No hay manera

Estoy de acuerdo con Dwayne Booth, el profesor de comunicación de la universidad de Pensilvania y dibujante, cuando dice que: “No hay forma de justificar lo de Gaza. Simplemente, no hay manera”. Esta afirmación, junto a otras, y sus viñetas (que firma como Mr. Fish) críticas con el genocidio (no lo dice Booth, ni lo digo yo: lo dice Amnistía Internacional), le han costado el puesto en el centro educativo, según denuncia Juan Ramón Mora en su blog. El propio Booth ha denunciado que su caso no es único, que la universidad está facilitando el acoso a quienes apoyan al gobierno y el ejército israelíes, de las personas críticas con lo que ven.

La familia de Trump

En su primera legislatura, Trump puso a familiares en los principales puestos de la Casa Blanca porque no se fiaba de nadie. Hoy ha conseguido reordenar el Partido Republicano a su gusto (va a costar años deshacer ese desastre), ha colocado a hooligans de su confianza en el Gobierno y ha dejado a sus familiares al frente de las empresas. Pero siguen estando presentes, según El Periódico: toda su familia tiene negocios en Arabia Saudí que se han visto beneficiados durante la visita oficial, “pese a los evidentes conflictos de interés que genera y las acusaciones fundadas de que parte de ese dinero beneficia directamente al presidente”.

Vigila tu WhatsApp

Esta semana hemos hablado muchísimo de WhatsApp, en concreto del de Pedro Sánchez y sus conversaciones con José Luis Ábalos. Unos mensajes con poca noverdad y poco interés, la verdad. Es más: a menos que todo cambie y empecemos a ver contenidos machirulos (como los que escribió Pablo Iglesias en su grupo de amiguetes con Errejón y Monedero), están quedando hasta bien en algunos momentos. A propósito de WhatsApp, El Chapuzas Informático escribe: “Los chats grupales de WhatsApp no son seguros: no están cifrados y Meta lo sabe”. Desde un servidor podrían manipularse para acabar viendo los mensajes.

Es la idea

No sé si han pasado unos seis años o veinticinco, pero cuando empecé en esto de la comunicación política, un magnífico compañero me explicó: “Un candidato puede hacer muchas cosas, pero el ridículo, no”. Pues lo de La Familia de la Tele en RTVE, para mí, es algo parecido: es un error de base, de concepto, de no tener claro que puedes hacer una tele desenfadada, inesperada, para diferentes públicos, sin tener que hacer el ridículo. “No es cómo se nace, sino cómo se evoluciona: programas que empezaron bajos de audiencia y ahora son imprescindibles”, aseveran en El Plural, al respecto. Yo no lo tengo tan claro.

El arte

Sé que me hago mayor porque pienso en algo que he vivido que hace unos años y, si echo cuentas, han pasado fácilmente dos décadas. También sé que me hago mayor porque cada día entiendo menos cómo se toman las y los más jóvenes mi afición, la fotografía. Esa postproducción que modifica las imágenes hasta dejarlas irreconocibles no me va. Para mí, una foto captura un momento, y el arte, el verdadero arte, es lo que hacía Pablo Inirio en su laboratorio. Photolari ha recuperado el documental sobre su obra en Magnum, exponiendo cada fragmento de un negativo diferentes segundos para hacer extraordinaria una buena foto.

España tercermundista

Ursula Von der Leyen y Roberta Metsola tienen que pensar que España forma parte del tercer mundo. Solo así se explica que recibieran a una representación de las víctimas de la dana, en durante la que fallecieron 228 personas, y que estas les dijesen que ni la máxima autoridad autonómica ni la estatal (recordémoslo) les han recibido. ¿Cómo se quedaron las mandatarias europeas? ¿Qué pasó por la cabeza de la presidenta del parlamento, que se vio obligada a esto que destacaban en El Diario: “Metsola se compromete con las víctimas de la dana a contactar con Mazón para pedirle que se interese por su situación”?

Un capítulo clave

El fallecimiento de Pepe Mújica ha servido para dar a conocer, aún más, el pensamiento del que fuera presidente uruguayo. Además, los obituarios han sido generosos y los mensajes en redes de sus compañeras y compañeros de profesión, pomposos en muchos casos. No seré yo el que le discuta los méritos. De hecho, le apunto otro que, salvo la excepción de El Correo, ningún medio vasco ha rescatado pese a su relevancia: su enfrentamiento con ETA cuando la banda secuestró y asesinó a Miguel Ángel Blanco, lo que le convirtió en un señalado de esa izquierda abertzale a la que ahora se le deshacen los hielos con los halagos.

¡Claro que pudo evitarse!

Bertrand Ndongo estaba en la sala de prensa del Congreso, en la que esta semana ha boicoteado una rueda de prensa, porque tiene una acreditación. Y la tiene porque alguien definió una estrategia en la que la fascistada se comía al PP y el PSOE les hacía frente. Y ahora ese alguien, junto a todos, se rasga las vestiduras: ¡cómo ha podido pasar! Pedro Vallín lo deja claro en Bluesky: “Llevan todos callando tanto tiempo quién es responsable de esta situación que da un poco de cosica lo melindres que son los grupos parlamentarios, todos. Esto no ha ocurrido porque sí, sino por una decisión discrecional tomada hace tiempo”.

Ninguna manipulación hace gracia

De la misma manera que un antifascista lo es en todo momento y lugar o no lo es, una persona está en contra de todos los bulos o no está en contra de los bulos. Y hablo de todos, aunque el perjudicado sea alguien con un historial sospechoso de palabra y obra: Hermann Tertsch no llevaba una petaca en la mano ni hablaba lento cuando grabó su vídeo contra el gobierno español en un olivar. En la portada de Menéame podíamos ver la pieza en Público basada en un tuit con el vídeo manipulado y, por suerte, un comentario con el link al original, a velocidad normal y sin petaca. Sí, también hay que denunciarlo cuando lo sufre Tertsch.

La cohorte de Trump

Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI; Elon Musk, CEO de Tesla y SpaceX; Larry Fink, CEO de BlackRock; Stephen Schwarzman, director ejecutivo de Blackstone Group; Jensen Huang, CEO de Nvidia; Ruth Porat, presidenta y directora de inversiones de Alphabet y Google; Arvind Krishna, CEO de IBM; Alex Karp, CEO de Palantir Technologies; y hasta Gianni Infantino, presidente de la FIFA, han acompañado a Donald Trump “en las reuniones de negocios en Arabia Saudita”, según Infobae, en las que el presidente ha anunciado, además, 600.000 millones de dólares de inversión de los árabes en EE.UU., ¿qué más quiere él?

¿Y por qué tengo que estar contra alguna?

No entiendo el debate ni el momento de lanzarlo, la verdad. ¿Por qué tenemos que elegir entre las energías renovables y la nuclear? ¿No puede esta última ayudarnos a sostener el sistema en una Euskadi, una Europa y un mundo completamente electrificado o camino de ello? Ojalá, como afirma Pedro Sánchez, llegue pronto el día en el que las energías verdes sean la única opción, pero eso, sencillamente, hoy no es verdad. ¿Cómo van a cargar el móvil quienes le hacen retuit con fruición o mandan por WhatsApp los brindis al sol de la misma Bildu que ahora tiene que desdecirse de sus críticas a los parques eólicos y solares?

Explíquese

Esto tendrán que explicarlo muy bien porque, si no, la tentación de exigir una expropiación va a ser irresistible: “Red Eléctrica repartió 5.400 millones de euros en dividendos en la última década” (Público). Esos dividendos salen de las facturas de todas y de todos, y de las empresas, de nuestro consumo y nuestra cuenta corriente. Lo mínimo exigible es que una parte muy importante de los ingresos en un bien de primera necesidad como es la luz vaya destinada a la reinversión, al mantenimiento y a la mejora, a la previsión para que no haya caídas globales ni locales (ahí está Karrantza) que nos generen pérdidas. Ni de tiempo.

Corto

“Alvise, condenado a pagar 20.000 euros a Ábalos por vulnerar su derecho al honor”, leo en The Objective, y pienso: “Igual se queda un poco corto”. Porque Alvise Pérez montó un partido político y ganó un escaño (ganó tres, pero ahora su compañera y compañero de listas van de digna y digno) para eso: para aforarse y para poder pagar las multas con tranquilidad. El ex ministro le pedía 50.000, pero un juzgado de Primera Instancia de Madrid ha considerado que no era para tanto, aunque así leído lo parezca: “Intromisión ilegítima en sus derechos fundamentales al honor y a la propia imagen por la divulgación de texto y fotografías” en X.

El mundo no es suyo

Donald Trump es el enemigo, porque es un tipo peligroso y por todo lo que representa: el ultrarrico que sabe aprovecharse del cabreo de la gente sin que le importen las personas, y que cree que todo tiene un precio. “Nunca digas nunca” (El Imparcial), respondió Trump a Mark Carney, cuando este expresó algo tan obvio como que “Canadá no está en venta”. En la misma comparecencia, Trump presumió de estar llenando de oro el despacho oval (esto es literal), mientras su gobierno ha pegado tijeretazos sin piedad y planea atacar ahora a la sanidad pública. Por eso también es el enemigo.

Novia, vale, ¿pero Dios?

Me gustó mucho ‘Her’. Me pareció plausible, además, que en una sociedad que empuja a los seres humanos a aislarse (dejemos de prestar atención, por favor, a esos influencers que viven como mendigos por mucho que ellos lo llamen “viajar solo en una furgoneta que yo mismo he camperizado”), alguien acabe estableciendo un vínculo con una inteligencia artificial (sobre todo, si tiene la voz de Scarlett Johansson). Pero lo de “tener delirios espirituales en torno a ChatGPT y otros chatbots” (Genbeta) me parece un exceso, por mucho que nos revelen el camino. Ahora que lo he leído, no dejo de pensar en la tabarra del “IAnimismo”.

Pero sigue siendo el rey…

“El Supremo blinda a Juan Carlos de Borbón para que no pueda ser procesado por delitos contra Hacienda” (Público). En concreto, “la inadmisión del Supremo cierra la puerta definitivamente a que puedan investigarse judicialmente los presuntos delitos fiscales cometidos por el anterior monarca cuando, tras su abdicación, en 2014, perdió la inviolabilidad”. Lo normal, vamos. El mismo TS que anula la transferencia de la competencia para homologar títulos universitarios extranjeros en Euskadi. Y el mismo tribunal que avala las sentencias que consideran discriminatoria la exigencia del euskera. ¿Alguien se sorprende?

Cuando votas por las risas

“Los dos eurodiputados de Se Acabó la Fiesta rompen con Alvise y se declaran independientes”, leo en El Imparcial. Por supuesto, no dejan el escaño y, bien pensado, mejor que no lo hagan: ¿quién les sustituiría? ¿Alguien más afín al jefe? En cualquier caso, el daño ya está hecho: no vamos a recuperar el dineral que nos cuestan Nora Junco y Diego Solier, que le reían las gracias a Alvise Pérez, que le jaleaban, animaban y aplaudían, que pensaban como él cuando formaron la agrupación que les ha llevado a Bruselas y Estrasburgo. ¿Qué van a defender ahora? ¿A qué van a dedicarse? Esto es lo que pasa cuando votas por las risas.

Y cuando votas con rabia

Donald Trump no puede seducirte con sus discursos ni con sus ideas. Donald Trump solo puede seducirte porque le crees capaz de cualquier barbaridad y lo que quieres es, precisamente, eso: que salte todo por los aires, que se jodan Europa, las personas inmigrantes, quien no tenga un seguro privado de salud y las y los que tenemos cuidado de escribir sin invisibilizar a nadie. Lo cierto es que había tanta gente cabreada (y sobre esto habrá que reflexionar) que el republicano arrasó y ahora tiene vía libre para sus barbaridades: “Reabrir Alcatraz como pretende Donald Trump cuesta mil millones de dólares” (El Economista).

Otra reflexión

Luca de Meo echa mucho morro a sus argumentos sobre por qué sucede esto que denuncia: “Hoy, uno de mis obreros no se puede comprar un coche nuevo, ni un Dacia” (Híbridos y Eléctricos). El consejero delegado de Grupo Renault señala a las regulaciones, pero no dice nada, sorprendentemente, del precio base de los vehículos, que es el primer elemento que valora una o un potencial comprador. Tampoco explica por qué cada grupo e incluso cada marca están desarrollando una tecnología, o cómo China, también con las obligaciones de la Unión, consigue vender más que EE.UU. y Europa, juntos.

¿Y luego, qué?

David Broncano se desinfla y, por muy bueno que sea, Andreu Buenafuente siempre se dirigirá a un público no mayoritario. Así que esta RTVE que tira la casa por la ventana como si no costase ha apostado por valores seguros: María Patiño y Belén Esteban. Son muchas las crónicas que encontramos ayer sobre el estreno de ‘La Familia de la Tele’, la mayoría despreciaban su 9%, salvo algún digital muy escorado al socialismo, que lo aplaudía. Entre todos, el texto más divertido seguramente sea el de Óscar Rus en El Independiente, que define el programa como “un cruce de universos curioso y más difícil de explicar que el de Marvel”.

Gobernar para los ricos

Cuando “Trump promete ahora una reducción ‘casi total’ del impuesto a la renta gracias a los aranceles” (El Independiente), quienes más se alegran son los más ricos. Es decir, sus amigos, sus colaboradores, la gente que puso la millonada que su maquinaria populista necesitaba para funcionar y arrasar en las elecciones. El mismo populismo que gasta cuando afirma que “las más beneficiadas serán las personas que ganen menos de 200.000 dólares al año”. Cualquiera sabe que eso es mentira y que señalarlo es una obligación. Esas son sus cartas, nosotros tenemos las nuestras para defendernos.

Lo estamos haciendo mal

Nuestra civilización camina hacia el abismo, la principal señal es que los más ricos son los más mezquinos. No hacen falta grandes ideas, solo es necesario egoísmo a paladas para triunfar. Bernie Sanders, una de las voces más lúcidas de EE.UU. hoy, y que mantiene una interesante actividad diaria en Bluesky, ha mostrado un gráfico en el que se ve cómo avanza en su país la concentración de riqueza: hoy el propietario de una empresa gana 354 veces más que sus empleados. En los 90 el sueldo medio de un CEO multiplicaba por 155 el de la media de las personas trabajadoras. No falta dinero, sobran los idiotas.

No podemos permitirlo

Ese es el escenario: Trump gobierna para los ricos y estos cada vez acaparan más riqueza. Debemos poner freno a esta tendencia porque la supervivencia de nuestra civilización depende de ello. No estoy exagerando, estoy dejándolo claro. También en Bluesky, el periodista Javier Espinosa enlaza informaciones muy interesantes, como que la expansión de la ideología MAGA (“Make America Great Again”), o lo que es lo mismo: el populismo de ricos sin vergüenza, no es una casualidad o una consecuencia, sino parte de un plan. Farage en el Reino Unido o Simion en Rumanía son los que lo han dicho en voz alta, pero no son los únicos.

También es populismo

La ley de vivienda española fue una ley electoralista. Esto hay que decirlo alto y claro. Y la mejor muestra es la decisión de ERC: votó a favor antes de las elecciones, junto a los partidos del gobierno y Bildu, por supuesto, y después de la campaña la recurrió por invasión competencial. El populismo que acompaña a la norma hace que cada logro momentáneo sea celebrado como si la visión global no obligase a reflexionar: “Limitar el precio del alquiler ha bajado los precios en Cataluña. Pero tenía un problema que ya sabíamos y que se ha confirmado: cada vez hay menos viviendas disponibles” (El Blog Salmón).

Vergüencita

Escribía ayer que Pablo Iglesias tenía pinta de tipo insoportable, de esos que dicen que se apartan pero siempre están. De esos que, además, montan negocios con sus amigos y luego piden a sus mujeres que se impliquen porque, oye, el dinero era de los dos. Esto lo escribe Raquel Marcos en Bluesky, poco sospechosa de ser nacionalista y conservadora, sobre Irene Montero: “Siendo eurodiputada y futura candidata a la presidencia del gobierno es un poco bochornoso pedir dinero para el negocio particular de tu marido y mezclarlo además con la lucha antifascista, antirracista y feminista. Que estás pidiendo pasta para ampliar un bar”.