudien tus hijos e hijas. Y la mayoría de veces, recurren a la idiotez del lector, como el que se queja de leer en un Carrefour de Valencia la palabra “benvinguts”. La Lifri ha respondido merecidamente: “Sí, de hecho, ‘benvinguts’ significa ‘putos madrileños’”.

Redescubriendo “la patria”

Si metes en Google las palabras de Pablo Iglesias que Podemos ha recuperado en Twitter aparecen referencias de 2016. No solo se trata de un discurso antiguo, se trata de uno viejo porque, a estas alturas del curso de demagogia avanzada que imparten los de la nueva política, ya no cuela eso de hablar de patria cuando lo que quieres es hablar de Estado y de impuestos. Se lo dice un nacionalista, que de lo que es la patria y lo que no es (porque se la niegan) sabe un poco. Pero el problema de Podemos no es el de las palabras, sino el de los portavoces, que solo son dos y no están.

No, no pasamos que nos la cuelen

Escribo cada día en un periódico desde finales de 2009, así que no escupiré para arriba porque, sí, me la han colado unas cuentas veces y sé que volverán a hacerlo, pero que te equivoques y sepas que así funciona esta profesión no significa que estés dispuesto a que te metan todos los goles siempre. Ni mucho menos el mismo delantero cuando, además, sabes que es un torpe. Así que celebro el plante de más de 100 periódicos que hoy publicarán un editorial contra Donald Trump, hartos del desprecio de este presidente hacia unos periodistas más necesarios que nunca.

Facebook paga por emitir

Está bien que de vez en cuando Facebook nos recuerde lo que es: una plataforma de contenido y publicidad. No suele hacerlo mucho pero a veces se destapa, incluso con novedades como la siguiente: ha pagado 90 millones de euros a la LFP para emitir los partidos de la Liga en Asia vía streaming en Facebook. Es decir: Facebook emitirá partidos que podrán verse gratis en el ordenador, tablets, móviles o una televisión con conexión a Internet. El giro no es menor porque supone emitir contenidos como los canales tradicionales y competir, directamente, contra ellos

Va tocando que hablen

Uno de los tuits más descriptivos de la aprobación del PNV a los presupuestos del Estado lo ha publicado EITB: “La crítica más dura ha sido la de EH Bildu”. Justo los que no se juegan presos ni huidos en Catalunya. Los partidos catalanes saben que lo peor era un adelanto electoral en España, con PP, Ciudadanos y PSOE en la espiral del anticatalanismo, y que pudiera contagiar a Puigdemont y Torra, dispuestos a hacer saltar todo por los aires. Los políticos catalanes tienen que empezar a dar explicaciones.

Hechos, no palabras

En Bildu están de precampaña y Catalunya solo es un argumento para atizar al PNV. Todos lo sabemos. Aquí y allí. Igual que sabemos, a poco que uno haga una lectura amplia y crítica de periódicos (basta ya de tanto titular interesado y sin contexto en Twitter), que Puigdemont especialmente quiere dinamitar la política catalana. Por eso desde su entorno han inscrito un partido, para presentarse a las elecciones sin que le importe dividir al nacionalismo y fortalecer a Ciudadanos.

Valtonyc también huye

Tengo claras varias cosas: Valtonyc nunca debería de haber sido condenado por sus letras. Del mismo modo sé que no le condenan solo por injurias a la Corona: sus rimas de apoyo a ETA y GRAPO también están en la sentencia. Hay que contarlo todo y no quedarse en el tuit, otra vez. Es decir: es una víctima de una justicia injusta, pero no un héroe. Sin embargo y a diferencia de Puigdemont, que tiene a compañeros en la cárcel, entiendo su huida a Europa para avergonzar a la justicia española.

El círculo de Podemos

El círculo del logo de Podemos tiene varias lecturas: la última, lo enredados que están en sus propios problemas y obsesiones, y su incapacidad para salir de ese vicio y mirar ocuparse de los problemas de “la gente”, como ellos dicen. Lo último lo denunciaba con acierto César Calderón: “Nunca hubiera supuesto que la nueva política iba a ser comprar espacios publicitarios [en redes sociales] porque no eres capaz de conseguir que tus militantes participen en tus procesos”.

Nuestros problemas

Nuestro problema no es cuándo dejarán Puigdemont, Llarena o Rivera de tener secuestrado al pueblo catalán por su propio beneficio, pero nos afecta. Nuestros problemas también merecen atención, como la euskarafobia del PSN (muy en la línea, por cierto, del giro de Sánchez hacia los argumentos de Ciudadanos). Hasta el “cuñado de Twitter” se ha dado cuenta de la incoherencia: “Yo tampoco estoy en contra del vascuence, pero que lo hablen en su puta casa. Me gusta este socialismo”.