Da lo mismo votar al PSOE que a EH Bildu

Elijo el de Blanca Ibarra pero son varios los reels y tuits que intentan explicar, después del movimiento final de Gabriel Rufián, cuáles son las mejores opciones de la izquierda en cada circunscripción. En las de Hegoalde, está claro: votar a EH Bildu o al PSOE es votar lo mismo. Y hoy el voto a la izquierda abertzale es hoy un voto más maduro, como el que recibe el PNV, capaz de cambiar de opción en cada proceso. Una izquierda abertzale que, además, está renunciando a sus caras visibles mientras Pedro Sánchez está ya en modo omnipresente y omnímodo, arañando votos a sus más fieles.

La elasticidad de la izquierda

Hace tiempo que me he perdido en el laberinto de la izquierda, como la mayoría. No sé cuál es la diferencia entre EH Bildu y el PSOE (como no distinguen Blanca Ibarra y otros expertos en y de la izquierda), entre el PSOE y Sumar, ni entre Sumar y Podemos. Sé que Belarra y Montero buscan llamar más la atención pidiendo expropiaciones como si no hubiese que pagarlas. Pero me flipa la elasticidad de la izquierda: ni una mención a una consulta a las bases o las famosas primarias (que no deja de reclamar Montero) sobre el “tándem” ERC-Podemos, en la pieza de Diario Red, el digital de Pablo Iglesias.

Pero, ¿de dónde salen?

No me gustan las acampadas en la plaza del Sol o la del Arriaga, en Bilbao, pero menos me gustan las y los chavales que acudieron a la de Madrid, banderas de la Falange en la mano, a echar a los campistas urbanos después de los actos militares por el 12 de Octubre. ¿De dónde salen? ¿Qué buena familia les ha alimentado y les ha permitido pensar como los golpistas? ¿Qué abuelo o abuela, madre o padre les ha contado la historia de tal manera que los fascistas les parecen los buenos? No me cabe en la cabeza tanto odio y desmemoria, allí y aquí, pero es evidente que a mucha gente, sí.

Oh, sorpresa

Pensé que con estas dos noticias en Menéame sería suficiente: “El número de publicaciones e interacciones sobre Reform UK en redes sociales disminuye tras los ataques ucranianos contra los centros de datos rusos”, y “‘¡se han ido todos!’. Los partidarios del ‘bot’ de la Casa Blanca se ausentaron sin permiso después del ataque al centro de datos ruso”. Solo unos minutos después, sume el tuit: “Ucrania bombardea centros de datos rusos y, de inmediato y de manera misteriosa, las conversaciones en redes sociales sobre la AfD prácticamente se desvanecen”. Queda claro, ¿no?

“Gure HERRIA” tiene nombre

Somos un país y tenemos un nombre: Euskadi. No somos el país de los que hablamos euskera porque hay gente que no lo habla y forma parte del país. Y formará. No somos Kosovo para España. Y cuando nuestra selección viaja a Argentina (como acaba de hacer, para nuestra alegría y la suya) lo hará con nombre propio. ¿De verdad alguien cree que allá, lejos, van a ser respetuosos con el adefesio de la “euskal selekzioa” que quieren imponer quienes no votaron el nombre de Euskadi porque estaban a otras cosas (básicamente, destruir el país)? Pues eso.

Acoso… para las redes sociales

Cake Minuesa no hace periodismo: acosa a políticos como Aitor Esteban para colgarlo en sus redes sociales. ¿Qué preguntó al presidente del EBB (que ha insistido en X: “Efectivamente, no hablo con fascistas”)? ¿Con qué sentido informativo ha editado ese vídeo? Eso da igual. Lo importante, para él, es insistir mil veces en su mentira, mezclando al PNV con EH Bildu y con el PSOE. Lo que me lleva a la pregunta que suele ser clave: ¿cuál es el modelo de negocio de Cake Minuesa? ¿Quién le paga por hacer vídeos? Lo último que sabemos es que lo hizo la comunidad de Madrid, del PP, y el grupo de Vox en el Parlamento Europeo.

Siempre frente al fascismo

En Leitza y Lekunberri también han aparecido mensajes fascistas, esta vez, contra las y los vascos: “Euskaldun muerto” y “puto vasco”. Geroa Bai, no puede ser de otro modo, ha condenado estos ataques: “Frente al odio y la intolerancia, más convivencia, más respeto y más democracia”. No hay otro camino y, por desgracia, me temo que esto es literal: las redes sociales que nos ocupan cada día en esta columna son la autopista por la que circula el fascismo con una libertad, una velocidad y una facilidad pasmosa. De que la convivencia, el respeto y la democracia tengan hoy una circulación difícil tenemos culpa todas y todos.

Me preocupa

Precisamente en las redes sociales (y no solo en las redes sociales, pues también en fiestas de muchos tipos extienden su confusión interesada), la izquierda abertzale consigue el nivel de intoxicación que necesita. Me preocupa que miles de jóvenes crean que se manifiestan contra el fascismo de la mano de Sortu, esa Sortu en cuya dirección se integran los últimos jefes de ETA. Cuando hablo (y lo hago recurrentemente en esta columna, lo sé) de populismo de base fascista, me refiero justo al que ejerce Sortu y, por supuesto, EH Bildu. Que ese populismo funcione tan bien, con el “antifascismo” de postal y escaparate, es una pésima noticia.

“La familia nazi”

Hablamos muchas veces de los cachorros del fascismo y no solo de manera figurada: “La familia nazi de Alice Weidel, líder de AfD: su abuelo Hans fue juez al servicio de Hitler en la Varsovia ocupada” Esto de El Independiente no sorprende, la verdad. A veces pensamos que únicamente nosotros tenemos el problema: solo hay que ver la ascendencia de algunas caras conocidas de Vox, o la de quienes leyeron el mensaje del lekuko en la última Korrika. Pero comprobamos que también sucede en países supuestamente avanzados y que hemos admirado por cómo han sabido arraigar el pacifismo.

Nada nuevo

Leí hace tiempo en alguna red social (no recuerda cuál, como para acordarme de quién lo escribió), que lo bueno de los kinkis es que, generación tras generación, siempre se visten como kinkis. De la misma manera, el fascismo es fácilmente reconocible porque siempre actúa de la manera que lo ha hecho históricamente: “Nuevo ataque ultraderechista contra la Taberna Garibaldi con pintadas de ‘Viva VOX’. Con la pintada de hoy, la Taberna Garibaldi acumula así al menos cinco ataques de carácter ultraderechista documentados a lo largo de 2026” (Diario Red). Ni media broma con esto.

Malos días para jugar al tenis

Desconozco si la urbanización conocida como La Bilbaína, las de Laukariz o las del abanico de Plentzia tienen pistas de tenis, pero si las tienen, el 28 de octubre y siguientes, si el tiempo lo permite, serán días muy malos para jugar al tenis. Las y los médicos que no atiendan en consultas privadas tendrán que ocupar su tiempo durante los días de la huelga general que han anunciado, por ejemplo, jugando al tenis, mientras las y los pacientes, y al mismo tiempo contribuyentes, alucinamos con su falta de sensibilidad y, sobre todo, de realismo. ¿De verdad quieren hacernos creer que viven tan mal que tienen que recurrir a una huelga indefinida?

¿De dónde sacamos el dinero?

El ministerio español de Sanidad no cumple con las y los médicos, y el resto de personal de Osakidetza anuncia paros para que el Gobierno Vasco les mejore sus condiciones laborales. Es un puto descojono porque, al mismo tiempo, sabemos que miles de vascos (cien mil, en la última ocasión) se presentarán a la próxima OPE. Me hago la misma pregunta: ¿de verdad quieren hacernos creer que viven tan mal? Y lanzo otra: ¿de dónde quitamos el dinero para mejorar esas condiciones laborales a las que aspiran tantas personas? ¿De educación, de seguridad, de instrumental médico? ¿O subimos los impuestos para que vivan mejor?

Periodistas que preguntan

Las entrevistas en los periódicos son bastante más difíciles para las y los entrevistados que las que vemos u oímos, generalmente, pero la contundencia de las y los periodistas es mucho menos identificable, por desgracia. Un ejemplo: si un redactor repregunta, en el papel solo aparecerá la respuesta final. Sin embargo, si repregunta alguien de la tele, estamos casi ante un fenómeno excepcional. Lo hizo Cristina Pardo con Óscar Puente y lo hizo bien. Ahora tiene que demostrar que presionará también a otros. Yo, que soy perro viejo, echo de menos más mordisco en los medios audiovisuales, pero no por que lo hubiera antes, seamos justos.

Por si alguien tenía dudas

Por si alguien tenía dudas de las conexiones internacionales, “Trump celebra la victoria de la AfD en las elecciones estatales de Sajonia-Anhalt” (The Objective). La extrema derecha mundial está conectada y tiene un plan que funcionará especialmente mientras el estadounidense esté al frente. Pero no nos dejemos despistar: el gran desestabilizador es Putin. Trump o Alice Weidel son solo sus alfiles. Debemos identificar con claridad el eje del mal y quienes trabajan para reforzarlo (las grandes tecnológicas), sin romanticismos adolescentes ni argumentarios para tontos útiles. Solo así podremos empezar a pensar en hacerles frente.

También hay buena política

La única representante saharaui en el Congreso de los diputados, Tesh Sidi, de Sumar, ha sido valiente, leal y justa, al escribir esto en X: “En mi intervención de hoy hice una defensa de la buena política y de las buenas personas que hay en todos los partidos y, muy especialmente, en la Comisión de Justicia. Pero me dejé a mi querido Mikel Legarda Uriarte, de EAJ-PNV. Quiero hacer públicamente el agradecimiento que los nervios no me permitieron hacer desde la tribuna. Y no solo a él, sino a todo el PNV, por su defensa, sin titubeos, del pueblo saharaui durante estos 50 años. Eskerrik asko de corazón”.

La izquierda…

Sé que después del avance de la extrema derecha alemana (de momento, en una región pequeña, el problema es que solo sea la primera etapa de muchas), toca hablar de eso, del populismo de base fascista. Pero el tuit de Julen Bollain en el que apela a la izquierda ha llamado mi atención, sobre todo, por esta línea: “AfD está haciendo algo que debería preocuparnos especialmente a la izquierda y es transformar la precariedad, la frustración y la desafección en identidad política y votos”. Es decir, la extrema derecha está haciendo de izquierda, de toda la vida. Todos tenemos ya un grave problema, pero los partidos de izquierda tienen dos.

Populismo pero mal

Ojo, que la izquierda lo intenta, pero hasta el populismo lo hacen mal: Ione Belarra, una niña fresa de la Navarra española, cae como una paracaidista en la manifestación de las y los aficionados del Rayo Vallecano contra la actual propiedad. Por si el ridículo no fuese ostentoso, se graba un vídeo en el que, para colmo, dice lo que cree que quiere oír “la gente” (ese concepto que Pablo Iglesias quiso hacernos creer que inventó): que la institución no es de Raúl Martín Presa (que lo compró), sino de la afición. Decir esto es tan bonito como inútil, lo sé yo, lo sabe “la gente” del Rayo y lo sabe Belarra, pero no se le ocurre nada mejor.

El vasco

En Euskadi también tenemos un populismo de base fascista que avanza, pero con alguna diferencia, al menos, sobre el papel: a la izquierda abertzale no le preocupa la migración sin control. Eso es lo que denuncia, al menos, Joseba Iturria (ex de Egin y ex de Gara) en X. Ojo al tuitazo: “Con lo que cuesta mantener a cada uno aquí se puede mantener a 50 en Marruecos para que cuando vengan lo haga con un contrato de trabajo. Marruecos es uno de los países de África con mejor nivel de vida, no hay ninguna guerra y es de donde vienen porcentualmente más delincuentes”. Y cree que la postura de EH Bildu “indigna”.

Juntos de la mano se les vio por el jardín (en Getxo)

El mismo populismo de base fascista que en Euskadi intenta banquearse con la migración descontrolada, tira sin problemas también del manual de acusadores y acosadores en política que tiene el PP: el derribo del edificio en Getxo que fue utilizado por la derecha española y la izquierda que se define “abertzale” contra el PNV, no conllevó “ni irregularidades penales, ni trato de favor, ni las sombras con las que se pretendió oscurecer la labor del Ayuntamiento” (Jon Murga, en Substack). Además, se llevó la carrera política y la salud mental de tres personas que no hicieron nada malo. ¿Quién les repara el sufrimiento?

Todo va a peor

No es la de hoy una columna optimista, lo siento. Alberto Sicilia escribe en X muy bien cómo veo el futuro, la verdad: “Todo lo que puede ir a peor, va a peor. Qué tristeza”. Él se refiere a la invasión rusa sobre Ucrania, en concreto, pero también al mundo en el que nos está tocando vivir, en general. Las victorias del populismo de base fascista que pueden darse en Francia y en Alemania, si Le Pen y la AfD siguen avanzando, perjudica al interés último de Kiev: unirse a la UE como principal medida de protección frente a la invasión. Menos Europa, más Rusia, más fascismo, y más izquierda confundida y útil para los malvados.

Tres años de invasión

Hace tres años vimos cómo Rusia invadió Ucrania por la cara y ante la sorpresa de Europa. Desde entonces, hemos sido espectadores de cómo los tanques pasaban, literalmente, por encima de coches ocupados en Kiev, de familias ucranianas que intentaban refugiarse, ametralladas, de la masacre de Bucha, de los mercenarios ultras pagados por el Kremlin, o de los presos peligrosos liberados de cárceles rusas para luchar en el frente que volvían a violar y asesinar durante sus permisos. Y vemos ahora a la extrema derecha y a la izquierda asegurar al compás que Rusia no inició esta guerra.

¿Cuál es la alternativa?

“Podemos critica a Sánchez tras anunciar un nuevo envío de armas a Ucrania: ‘Roza el ridículo proseguir la escalada bélica’”, titulan en Diario Red, el digital que dirige Pablo Iglesias. La posición de Ione Belarra e Irene Montero en estos tres años me ha dejado pasmado: o son muy cándidas, o no tienen ni idea de nada, o son malvadas. ¿Qué pasaría si no ayudamos militarmente a Ucrania, como pide Podemos? ¿Quién sonríe? ¿Va a dejar de someter Putin, a sangre y fuego, a Ucrania? ¿Debemos permitir que Rusia avance hasta dónde quiera? ¿Por qué? ¿Dejamos a EE.UU. y Rusia repartirse las fuentes de riqueza ucranianas?

Estoy deseando ver cómo lo explica

Estoy deseando que Santiago Abascal salga a explicar su posición internacional: “Compra a Trump que Europa es irrelevante y culpable” (El Independiente). También ha comprado el reparto imperialista de Ucrania, el seguidismo a Putin y regalar los países a las oligarquías (Elon Musk). En realidad, ahora Abascal es más coherente que nunca (apoyo a Putin, rechazo a Europa, rendición ante los poderosos), pero no consigo mismo ni con su discurso hasta el momento, por eso “los críticos de Vox denuncian el giro de Abascal”. Es normal que lo que está sucediendo le pase factura, lo insólito sería que diese una explicación coherente.

¿Quién votó a la extrema derecha en Alemania?

Para sorpresa de nadie, a la extrema derecha en Alemania le votaron los hombres entre 30 y 40 años de zonas rurales y/o más deprimidas económicamente, y de las zonas en las que menos inmigrantes residen. Esa es la conclusión, en trazo grueso, de los diferentes gráficos que podemos encontrar en la pieza de El Diario en la que desgranan cómo han votado las y los alemanes. Hay una importante división por zonas (las más pobres y envejecidas, pero con menos inmigración, apoyaron a la AfD) y entre géneros (mayoritariamente, los hombres votaron ultra). Y en “la clase obrera” fue en la que más creció el voto a la extrema derecha.

¿La solución es el populismo?

La quita de la deuda en Catalunya y el anuncio del gobierno español de que esta alcanzará a otras comunidades, siendo la andaluza la más beneficiada, me parece una vergüenza. Para empezar, porque ERC ha confundido hacer política (llegar a acuerdos entre diferentes para mejorar la vida de la ciudadanía) con hacer chantaje. Pero el partido que peor política está haciendo es el PSOE, que tira de populismo sin sonrojarse, y que tira de chequera (que pagamos todas y todos) para lanzar a María Jesús Montero en la campaña andaluza. Una vergüenza y un error lo miremos como lo miremos. Menos para PSOE y ERC.