¿Por qué aquí?

Quienes han querido destruir siempre la Ertzaintza lo que peor están llevando es que el consejero de Interior hoy sea Bingen Zupiria: la manera en la que ha asumido los hechos desde el primer momento y ha dado explicaciones en el Parlamento a petición propia es inapelable, y sus reflexiones no pasan desapercibidas. Por ejemplo, su respuesta a Gorka Ortiz de Guinea, que arranca preguntándose “¿por qué aquí?” ha sucedido lo que sucedió el sábado. Y “por qué aquí” seguimos sin debatir no el modelo policial, sino el modelo de convivencia con el pasado de cada uno, pero también con unas bases éticas y con unas instituciones cuestionadas.

Siete agentes de baja

Gracias precisamente a esas explicaciones sabemos que “siete ertzainas resultaron heridos y permanecen de baja laboral” (Orain). No discuto que, vista la violencia de las imágenes (que nunca debió darse), haya contusiones, pero, ¿de verdad los sindicatos van a proteger acríticamente a los ertzainas que han aporreado la reputación del cuerpo? ¿Los siete tienen lesiones incompatibles con su trabajo? ¿Están de baja por el impacto emocional personas entrenadas para hacer lo que hicieron (en un momento en el que no debían)? No lo pregunto en voz alta para dar la razón a los provocadores: es lo que debemos preguntarnos todos.

A ver

Puedo ser absolutamente crítico con la actuación de algunos ertzainas, y preocuparme por la toma de decisiones de los agentes, y afirmar, al mismo tiempo, que a mí no me da lecciones de solidaridad ni de pacifismo una persona condenada por pertenencia a banda armada, con más de 40 delitos de kale-borroka en su historial, que cuando le detuvieron llevaba una pistola y que, en las imágenes, se le ve encararse a un policía y agarrar a otro (lo que no debió ser resuelto con violencia, sino con inteligencia). José Javier “Jotas” Oses exhibe ahora un victimismo renovado después de haberse enjabonado con el sufrimiento palestino.

Cuando los solidarios importan más

Sí, apoyé expresamente la primera flotilla hacia Gaza. Después de conocer el Palestine-washing que pretendían hacerse algunos participantes fui perdiendo mi entusiasmo. Condené la humillación gratuita de Itamar Ben Gvir a los integrantes de la actual flotilla. Y con los porrazos inexcusables de Loiu, aborrecí la violencia policial en mi país pero también acabé por desencantarme: ¿los solidarios tenían que parecernos, por lo menos, igual de importantes que las víctimas de Gaza? Vistas las imágenes, que recoge en X con sorna el ministerio israelí de exteriores, en otras partes del mundo también lucen protagonismo y provocaciones.

El apoyo iraní

Los agentes de la ertzaina gestionaron tan mal las provocaciones y el victimismo profesionalizado (eso también lo vimos), que la dictadura iraní ha utilizado la violencia (injustificable) para hacer uno de sus vídeos generados con inteligencia artificial comparando lo que sufrieron los de la flotilla (los del Palestine-washing) con el bombardeo de Gernika. Y los que son capaces de cerrar los ojos ante la instrumentalización del dolor sienten alborozo como si el régimen iraní se hubiese convertido en un gobierno de luz después de ser masacrado por EE.UU. e Israel. Pues no, los principios no cambian en función de los enemigos.

Inteligencia o violencia

A uno le define a qué dedica su tiempo: a mí me ocupa la imagen de mi país, Euskadi, y de sus instituciones. Por eso estoy profundamente preocupado por lo que vimos el sábado en el Teleberri, pocos minutos después de que sucediera, y las imágenes que hemos ido observando después de lo que pasó en Loiu. Y es inadmisible e inexcusable. Los agentes que no supieron resolver la situación y que, en vez de a la inteligencia, recurrieron a la violencia, deben ser investigados y, si cabe, sancionados. Y lo creo firmemente precisamente porque siempre he defendido a la Ertzaintza y a quienes la conforman.

El papel de los sindicatos

Las últimas elecciones sindicales de la Ertzaintza las ganó EUSPEL después de una serie de protestas en las que, hablémonos como adultos que somos, la Ertzaintza tiró por el desagüe parte de su crédito. ¿El resultado? Un sindicato poco dado al diálogo, empoderado, y unos sueldos todavía más altos que, desde luego, los que emplearon las porras en Loiu no se ganaron. ¿Y ahora? Precisamente los sindicatos tienen que ser especialmente quirúrgicos porque sin institución no hay trabajadoras ni trabajadores. Amparar a los investigados (¿cuántos cogerán oportunas bajas?) de modo acrítico no será justo para nadie.

No, no es el modelo policial

Que el debate sobre el modelo policial lo ponga sobre la mesa la misma izquierda abertzale que ha querido cargarse a la Ertzaintza desde antes de su nacimiento debería de ser una alerta roja. Sin embargo, muchos agentes políticos y comunicativos vascos compran la mandanga como si no hubiese pasado todo lo que ha pasado. Y hablémonos como adultos también en este tema: ¿cuál es el otro modelo policial? ¿De verdad queremos agentes sin armas? Debatamos sobre seguridad: sobre cómo incrementarla. Y debatamos, porque claramente es necesario, sobre qué falla en la capacidad para la gestión de situaciones de algunos agentes.

Palestine-washing

De la misma manera, no podemos hablar de la solidaridad con Palestina sin mencionar que algunos están haciéndose un enjabonado con el dolor de aquel pueblo y la masacre israelí. Dos condenados por pertenecer a ETA estaban en el grupo que se blanquea y que recibió unos palos que nunca, de ninguna manera, tenían que haber recibido. Porque ni ese Palestine-washing, ni las provocaciones, ni el victimismo profesionalizado tenían que haber sido gestionadas de la manera que se gestionaron. Insisto e insistiré: nada lo excusa. Y las sanciones que se concreten después de la investigación no pueden ser eludidas. Ni diluidas.

Una cuestión de país

Escribo esta columna porque es mi obligación: no puedo mirar hacia otro lado ante algo que nos horroriza a muchas vascas y muchos vascos. Y la escribo con el convencimiento de que siempre, siempre, he defendido a la Ertzaintza, y estoy legitimado para pedir autoexigencia, autocrítica y umbral ético elevado. Las explicaciones las dio muy bien Bingen Zupiria (y negarlo es como negar los hechos en Loiu). Pero la Ertzaintza tiene que asumir cómo ha empañado la imagen de Euskadi y de las instituciones vascas, y tiene que intervenir, sin excusas, para repararla en la medida de lo posible. Porque el daño ya se lo han hecho algunos agentes.

Como un español de derechas y uno de izquierdas

La izquierda abertzale y la derecha española en Navarra abrazan la misma idea: apartar la Ikurrina como bandera única del país (si somos un país sin nombre, según los que quieren relegar “Euskadi” a solo tres territorios, ¿por qué vamos a ser un país con bandera?). Lo hemos visto gráficamente después de la polémica por que en la camiseta del Athletic para la próxima temporada aparezca un Zazpiak Bat: Ernai y el diputado de UPN, Alberto Catalán, apartaban en X la Ikurrina de Nafarroa y zonificaban nuestro país de la misma manera. Exactamente, la misma.

Sobre la barbarie que no respeta el derecho

Según la teoría de la comunicación política, los partidos tienen que hablar constantemente de los temas en los que están fuertes y no de los que les penalizan, por muy buenos argumentarios que hayan construido con los años. Eso le pasa a la izquierda abertzale que, por mucho que Arnaldo Otegi se vista de posibilista, en secuestrador se queda: “La gente necesita sentirse parte de una comunidad en un mundo sin reglas en el que la barbarie no respeta el derecho internacional”, dice a La Vanguardia, “barbarie” que “no respeta el derecho”, tú.

¿Este es el nivel?

Suelo citar a Estefanía Molina porque lo que dice sobre vivienda y estado de bienestar no se ajusta a lo que hoy consideran políticamente correcto en La1. Pero su reflexión sobre política española me ha dejado perplejo por obviamente equivocada: “El PNV y Junts hace tiempo se dieron cuenta de que les vendría bien que haya un Gobierno de derechas en España”. Eso es radicalmente falso: ¿cómo negociaría el cupo un gobierno del PP y Vox? ¿Mantendrían el sistema de elección de europarlamentarios como está hoy? ¿Traspasarían transferencias pendientes?

“Irán ejecuta”

Ni con los ejércitos israelí y estadounidenses atacando ha dejado el régimen de Irán de ser represivo como pocos en el mundo hoy (solo superado por China, según Amnistía Internacional): “Irán ejecuta a otro hombre vinculado con protestas de enero”. Abás Akbari “era acusado de librar una guerra contra Dios, destrucción deliberada de bienes públicos y alteración del orden público”. Según DW, al menos 14 personas han sido asesinadas desde enero. De hecho, “las ejecuciones se han multiplicado en Irán desde el inicio de la guerra”.

Por supuesto, vamos a hablar de ello

Estoy esperando a la comparecencia de Bingen Zupiria en el Parlamento para escribir una columna sobre lo que vimos todas y todos el sábado pasado en el Teleberri: la reacción de algunos ertzainas, desmedida, contra los integrantes de la flotilla que, sinceramente, da igual si provocaron. Porque esto va de proporcionalidad y de la capacidad para reaccionar debidamente de los agentes. Este tema, que generó “una multitudinaria manifestación recorre Bilbao entre gritos en contra de la Ertzaintza” (Infobae), no puede ser omitido.

Un atraco a plena luz

Lo que cuenta Guillermo Fesser en Bluesky tiene su gracia, porque el humorista afincado en EE.UU. sabe contarlo bien, pero es un atraco a plena luz del día: “Trump ha llegado a un acuerdo consigo mismo para pagarse 1.800 millones del tesoro público de Estados Unidos. Se lo paga su propio gobierno como reparación por los ‘graves daños y perjuicios’ que le ocasionó la filtración de su declaración de hacienda durante el gobierno Biden”. Trump ha actuado “como fiscal y abogado de la defensa al mismo tiempo”. Fesser habla de “robo a los ciudadanos estadounidenses por parte de su presidente”.

Haz la revolución: lee el periódico

Yeyo del Bote, un clásico de X que ahora escribe en Bluesky, dejó hace unos días esta reflexión: “Estoy suscrito a 4 periódicos españoles. En 2026 eso es resistencia”. El hilo de Guillermo Fesser en Bluesky está muy bien, pero los periódicos, como el rock and roll, son la resistencia. Y tomarnos nuestro tiempo para leerlos y reflexionar, o simplemente tomarnos nuestro tiempo, como suele decir Ignatius Farray, es revolucionario. Todo eso: leer lo que escriben las y los periodistas, reflexionar con calma y lejos de las pantallas… Es justo lo que no quieren que hagamos Donald Trump, Elon Musk, los dueños de Meta, y todos sus satélites europeos.

¿De dónde saldrán?

Esto se publica en un periódico, así que no me tomo a la ligera esta noticia en El Faro de Ceuta: “Detenido en la frontera entre Ceuta y Marruecos con casi 400 teléfonos móviles”. Móviles “usados”, escondidos en los asientos de un coche y que viajaban de España al reino de Mohamed VI. Su conductor es “un ciudadano marroquí de 44 años residente en España, sospechoso de estar implicado en esta operación”. ¿Es importante el dato del origen? Yo creo que sí porque hoy no valen los consensos de hace 30 para ocultar en los medios ese origen de las personas detenidas porque ni la migración es la misma ni la extrema derecha se esconde.

“Lo poco que me quejo”

Parece un chiste pero es cierto: Ione Belarra tiene un podcast que se llama “Lo mal que estoy, lo poco que me quejo”. Ante semejante desatino por el título en un personaje como Ione Belarra, que ha hecho de la queja su política y mal no está (teniendo en cuenta que es, junto a Irene Montero, la única de Podemos que parece que siempre asegurado su escaño), me debato entre dos ideas. Simplemente es lo que parece, una pésima idea. O puede que Ione Belarra esté mandando un mensaje cifrado porque no se encuentra bien en el sándwich Iglesias-Montero, y no puede quejarse en público. Ione, si es así, haz otra señal.

Correcto

Lo sabemos: es muy barato conseguir un escaño en el parlamento europeo si eres una cara conocida (no necesariamente política) en toda España. Lo vio José María Ruiz Mateos, lo intentó Vidal-Quadras para Vox, y lo lograron Albert Rivera, Pablo Iglesias y Luis “Alvise” Pérez. Todos ellos se beneficiaron del dinero y la estructura europeas, pero al último parece que se le acabó la fiesta (curiosamente, así se llama su partido): “La Eurocámara retira la inmunidad a Alvise por la supuesta financiación ilegal de Se Acabó La Fiesta. El Parlamento Europeo ya le quitó el privilegio al eurodiputado ultra para que sea juzgado” (Público).

Los pobres votan a la extrema derecha

Pueden ponerse los que se autoproclaman de izquierdas tan estupendos como quieran, pero el caladero de los partidos de extrema derecha son las personas con menos recursos. Xavier Tomàs lo muestra con claridad en Threads: los gráficos dejan claro que en las secciones censales andaluzas con la renta más baja han penetrado bien Vox y Alvise Pérez. También el PSOE, por cierto. Adelante Andalucía y Por Andalucía (IU, Sumar y Podemos) son las opciones de las zonas que viven un poco mejor (porque la izquierda, hoy, en España y en Euskadi, está acomodada). Y el PP es el partido de los censos más pudientes, para sorpresa de nadie.

Es duro, pero es así

No estoy de acuerdo con la última columna de Antonio Agredano: no creo que este gobierno español haya sido más fértil para la corrupción que otros que le precedieron. Pero sí me ha gustado cómo define “la blandura de la militancia socialista, activistas ciegos, insultadores profesionales, habitantes de un ‘Good Bye, Lenin’ emocional, donde el Gran Wyoming sigue haciendo humor contra José María Aznar y la TVE, también pagada por nosotros, se dedica a aguar los escándalos” (The Objective). “Como los puestos y los cargos van menguando por los últimos descalabros electorales, empezaremos a ver una ética de hienas”, advierte.

El caso del ignorante y el experto

Marcos Llorente es hoy el mejor ejemplo de cómo hemos llegado a un punto en el que la opinión de un ignorante vale lo mismo que la de un experto, si no más. “Un dermatólogo desmonta a Marcos Llorente: ‘Lo único que hace es generar bulos, usar crema solar es lo más importante’”. Este desmentido en El Periódico de España es posterior a que Pablo Motos en El Hormiguero pusiera el micro al futbolista para decir que no hay que echarse crema solar, que hay que andar por la vida con gafas amarillas y que las calorías no existen. Y no lo sacaron para reírse de él: simplemente, le dejaron hablar porque hoy cualquiera puede hacerlo.

Un ejercicio de reconexión

Nerea Rodríguez y Alba Jiménez están haciendo un viaje a la antigua: sin móvil. Que es lo mismo que decir con mapa de papel, sin referencias de hoteles o restaurantes, ni cámara del móvil (de hecho, se graban con una videocámara). Yo, que he hecho todo eso, pienso: ¿para qué? Pero es muy significativo: igual que se ha vuelto a poner de moda el vinilo y el carrete fotográfico, la chavalada (y los viejos como yo) quiere experiencias irrepetibles, quiere descubrir por sí misma (y no por lo que digan influencers o cazadores de tendencias), quiere dejarse sorprender y quiere que ningún reel les distraiga. No es desconexión: es reconexión.

Sí, juego

Sí, aunque soy un viejo sigo jugando. Y de igual manera que no saco fotos con el móvil (llevo conmigo una camarita), no juego con ese dispositivo: tengo una pequeña consola en la que tengo instalados solo dos programas. Ambos, con las características de los “cozy games”, denominación que desconocía hasta que la he leído en Euronews: “Ritmo pausado, estética amable y ausencia deliberada de presión” que “llevan años creciendo en silencio” con “un mercado global que ya roza los 171.000 millones de euros”. “El perfil mayoritario del jugador” es el de un “adulto de entre 25 y 44 años”, y ojo porque un 60% son jugadoras.